Terrazas en piedra, Ciudad Perdida o Buritaca 200, Sierra Nevada de Santa Marta. Cultura Tayrona, siglos xiv y xv. Sitio arqueológico que ocupa parte de las vertientes del río Buritaca. Su estructura urbana se basa en una red sinuosa de senderos que bordean las terrazas circulares en piedra en las que se localizaron viviendas y otras construcciones.
Octubre de 2017
Por:
Alberto Saldarriaga Roa, Arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia, especializado en Vivienda y Planeamiento en el Centro Interamericano de Vivienda en Bogotá y en la Universidad de Michigan. Decano de la Facultad de Artes de la Universid

LA ARQUITECTURA EN COLOMBIA EN VARIOS TIEMPOS

El territorio como el lugar de la arquitectura

Hablar de arquitectura colombiana quiere decir “arquitectura construida en el territorio colombiano”. ¿Desde cuándo? Desde tiempos no muy lejanos. Los asentamientos más antiguos reconocidos por la arqueología datan de algo más de once mil años y se encuentran en los abrigos rocosos del borde occidental de la Sabana de Bogotá. Ahí no hubo arquitectura propiamente dicha, el espacio habitable lo ofreció la topografía misma. Siglos más adelante ya se encuentran vestigios de asentamientos en la misma Sabana y en la costa Caribe, en los que se advierten las huellas de edificaciones primarias. Tardarían siglos en aparecer núcleos poblados con una arquitectura más consolidada.

Hablar hoy de arquitectura colombiana significa hablar de los hechos construidos dentro de los límites actuales del territorio nacional cuya delimitación es relativamente reciente. Las fronteras actuales de Colombia definen los límites de un territorio en el que se han sucedido los acontecimientos que forman la historia del país. Una simple revisión de los mapas a partir del siglo XVI permite entender que el territorio actual de Colombia, en el siglo XVIII hizo parte del Virreinato de la Nueva Granada que incorporaba los actuales territorios de Venezuela, Ecuador y Panamá, y que el primer modelo republicano acogió esos territorios antes de su separación, los dos primeros hacia 1830 y Panamá en 1904, y que a través de sucesivos tratados se han sustraído enormes porciones limítrofes hasta llegar a la actual configuración, bastante extraña por cierto. 

Una descripción simple del espacio geográfico colombiano permite apreciar una clara división en dos grandes segmentos por una curva imaginaria que sigue el borde oriental de la Cordillera Oriental, desde los límites con Venezuela, al norte, hasta inmediaciones de la frontera con Ecuador, al sur. El segmento noroccidental, comprendido entre esa línea y las costas de los dos océanos, contiene los tres brazos en que se ramifica la Cordillera de los Andes. En los intersticios entre las tres cordilleras se forman los valles y estrechamientos de los ríos Cauca y Magdalena, los que se disuelven al llegar a las llanuras del Caribe. De ellos el más largo, el valle del río Magdalena, produce la incisión más profunda constituyéndose en un eje vertical de continuidad sur-norte casi ininterrumpida. Estas grandes divisiones naturales abarcan a su vez un vasto conjunto de subregiones que, según Ernesto Guhl, “presentan marcados contrastes entre sí, conformando un vasto mosaico bioclimático”. El segmento suroccidental del territorio es, por el contario, una inmensa planicie, apenas alterada por formaciones montañosas aisladas que se extiende mucho más allá de los límites políticos en las llanuras del río Orinoco y en la inmensidad verde de la selva amazónica. Otras formaciones montañosas aisladas son la serranía de Baudó en el borde norte de la costa del Pacífico y la Sierra Nevada de Santa Marta, en la costa del Caribe (ver mapa general de Colombia).

Centro histórico de Santafé de Antioquia, siglo XVI. Fundada en 1541 por el mariscal Jorge Robledo en la ribera occidental del río Cauca, como parte de sus recorridos expedicionarios por el actual territorio antioqueño. La iglesia catedral con su elevada torre, que sobresale del conjunto urbano, es atribuida a Fray Domingo de Petrés.

