23 de septiembre del 2019
 
Germán Arciniegas. Oleo de León Cano Sanín, 1939
Septiembre de 2016
Por:
Juan Camilo Rodríguez Gómez

GERMÁN ARCINIÉGAS: UN AGITADOR INTELECTUAL

Ante la obra de Germán Arciniegas se encuentra el lector con la que tal vez sea la más fecunda biografía colombiana. Tan extensa y heterogénea producción intelectual, elogiada y controvertida en Colombia y el mundo, que abarca diversos géneros, desde el ensayo, la historia, la biografía, la literatura, el periodismo, hasta las crónicas de viaje, el teatro y las compilaciones entre otros, se manifiesta en los cerca de sesenta libros escritos por Arciniegas desde 1932, cuando apareció el Estudiante de la mesa redonda, además de innumerables artículos en revistas y periódicos del mundo a partir de 1919. Nació en Bogotá el 6 de diciembre de 1900, y aún continúa escribiendo todas las semanas su columna de prensa. Muchos de sus libros han sido publicados en varias ediciones en diferentes países latinoamericanos, además de ser traducidos a idiomas como el inglés, francés, italiano, alemán, polaco, húngaro, ruso y yugoeslavo, de manera que el universo de sus lectores se ha multiplicado, compartiendo la acogida internacional con muy pocos escritores colombianos. En los años sesenta ésto lo señaló García Márquez: "Germán Arciniegas, el más prolífero y metódico de todos, el único autor colombiano que disfruta de un mercado internacional y también el único que puede definirse como un escritor profesional". Abogado de la Universidad Nacional de Colombia, Arciniegas ha merecido doctorados "Honoris Causa" en universidades nacionales y extranjeras.

Biblioteca Nacional de Colombia. "Los Comuneros", 1938

 

En el campo de la historia, varias áreas temáticas dan cuenta de sus intereses e inquietudes, y se observan en ellas los resultados de sus investigaciones, en los que fue pionero de una nueva perspectiva de la historia colombiana que rompió con la visión etnocéntrica y europeizante, imbuida de hispanofilia, que caracterizó a buena parte de historiografía colombiana del tránsito del siglo XIX al XX. En este sentido, Arciniegas fue un severo crítico del colonialismo español, y en el marco de su visión americanista generó una novedosa reflexión sobre el aporte del nuevo continente a la cultura europea y universal. Con su estilo "sonriente", calificación que le dio Luis Alberto Sánchez, Arciniegas fue plasmando a lo largo de su obra una serie de tesis novedosas que no pueden ser vistas de manera miope como parte de una historia de simpleza descriptiva, sino más bien como la renovación de la narrativa histórica en sus planteamientos y en su forma misma de exposición. Arciniegas no ha sido tan solo un "divulgador cultural", como lo afirmaron críticos suyos, sino un cuidadoso investigador de archivo, dotado de un excepcional olfato documental, siempre atento para elaborar las más desconcertantes y novedosas tesis. Ejemplo de esto es su libro Los comuneros (1938), trabajo que renovó la visión histórica de Galán, estimulando nuevas investigaciones y polémicas sobre ese movimiento a lo largo de los siguientes cincuenta años e introduciendo en la escena la historia de las masas frente a la de las élites. Las discusiones alrededor de Arciniegas como historiador surgen en ocasiones a causa de sus particulares puntos de vista, en otras, debido a sus "pecados" metodológicos, como la inexistencia, en varios de sus trabajos, de referencias sobre sus fuentes, al estilo de su amigo Stefan Sweig, a pesar de ser notoria la labor investigativa adelantada. En otros libros, Arciniegas hace gala de la mezcla histórico-literaria, tan sensible en las discusiones sobre la objetividad en la historia, pero que recuerda el llamado de Georges Duby sobre el derecho a soñar que también debe formar parte del historiador. Precisamente expuso Arciniegas en su ingreso a la Academia Colombiana de Historia el trabajo titulado "la novela y la historia".

De la extensa lista de sus libros publicados, se destacan como trabajos históricos, Amerigo y el nuevo mundo (1955), El mumdo de la bella Simonetta (1962), El embajador (1990), estos tres sobre la familia Vespucci y resultado de su trabajo en archivos y bibliotecas italianas. Ya en la dimensión americana, de su amplia obra resaltan, entre otros, América tierra firme (1937), Los comuneros (1938), Jiménez de Quesada (1939), Los alemanes en la conquista de América (1941), El caballero de El Dorado (1942), Biografía del Caribe (1945), El continente de siete colores (1965), 20.000 comuneros hacia Santa Fe (1981), Bolívar y la revolución (1984), Bolívar, de San Jacinto a Santa Marta (1988); en estos dos últimos expuso una revaloración del papel histórico de Bolívar, generando como siempre acaloradas controversias. Fue también sustancial su labor alrededor de la figura de Francisco de Paula Santander como eje de la historia y la cultura colombiana.

En alguna ocasión German Arciniegas se calificó a sí mismo como un "agitador intelectual". Sin duda que esa tarea ha sido muy productiva para quienes lo han seguido, asi como para aquellos que se han distanciado de su estilo. Ese esfuerzo permanente de agitación dejó un terreno de reflexión intelectual para la historiografía colombiana que encuentra en él un referente que no puede ser desconocido.