22 de septiembre del 2019
 
Comunidad indígena Camëntsá biyá celebra la Fiesta del Perdón llamada Bëtscnaté o Gran Día. Municipio de Sibundoy, Putumayo. Febrero 16 de 2015. Foto CARLOS BENAVIDES DÍAZ
Octubre de 2016
Por:
Marcos González Pérez. Doctor y Magíster en Historia y en Cine Antropológico Documental. (Universidad de París). Coordinador de la Red Internacional de Investigadores en Estudios de Fiesta, Nación y Cultura, Redrief.

LA FIESTA EN COLOMBIA

CREA EL TIEMPO DE LO EXTRAORDINARIO

“Por tanto el hombre habrá de festejar, pues, de lo contrario, acabará buscando las malas formas sustitutorias de la fiesta, incluida la guerra”3.

Introducción

La Fiesta, entendida como un rito social que comparten un grupo de personas, es un acto ceremonial a través del cual se busca recordar, conmemorar, celebrar, festejar o divertirse. En este sentido, es más pertinente hablar de fiestas, en plural, dado que cada grupo o comunidad tiene referentes diversos y múltiples formas para escenificar su cultura, expresar sus propios anhelos sociales, perpetuar sucesos o personas, celebrar memorias o festejar tradiciones y momentos de regocijo público o privado. La palabra fiesta, con sus prácticas, nos llegó con los españoles en el siglo XVI, de tal manera que para referirnos a ese mundo pletórico de rituales de las comunidades primitivas lo pertinente es denominarlas ceremonias. 

Si ubicamos estas manifestaciones, en relación con una de las vivencias esenciales de la existencia humana como es el tiempo social, se comprende uno de los elementos que conllevan esos actos: estos rompen el tiempo de lo cotidiano y por lo tanto crean el tiempo de lo extraordinario. Algunos autores, sin embargo, consideran que la fiesta tiene un carácter trans-social lo que significa que no se deduce de la vida social, sino que en tanto que ruptura, ella es “subversión creadora”. Otros analistas han planteado que los humanos la necesitan no como sustitución sino como complemento de lo cotidiano. “Por tanto el hombre habrá de festejar, pues, de lo contrario, acabará buscando las malas formas sustitutorias de la fiesta, incluida la guerra”. 

En uno u otro caso, la fiesta está cimentada en un tiempo diferente del rutinario que ha originado una gran disputa por su control. Esas confrontaciones dieron origen a los calendarios festivos, los cuales, en muchos casos, han servido para imponer otras concepciones de mundos, otras fechas, otros objetos de celebración y han sido utilizados para superponerse sobre formas primitivas ceremoniales. 

El calendario visualiza una de las características de una fiesta; tiene una fecha inamovible, se data en el tiempo natural o social y determina un antes y un después. Rompe el tiempo y fractura lo rutinario hasta alcanzar lo sublime en los seres humanos: medir su existencia humana por el trazo del tiempo de lo extraordinario, como es el de la fiesta. Hay que tener en cuenta que también existen las fiestas ocasionales o espontáneas que celebran grandes acontecimientos o que pueden surgir de un acontecimiento local. 

De esta manera, los calendarios marcan los tiempos de comunidades y sociedades y se determinan o modifican de acuerdo con los intereses políticos, económicos, sociales o culturales de los sujetos que conforman esas colectividades. 

La noción de calendario, visto como una institución social, en donde el sentido del tiempo pertenece al ámbito de lo cultural y no necesariamente al dominio de la naturaleza, lo caracteriza como un instrumento que sirve para organizar la duración y la sincronización de las actividades humanas y las relaciones sociales. En este sentido, si bien existen calendarios de varios tipos, también están aquellos referidos a las fiestas. 

Matachín Grabado del siglo XVIII. Cortesía de Claudia Isabel Navas. Asociación Enlaces Artísticos. París, Francia.

 

Otra característica de la fiesta es el concepto de espacio, relacionado con los lugares físicos donde se escenifica, lo que crea ambientes sagrados como espacios simbólicos, que en términos etno-semióticos se define como el espacio social, el cual proyecta mapas festivos. También los espacios son fuente de disputas entre los poderes por la preeminencia para ocuparlos en ciertos ceremoniales. Entonces el arriba/abajo; atrás/adelante/; primero/último; centro/periferia o abierto/cerrado, se entrecruzan en los escenarios donde se pone en escena la fiesta esencialmente en plazas, calles, templos, teatros y en general en lugares públicos o privados. Esto está relacionado también con el sujeto social, el celebrante de la fiesta, que puede ser ubicado como actor o como espectador, fenómeno muy característico de las fiestas regladas. 