 

Una de las características propias de la fisonomía geográfica de la porción andina del territorio es la compleja trama de alteraciones montañosas que forman infinidad de cauces fluviales que tributan a los grandes ríos. Esta condición de la geografía andina se manifiesta en su complejidad microgeográfica, que favorece la formación de un sinnúmero de enclaves ambientalmente diversificados cuya comunicación, a lo largo de siglos, ha sido difícil. Los caminos de herradura trazados, algunos de ellos desde la época prehispánica, siguieron los bordes cordilleranos de los cauces fluviales y superaron las dificultades de atravesar las tres cordilleras en sentido oriente occidente. Así se comunicaron las tierras de Antioquia y Caldas, del Valle del Cauca y de la Sabana de Bogotá con los ríos Cauca y Magdalena. Solo en el siglo xx se logró mejorar esa comunicación, aunque todavía no se ha alcanzado del todo.

Poblamiento, periodización y arquitectura

La construcción histórica de la arquitectura colombiana se ha dividido convencionalmente en cuatro grandes períodos, separados entre sí por hechos de especial significación. Se denomina “prehispánico” al período anterior al inicio del siglo xvi, cuyo fin hipotético se marca por el arribo de los conquistadores europeos y por su posterior ocupación del territorio. El período denominado “colonial” comprende los tres siglos de dominación española y finaliza en 1819 con el triunfo patriota y la constitución de la República de Colombia. En ese año se inicia el período conocido en arquitectura con el nombre de “republicano”, el cual concluye, también hipotéticamente, alrededor de 1930 cuando se inicia un último período, el “moderno”, que se prolonga hasta el presente. Estas delimitaciones son más de orden operativo que exacto. Lo que viene de un período se funde en el siguiente en unos umbrales de transición y muchas veces no desaparece pues pervive en las tradiciones de las culturas populares. 

Recinto funerario, Tierradentro Cauca. ca. siglo VII. La presencia de la cultura de Tierradentro se inscribe entre los siglos VIII a.C y VIII de la era actual. Las tumbas pintadas, principales vestigios arquitectónicos de esa cultura, hoy inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad, son construcciones singulares a cuyos recintos subterráneos de planta ovalada y espacio abovedado se accede por escaleras en espiral talladas en piedra.

 

La denominación asignada a cada período se relaciona, a grandes rasgos, con los procesos de poblamiento y ocupación del territorio sucedidos a lo largo del tiempo. El poblamiento indígena, previo a la conquista española, ocupa buena parte de la región andina y de las llanuras del Caribe, y de él quedan vestigios arquitectónicos significativos como los de Tumaco, San Agustín, Tierradentro, Pueblito y Ciudad Perdida. La llegada de los españoles dio inicio a un segundo proceso de poblamiento en que se ocupan nuevos espacios y se deshabitan otros. En ese período llegaron nuevas maneras de hacer arquitectura que corresponden a los nuevos modos de habitar implantados en el territorio. Después de tres siglos y de las luchas por la independencia se inició otro proceso de ocupación territorial que se superpuso a los anteriores, caracterizado por el poblamiento de las vertientes cordilleranas que se encontraban despobladas o poco pobladas. La llamada “colonización antioqueña” fue la más representativa de este proceso. En ese período se inicia el desprendimiento de la tradición colonial y se establecen nuevos modos de hacer arquitectura. 

Garita del Castillo de San Fernando de Bocachica, Tierrabomba, Bolívar. Ingenieros Juan Bautista Mac Evan y Antonio de Arévalo, segunda mitad del siglo XVIII. El castillo es una obra maestra de la ingeniería de las fortificaciones y se desarrolla alrededor de una amplia plaza de armas en forma de herradura.

 

La modernización, el siguiente gran cambio cultural ocurrido en Colombia, se acompañó de otros procesos de ocupación territorial caracterizados por el incremento de nuevos núcleos urbanos en los llamados “territorios nacionales” y por nuevos frentes de colonización de llanuras y áreas selváticas. Fue también el período de la “urbanización” del territorio, entendida como el incremento de la población que habita en los centros urbanos y que actualmente alcanza un porcentaje cercano al 80% del total de la población del país. Todo este proceso trajo consigo una ruptura entre el pasado tradicional y un nuevo presente influido ya por las condiciones de la vida moderna. Desde un comienzo se implantaron y desarrollaron modelos urbanos y tipos de edificación distintos de todo aquello que se había formado a lo largo de los siglos precedentes. Esta nueva conquista del territorio por la modernización convirtió en pasado todo lo anterior e inició ese otro presente, en el que todavía se está y que lleva apenas algo más de sesenta años de existencia.

