Laboratorio quimico nacional
Agosto de 2018
Por:
Carlos Niño Murcia*Arquitecto y profesor de la Universidad Nacional de Colombia. La fotografías que acompañan este artículo son del autor.

LA CIUDAD UNIVERSITARIA DE BOGOTÁ

Desde su creación en 1867, la Universidad Nacional estuvo dispersa por la ciudad, muchas escuelas funcionaron en antiguos claustros de comunidades religiosas. La construcción de la Ciudad Universitaria se inició en 1935 por iniciativa del presidente Alfonso López Pumarejo, en cuyo gobierno (1934-1938) buscó modernizar el país, creó impuestos directos como el de la renta, adelantó una reforma de la Constitución de 1886, además de las reformas administrativa, económica y educativa.

En la última se inscribe la reorganización de la Universidad Nacional, en ella se proponía difundir la educación moderna –superando el neotomismo conservador que caracterizaba la enseñanza de las órdenes religiosas– y desarrollar un pensamiento laico y científico, que además permitiera el acceso de las clases de bajos recursos a la educación superior.

Se centralizó la universidad administrativa y físicamente en unos terrenos en las afueras de la ciudad. Los arquitectos mexicanos Luis Prieto Souza y Manuel Parra (julio de 1936) hicieron un primer planteamiento neoclásico para el campus, pero pronto fue descartado. Entonces se formuló otro con las ideas del pedagogo alemán Fritz Karsen, quien organizó las diferentes áreas del conocimiento y las materias considerando sus interrelaciones, afinidad y las instalaciones requeridas, dentro de un esquema basado en departamentos más que en facultades.

 

izquierda Facultad de Derecho. Derecha Facultad de Ingeniería.
izquierda Facultad de Derecho. Derecha Facultad de Ingeniería. 

 

 

La concreción urbanística la hizo el arquitecto alemán Leopoldo Rother: ubicó los departamentos en custro áreas –ciencias sociales, ciencias biológicas, matemáticas y físicas, y las artes, más la administración–, trazó una relación vertical entre la administración en un extremo y en el otro el bienestar y los deportes, con dos elipses concéntricas que articulan el conjunto (una vía para los automóviles y otra para movimiento lento) y las entradas de las calles 45, 26 y 53 irrumpían hacia el espacio central.

En las dos primeras versiones (noviembre de 1936) los deportes se abrían hacia la plaza que recibiría al público en los Juegos del Cuarto Centenario. Había 14 edificios en barra para los departamentos, dispuestos de una manera muy moderna, con orientación norte-sur para evitar el sol directo, y en el medio imperaba la biblioteca, con un lago en forma de elipse que subrayaba su importancia. Después se invirtió el Instituto de Educación Física para rodear una plaza interna mientras que los estadios se disponían hacia afuera.

Fue un proyecto general grandioso, pero se fue desvirtuando a lo largo de los siguientes 80 años de construcción en los que se ha ignorado la organización por áreas, confundido los volúmenes y dado la espalda al espacio central, corazón del campus. Sintetizo, a continuación, este proceso de construcción de la Ciudad Universitaria en nueve periodos, con los casos sobresalientes de cada momento.

La Ciudad Blanca, 1936-1945. Inicialmente se construyeron las vías principales y los edificios fundadores. Surgieron entre otros el Instituto Botánico, el Instituto de Educación Física (1937), del que se construyó tan solo el estadio, y la Facultad de Derecho (1938-1940). Esta siguió una composición simétrica, con un gran vestíbulo y dos escaleras monumentales, en las alas hay aulas, más el auditorio y la biblioteca en cada extremo. Su carácter es ambiguo, entre el clasicismo distributivo y la simplicidad moderna.

 

La Imprenta, hoy Museo de Arquitectura Leopoldo Rother.
La Imprenta, hoy Museo de Arquitectura Leopoldo Rother.

 

 

También se hicieron las porterías de la calle 26 y la 45, las residencias de estudiantes (1939-1941), las casas de profesores (1939) y la Facultad de Arquitectura (1940). Pero sobresale la Facultad de Ingeniería (1942-1945), el mejor edificio del campus, que mantiene una distribución simétrica triádica, con el cuerpo central y los volúmenes de las escaleras a cada lado, y atrás se ubican las aulas, orientadas hacia la zona verde central. Su apariencia es moderna por las escaleras vidriadas y las circulaciones con ventanas palomares de interesante efecto, en una conjunción feliz de dos arquitectos de trascendental influencia en Colombia: Leopoldo Rother y Bruno Violi.

Materiales a la vista, 1944-1954. Hacia 1943 reconocemos un cambio radical en la Ciudad Blanca: aparecen texturas, fachadas en ladrillo, piedra y nuevos materiales a la vista. Un ejemplo es el Laboratorio Químico Nacional (1943-1948) donde persistió la distribución neoclasicista triádica, con elementos como pilastras, vigas y áticos de índole neoclásica, aunque sin capiteles ni molduras. En cambio la fachada exhibía texturas de gravilla y concreto, con gran rigor de proporciones y ritmos. Este edificio ha sufrido transformaciones irrespetuosas, sobre todo por los ductos de ventilación sobre la fachada.

