Jesús María Henao y Gerardo Arrubla. Oleo de Delio Ramírez Beltrán. 118 x 107 cm
Septiembre de 2016
Por:
Bernardo Tovar Zambrano

JESÚS MARÍA HENAO Y GERARDO ARRUBLA: NUEVA LECTURA DE UNA VIEJA HISTORIA DE COLOMBIA

Una paradoja acompaña hoy día a la célebre Historia de Colombia de Henao y Arrubla, texto que cumple nueve decenios de existencia en nuestro medio historiográfico. De una parte, esta obra es objeto de una crítica severa como expresión clásica de la llamada historia tradicional, en tanto que, de otra parte, se la continúa leyendo y consultando, incluso por quienes la ven como el ejemplo de lo que no habría de ser repetido o imitado en la escritura de la historia nacional. La crítica, por supuesto, se hace en nombre de los paradigmas de las nuevas tendencias historiográficas que empezaron a tomar forma en nuestro medio académico a partir de los años sesenta.

Esta crítica subraya, entre otros aspectos, la naturaleza de la obra como narración dedicada a registrar los sucesos y personajes importantes en el acontecer político, militar, institucional y eclesiástico, pero con la ausencia protuberante en cuanto al tratamiento de los procesos económicos, sociales y culturales, aunque sobre estos tópicos, se reconoce, los autores consignan algunos datos. Dicha crítica es insistente en destacar el carácter acontecimental, anecdótico, romántico y patriótico de este manual que por más de medio siglo ejerció una influencia primordial en la noción de historia nacional de muchas generaciones de colombianos. No obstante su decreciente influencia en los últimos decenios, es un texto que se resiste a caer en el olvido; incluso, todavía se le publica de vez en cuando, lo que ha hecho elevar a más de treinta el número de sus ediciones. ¿En qué ha radicado el interés de este libro? El interrogante nos remite al dato de los autores y a ciertos elementos de la obra.

Academia Colombiana de Historia. "Historia de Colombia", 1911

 

La idea de escribir una historia general de Colombia fue de Gerardo Arrubla (Bogotá, 1872-1946). Para su realización comenzó a trabajar con Fernando Restrepo Briceño, quien, como él, era miembro de la recién creada Academia Colombiana de Historia (1902). Al no poder continuar Restrepo -sólo alcanzó a participar en la elaboración de un esbozo de la obra- Arrubla se asoció con otro académico, Jesús María Henao (Amalfi 1870 - Bogotá 1944). Entre los dos autores existían varias coincidencias: ambos eran abogados, compartían la misma ideología política conservadora, les era común la afición por la historia, se sentían inclinados a la docencia, les preocupaba la crítica situación del país y el destino de la nación. Arrubla, por su parte, practicaba el periodismo, fue representante a la Cámara, alcalde de Bogotá, director de Instrucción Pública de Cundinamarca (1902 y 1918) y mucho más tarde desempeñó la dirección de la Biblioteca Nacional y la del Museo Nacional. Henao ejerció por largo tiempo su profesión de abogado, fue juez del Circuito Civil y Criminal, fiscal superior de Cundinamarca, y tuvo figuración como abogado-secretario de la Comisión de Límites con Venezuela (1900-1901). En el campo de la historia, Arrubla se interesaba por las culturas prehispánicas (San Agustín, Chibchas) y la historia eclesiástica. Henao dirigía su atención hacia el estudio de los personajes históricos: Bolívar, Santander y los mártires de Cartagena. Ambos compartían la misma concepción de la historia, a la vez positivista y patriótica, y criticaban la forma apasionada y partidista como había sido escrita por los autores decimonónicos.

Esta posición era muy congruente con cierto clima ideológico que se vivía en los años próximos a la celebración del primer centenario de la Independencia. En efecto, ante la imagen de una patria deshecha, en la que actuaban los traumas dejados por la guerra civil, la herida de Panamá, las amenazas externas, las crisis económicas, la miseria en campos y ciudades, los seculares odios políticos y otros factores de conflicto y disgregación, se planteaba la urgencia de rehacer los fundamentos de la patria y los lazos de unidad nacional. Se pensó entonces en aprovechar la festividad del centenario para escenificar dicho propósito nacional y patriótico. Entre las diversas actividades programadas, se abrió un concurso con el propósito de seleccionar la mejor obra para la docencia de la historia patria. Se entendía que dentro de los elementos que debían contribuir a la construcción de la nacionalidad estaba la enseñanza de la historia. Este fue el momento de Henao y Arrubla. No sólo el jurado calificador, sino también la Academia de Historia y el mismo gobierno destacaron desde un comienzo las virtudes pedagógicas de la obra, aduciendo, entre otros aspectos, la "claridad y método" de la exposición, el respeto a la "verdad histórica", la "imparcialidad" en relación con las agrupaciones partidistas y "el santo amor a la Patria" que buscaba inculcar. Desde 1910, la obra fue adoptada como texto oficial para la enseñanza. Germán Arciniegas, en su discurso de posesión como miembro de número de la Academia de Historia (1946) confesaba: "A Henao y Arrubla están unidos los mejores recuerdos de aquellos días en que sentí más fuerte el aleteo de la bandera colombiana golpeando por primera vez sobre mi corazón".