Palacio de San Francisco, antigua Gobernación de Cundinamarca. Arquitectos Gastón Lelarge y Arturo Jaramillo. El edificio ocupó una parte apreciable del antiguo convento de San Francisco que en su momento fue un de los más grandes de Santa Fe. La fachada es de carácter neoclásico y en su interior se destacan el amplio vestíbulo y la escalinata principal por su escala y su elaborado trabajo ornamental. El patio interior es de carácter sobrio y austero.

 

Laboratorio y Dirección, Escuela de Minas, Universidad Nacional de Colombia, Medellín. Arquitecto Pedro Nel Gómez, 1940-1944. El gran pórtico de acceso al conjunto, de carácter monumental, el recinto circular de la Sala Magna o Paraninfo en el Cuerpo de la Dirección, cuentan con tallas en piedra y pinturas murales del maestro Pedro Nel Gómez.
Edificio Ecopetrol, Bogotá, Cuéllar Serrano Gómez, 1957-1958. Excelente ejemplo de los edificios modernos de oficinas, de carácter funcionalista y técnica constructiva avanzada, desarrollados en Colombia entre 1950 y 1970 por grandes firmas de arquitectura e ingeniería como la constituida en 1933 por Gabriel Serrano Camargo, José Gómez Pinzón y Camilo Cuéllar Tamayo.

 

 

 

La arquitectura en el período prehispánico

El Parque Arqueológico de San Agustín se localiza cerca al Macizo Colombiano y al nacimiento del río Magdalena.

 

La duración de este período es incierta. Las huellas más antiguas de poblamiento del territorio colombiano se encuentran en la región del Tequendama, cerca de Bogotá, y datan del siglo xi a.C. El final del período es nominalmente el momento de la ocupación española del territorio, a comienzos del siglo XVI.   

Conjunto funerario, cultura de San Agustín, Huila, ca. siglo vii. En el frente de este conjunto dos figuras de guerreros soportan una laja en piedra a modo de cubierta. En el fondo, bajo otra laja, aparece la escultura de una figura humana con los brazos cruzados.

 

Según indican diversos estudios históricos, los grupos indígenas que poblaron el territorio colombiano antes de la llegada de los españoles se localizaron principalmente en las zonas montañosas de la región andina central y en la costa del Caribe. A finales del siglo xv, antes de la llegada de los conquistadores españoles, la mayor densidad de población indígena se localizaba en la vertiente del río Cauca. Las tierras bajas del Pacífico, los Llanos Orientales y la Amazonía, contaban con una población escasa y dispersa.

La territorialidad en la era prehispánica estaba ligada directamente a la estructura política, religiosa y económica de las organizaciones indígenas. Las más complejas de ellas, denominadas “confederaciones de aldeas” por Gerardo Reichel Dolmatoff , fueron propias de los grupos Muiscas y Tairona y ocuparon porciones extensas de la Cordillera Oriental y de la Sierra Nevada de Santa Marta. Los “cacicazgos”, de menor envergadura, se distribuyeron por el territorio montañoso que recorre el país de sur a norte donde, desde tiempos pretéritos, se ha asentado la mayor cantidad de población. Otros grupos se dispersaron por el resto de lo que hoy constituye el territorio colombiano y ocuparon las selvas y las llanuras que flanquean las grandes cordilleras. 

De la arquitectura construida por los grupos indígenas existentes en el momento de la llegada de los españoles han quedado pocos vestigios materiales rescatados, entre ellos los ya mencionados de San Agustín, Tierradentro, Pueblito y Ciudad Perdida. En la cerámica de la Cultura Tumaco se encuentran figuras de edificaciones semejantes a casas y templos. Las descripciones de los poblados muiscas en la Sabana de Bogotá dan cuenta de una lógica particular de asentamiento territorial y de construcción de viviendas. Hay, además, otros vestigios de asentamientos y viviendas que apenas se rescatan mediante la exploración arqueológica y dan cuenta parcial de las características de las viviendas que los ocuparon. En general se conoce que las construcciones para habitar fueron hechas en guadua o madera rolliza, algunas veces recubiertas con barro y techadas en paja o palma. La arquitectura en piedra, a la manera de los incas, mayas y aztecas, no se desarrolló en el territorio colombiano.

