22 de septiembre del 2019
 
Grupo de músicas del Pacífico en el Festival Petronio Álvarez, Cali (2004). Foto Carlos Lema
Julio de 2017
Por:
Amelia López. Violinista con área menor en Musicología de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas. Investigadora independiente y candidata a Máster en Etnomusicología de la Universidad de Indiana en Estados Unidos.

LA FIESTA DE LOS VIOLINES

Actualmente existen variedades de violines en las zonas veredales del Cauca y el sistema de aprendizaje mantiene la tradición de sus ancestros que se transmite de generación en generación: oyendo, aprendiendo, practicando y afinando.

En el suroccidente de Colombia existen lugares donde suenan violines con sonidos roncos, que acompañados por guitarras, requintos, tamboras y guacharacas ambientan musicalmente las fiestas y rituales de las comunidades afrodescendientes al ritmo de bambucos viejos, jugas y sones. Esta manifestación cultural es el medio que usan las comunidades que habitan algunas zonas del departamento del Cauca para resistirse al olvido y al abandono, y simbolizar la unión y la fuerza de su pueblo.

Esos sonidos son producidos por los llamados violines negros, nominados de esta manera, porque representan la identidad cultural de la comunidad afro del Valle Interandino, conformado por once municipios del norte del departamento del Cauca y dos del sur del Valle del Cauca. Este término no solo hace referencia a un instrumento, sino a las prácticas sonoras de esta región, que generalmente incluyen violines en sus agrupaciones. 

Violín de guadua perteneciente al grupo Son de Catalina en el municipio de Buenos Aires, Cauca (2014). Foto Amelia López

 

La elaboración de estos violines caucanos hizo posible que la comunidad de negros fugados que formaron sus palenques iniciaran una tradición musical propia para representar el sincretismo cultural de esta región. Los violeros (o luthiers) son los encargados de fabricarlos. Cabe señalar que esta comunidad, cuando comenzó a elaborar sus instrumentos musicales de guadua, pretendía que no desentonaran con los violines hechos con otros materiales, esencialmente con los originarios de Europa. Así surgió el violín de guadua y, en consecuencia, la primera generación de músicos afrocaucanos que incluyeron este violín en su música tradicional. 

Se destaca la originalidad de estos pobladores para recrear los ambientes con su música por medio de un violín propio que tiene diversas interpretaciones sobre su aparición. Algunas personas consideran que su ejecución y construcción es una especie de ‘imitación’ del milenario instrumento musical originario del viejo continente y traído al Cauca desde Cartagena por las comunidades religiosas que tenían contacto con los esclavos africanos que trabajaban en los cultivos de caña de azúcar. 

Otras versiones dan cuenta que aventajados músicos africanos, también esclavos en estas tierras, idearon y ejecutaron estos instrumentos. Es de anotar que en otras regiones de explotación humana similar se crearon instrumentos musicales originales. Por ejemplo, el llamado cajón negro peruano o la caja negra, fue creada por esclavos de origen africano, que al prohibírseles tocar el tambor, idearon este instrumento con troncos de madera. 

Actualmente existen variedades de violines en las zonas veredales del Cauca y el sistema de aprendizaje mantiene la tradición de sus ancestros que se transmite de generación en generación: oyendo, aprendiendo, practicando y afinando. 

Elaborar un violín de guadua

El tiempo que puede demorar el proceso de construcción de un violín de guadua es de tres a cuatro meses, ya que la guadua debe pasar por un proceso largo para lograr la sonoridad deseada en el instrumento. El primer paso es esperar la Luna creciente. Durante este periodo se deposita el agua en el interior del tronco, el líquido sube a las hojas y deja el tronco vacío. Luego, el violero los golpea suavemente con un machete para encontrar los que produzcan un sonido agudo; cuando los identifica, se cortan y se dejan, en la posición en que cayeron, durante un mes para que se seque adecuadamente la guadua. 

Después de esta primera etapa, el violero escoge la parte del tronco que va a utilizar y la corta, luego dibuja y talla las efes del instrumento, pule la pieza y ensambla las partes pequeñas con las cuerdas. Es muy importante respetar los tiempos de la guadua entre cada una de las fases de construcción, pues este proceso es determinante para que los violines negros produzcan un sonido único. 

Una fiesta rural 

El Cauca es un departamento colmado de fiestas de variado tipo, con carnavales y festivales, pero las más conocidas tienen una connotación ligada a religiosidades, entre las que se destacan la Semana Santa y las Procesiones de Popayán, en el ámbito urbano. También la información sobre actos festivos en el Cauca da cuenta de muchas fiestas veredales, campesinas o rurales propuestas por diversos sectores étnicos y poblacionales de la región. 

