Cuadro de los individuos que estrangularon a Joaquín Vega. Fotografía de Luis García Hevia, 1858. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 3374. Fotografía Samuel Monsalve Parra
Enero de 2016
Por:
Ricardo Rivadeneira Velásquez, Diseñador industrial, magíster en historia y teoría del arte y la arquitectura, candidato a doctor en historia, profesor Instituto de Investigaciones Estéticas, Universidad Nacional de Colombia

GABINETES FOTOGRÁFICOS: DISPOSITIVOS, OFICIOS Y PRÁCTICAS COMERCIALES

Origen del dispositivo

La fotografía fue ante todo un dispositivo técnico que afectó social y culturalmente al mundo. Sus lógicas corresponden a un proceso complejo, donde la invención de las máquinas motivó la aceleración de la producción y el consumo de bienes. La fotografía encajó dentro de un esquema decimonónico elitista en el cual la burguesía empezaba a poner de moda el retratarse mediante un aparato que era operado por un nuevo miembro de la sociedad: el fotógrafo.

Cámara de daguerrotipos, Hermanos Susse, París, ca.1840.

 

La fotografía surgió en Europa durante la primera mitad del siglo XIX, en medio de una serie de experimentos del químico francés Nicéphore Niépce (1765-1833) y del inglés William Henry Fox Talbot (1800-1877), quienes se empecinaron en fijar sobre una superficie la imagen de la luz que se colaba a través del minúsculo agujero que se hacía sobre la superficie de una de las caras de un cajón oscuro, el cual desde la época del renacimiento había empezado a ser usado por los mentores de la perspectiva, esta última un estricto sistema de líneas dibujadas que convergían en un punto del cuadro, proceso geométrico que ayudaba a representar mejor el espacio y los cuerpos allí alojados1. Fue durante el Quattrocento italiano cuando el arquitecto Filipo Brunelleschi (1377-1446) y el pintor Masaccio (1401-1428), entre otros artistas, empezaron a construir cajones de madera que se ubicaban frente a un objetivo, cuya figura se proyectaba de manera invertida dentro de la caja, generando así una imagen que prescindía del dibujo o de la pintura, solo era el efecto óptico el que producía esa nueva fantasmagoría. Surgió con esta primitiva cámara estenopeica la imagen virtual, una escena paralela a la original, una versión en tamaño reducido de la realidad. Cuatro siglos después Niépce trabajó perfeccionando el dispositivo, pero la muerte lo sorprendió en 1833.

Daguerrotipia

Fue el comerciante francés Louis Jacques Mandé Daguerre (1787-1851) quien continuó con los ensayos de Niépce, los cuales lo condujeron al desarrollo del “daguerrotipo”. Este consistía en una emulsión de haluros de plata que se aplicaba sobre una placa de cobre, la cual luego se impregnaba con vapores de yodo, obteniendo así una película que resultaba ser sensible a la luz que ingresaba dentro de los cajones oscuros, tal innovación fue patentada en 18392. El invento fue expuesto por el científico francés François Jean Dominique Arago (1786-1853) en la sesión conjunta de las academias de Ciencias y Bellas Artes de Francia el 19 de agosto de 1839, allí se presentó además el libro Historique et description des procédés dudaguerréotype et du diorama3, texto que explicaba la manera como se podían obtener imágenes que captaban para la posteridad los hechos recién sucedidos.

Excursiones daguerrianas en Colombia

Con el invento de la fotografía surgieron las excursiones daguerrianas, una serie de viajes de exploración a lugares recónditos del planeta; toda una cacería de nuevas imágenes, las cuales desde mediados del siglo XIX fueron a parar a la ciudad luz, para luego desde allí ser distribuidas a infinidad de lugares. Este negocio fue próspero y Daguerre recuperó con creces la inversión que hizo en investigación científica, quizá sin proponérselo mucho su dispositivo es el que más ha revolucionado el mundo del arte en los últimos siglos. Las excursiones abrieron también la posibilidad de conocer mejor la geografía mundial, la fotografía se convirtió en un objeto de conocimiento fundamental para la vida moderna.