De otra parte, espacios sociales como el cortejo, la procesión, el desfile, la manifestación, el plantón, la marcha, la carrera, la parada, son los campos más importantes para escenificar las dramaturgias del poder, de la protesta, de la unidad y de la diferencia. 

Así, al lado de los calendarios que son referentes de tiempos, los espacios de la fiesta diseñan geografías que llevan implícita una cartografía y sacraliza espacios que le dan su carácter simbólico. Con esto, la ubicación territorial de una fiesta permite lecturas para reconocer los aspectos culturales que la originan y que le dan su razón de existencia, así como se identifican los sujetos celebrantes, las formas de celebración y los elementos festivos. 

Estos elementos son comunes a todas las fiestas, aunque su utilización es propia de cada una de ellas, de acuerdo con su tipología. La cultura cómica popular cuando se escenifica, parafraseando las palabras de Mijail Bajtin, presenta diferencias notables y de principio con las ceremonias oficiales. Se cuentan músicas, luces, cantos, letras, colores, vestuarios, escenografías, rituales, ceremonias, solemnidades, juegos, representaciones, leyendas, mitos, sabores, olores, sonidos, espacios, tiempos, símbolos, emblemas, textos, personajes, maquillajes, instrumentos musicales, adornos, bebidas, comidas, plumerías, tocados, vestuarios, pintas, máscaras, danzas y bailes, que varían según la nación, la región o la localidad donde se realiza y orienta una clasificación. 

Los lenguajes, que buscan trasmitir un mensaje, como cuarta característica de la fiesta, son un verdadero universo de lectura que permite entender las interacciones sociales que se manifiestan en ella. En diferentes momentos, la sociedad expresa sus estados de unidad o de tensión y la fiesta es un escenario para representar diversas formas de sentir, pensar y vivir de una colectividad, puesto que sus ritos ceremoniales y su lenguaje simbólico revelan el imbricado tejido de las relaciones humanas, entre otros, y las disputas por la ocupación del tiempo y de los espacios. 

En la fiesta se explicitan los lenguajes verbales y no verbales como la oralidad, lo textual, la gestualidad o lo visual. Estos construyen mundos diversos que se aprecian en varios aspectos: lo simbólico, lo ceremonial y lo discursivo. 

Fuegos artificiales, siglo XIX en Bogotá. En: Papel Periódico Ilustrado.

 

En lo simbólico, -que se relaciona con todas las estructuras y propiedades de los símbolos mediante los cuales se convoca una comunidad y que sirve a los sujetos para expresar el sentido de los objetos celebrados, así como sus maneras de concebir lo festivo-, se comprende el símbolo referencial, las representaciones de personajes o de referentes puestos en escena, las músicas y los himnos de identidad, las banderas, las marcas y los logos definidos, los lugares y los no lugares, los espacios abiertos y cerrados, el vestuario, el maquillaje, los colores, los olores, los sabores, los ornamentos, el concepto dramatúrgico del desfile, la marcha, la procesión y el cortejo. 

En el otro aspecto, lo ceremonial, -concerniente a la diversa gama de actividades tales como rituales, marchas, desfiles, dramaturgias y escenografías-, se involucran sujetos y objetos referenciales. Estos elementos se escenifican en diversos espacios que permiten realizar actos ceremoniales tales como la lectura de bandos y la definición de un programa, los pre-carnavales, los lugares de un ensayo, los desfiles, la ornamentación de los sitios del recorrido, los espacios de historia y de memoria, los territorios del consenso y del disenso y el lugar central para la construcción de interrelaciones comunitarias. 

Alegoría de los Placeres. Detalle tomado de la pintura flamenca El Paraíso de la Gula y la Lujuria de El Bosco (1490-1500). El original se encuentra en la Galería de Arte de la Universidad de Yale.

 

El tercer aspecto trata de lo discursivo, alusivo a las diversas voces que se expresan en la fiesta. En el plano escenográfico las voces y los gestos de los actores, y de los espectadores forman una maraña textual que se expresa en signos de protesta, burla, sátira, alegría, aprobación o desaprobación, admiración, solemnidad, goce o asombro, los cuales configuran actos festivos. La palabra, el texto escrito, el gesto, la imagen, el bando, la proclama, el discurso, la consigna; lo virtual, lo gráfico; el análisis discursivo, los conceptos, los silencios, los referentes; el volante, el pendón, el bando, el afiche, el plegable, forman un conjunto de fuentes de los significados de una fiesta. 