La arquitectura en el período colonial

Se conoce como “colonial” el período histórico comprendido entre el comienzo de la ocupación española del territorio colombiano hasta 1819, en el que se proclamó la Independencia de la Corona española y se constituyó la República. Lo que hoy es Colombia se inició como parte del inmenso territorio de Castilla del Oro y posteriormente pasó a hacer parte del Virreinato del Nuevo Reino de Granada. Durante los tres siglos de permanencia de la Corona española, los límites del territorio virreinal permanecieron más o menos constantes.

Iglesia de San Pedro Claver, Cartagena de Indias. Siglo xviii. La cúpula data de inicios del siglo XX y se debe al arquitecto francés Gastón Lelarge. Originalmente dedicada a San Ignacio de Loyola, hizo parte del conjunto conventual de la Compañía de Jesús.

 

La ocupación del territorio americano por los conquistadores europeos se inició prácticamente con el arribo de Cristóbal Colón al Caribe en 1492. La ocupación del territorio colombiano se hizo efectiva a comienzos del siglo XVI, cuando se organizaron las primeras expediciones exploratorias de la costa del Caribe, se establecieron bases provisionales y se realizaron incursiones repetidas con el fin de obtener oro y esclavos para trasladar a Santo Domingo o al continente europeo. Solo en 1510, con la fundación de San Sebastián de Urabá en el golfo que lleva ese nombre, se puede considerar iniciado el poblamiento español de este territorio. La duración de casi tres siglos de esa presencia definió la mayor parte de los rasgos urbanos y arquitectónicos propios del territorio y de sus pobladores y definió también las condiciones del mestizaje y de la diversidad cultural manifiesta en las formas urbanas y arquitectónicas y en las técnicas constructivas.

Convento del Sacro Ecce Homo, Santa Sofía, Boyacá. Atribuido a Juan Castro de Rivadeneira y Esteban Santos, siglos XVII y XVIII. El conjunto conventual está formado por la iglesia, el convento, un cementerio y áreas destinadas al huerto. Las habitaciones y demás recintos del convento se desarrollan en un solo piso alrededor de un amplio patio.

 

El poblamiento del territorio durante el período colonial se superpuso sobre las pautas dadas por la población indígena existente en el siglo xv: una mayor concentración de población en la región andina central y en la costa del Caribe, una menor densidad de ocupación territorial en las regiones restantes. A finales del siglo xviii se identificaban en el mapa del actual territorio tres extensas manchas pobladas: la de Antioquia en el centro-occidente, la de Cundinamarca, Boyacá y Santanderes en el centro-oriente y la franja de la costa Atlántica comprendida entre Santa Marta y el Sinú. Otras manchas más pequeñas se formaron en el Valle del Cauca, en el nudo montañoso de Nariño y en la región del Huila. 

Hacienda La Concepción, Amaime, Palmira, Valle del Cauca, siglo XVIII. Calificada como el ejemplo más destacado de las haciendas coloniales construidas en las cercanías de Cali. Sus edificaciones principales son la casa de hacienda propiamente dicha y la capilla.

 

Las concepciones urbana y arquitectónica implantadas por los españoles correspondieron con una manera de entender la vida pública, la religión y la vida privada y de organizar sus relaciones en el espacio de la ciudad. Los nuevos modos de habitar basados en las tradiciones hispánicas dieron origen a diferentes tipos de arquitectura que perduraron durante siglos y cuyas transformaciones dieron origen a nuevos tipos aparecidos posteriormente. En lo urbano se empleó, como pauta general, el trazado en cuadrícula de manzanas y calles con un centro espacial y simbólico en la “plaza mayor”. A este urbanismo se asociaron las obras de arquitectura religiosa, civil, militar y de vivienda usualmente conocidos como “coloniales”. En ellos se distingue el patio, central o lateral, como el elemento articulador de las viviendas, conventos y edificaciones civiles. Nuevas técnicas constructivas se sumaron a las ya existentes: mampostería en adobe, ladrillo y piedra, estructuras en madera para las cubiertas en teja de barro. De la fusión de lo nuevo con las tradiciones de origen indígena surgieron los tipos de vivienda que alojaron a la población mestiza, los que no han encontrado en la historia una denominación adecuada. El aporte de los esclavos africanos, por su parte, se fusionó con el ancestro nativo en otra vertiente de diversificación cultural y se manifestó especialmente en los “palenques” o asentamientos de esclavos cimarrones. El cuadro arquitectónico del período colonial, considerado convencionalmente como un universo homogéneo, se configuró realmente con una mezcla variada de diferentes aportes.