Tarjetas de visita de Manuel Ancízar, Santos Acosta y Jacinto Corredor. Fotografías de Demetrio Paredes, ca. 1865 y 1866. Colección Museo Nacional de Colombia. Regs. 3710, 2868 y 4483. Fotografía Ángela Gómez Cely

 

A Colombia llegaron un par de fotógrafos que prestaban servicios a estas expediciones. El mismo año en que se patentó el daguerrotipo arribó a Cartagena el barón Jean-Baptiste-Louis, barón de Gros (1793-1870) quien había sido nombrado delegado de negocios de Francia ante la Nueva Granada4. Su llegada a tierra colombiana debió darse como le sucedió a muchos fotógrafos europeos que arribaron a ciudades costeras americanas como: Buenos Aires, La Habana, Veracruz, La Guaira, Cartagena, Santa Marta o Barranquilla, desembarcando en compañía de equipajes enormes, los cuales incluían trípodes de madera, cajones fotográficos, químicos y toldos para hacer cuartos oscuros, todo un tinglado técnico que al final producía la magia del retrato impreso por medios heliográficos. En el caso del barón de Gros su llegada a Bogotá incluyó un penoso viaje remontando el río Magdalena hasta llegar a Honda, donde cuadrillas de mulas trasladaron el equipaje hasta la capital. Una vez establecido en la ciudad, el barón cumplió con sus labores comerciales y en tiempos de ocio pintaba paisajes al óleo, se le recuerda porque en 1842 realizó las primeras fotografías en Bogotá, de dicha sesión se conservan dos obras fundamentales: La calle del Observatorio y una vista de la Catedral. Se le reconoce al barón de Gros el hecho de haber iniciado la gesta fotográfica en nuestro país, sin embargo se sabe que el pintor y fotógrafo Luis

Tomás Cipriano de Mosquera. Litografía de Demetrio Paredes, ca. 1870. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 2897. Fotografía Ángela Gómez Cely

 

García Hevia (1816-1887), autor del célebre cuadro sobre la muerte de Francisco de Paula Santander, incursionó muy temprano en el arte del daguerrotipo, pues entre 1853 y 1855 estuvo encargado de la galería del norteamericano John Armstrong Benett (1818-1875). Según Santiago Londoño García Hevia formó a Fermín Isaza (1809-1887), quien se convirtió en pionero de este arte en Medellín, en 18485.

Los Duperly, una familia de fotógrafos

Otro fotógrafo que traía en la sangre la herencia de los viajeros de Daguerre fue Henri Louis Duperly; hijo del artista Adolphe Desirée Duperly (1801-1864), seguidor de las técnicas de Fox Talbot, pero además encargado de las excursiones de Daguerre en Jamaica, fue él quien elaboró unas magníficas litografías con retratos dibujados de Simón Bolívar y Alejandro Petión, así como escenas que reivindicaban la libertad de los esclavos en las Antillas. El niño Henri Louis Duperly Desnoes (1841-1907) fue fotografiado en un daguerrotipo a la edad de 5 años en Jamaica por su padre, tal imagen parece un presagio del gran aporte que este fotógrafo realizaría en su época adulta, la cual no solo incluyó retratos sociales, escenas rurales, vistas urbanas de Bogotá y Tunja, sino que, además, se constituyó en el padre de una connotada familia de fotógrafos constituida por los hermanos Ernesto V. Duperly De Freiez (1871-1934) y Oscar Duperly De Freiez

(1886-1960), el primero radicado en Bogotá, el otro en Medellín6. Henri Duperly llegó a Barranquilla en 1889, había salido de Jamaica dejando a su hermano Armand Duperly en Kingston, lugar donde tuvo que recuperarse tras un gran incendio en esa ciudad. En la calle de San Blas en Barranquilla tuvo sede la sociedad Duperly & Certain, cuyo fin primordial era hacer retratos de los notables de la ciudad, allí trabajó además el joven Ernesto Duperly antes de emprender con su padre un periplo por el país.