El sentido de la Fiesta

Con base en esas características, la fiesta en Colombia ha servido para cohesionar comunidades; en la era primitiva, a través de ceremoniales que se relacionaban con la naturaleza, con sus cosmogonías y creencias religiosas y con aspectos sociales de la vida colectiva; escenificar ceremonias de fidelidad, de lealtad y vasallaje en la colonia; construir un mundo de religiosidades y de fiestas patronales proveniente de la sociedad española; crear héroes; imaginar la patria, la nación, la república; celebrar la abolición de la esclavitud; festejar la derrota del otro en las guerras partidistas del siglo XIX y XX; aclamar el hispanismo; defender los derechos de los trabajadores; escenificar prácticas culturales en las regiones a través de carnavales y de festivales; festejar a los estudiantes a través de sus propios carnavales; dar vivencia a la cultura urbana y a la campesina y más recientemente para visibilizar, a través de actos de Memoria, las víctimas de un conflicto armado de más de 50 años de duración o los actos de conmemoración, así como propiciar espacios para dejar ver los grupos étnicos y poblacionales minoritarios que claman por derechos sociales. 

En este sentido, podemos establecer una tipología de la fiesta en Colombia, que se determina según las características, rasgos y formas de celebración, lo que permite su nominación. Encontramos así: ceremonias primitivas, carnavales, festivales, fiestas religiosas, estatales, regionales, municipales, comunitarias, étnicas, poblacionales, campesinas, urbanas y locales, estas últimas incluyen las realizadas en localidades urbanas o rurales de algunas ciudades, conjunto que se puede agrupar en fiestas primitivas, ancestrales, tradicionales, modernas y de modernización. La fiesta primitiva y la fiesta tradicional se oponen (la primera es espontánea y la tradicional es reglamentada). 

Los niños llevan flores para decorar la Balsada en honor al Señor de la Misericordia. Municipio de Olaya Herrera, departamento de Nariño. Septiembre 13 de 2014. Foto Carlos Benavides Díaz

 

Paralelo a ello existe una taxonomía de la fiesta que permite su clasificación con base en sus objetos celebrados lo que le otorga conceptualización, es decir, determina su carácter por lo que se celebra, y el sujeto celebrante es la colectividad mediante la cual el acto de la fiesta se efectúa y toma un significado. 

De este modo, históricamente en Colombia, encontramos una taxonomía festiva que abarca ceremonias indígenas, con diversos objetos de convocatoria; fiestas patronales y de cultos; monárquicas (durante el período de la colonia); patrióticas, nacionales, cívicas y republicanas, a partir de la independencia; libertarias; de resacralización del hispanismo; estudiantiles; del campo electrónico; de diversidad cultural; de prácticas culturales como la danza, los cantos, las músicas, la palabra, los patrimonios; de referentes sociales y la del día de los trabajadores. 

En este siglo XXI, están surgiendo otros actos festivos que orientan, de una parte, nuevas definiciones de la fiesta misma, así como se observan nuevas tipologías y taxonomías, nuevos objetos celebrados y sujetos celebrantes, todos ligados a los cambios sociales que de manera progresiva van emergiendo.

Encontramos actos festivos como: las fiestas-protesta, las marchas simbólicas, entre otras; algunas carreras deportivas referenciales por la paz, los actos simbólicos de variado tipo; los carnavales o festivales de grupos considerados de minorías, de género, étnicas, los días de visibilización como los de las violencias contra las mujeres, las niñas y niños, las minas antipersona, los desaparecidos, los desplazados; la protección o preservación de animales y las víctimas de violencias en el marco del conflicto armado. 

Representación en escultura de la figura que en forma de dragón hacía parte de las procesiones del Corpus Christi en Santafé de Bogotá. Su origen proviene de Tarascón, Francia.

 

Las formas de celebración han determinado cambios en la definición conceptual de lo que significa la fiesta y sus formas de escenificación. Si bien se mantienen elementos de lo festivo, estos se utilizan en las marchas, los plantones, los actos de memoria, los performance, los actos simbólicos de perdón, los actos de conmemoración, las carreras deportivas referenciales, actividades todas con objetos celebrados determinantes y con sujetos celebrantes definidos que han construido mundos festivos diversos.  