Convento de La Candelaria, Ráquira, Boyacá, siglo xvii. Este conjunto conventual rural fue construido para alojar a los padres Agustinos Recoletos. Una plaza alargada da acceso a la capilla y al convento de dos pisos de altura que se desarrolla alrededor de un patio cuadrado bordeado por corredores con arquerías.

 

La arquitectura en el período republicano

Se denomina convencionalmente como “republicano” al período de la arquitectura colombiana comprendido entre 1819, año de la constitución de la República, y el año de 1930, propuesto como indicativo del comienzo de la era moderna.  

Torreón de la Bandera, Colegio de San Bartolomé. Bogotá. Arquitecto Carlos Camargo, 1919-1937. El Colegio de San Bartolomé, de la Compañía de Jesús, se fundó a comienzos del siglo XVII. Parte de la antigua construcción colonial se demolió y en su reemplazo se construyó un nuevo edificio que abarcaba todo el frente de la carrera 7ª. desde la calle 9ª. hasta la 10ª. En la esquina sur se construyó este torreón, de apariencia neoclásica, cubierto con una cúpula en cobre.

 

Con la Independencia y la constitución de la nueva República, el territorio colombiano cambió sus límites; posteriormente, con la desintegración de la Gran Colombia y tras sucesivos litigios fronterizos en algo más de un siglo se definió el contorno actual de lo que hoy se llama Colombia. Los cambios culturales operados por la Independencia se proyectaron de diversa manera en las formas de arquitectura existentes a comienzos del siglo xix. Fenómenos propios de ese siglo, tales como la colonización de las vertientes cordilleranas, dieron lugar a numerosas fundaciones de pueblos y a la ocupación de terrenos antes no explotados. Esas corrientes colonizadoras prolongaron en más de un siglo el período formativo de la ocupación territorial en Colombia. Todavía a comienzos del siglo xx se fundaban pueblos y se establecían pobladores en los territorios centrales de la geografía del país. En esas fundaciones se conservó la traza colonial heredada y se desarrollaron otras formas de vivienda correspondientes con las actividades económicas y con los nuevos estratos sociales y culturales.

Calle de Salento, Quindio, segunda mitad del siglo xix. Cercana a la ciudad de Armenia, es una población en la que se conserva la arquitectura tradicional de la región. Su arquitectura se ha construido principalmente en guadua y en sus fachadas son característicos los motivos decorativos en madera de zócalos, puertas y ventanas.

 

Puerta construida en guadua y madera de zócalos

 

Los procesos de colonización y de expansión de las fronteras agrícolas desarrollados a lo largo del siglo xix consolidaron las pautas de ocupación territorial iniciadas siglos atrás: grandes concentraciones de población en la región andina central, en la cuenca del río Cauca, en la Cordillera Oriental y en el borde de la costa del Caribe, una concentración menor en Nariño y una franja poblada a lo largo del valle del río Magdalena desde el sur hasta la altura de Honda y La Dorada. Esta forma de ocupación territorial ha sido desde entonces primordial en la definición de las áreas económicas y culturales del país.

Columnata y patio de Mosquera, Capitolio Nacional, Bogotá. Arquitecto Thomas Reed. Invitado por Tomás Cipriano de Mosquera, Reed fue encargado de dirigir esta obra, cuya construcción se inició el 20 de julio de 1847 y concluyó en 1926, luego de importantes modificaciones al trazado original, propuestas por distintos arquitectos. Del proyecto de Reed, de carácter neoclásico, sobresalen el atrio, la columnata de orden jónico y la horizontalidad de la fachada que acentúa su sobriedad y elegancia.