Establecimientos de arte y comercio

Las prácticas de los fotógrafos vinieron a complementar los oficios de tipógrafo, litógrafo, grabador, papelero, pendolista, impresor, encuadernador o librero que eran ya comunes en el centro de Colombia a mediados del siglo

XIX, además de los de comisionista e importador de mercancías. El caso de los Duperly permite explicar cómo la fotografía comenzó siendo un dispositivo técnico para convertirse muy rápido en objeto de consumo masivo, es por eso que en la mayoría de los gabinetes fotográficos extendían sus servicios a tiendas de importación de mercancías a las que llegaban los productos que se habían puesto de moda en París y Londres.

En ese sentido los Duperly lograron sobreponerse a múltiples embates económicos porque hacían una labor que funcionaba como medio para fomentar la distinción social de las clases más acomodadas. Sin embargo, como figura en el análisis que ha hecho Juan Luís Mejía Arango del cuaderno contable del gabinete fotográfico de los hermanos

Horacio Marino y Melitón Rodríguez en Medellín, una de las prácticas más comunes era que la gente se hacía retratar y no cancelaba el servicio de inmediato7. Este hecho, propio de la cultura comercial de todos los tiempos, puso en aprietos a muchos fotógrafos que soportaron con resignación la práctica de su oficio artístico en el país, pero pronto tuvieron que buscar mecanismos de supervivencia económica. Fue combinando los conocimientos técnicos con las prácticas artísticas y comerciales que los gabinetes lograron salir adelante.

Plaza de Bolívar al día siguiente del incendio de Las Galerías de Arrubla. Fotografía de Lino Lara, 22.05.1900. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 2090.8

 

En dichos gabinetes se atendía con esmero a la gente, pero además se podía encontrar todo tipo de artículos importados, desde sombrillas, camisas y perfumes hasta automóviles, como el Cadillac de un cilindro que importó Ernesto Duperly de los Estados Unidos en 1904, vehículo que transitó por las calles de Barranquilla, incluso ya en 1907 esta casa comercial importaba autopartes a Bogotá, dichos elementos se vendían en la magnífica casa comercial que tenían los Duperly en el sector de San Victorino. De esa tienda salieron escopetas y perdigones para las jornadas de caza de patos que con gran gusto practicaban los ingleses que fundaron el Gun Club de Bogotá en 1882. Pero además de allí, y de otras tiendas, como la de Francisco Vargas de la Calle de Florián o de la Ferretería de los hermanos Zalamea, en la Plaza de Bolívar, salieron las jáquimas, los frenos y las sillas de montar para que los miembros que fundaron el Jockey

Club en 1875 practicaran la hípica con “más refinamiento y distinción”8.

Todo este tipo de sofisticaciones acompañaron la práctica de la fotografía de la segunda mitad del siglo XIX, siendo importante el aporte de los fotógrafos barranquilleros que migraron hacia Bogotá, entre ellos Ezequiel de la Hoz y Aristides Ariza, este último propietario de la “galería fotográfica más lujosa, artística y concurrida de

Bogotá”, fundada en 1905 y situada en la Avenida de la

República, hoy carrera séptima9.

Las periferias de Colombia tuvieron en el trabajo de los fotógrafos un factor determinante para el reconocimiento de la geografía y los aspectos idiosincráticos, en ese sentido el fotógrafo ecuatoriano Carlos Endara

Andrade conformó una sociedad con el pintor colombiano Epifanio Garay en la ciudad de Panamá en 1888.

Endara estudió Bellas Artes en París, en 1899, y se le recuerda por haber sido el autor de la famosa fotografía que registró la firma del tratado de paz entre liberales y conservadores, el 21 de noviembre de 1902, en el buque

Wisconsin, imagen que dio cuenta del final de la guerra de los mil días.

