El doctor Felipe González Camargo en la clínica dental escolar de la Sociedad de Pediatría
Septiembre de 2016
Por:
Cecilia Muñoz

GOTAS DE LECHE

La preocupación por la pobreza en que se encontraba el pueblo y de manera especial la alarmante situación de mortalidad de la población infantil, era una constante a principios de siglo en la capital. El recargo de trabajo, la insuficiente y defectuosa alimentación, los harapos con que se vestían, el hacinamiento y las deplorables condiciones de vivienda, los estragos de la chicha eran elementos repetitivos con los que se caracterizaba al "pobre pueblo bogotano". Para aliviar la condición de tantas madres desvalidas y salvar la infinidad de vidas de niños que anualmente morían en la ciudad, se empezó a pensar en introducir programas que estaban funcionando en otros países, como era el caso de las Gotas de Leche. Los primeros pasos se dieron a principios de 1912, cuando el alcalde de la ciudad manifestó su preocupación por el problema, y desde la Facultad de Medicina surgían tesis doctorales que, apoyándose en los "datos espantables" que arrojaban las estadísticas, analizaban la situación.

Sólo hacía finales de 1917 el proyecto de la Gota de Leche empezó a tener luz verde en el seno de la Sociedad de Pediatría, donde se inició su funcionamiento. En noviembre de 1917 el doctor Calixto Torres Umaña informó a sus colegas que el doctor Pedro Miguel Samper había donado la suma de mil pesos oro con el objeto de comenzar el proyecto bajo la dirección de la Sociedad de Pediatría y con el apoyo de ilustres damas bogotanas.

Calixto Torres Umaña, promotor de Gotas de Leche; óleo de Inés Acevedo Biester.

 

La ansiedad con que el proyecto fue recibido por las clases menesterosas de la capital era fácil de entender si recordamos que fue precisamente a finales de 1918, año de la peste de gripa que tanta desolación causó a la población bogotana, cuando el proyecto inició sus actividades. Según el acuerdo 32 de 1919, desde el Concejo Municipal de Bogotá, se determinó que de los fondos municipales se destinara la suma de $150 pesos mensuales para el sostenimiento de la institución, siempre y cuando su dirección y administración quedaran a cargo de la Sociedad de Pediatría.

Las puertas de la institución se abrieron con treinta niños. Los médicos especialistas que conformaban la Sociedad de Pediatría, acompañados de practicantes, atendían a los niños examinándolos y llevándoles control de peso y talla. Las señoras del Patronato de la Gota de Leche, apoyadas en la caridad pública, se preocupaban no sólo por mejorar la condición nutricional de los niños sino por aliviar sus difíciles condiciones de vida.

Desde las Gotas de Leche, al contrario de lo que muchas personas de la época se imaginaron, nunca se preconizó el destete prematuro. Fue desde esta institución donde, por primera vez, las madres de las clases populares de Bogotá recibieron instrucción sobre lo que era el niño, el significado que tenía, la importancia de la higiene y las consecuencias de la mala alimentación.