De los ceremoniales primarios a los actos de memoria 

La fiesta o lo festivo como concepto, así como sus propias formas de expresión, sus objetos celebrados y los sujetos celebrantes se han diversificado en lo que ha transcurrido del siglo XXI en Colombia. Como concepto, es evidente que la fiesta como producto social es “un momento particular y reiterado donde se pueden descifrar las reglas del funcionamiento social” y con este criterio se orientan definiciones y formas de manifestación de las comunidades o colectivos sociales. 

Así, en la Colombia de hoy, la fiesta entendida conceptualmente como un “acto de participación comunitaria” mantiene este elemento de la tradición, pero no necesariamente debe ser concebida solo “como reunión para expresión de alegría”, sino que las variaciones sociales determinan otros aspectos para su definición y para sus diversas formas de expresión. 

Pericles Carnaval, símbolo de los carnavales estudiantiles de los años 20, 30 y 40 del siglo XX en Bogotá.Colección Daniel Rodríguez. Museo de Bogotá

 

Teniendo en cuenta estas consideraciones no se puede imponer un solo sentido a la fiesta, lo que también está emergiendo progresivamente en la Colombia del siglo XXI, se relaciona más con el concepto de celebración, término que designa una “valoración simbólica” que evoca una solemnidad o momentos placenteros que no descartan “las fiestas íntimas, las fiestas de recogimiento y las fiestas tristes”. 

El otro concepto que ha tomado preponderancia es el de la conmemoración, ceremonias que escenifican el recuerdo de una persona o de un acontecimiento. Puestas en escenas desde tiempos pasados, contemporáneamente se han direccionado hacia los campos de la “dignidad de la memoria”. 

Ahora, tratándose de las nuevas formas festivas, estas ya no implican grandes concentraciones de públicos convocadas por el Estado, organismos de gobierno o las organizaciones religiosas, sino que las convocatorias las hacen grupos sociales más específicos, que se reúnen alrededor de un referente compartido sin que necesariamente sea conexo de toda la sociedad, lo que determina una nueva manera de concebir el sujeto celebrante.

Son una especie de nuevos sujetos que utilizan los espacios públicos abiertos para escenificar lo que desean visibilizar y no pensando en otros públicos ajenos a su actividad sino en la cohesión de su comunidad o colectivo. Entretanto, al lado de las fiestas primitivas, o las ya tradicionalmente escenificadas, emerge una multiplicidad de actos festivos de variada gama. La sociedad cambia y esto se manifiesta en lo festivo, aspectos que se observan en los calendarios festivos. 

Los calendarios de fiestas en Colombia

En Colombia se pueden encontrar calendarios de fastos desde la época precolombina hasta nuestros días. Se han podido reconstruir los que refieren los ceremoniales más importantes de comunidades indígenas, que esencialmente se relacionaban con la naturaleza, sus caciques, sus formas de vida o sus divinidades. Las sequías, siembras, cosechas, construcciones, mujeres, niños, jóvenes, jeques o sacerdotes, matrimonios, actos fúnebres, ofrendas o ruegos a sus dioses o rituales por sus guerras intertribales, entre otros, eran motivos de actos colectivos ceremoniales y por lo tanto eran calendados. 

También se han reconstruido calendarios producidos por la presencia española en estos territorios que contienen los fastos de la monarquía española y de la iglesia católica, desde el siglo XVI, dando origen a una nueva sociedad y a nuevos calendarios que se superponen a los de los indígenas. 

El primer calendario oficial con los festivos religiosos que se debían guardar se encuentra referenciado en el Catecismo de Fray Luis Zapata de Cárdenas, publicado en noviembre de 1576, y rigió durante muchos años del período colonial. Se determinaron como fiestas de guardar: todos los domingos del año y las fiestas de Nuestro Redentor que son: La Circuncisión, la Pascua de resurrección, Pentecostés y Navidad, los tres primeros días y la Pascua de Reyes; el día de la Ascensión, el día de Corpus Christi, las Fiestas de Nuestra Señora: Anunciación, Purificación y Asunción; el día de San Juan Bautista; la fiesta de los apóstoles San Pedro y San Pablo. 

En los siglos XVI, XVII y XVIII los calendarios festivos oficiales fijaban los fastos de la monarquía española y de la iglesia católica y para inicios del siglo XIX aparecen las fechas relacionadas con la independencia Neogranadina. Se generó otro calendario festivo de tipo republicano, en el cual se iban adjuntando los fastos que se aprobaban por las entidades gubernamentales, el cual se ha mantenido con escasas variaciones determinadas por los poderes políticos. 