Así mismo, se deben resaltar los festejos de comunidades, esencialmente de afros que realizan festividades, como las Adoraciones del Niño Dios, las cuales reflejan la fuerte asimilación del catolicismo. En esencia, estos fastos se realizan entre los meses de enero y marzo porque no eran permitidos en diciembre. En estas celebraciones, además de la práctica religiosa, se destaca la presentación de individuos o grupos que desde las artes plásticas, dramáticas, la danza, la poesía, la gastronomía o la música dejan entrever los rasgos esenciales de una cultura. 

La investigadora Paloma Palau, citando a Carlos Velasco, señala uno de los posibles argumentos que explican el origen de esta celebración: “según una de las organizadoras de la fiesta, las adoraciones se realizan después del nacimiento de Jesús porque los reyes magos: Melchor, Gaspar y Baltasar, casi todos eran negros y adoraron al Niño Dios el 6 de enero”. 

Violinistas del grupo Palmeras tocando en la vereda El Palmar en Santander de Quilichao, Cauca (2014).  Foto Amelia López

 

Aunque esta fiesta puede presentar ciertas modificaciones de acuerdo con el lugar donde se realice, por lo general tiene una duración de dos días, en la que confluyen las artes escénicas, artes plásticas, música, danza y artes narrativas. Este evento conmemora el nacimiento de un niño y la mujer juega un papel protagónico en esta festividad, razón por la cual las mujeres son las organizadoras de las fiestas.

La celebración comienza en la noche del primer día, generalmente un viernes. La  comunidad se concentra en la casa de la síndica y mientras están reunidos se produce un apagón, programado previamente, durante el cual alguien se ‘roba’ la figura del Niño Dios y la lleva a otra casa. Es en este momento cuando realmente comienza el festejo, ya que la comunidad se organiza en pequeños grupos y salen a buscar la imagen del Niño Dios, en un acto festivo que se prolonga hasta el amanecer, acompañado de licor y masato no fermentado para los niños. 

En la noche del día siguiente corre la noticia de que la figura del Niño Dios ha aparecido. Es entonces cuando se reúnen nuevamente en la casa de la síndica e inician una procesión que se dirige al sitio donde se encuentra la figura del Niño Dios. Al llegar, los niños de la comunidad se agolpan en torno a un pesebre, en donde recitan loas y cantan jugas. 

Una vez todos terminan sus declamaciones y cantos, se inicia nuevamente una procesión de regreso a la casa de la síndica, en la que una niña que representa a María, la madre de Jesús de Nazaret, se monta en un burro y carga la figura del Niño Dios. Una vez terminado el recorrido, los pobladores bailan los ritmos tradicionales de la región y continúan la fiesta hasta el día siguiente. 

La ruta hacia lo urbano

En agosto de 1997 se realizó en Cali la primera versión del Festival Petronio Álvarez, evento que nació por la iniciativa del antropólogo Germán Patiño, y que además contó con el apoyo de la Alcaldía de la ciudad y Colcultura. Uno de sus fines principales era propiciar un espacio en el que pudieran converger las músicas tradicionales, populares y académicas de la región Pacífica. Lo anterior, con la idea de celebrar la diversidad cultural y la hermandad de los pobladores de los departamentos del Valle del Cauca, Cauca y la zona costera.

Mediante concursos musicales, anualmente el Festival ha reconocido la riqueza cultural de la región. En su primera versión, el evento reunió agrupaciones en tres modalidades distintas: conjuntos de marimba, de chirimía (formatos instrumentales de música tradicional) y agrupaciones libres (música popular urbana). 

A medida que el Festival fue creciendo y convocando más agrupaciones, y más público, se crearon modalidades con las cuales se pretendía lograr una competencia más equitativa entre las agrupaciones de músicas tradicionales, académicas y comerciales. Luego se creó en 2008 la categoría de violines caucanos en el que por una parte, le dio un lugar importante a estas prácticas culturales y, por otra, le generó reconocimiento a un mundo sonoro que permaneció en el anonimato durante muchos años.

De esta manera, el espacio del Festival ha sido muy importante para dar a conocer una tradición musical casi perdida. En un comienzo las músicas en sus formatos tradicionales no eran comprendidas totalmente por los espectadores y el jurado, y aspectos como la afinación, los bailes y las letras de las canciones eran notoriamente diferentes a lo que los citadinos escuchaban de las músicas del Pacífico.  