Gabinetes fotográficos familiares

Encuentro del general Uribe Uribe con tropas liberales.Fotografía atribuida a Quintilio Gavassa Mibelli, ca. 1899. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 4972. Fotografía Samuel Monsalve Parra

 

Desde la perspectiva del trabajo, y siguiendo a Juan Luis Mejía Arango, algunos gabinetes fotográficos eran “establecimientos artesanales familiares”, empresas donde los congéneres del fotógrafo se involucraban en casi todo el proceso; sin embargo, en ocasiones tales empresas trascendían hacia la conformación de sociedades limitadas a máximo dos propietarios, que al igual involucraban a sus familiares o que contrataban aprendices para que trabajaran en aspectos específicos de un proceso que era ya industrial, en cuanto a que recurría a la división del trabajo motivando labores específicas, las cuales eran ejecutadas por operarios especializados, y de manera especial porque se desarrollaba un trabajo en secuencia que conducía hacia la fotografía como producto final. La modernidad de la fotografía radicó en el hecho de recurrir a máquinas con las que se hacían las tomas y se imprimían copias, con este último paso la práctica fotográfica motivó una discusión planteada por el filósofo Walter Benjamin (1892-1940), aquella que alude a una condición doble: las bondades que produjo la comercialización de imágenes cimentando una cultura visual cada vez más rica, pero advirtiendo que las obras de arte pierden su aura a través del proceso de copiado que permite la multiplicación mecánica10.

 

Tarjetas de visita: la popularización

Retrato de matrimonio del señor Eurípides Nieto. Carta de visita tomada por José Joaquín Mendoza, Ubaté, Boyacá, ca. 1880. Colección particular.

 

Los fotógrafos desde mediados del siglo XIX adoptaron estrategias comerciales que les permitieron hacer retratos de manera efectiva. Fue así como las fotografías empezaron a venderse como “tarjetas de visita”, un formato que fue patentado en 1854 por el fotógrafo francés André Adolphe Disderi (1819-1889) y que significó el camino hacia la popularización. Dicho artefacto consistía en una fotografía “de bolsillo” que se pegaba sobre un cartón impreso, el cual incluía la marca tipográfica del gabinete donde se hacía la toma. Dichas imágenes se coleccionaban para conformar una “galería de notabilidades”, es decir, un conjunto de retratos de personas prestantes que iban de visita a las casas para dejar su más grato recuerdo visual. También hubo cartes de visite que se vendían en la calle, un ejemplo importante fue el primer fotomontaje hecho en Colombia, aquella fotografía que muestra al presidente Tomás Cipriano de Mosquera preso en el observatorio astronómico de Bogotá en 1867.

En Santander

En el oriente colombiano las familias Gavassa y Paredes constituyeron una estirpe importante de fotógrafos. Por una parte el italiano Quintilio Gavassa Mibelli, quien llegó a Colombia en 1878 y se instaló en Bucaramanga para formar un gabinete muy exitoso, donde participaron sus hijos Rafael, Quintilio y Edmundo. El negocio de los Gavassa dejó importantes retratos y tomas de la ciudad, entre las cuales sobresale su fotografía del ejército conservador en vísperas de la batalla de Palonegro (1900)11.

Otra familia importante de esta región fue la de Victoriano de Diego Paredes (1804-1893) político, pedagogo y presidente del Estado soberano de Santander en 1869, oriundo de Piedecuesta. Su hijo Demetrio Paredes (1830- ?) fue un excelente fotógrafo que se trasladó a Bogotá en 1860, pero que siguió activo por todo el centro del país convirtiéndose en uno de los más inquietos y productivos de la época.