Es evidente que el tiempo que se fija en los calendarios no solo depende de razones culturales o sociales, sino también de intereses ideológicos y políticos, y su estudio permite entender los ritmos a que se ve sometida la sociedad en general por diversas influencias.

Otros calendarios festivos

Para entender estos mundos sociales es preciso recurrir al estudio de otros calendarios festivos, los cuales datan las fiestas regionales o locales consideradas populares.

Si bien en la era precolombina se destacan varias prácticas rituales entre ellas las denominadas Biohote (en el caso de los Muiscas) de carácter sacro o los rituales cosmogónicos de las comunidades indígenas de varias regiones, las prácticas festivas populares empiezan a ser visibles en los calendarios con la llegada de los españoles a los territorios de la actual Colombia desde el siglo XVI, un tanto ligados a las fiestas patronales que progresivamente va instituyendo la Iglesia católica, apostólica y romana. En las zonas urbanas la festividad del Corpus Christi, considerada la más suntuosa en las épocas coloniales, culminaba en los barrios periféricos con las llamadas octavas, actos religiosos que homenajeaban un santo, santa o virgen, pero que eran aprovechados para los regocijos populares, mientras en las zonas rurales o los poblados esta fiesta era aprovechada para disfrazarse, especialmente de matachines o cucambas y para organizar mascaradas y comparsas musicales. 

Procesión de Santa Librada, símbolo de las celebraciones del 20 de Julio. El Espectador, 1954. Foto reproducida por Natalia Gónzalez Y Wbeimar Ramírez

 

En efecto, al lado de misas y procesiones, los festejos se hacían en los barrios o en los pueblos, donde los bailes, la chicha, la música, la comida, las bebidas, los juegos de mesa y otras actividades dan espacio a unas prácticas festivas, que la religiosidad las nominaba como profanas, y que pueden ser consideradas populares en el sentido de que participaban los vecinos sin ninguna restricción.

También, por lo menos en la Santafé colonial, se implantan, probablemente desde los años cuarenta del siglo XVI, las fiestas de las carnestolendas, traídas por los españoles y celebradas en dos escenarios: los de la élite española lo hacían en el centro de la ciudad con teatro, toros, músicas, disfraces, cabalgatas, juegos, entre otras actividades, y en la zona del oriente, en cercanías del barrio Egipto, las celebraban las clases populares con chicha, músicas, juegos de azar y bailes.

Desfile en los carnavales estudiantiles de los años 20 y 30 del siglo XX en Bogotá. El Gráfico. Biblioteca Nacional de Colombia. Foto reproducida por Natalia González y Weimar Ramírez / foto archivos intercultural

 

La región festiva 

En algunas regiones como la zona Caribe, la fiesta popular se relaciona con prácticas culturales especialmente de danzas y músicas que los moradores escenifican y que por su movilidad confluyen en carnavales, donde se entrecruzan varias culturas, como es el caso de las manifestaciones culturales de ribereños del río Magdalena, en su relación con el carnaval de Barranquilla. Además, grupos de danzas de indígenas y negros, según Nina S. de Friedemann, celebraban sus fiestas en poblados, en las fiestas patronales, y más tarde también se integraron a carnavales. Otras poblaciones tienen sus fiestas o carnavales con orígenes diversos pero entrecruzados por la danzas, los disfraces y las músicas de la región. Las fiestas patronales son numerosas y van ligadas, como en toda Colombia, a la fundación de municipios. 

Celebración del 12 de octubre de 1934. Juego de pelota en zancos en el Instituto Caldas de Vista Hermosa, Tolima.  Foto cortesía del archivo general de la nación

 

Además, se debe tener en cuenta que en esta zona del Caribe hay subregiones culturales. Entre otras, la Sabana, donde el Vallenato, como canto y música, va ligado a la cultura caribeña y ha transcendido las fronteras locales, hasta ser considerado patrimonio cultural de la humanidad. Se destacan otras prácticas festivas como los cantos de vaquería, los cuadros vivos de Galeras, Sucre, el Festival Nacional de la Leyenda Vallenata, el Festival Nacional de Compositores de Música Vallenata en San Juan del Cesar, La Guajira, y el Carnaval de Barranquilla, reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. 

Amira Mouthón Barrios, su majestad imperial Amirita I, representante del barrio San Diego, fue proclamada como la primera reina de las festividades del 11 de noviembre en Cartagena en el año 1937. (Hoy Fiestas de la Independencia).