Descuella la Imprenta, un edificio pragmático pero de extraordinaria calidad, hoy exaltado como el Museo de Arquitectura Leopoldo Rother. También son de la época el Instituto de Investigaciones Veterinarias (1944-1950) y la Facultad de Química (1945-1947) el primer proyecto que compromete el eje central del conjunto al darle la espalda y dejar la entrada principal en un costado.

La Plaza Che.
La Plaza Che.

 

3. Racionalismo arquitectónico 1954-1958. Son de este periodo el Edificio de Biología (1949-1955), el Laboratorio de Hidráulica (1957) y la Capilla, (1949). O el edificio del SINDU, antes del Centro Internacional de Vivienda Económica (1952), una institución para pensar la vivienda económica de mucha influencia en Latinoamérica.

Organicismo 1958-1964. Quedan atrás los prismas blancos y aparecen formas curvas y complejas, con ladrillo a la vista y cubiertas de arcilla, y adentro materiales vernaculares y texturas variadas. La Facultad de Economía, proyecto de Fernando Martínez Sanabria y Guillermo Bermúdez, no tiene plantas simétricas sino que sigue una distribución determinada por el lugar concreto. Emplea ladrillo a la vista y define aperturas, quiebres, luces cenitales o indirectas para crear calificados ambientes.

Plan Cuatrienal 1964-1974. Fue un momento trascendental para el campus, con la rectoría de José Félix Patiño, quien vio rezagada la educación pública con respecto a la privada, además de los edificios deteriorados y sin articulación académica que impedían la integración del conocimiento. Se reestructuró lo académico y, con un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo, se construyeron edificios con un lenguaje influido por Alvar Aalto, arquitecto finlandés, paradigma de la arquitectura orgánica. Se regresa a las paredes blancas pero la implantación de los volúmenes afecta el conjunto inicial. El Auditorio León de Greiff, de la arquitecta Eugenia de Cardozo, es un bloque cerrado frente a la Plaza Che, su interior es acogedor e impactante y se relaciona con el campus con la transparencia del lobby del primer piso. Y la Biblioteca Central, ubicada tapando la Facultad de Derecho, pero con valores indudables como el juego de escaleras y las salas de lectura en niveles. Estas se iluminan cenitalmente con prefabricados de concreto que propician el estudio.

En este periodo se crea la Plaza Che, antes llamada Plaza Santander, que constituye el corazón actual del campus. Pero recordemos que allí estaba la estatua del general Santander, destruida por algunos estudiantes que ignoraban la lucha por la educación pública de este prócer –gajes del dogmatismo–. Adyacente a esta plaza quedó una enorme área verde que no conforma el espacio representativo que debería ser.

También se levantan el Museo de Arte, de arquitectura sencilla y diáfana de simples rectángulos, patios y salas con iluminación controlada y una calidad espacial de acertada flexibilidad museística, y la Facultad de Artes, con grandes cubiertas inclinadas y escalonamientos hacia el inmenso vacío central, un ventanal hacia los cerros y muchos ángulos agudos, elementos comunes del repertorio del Plan Cuatrienal. Recientemente el edificio fue demolido por deficiencias estructurales imposibles de remediar con costos razonables.

6. Autismo 1974-1984. Se construye poco en este momento pero se levanta la polémica malla perimetral que aísla la universidad de la ciudad.

Programa para el desarrollo de la investigación 1984-1994. Se hacen anexos a edificios previos para las clases de posgrados que siguen las formas blancas del Plan Cuatrienal.

Articulación espacio público 1984-1996. En este periodo se articulan los recorridos peatonales del campus: la plazoleta de la calle 26, las entradas de la calle 45 y la calle 26 y las de las otras porterías tratadas como paseos peatonales. Muchas vías vehiculares son peatonalizadas y arborizadas para ser las venas esenciales de la vida universitaria, como el anillo peatonal que parte del Auditorio León de Greiff, pasa por Arquitectura y llega hasta Química, o el anillo paralelo, recientemente concluido, que integra Derecho, Medicina y Veterinaria.

Es a finales de este periodo que se declaran veinte edificios como patrimonio cultural, en reconocimiento a su calidad y significado en la historia de nuestra sociedad y su arquitectura.

Museo de Arte.
Museo de Arte.

 

Mejora y desarrollo infraestructura 1997-2015. Se aprueba el Plan de Ordenamiento, que ahora se complementa con un Plan Especial de Manejo y Protección. Surgen las cafeterías ubicadas afuera de los edificios para vitalizar el parque cultural. Destaca el edificio de Posgrados de Ciencias Humanas (Rogelio Salmona, 1997-1999), con enriquecedores ámbitos alrededor de patios, más una cubierta donde se puede estudiar, conversar y gozar del sol, las montañas y el atardecer. Es una arquitectura de notable calidad pero que ha tenido mal mantenimiento.

Asimismo, se concluye la Facultad de Enfermería (Leonardo Álvarez, 2017), merecedora del último Premio Nacional de Arquitectura, que ratifica la contribución continua y significativa de la “Nacho”[2] a la historia de nuestra arquitectura. En tanto que se vuelve a pensar en el potrero central como el corazón del campus y núcleo esencial del centro educativo más importante de Colombia.

 

Bibliografia

[1] Arquitecto y profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

[2] Manera coloquial de los estudiantes para referirse en Bogotá a la Universidad Nacional de Colombia.