Además, los violines rústicos no tenían la potencia sonora necesaria para ser interpretados en una tarima de tal magnitud. Cabe señalar que las músicas y los instrumentos siempre fueron pensados para las fiestas de las veredas, donde no hacía falta amplificación o una luz que indicara en qué momento iniciar y en qué momento terminar un recital. 

Todas estas exigencias del Festival han contribuido a la transformación de estas músicas. En la actualidad, las veredas esperan con ansias las competencias regionales, con las cuales se elegirán las agrupaciones que representarán a las comunidades afro del Cauca en Cali para darle más importancia al Petronio que a las Adoraciones. Cada año nacen nuevos grupos con la esperanza de llegar a la ciudad. El fin máximo de los músicos ahora es poder presentarse en una de las tarimas del Festival.

La comercialización de la música y la presentación en tarima ha llevado a la comunidad a modificar los instrumentos. Hoy en día las agrupaciones prefieren tocar con el violín ‘convencional’ de construcción europea o amplificar sus instrumentos tradicionales para satisfacer las expectativas del público y los jurados en cuanto a afinación y proyección sonora. Se ha dejado de lado el violín rústico. 

Finalmente, el Festival Petronio Álvarez es un evento que con sus ritmos empautados permite que todo el país baile y goce los sonidos de los violines negros. Una tradición que se ha salvado del olvido para conquistar los espacios del contexto musical en Colombia.

Referencias

1 La juga es un ritmo que se considera una variante del currulao colombiano. Ver: Abadía Morales, Guillermo. Compendio general de folklore colombiano. Bogotá: Biblioteca Básica Colombiana, 1977. p. 220-221.

2 La doctora en Antropología e Investigadora Musical, Paloma Muñoz, introdujo este término desde 1999 cuando inició su trabajo investigativo sobre los violines en las comunidades Afro del Cauca. Ver: Muñoz, Paloma. La música del Patía: negros, violines, brujos y bambucos. Presencia y actualidad [inédito]. En: Músicas y prácticas sonoras en el Pacífico afrocolombiano, 2010. p. 144.

3 En el norte del Cauca se encuentran los municipios de Villarrica, Caloto, Santander de Quilichao, Caldono, Corinto, Miranda, Padilla, Puerto Tejada, Toribío, Buenos Aires y Suárez. En el sur del Valle del Cauca están Jamundí y Florida.

4 Durante la época colonial, el departamento del Cauca se convirtió en uno de los centros esclavistas más grandes e importantes de Colombia. Es por esta razón, que en esta región su población afrodescendiente se concentra en el Valle Interandino del país.

5 Luthiers, proviene del término luthería, hace referencia a los hacedores de instrumentos de cuerdas.

6 Ver: López, Amelia. Violines de negros: Un acercamiento a la construcción del violín en las comunidades afro del departamento del Cauca (Monografía de pregrado para la Fundación Universitaria Juan N. Corpas). p. 54.

7 Ver: Libreros, Lucy Lorena. Un viaje al misterioso embrujo de los violines del Cauca. En: El País de Cali, 2011. [online]. [Citado 25 mayo 2017]. Disponible en: http://www.elpais.com.co/cali/ un-viaje-al-misterioso-embrujo-de-los-violinesdel-cauca.html

8 Ver: El cajón peruano. [online]. [Citado 25 mayo 2017]. Disponible en: http://www.monografias. com/trabajos86/cajon-peruano/cajón peruano.shtml

9 Las efes de los instrumentos de cuerda son los orificios tallados con la forma de esta letra. Su función es permitir que el sonido se proyecte.

10 Velasco, Carlos Alberto. Jugas y Bundes cantados por negros en el norte del Cauca. Santander de Quilichao: Alcaldía de Santander de Quilichao y Fundación Propal, 1996.

11 Ver: Palau Valderrama, Paloma. Bombarra, tuba y helicón: música de las Adoraciones del Niño Dios en el norte del Cauca y sur del Valle. En: Ochoa, Juan Sebastián; Santamaría, Carolina y Sevilla, Manuel. Músicas y prácticas sonoras en el Pacífico afrocolombiano. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2010. p. 112.

12 Las síndicas son las organizadoras de las fiestas, generalmente son cantaoras.

13 Las loas son composiciones breves en versos. [online]. [Citado 2 junio 2017]. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Loa

14 Según Ana Amelia Caicedo, cantaora del municipio del Patía, Cauca, existió un músico muy virtuoso en el Valle del Patía. Era tan bueno, que se creyó que tenía un pacto con el diablo. De ahí el término empautado para referirse a sus músicas ‘embrujadas’.