 

Una de las mayores transformaciones del país en lo social y en lo cultural después de la Independencia fue la llamada “colonización antioqueña”. Este proceso de poblamiento y economía se inició en Antioquia en las postrimerías del siglo xviii, con la concesión de tierras para agricultura propiciada por la Corona española. A partir de la fundación de Sonsón en Antioquia, en 1788, se inició un flujo migratorio hacia el sur, a lo largo de la cuenca del río Cauca. Ese flujo dejó a su paso un buen número de fundaciones urbanas y extensas áreas cultivadas. Según diversas fuentes, entre 1780 y 1900 aparecieron en la región más de 80 cabeceras urbanas, la mitad de ellas fundadas en la segunda mitad del siglo xix. En ese período se implantó y se expandió el cultivo del café, que habría de ser el principal pilar de la economía nacional durante más de un siglo. El importante proceso de poblamiento y economía de la colonización antioqueña dejó como resultado una expresión urbanística y arquitectónica propia que hoy hace parte importante del patrimonio cultural colombiano.

La vida republicana trajo consigo cambios importantes en los modos de habitar y de construir, especialmente después de 1850. En las antiguas plazas coloniales surgieron los parques urbanos del período republicano, en los que la recreación y el ocio tuvieron espacio en las ciudades. En las viviendas se conservaron transitoriamente los tipos y técnicas provenientes del período colonial y se sumaron gradualmente mejorías en las condiciones habitacionales que condujeron, finalmente, al surgimiento de nuevos tipos de viviendas propios ya del final del siglo xix. Paralelamente se requirieron edificaciones para el gobierno y sus dependencias. El Capitolio Nacional es el ejemplo más representativo de esta nueva serie de edificios públicos que incluyó posteriormente los destinados a la educación y a la cultura. 

Si bien se considera como “republicano” el siglo comprendido entre 1819 y 1919, el auge de una nueva arquitectura se dio después de 1900 y especialmente después del fin de la Guerra de los Mil Días, cuando la paz alcanzada estimuló la inversión pública y privada en el embellecimiento urbano y en nuevos edificios y viviendas.

El período moderno

El período moderno de la arquitectura colombiana se inicia hacia 1930, año en el que ya existían algunos ejemplos tempranos de las nuevas ideas de arquitectura. Este período no termina todavía. Se puede hablar de diferentes fases o etapas de la modernización: una temprana o “primera modernidad”, comprendida entre 1930 y 1950; una segunda etapa de “consolidación”, entre 1950 y 1970; y una tercera etapa de “diversificación” a partir de 1970 hasta el momento.

Casa Román, Manga, Cartagena de Indias. Arquitecto Miguel Arquer, 1918-1919. La casa de la familia Román es un ejemplo excepcional de la arquitectura ecléctica del período. Pensada en función del clima cálido de la ciudad, se desarrolla alrededor de un patio rectangular alargado, con los espacios sociales al frente y las habitaciones a los lados. En su arquitectura predominan elementos de carácter mudéjar, presentes en los arcos de los corredores exteriores y en los mosaicos interiores.

 

Hacia 1930 el panorama de la ocupación territorial en Colombia había cambiado notoriamente. La población del país había aumentado considerablemente. La colonización de las vertientes había poblado nuevas áreas, especialmente en los territorios de Antioquia, Caldas y el norte del Valle del Cauca. Las tres grandes regiones económicas del país: Centro, Occidente y Costa, habían definido su perfil. Las regiones que habían permanecido relativamente aisladas por falta de buenos medios de transporte, habían definido su carácter cultural a lo largo del siglo xix y consolidado rasgos culturales muy fuertes y diferenciados. Algunas ciudades crecieron y prosperaron gracias a la industria y el comercio: Cartagena, Barranquilla y Santa Marta en la costa del Caribe; Medellín y Manizales en el centro; Cúcuta y Bucaramanga en el oriente; Bogotá, la capital, y Cali en el suroccidente. Riohacha, Ibagué y Neiva esperaban su turno para expandirse. Otras permanecían inmersas en sus tradiciones: Tunja, Pasto y Popayán. La aviación, introducida en la segunda década del siglo xx, junto con los ferrocarriles y las nuevas carreteras, habían iniciado la integración de regiones y ciudades; se respiraban los primeros aires modernizadores.