 

El Festival de Luna Verde o Green Moon Festival en San Andrés Islas y el Festival del Sol y los Cangrejos en Providencia, el de la Cultura Wayúu y el Festival y Reinado del Dividivi en La Guajira, el Festival del Bullerengue en Puerto Escondido, Córdoba, el Festival Nacional del Porro en San Pelayo, Córdoba, el Festival Nacional de Gaitas en Ovejas, Sucre, y las Fiestas del Mar en Santa Marta, Magdalena, hacen parte importante de los calendarios festivos.

En Bolívar culturalmente se deben resaltar el llamado Festival del Frito de Cartagena, práctica también programada en el marco de la fiesta patronal de la Candelaria, las fiestas de la independencia y varios festivales del folclor caribeño. La cultura afro colombiana muy presente en los carnavales tiene una expresión importante a través de los llamados Cabildos, una remembranza simbólica de las etnias y lenguas africanas que llegaron a Cartagena. Se destaca el Cabildo del barrio Getsemaní y el de Torices, así como la experiencia pedagógica de las escuelas con sus desfiles de Cabildo escolar realizado en noviembre. El festival de tambores y expresiones culturales de San Basilio de Palenque, realizado en este corregimiento del municipio de Mahates, Bolívar, en el mes de octubre de cada año, es uno de los espacios también referenciales de la cultura afrocaribeña. 

Un danzante con indumentaria felina que es partícipe en el Desfile de la Batalla de Flores en el Carnaval de Barranquilla. Febrero 9 de 2013.  Foto Carlos Benavides Díaz

 

Esos calendarios de las regiones permiten visualizar varias subregiones culturales atadas a instrumentos musicales, a músicas o a manifestaciones o prácticas culturales patrimoniales. Los calendarios de fiestas en la Orinoquía tienen sus antecedentes ligados a instrumentos musicales como el arpa, el cuatro o la bandola y al joropo como danza cultural. Igualmente, el asentamiento de la ganadería que da origen a caseríos, luego a municipios y a fiestas patronales donde se combina lo religioso con las manifestaciones populares, propiciando calendarios como lugares de encuentro. Una práctica festiva como los Cantos de trabajo del Llano y las cuadrillas de San Martín fueron declarados Patrimonio Inmaterial de la Nación. 

La región Amazónica conserva sus raíces con las comunidades indígenas, aunque las oleadas de colonización crearon zonas interculturales de frontera, tal como se manifiesta con el Festival de la Confraternidad Amazónica que reúne culturas de Perú, Brasil y Colombia, el Festival de Música Popular Amazónica, el Piracurú de Oro, o el Festival Folclórico del Piedemonte Amazónico que se celebra en Florencia, Caquetá. Su calendario festivo es más del siglo XXI y celebra al colono, la cultura interamazónica a través de la música o la fundación de municipios como el de Leticia, su capital. El Bëtscnaté o Día Grande de la tradición Camëntsá de Sibundoy, Putumayo, es Patrimonio Cultural de la Nación y los Ingas celebran en Santiago, Putumayo, el Kalusturinda–Atun Puncha o Carnaval del Perdón. En la zona del Vaupés se celebra la fiesta indígena del Yuruparí. 

Danzante Diablito Carnavaleros. Indumentaria del maestro Miguel Guaitarilla que es partícipe en el Desfile Magno del Carnaval de Negros y Blancos de Pasto, Nariño. Enero 6 de 2010.  Foto Carlos Benavides Díaz

 

La región Pacífica con sus carnavales en todos sus municipios y corregimientos y la fiesta de San Pacho en Quibdó, da cuenta de su relación con la religiosidad católica, pero se desborda hacia la fiesta popular y patrimonial con sus cantos, sus músicas y sus escenografías. El Carnaval de Negros y Blancos de Pasto, las fiestas de San Pacho en Quibdó, los Gualíes, alabaos y levantamientos de tumbas, ritos mortuorios de las comunidades afro del medio San Juan de Chocó son parte de las expresiones festivas declaradas patrimonio cultural. En Cauca, el calendario oficial tiene a las Procesiones de Semana Santa en Popayán, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad y Patrimonio Inmaterial de la Nación, como su gran momento de encuentro festivo, pero en general los fastos siguen siendo municipales y ligados a vírgenes y santos. En la zona del Patía, los violines con sus músicas de bambucos patianos crearon un calendario de festejos diferentes donde las comunidades afro son las predominantes, aunque celebrando a la virgen de Tránsito, patrona del municipio del Patía. En el Valle del Cauca, salvo la Feria de Cali, su ciudad capital, se encuentran fastos en el calendario de origen religioso, de fundación de municipios propiciados por la colonización en algunas de sus zonas, eventos de músicas o de referencia con sus productos naturales, los carnavales del Pacífico y en general fiestas patronales. 