La historiadora Marina González de Cala identificó un fenómeno muy interesante que alude a la movilidad que tuvieron los fotógrafos dentro del mismo territorio nacional, indica ella que a Santander llegaron entre 1860 y 1890 muchos fotógrafos a hacer tarjetas de visita, entre ellos: “Luis García Hevia, Demetrio Paredes, Domingo de la Rosa, Quintilio Gavassa, Daniel Chambón, Antonio Faccini, Vicente Paccini, Esmargado del Valle, Adolphe Michaud, Marco Aurelio Lamus, Sixto Jaramillo, Cayetano Landazábal, Amalia Ramírez de Ordóñez, R.M. Ramírez”12.

Sin duda, la mejor colección de tarjetas de visita hechas en Colombia era aquel álbum de fotos elaboradas por Demetrio Paredes, colección que en una época fue propiedad del académico José María de Mier y que el Banco de la República de Colombia no adquirió hace unos 15 años.

El siglo XX

El siglo XX fue totalmente fotográfico. En 1902 los fotógrafos que tenían mayor reconocimiento en Bogotá, e incluso internacional, fueron aquellos que figuraban en el Anuario de la industria fotográfica. Ese año aparecían registrados: Víctor Caro, Durán & Restrepo, ambas firmas que hacían trabajos para la Revista Ilustrada, además el afamado retratista barranquillero Ezequiel de la Hoz; también Juan Manuel Carrasquilla & Cía, el primero en obtener instantáneas, los ya afamados Duperly & Sons y Rey Silva uno de los fotógrafos vinculados luego a la Revista el Gráfico en 191413.

Tropa del ejército conservador alistándose para entrar a la batalla de Palonegro. Fotografía de Quintilio Gavassa Mibelli, 1900. Colección Casa de la Cultura de Pamplona. Fotografía de Luis Carrillo

 

La celebración del Primer Centenario de la Independencia de Colombia en 1910 resultó ser un hito importante por sus dos pabellones más destacados, el de las máquinas o la industria y el de las bellas artes14. En este último el gabinete de los Duperly participó con fotografías muy interesantes, tomadas en las principales plazas y avenidas de Bogotá, trabajo que advirtió el cambio de la fisionomía urbana ante el compulsivo crecimiento de la ciudad, pero que iba más allá en cuanto que brindaba indicios de cómo los bogotanos asistían a una exposición donde ellos mismos se veían reflejados en esas fotografías.

De esta misma época es Lino Lara, quien se destacó también en la exposición, produjo además la famosa serie de imágenes que reconstruyeron el atentado al presidente Rafael Reyes del 10 de febrero de 1906.

Iglesia y puente de San Francisco. Fotografía de Lino Lara, 1906. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 2090.5. Fotografía Samuel Monsalve Parra

 

Costumbristas y modernos

Cantante vallenato. Valledupar, Colombia. [Gaitero], ca.1955. ©Museo Nacional de Colombia / Samuel Monsalve Parra

 

La red, 1939. Fotografías de Leo Matiz, Colección Museo Nacional de Colombia. Fotografía Juan Camilo Segura

 

Durante los años veinte sobresalió el fotógrafo Luis Benito Ramos (1899-1955) con sus fotografías de campesinos de las tierras frías de Cundinamarca y Boyacá, se formó en París viendo la obra de Henri Cartier-Bresson (1908- 2004), maestro de quien aprendió la forma de contrastar la luz del rostro de los personajes anónimos. También hubo artistas modernos que lograron sobresalir a nivel internacional, como Leo Matiz Espinoza (1917-1998), quien se radicó en México y trascendió como reportero gráfico de la revista Life. Fundamentales fueron las obras de los reporteros gráficos Sady Gónzález (1913-1979), Manuel H. Rodríguez (1920-2009), Nereo López (1920- 2015) y Carlos Caicedo Zambrano (1929-2014), maestros de la modernidad artística en Colombia. En el campo del retrato resulta muy importante la obra de Hernán Díaz (1931-2009), y en la perspectiva artística son inigualables las series de Fernell Franco (1942-2006), quien ganó el primer premio en el Salón de Artistas Colombianos de 1976 y dejó huella profunda por la manera tan fina como encuadraba escenas cotidianas; incluso jóvenes fotógrafos, como Larisa Pinto, ganadora del primer premio en la primera Bienal de Fotografía Joven en Colombia de 1993, siguió sus pasos al realizar una magnífica serie que narraba la historia de una prostituta en Bogotá15.