Edificio de la Imprenta, hoy Museo de Arquitectura, Ciudad Universitaria, Bogotá. Arquitecto Leopoldo Rother, 1945. En este edificio Rother propuso una arquitectura contrastante con las edificaciones blancas que caracterizaron al Ciudad Universitaria, en la que emplea formas curvas en las cubiertas y en los remates de las fachadas en ladrillo. Su interior, felizmente recuperado, posee una rica especialidad de varios niveles conectados mediante rampas.

 

La modernidad transformó por completo los modos de habitar y de hacer ciudad y arquitectura en Colombia. Ya hacia 1930 se percibía el interés del Estado y de grupos profesionales en sintonizar sus ideas con los sucesos mundiales. La fundación de la Sociedad Colombiana de Arquitectos y de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, en 1934 y 1936 respectivamente, marcaron el inicio de un movimiento modernizador que hacia 1950 ya se encontraba en una primera fase de consolidación. A partir de esa década la arquitectura moderna colombiana se expandió y diversificó y de ello quedaron ejemplos notables en prácticamente todos los campos de actividad en Colombia: vivienda, educación, salud, recreación, educación y cultura, comercio e industria. 

Plaza de mercado, Girardot, Cundinamarca. Arquitecto Leopoldo Rother, 1946-1948. Otra obra excepcional de este arquitecto que experimentó con las cubiertas abovedadas en delgadas membranas de concreto que se sostienen en columnas en forma de “V”. Edificio de dos pisos de altura, comunicados interiormente por grandes vacíos que facilitan la circulación del viento. Todo el conjunto esta naturalmente climatizado, sin recursos mecánicos.

 

Es a partir de 1950 cuando la modernización se adoptó en Colombia como señal de progreso y bienestar. Para entonces, ya se contaba con grandes firmas de arquitectos e ingenieros y un buen número de profesionales independientes que asumieron las demandas del Estado, del sector privado y de la población misma, a las que respondieron con edificios y viviendas en las que se emplearon las nuevas técnicas constructivas del concreto, el acero y el vidrio, combinadas con espacios y formas ordenados funcionalmente y concebidos estéticamente. Es una época de grandes estructuras de aeropuertos y estadios, edificios de oficinas y conjuntos habitacionales.

Las ciudades fueron los principales escenarios de las transformaciones en las formas de arquitectura en Colombia en el siglo xx. Muchas de las pequeñas formaciones urbanas que existían en 1930 se convirtieron en grandes ciudades y áreas metropolitanas. Otras permanecieron en su estado tradicional y hacen parte del patrimonio histórico y cultural heredado. Las áreas rurales hoy son habitadas por algo más de un 20% de la población total del país. En ellas la vida campesina se conserva precariamente, asaltada por la inseguridad, por el abandono y por el avance de unas pocas industrias agrícolas. La vivienda popular ocupa cerca del 50% de la construcción total de la ciudad colombiana; las diversas formas de su desarrollo se han dado en distintos tipos de asentamientos: barrios “piratas”, urbanizaciones comerciales, invasiones de predios e incluso en urbanizaciones de desarrollo progresivo construidas por el Estado. En cada ciudad, los barrios populares configuran los escenarios donde habita la mayoría de sus habitantes, en condiciones diversas de calidad de vida.

Casa de Huéspedes del Fuerte del Manzanillo, Cartagena de Indias. Arquitecto Rogelio Salmona, 1978-1979. Conjunto arquitectónico pensado como la casa de vacaciones de la Presidencia. Construida con piedra coralina extraída de los alrededores de Cartagena, a modo de remembranza de las fortificaciones coloniales, los espacios de la casa se organizaron alrededor de un sistema de patios, cada uno con un carácter propio.

 

En medio de cambios históricos, de transformaciones demográficas y cambios culturales existen en Colombia múltiples manifestaciones culturales indígenas y tradicionales que se suman a este vasto mosaico de arquitecturas que conviven en el territorio colombiano.

Bibliografía

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