Además, en el marco de la feria anual ha surgido la propuesta de grupos culturales de reinventar el carnaval de Cali, cuyo acto central es un desfile con referentes patrimoniales realizado el 28 de diciembre. El Salsódromo, un desfile de las escuelas de Salsa de la ciudad de Cali que se realiza el 25 de diciembre como apertura de la Feria de Cali, fue declarado en el año 2016, como Patrimonio Inmaterial de la Nación. En Ginebra se destaca el Festival de Música Andina ‘Mono Núñez’ que ha logrado una convocatoria nacional y en Cali se realiza en el mes de agosto el Festival ‘Petronio Álvarez’, también Patrimonio Cultural de la Nación. Este evento escenifica la cultura musical de poblaciones afrodescendientes y en donde las cantadoras, la marimba o los violines del Cauca son referentes centrales.

En Nariño y Putumayo se realizan carnavales de indígenas, algunos con referencias a los fastos de Negros y Blancos. Los carnavales anuales de Negros y Blancos se programan en varios municipios de Nariño, destacándose los realizados en Pasto y en Ipiales. En la costa nariñense se celebran carnavales en las épocas de precuaresma controlados más bien por las alcaldías municipales, que los han convertido en eventos de espectáculos, pero se mantienen en el calendario de fiestas. 

Marcela Londoño, ganadora en la categoría Silleta Tradicional, participante en el Desfile de los Silleteros en la Feria de la Flores, Medellín, Antioquia. Agosto 10 de 2014. Foto Carlos Benavides Díaz

 

Por otra parte, el Gran Tolima, que comprende a los departamentos de Huila y Tolima, combina las fiestas patronales de origen católico con las surgidas por la comercialización o la creación de municipios. Fiestas del retorno son comunes como eventos municipales y las fiestas del San Juan y del San Pedro que, escenificando formas culturales de esta zona, han dado origen a una especie de fiestas patrimoniales, en las cuales el folclor es su eje esencial. Estas manifestaciones culturales han propiciado la creación de festivales de gran acogida. El festival folclórico de Neiva, por ejemplo, es patrimonio cultural de la Nación, así como el Festival Folclórico Colombiano que se realiza en Ibagué. 

El Matachín o campanero de la comunidad indígena Camëntsá biyá. Hace el llamado a la Fiesta del Perdón, Bëtscnaté o Gran Día. Municipio de Sibundoy, Putumayo. Febrero 16 de 2015.

 

En la zona de Cundinamarca, Boyacá y los Santanderes, los calendarios han estado ligados a las fiestas patronales y progresivamente han tornado hacia eventos propiciados por las alcaldías municipales, muchos de los cuales han desbordado lo patrimonial y se ha impuesto la cultura del espectáculo. En algunos municipios la música es objeto de celebración, tal como en el Festival Nacional de la Guabina y el Tiple en Vélez, Santander, o en el Encuentro Nacional de Bandas de Paipa, Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Nación. Se destaca la celebración del Corpus Christi en el municipio de Anolaima, Cundinamarca, que además es un homenaje al Día del Campesino, realizado generalmente la primera semana de junio. Las Romerías, especialmente la de la Virgen de Chiquinquirá en Boyacá, siguen siendo muy concurridas. 

Desfile de escuelas de Joropo en Villavicencio, Meta. 2011. Matachines en una fiesta de San Juan en Purificación, Tolima. 2011. Foto archivos de Intercultural

 

Los calendarios de fiestas en Antioquia y las zonas cafeteras se han originado por las fiestas religiosas patronales del catolicismo, por las oleadas de colonización y por la fundación de municipios. Algunas fueron creadas en las épocas de la colonia, pero la mayoría datan del siglo XIX y XX. El Carnaval de Riosucío, la Feria de Manizales y el desfile de silleteros en Medellín, como manifestaciones festivas de esta zona son Patrimonio Cultural de la Nación. 

Matachines en una fiesta de San Juan en Purificación, Tolima. 2011.