Lorenzo Muelas y Eli Valenzuela, dirigentes de los indígenas pastos de Nariño. Fotografía de Fernell Franco, ca. 1991. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 7447. Fofografía Samuel Monsalve Parra

 

Contemporáneos

El siglo XXI vio empoderar a importantes gestoras en el campo de las artes fotográficas, ese es el caso de la profesora Margarita Monsalve Pino, quien impulsó el programa de Especialización en Fotografía creado por María Esther Galvis en la Universidad Nacional de Colombia, contribuyendo a cimentar y difundir “el pensamiento visual contemporáneo” en el país. Por su parte, la profesora Clemencia Poveda Motta creó en el 2002 el Festival internacional de Fotografía de Bogotá (Fotología), evento que ha impactado de manera importante a las nuevas generaciones de fotógrafos, muchos de los cuales combinan técnicas de la fotografía análoga con la digital. Ese cambio ha de ser registrado por los jóvenes investigadores que se han apropiado del tema de una manera profesional, entre ellos Santiago Rueda Fajardo, quien ha sido el más prolífico escritor sobre el tema en los últimos años. La investigación más importante que se ha realizado sobre el tema es la que dirigió Eduardo Serrano, con el apoyo de Myriam Acevedo, Antonio Castañeda Buraglia, Oscar

Monsalve y José Hernán Aguilar, y publicada como Historia de la fotografía en Colombia (1840-1959). Una actualización de este texto, no tan interesante y abarcando la segunda mitad del siglo XIX, fue elaborada por el mismo historiador Serrano. Sin duda en las tesis de pregrado y posgrado en artes e historia de todo el país están las ideas para configurar una nueva historia de la fotografía en Colombia.

En 1891, antes de la llegada de los Duperly a Bogotá, figuraban los siguientes fotógrafos en un plano comercial: el italiano Antonio Faccini (Carrera 8ª No. 293), quien ingresó al país por Cúcuta; el señor Antonio Esperón (Carrera 6ª No. 277), a quien le sucedió en el negocio su hijo Luis Esperón; el señor Rufino Malo (Carrera 9ª No. 255) y el señor Saturnino Zapata (Calle 13 No. 86), “quien hizo al lado de Pedro Carlos Manrique fotograbados para la Revista Ilustrada”1. Plano de Bogotá Carlos Clavijo.

El Gabinete artístico de Ernesto Duperly (Calle 11 No. 114) ofertaba en 1918 un “surtido completo de cámaras y materiales frescos para fotografía. Pianos eléctricos, auto-pianos, automóviles de varias marcas, bicicletas, cuadros y molduras finas, grabados, oleografías, vidrios planos ingleses, escopetas finas y cartuchos cargados para cacería, rifles y cápsulas para salón. Espejos de cristal de roca y objetos de lujo para regalo. Gran surtido de termómetros, papel de colgadura de últimos estilos, etc. Son agentes exclusivos del maravilloso medicamento para las novedades del estómago Anti-auto-tox, y también de las casas Eastman Kodak Co., y R.S. Howard Co”. Fuente: Libro Azul de Colombia, 1918, p. 426.

Interior del gabinete de Aristides A. Ariza en la Avenida de la República en Bogotá. En este lugar se vendían “aparatos y materiales para fotografía”, así como “tarjetas postales artísticas con estrofas ilustradas, notabilidades colombianas, vistas, retratos de mujeres hermosas, parejas, niños, fotoesculturas, etc.”. En Libro azul de Colombia, 1918.