 

Una característica de los calendarios de fastos populares en las regiones de Colombia tiene que ver con la comercialización de productos agrícolas y ganaderos, con la explotación de recursos naturales, con la colonización de tierras y con la apertura de vías, lo que ha generado el entrecruzamiento de los fastos patronales con las ferias comerciales dando nacimiento a las Ferias y Fiestas. Una de sus características es la programación de eventos de entretenimiento que no dejan mucho lugar a la puesta en escena de aspectos culturales, en una evidente desviación de la fiesta patrimonial. Se contrapone a ello la realización de festivales de música que se han logrado posicionar en algunas regiones. 

Rock al Parque Fiesta de la modernidad, Bogotá. 2006. Foto archivos de Intercultural

 

En Bogotá, que cuenta con unos 300 fastos, los más concurridos son los de la Fiesta de Reyes en el barrio Egipto, la virgen del Carmen celebrada por los trasportadores, el Festival de la Chicha y la Dicha, el Halloween o Noche Dulce, el Festival Iberoamericano de Teatro y Rock al Parque. El Día de los Gitanos y el Día Nacional de la Afrocolombianidad ocupan un lugar destacado en cuanto a fiestas étnicas que se celebran en la ciudad. 

Acto de Memoria en Bogotá. Día de los Desaparecidos. 2016. Foto archivos de Intercultural

 

Finalmente, lo que se vislumbra es una ampliación del calendario festivo colombiano, con otros objetos celebrados, otros sujetos celebrantes, otras formas de celebración, a través de lo cual se manifiesta otra realidad social colombiana

Referencias

1 Diccionario etimológico. www. definición.de/ fiesta/

2 Duvignaud, Jean. Le Don du rien. París: Stock, 1977. p. 26. En Isambert, André-François, Le Sens du sacré, Minuit, París, 1982, p. 134.

3 Marquard, Odo. Una pequeña filosofía de la fiesta. En: Isambert, Op.cit., p. 366.

4 Ver: El calendario y la organización del tiempo. En: Ariño, Antonio, La Ciudad Ritual, Anthropos, Barcelona, 1992, pp. 33 a 52.

5 Marin, Louis, Une mise en signification de l’espace social: manifestation, cortège, défilé, procession. En: De La Représentation. París, Gallimard, Seuil, 1994, 46-61.

6 Ver: Bajtín, Mijail, La cultura popular en la Edad media y en el Renacimiento. Madrid: Alianza Editorial, 1989.

7 Isambert, Op.cit., p. 136.

8 Ibíd., pp.162-163.

9 Ibíd., pp. 160-162.

10 Ver: González Pérez, Marcos, Ceremoniales, Fiestas y Nación. De los estandartes muiscas al himno nacional. Intercultura, Bogotá, 2012.

11 Ver: González Pérez, Marcos. “El concepto de fiesta”. En: Fiestas y Nación en América Latina, Bogotá: Intercultura, 2011. pp. 13-33.

12 Chartier, Roger. Lectures et Lecteurs dans la France D’Ancien Régime. París, Seuil, 1987. p.24.

13 Ibíd., p. 23.

14 Ocampo López, Javier. Las Fiestas y el Folclor en Colombia. Bogotá: Ancora Editores, 1985. p. 32.

15 Isambert, François-André, Op.cit., p. 159.

16 Ibíd., p. 160.

17 Galeano, Eduardo. “Prólogo, Abracadabra”. En: Pérez, Pau y Navarro, Susana, Resistencias contra el Olvido. Barcelona: Gedisa, 2007, p. 16.

18 Ver: González Pérez, Marcos. Ceremoniales, Fiestas y Nación. De los estandartes muiscas al himno nacional, Bogotá: Intercultura, 2012. Se puede consultar en www.interculturacolombia. com.

19 El Catecismo de Fray Luis Zapata de Cárdenas. Manuscrito de la Biblioteca del Palacio Real de Madrid, publicado como Anexo en Marín Tamayo, John Jairo, La construcción de una nueva identidad en los indígenas del Nuevo Reino de Granada. La producción del catecismo de Fray Luis Zapata de Cárdenas, (1576), Icanh, Bogotá, 2008.

20 Gutiérrez de Alba, José María, Impresiones de un viaje a América (1870-1884) en www.banrepcultural. org.

21 González Pérez, Marcos. Carnestolendas y Carnavales en Santafé y Bogotá, Intercultura, Bogotá, 2005.

22 Friedemann, Nina, Carnaval rural en el río Magdalena en www.banrepcultural.org.

23 Friedemann, Nina, Perfiles Sociales del Carnaval de Barranquilla (Colombia) en Revista Montalban, Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1984, p. 132