En 1891, antes de la llegada de los Duperly a Bogotá, figuraban los siguientes fotógrafos en un plano comercial: el italiano Antonio Faccini (Carrera 8ª No. 293), quien ingresó al país por Cúcuta; el señor Antonio Esperón (Carrera 6ª No. 277), a quien le sucedió en el negocio su hijo Luis Esperón; el señor Rufino Malo (Carrera 9ª No. 255) y el señor Saturnino Zapata (Calle 13 No. 86), “quien hizo al lado de Pedro Carlos Manrique fotograbados para la Revista Ilustrada”1. Plano de Bogotá Carlos Clavijo.

1 Eduardo Serrano (dir.). Historia de la fotografía en Colombia, Bogotá: Benjamín Villegas, Museo de Arte Moderno de Bogotá, 1983, p. 325.

Retrato de niño Fotografía de Duperly & Son, 16.11.1903. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 4786. Fotografía Ángela Gómez Cely

 

Retrato de dos militares. Fotografía de Julio Racines Bernal, ca. 1900. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 4377. Fotografía Ángela Gómez Cely

El Gabinete artístico de Ernesto Duperly (Calle 11 No. 114) ofertaba en 1918 un “surtido completo de cámaras y materiales frescos para fotografía. Pianos eléctricos, auto-pianos, automóviles de varias marcas, bicicletas, cuadros y molduras finas, grabados, oleografías, vidrios planos ingleses, escopetas finas y cartuchos cargados para cacería, rifles y cápsulas para salón. Espejos de cristal de roca y objetos de lujo para regalo. Gran surtido de termómetros, papel de colgadura de últimos estilos, etc. Son agentes exclusivos del maravilloso medicamento para las novedades del estómago Anti-auto-tox, y también de las casas Eastman Kodak Co., y R.S. Howard Co”. 

Fuente: Libro Azul de Colombia, 1918, p. 426.

Referencias

1 Erwin Panofsky. La perspectiva como forma simbólica, Barcelona: Tusquets, 1999.

2 Quentin Bajac. L’image révélée. L’invention de la photographie, París: Gallimard, 2001.

3 Louis Jacques Mandé Daguerre. Historique et description des procédés du daguerréotype et du diorama, París: Susse Frères, 1839. BnF.

4 Pilar Moreno de Ángel. El daguerrotipo en Colombia, Bogotá: Banco Cafetero, Fondo Cultural Cafetero, 2000.

5 Santiago Londoño Velez. “Pioneros de la fotografía en Antioquia”, en Revista Credencial Historia, Bogotá, No. 75.

6 Roberto Jaramillo et ál. Retina caribe Duperly, Medellín: Fondo Editorial Universidad EAFIT, 2013.

7 Juan Luis Mejía Arango (prólogo). Lecciones sobre fotografía y cuaderno de caja de Horacio M. Rodríguez y Melitón Rodríguez, Medellín: Fondo Editorial Universidad EAFIT, Colección Bicentenario, 2011, p. 10.

8 Entrevista a Oswaldo Duperly Angüeyra, 1996.

9 A.V. Libro Azul de Colombia, New York: The J.J. Little & Ives Company, 1918, p. 388.

10 Walter Benjamin. La obra de arte en la época de la multiplicación mecánica (1936), Buenos Aires: Godot, 2012.

11 Colección Casa de la cultura de Pamplona, Norte de Santander. Publicada en: Eduardo Serrano (dir.). Historia de la fotografía en Colombia, Bogotá: Benjamín Villegas, Museo de Arte Moderno de Bogotá, 1983, p. 170.

12 Marina González De Cala. Revista Lámpara, Bogotá, No. 104, 1987.

13 Annuaire du commerce et de l’industrie photographiques, Paris: Aux Bureaux de la Photo-Reveu, 1902, p. 380.

14 Emilio Isaza y Lorenzo Marroquín. El primer centenario de la independencia de Colombia, 1810-1910, Bogotá: Escuela Tipográfica Salesiana, 1911.

15 A.V. Joven fotografía en Colombia, primera bienal. Bogotá: Colcultura, Alianza Francesa, Fotoclub Interamericano, 1993, 70 p.