General Pedro Nel Ospina. Fotografía de Melitón Rodríguez, 1901. Colección Archivo Fotográfico, Biblioteca Pública Piloto, Medellín. Reg. BPP-F-010-0658
Enero de 2016
Por:
Juan Camilo Escobar, Historiador, Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París. Magíster en Historia, Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. Magíster y Doctor en Historia y Civilizaciones, Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales

FOTOGRAFÍA Y SOCIEDAD EN COLOMBIA DURANTE EL SIGLO XIX, UNA APROXIMACIÓN DESDE EL OFICIO EJERCIDO EN ANTIOQUIA

La daguerrotipomanía en Colombia y en el mundo

Los procesos técnicos fotográficos que empezaron a circular por el planeta a partir de 1839, después de que Louis Daguerre y el Estado francés acordaron liberar de todo tipo de derechos de autor el invento llamado daguerréotype, llegaron rápidamente a Colombia y permitieron que durante la década de 1840 se hicieran daguerrotipos en Bogotá y Medellín.

En efecto, la daguerrotipomanía muestra largas filas de gente que quiere hacerse un daguerrotipo o que desea aprender el oficio. Indica lugares de encuentro para daguerrotipómanos y daguerrotipólatras que adoran su nuevo ídolo y marchan portando estandartes para honrarlo. Los modelos de 1840 se empiezan a vender y numerosos compradores se afanan por ser los primeros en adquirir la maravillosa máquina que producen en París los hermanos Susse y el ebanista Alphonse Giroux.

La historia del primer fotógrafo trabajando en Colombia devela las conexiones intercontinentales existentes hacia 1840. En efecto, el diplomático francés Jean Baptiste Louis Gros, según las investigaciones de Eduardo Serrano, llegó a Bogotá el 5 de septiembre de 1839, pero no trajo consigo una cámara sino que la construyó en Nueva Granada. A los argumentos de Serrano es factible añadir que el señor Gros estaba enterado de los procedimientos de Daguerre para “fijar las imágenes de la cámara oscura” desde meses atrás, pues desde el 7 de enero de 1839 el astrónomo François Arago explicó a la Academia de las Ciencias de Francia los adelantos de Daguerre, después el 15 de junio de 1839 el ministro del interior, señor Duchatel, presentó el proyecto de ley que otorgaba a Daguerre y al hijo de Nicéphore Niépce una pensión vitalicia mensual a cambio de liberar sus procedimientos técnicos para fijar imágenes1.

El nombre del señor Louis Gros, conocido también como barón Gros, se encuentra entre los pioneros del daguerrotipo en el mundo. Fue un diplomático cosmopolita que se movió entre Europa, América y Asia llevando consigo su saber fotográfico. Su estadía en Nueva Granada coincide con los inicios de la popularización mundial de la fotografía y el creciente interés por comerciar fijando retratos y espacios urbanos. En efecto, según noticias en periódicos de Bogotá, el señor Luis García Hevia expuso en un evento llamado Exhibición de la Industria varios daguerrotipos por los cuales obtuvo un premio2.

Era 1841. García Hevia era pintor y ahora daguerrotipista. Lo más probable es que haya aprendido la técnica con el diplomático y pintor francés Louis Gros. Ese fue el inicio de una significativa trayectoria en las técnicas fotográficas por parte de los neogranadinos de mediados del siglo XIX.

Louis Gros era un passeur, un difusor, un transmisor. García Hevia también lo fue y propició que el pintor nacido en Antioquia, Fermín Isaza, aprendiera el oficio de la daguerrotipia y, en 1848, ofreciera sus servicios en

Marco Tulio Vásquez (1893) y Joaquín Emilio Gómez (1883). Fotografías de Gonzalo Gaviria. Colección Archivo Fotográfico, Biblioteca Pública Piloto, Medellín. Regs. BPP-F-002-0051 y BPP-F-002-0088

 

Medellín, garantizando que “los retratos que se obtienen actualmente por este medio admirable llevan toda la perfección que pueda desearse”3. A Medellín llegó al año siguiente el alemán Emilio Herbrüger y también abrió un taller en donde podía “hacer retratos iluminados por el daguerrotipo”4. Parece ser que tuvo en Rafael Sanín un discípulo y permitió que este aprendiera el oficio de Daguerre y anunciara luego la posibilidad de hacer retratos en la Miscelánea de Antioquia. Su aviso comienza notificando que “acaba de recibir de Norte América una hermosa colección de cajas i demás útiles para la construcción de retratos al Daguerreotipo” [sic], y termina promoviendo su arte, filosofando sobre la muerte e interpretando la forma como la nueva técnica puede mitigar el dolor que aquella puede producir en los seres queridos. Dice Rafael Sanín: “Los que deseen tener consigo la imagen del ser amado, la del amigo, la de la madre, la del hijo, ocurran pronto al retratista, compren sus retratos cuando sea tiempo de que se hagan con esactitud [sic]; porque el día que la enfermedad i la muerte hayan desfigurado el objeto cuyo retrato se solicita, ya será demasiado tarde, ya será imposible conseguirlo esacto” [sic]5.

De retratos y otras preocupaciones fotogénicas en y más allá de Antioquia

Luego vino una segunda generación de fotógrafos que pudo usar y disfrutar de técnicas más amables para ejercer el oficio y el arte de la fotografía. A ellos pertenecen un grupo de precursores que dominaron con gran rigor el manejo de saberes químicos, físicos y estéticos. Pastor Restrepo, Ricardo Wills, Enrique Latorre y Gonzalo

Gaviria, entre los más destacados, lograron dejar un valioso archivo que permite comprender la importancia del retrato y con él, el ascenso de una fuerte valoración del sujeto individual moderno, de aquel que empieza a bastarse a sí mismo y que adora regalar tarjetas de visita para honrar la memoria de su cuerpo y su rostro ante sus amigos y conocidos. 

El escritor Francisco “Efe Gómez” Escobar. Fotografía de Melitón Rodríguez, 1896.
Fundadores e integrantes de la revista El Repertorio de Medellín. De pie, de izquierda a derecha: don Luis de Greiff, Horacio Marino Rodríguez Márquez; sentados, Rafael Mesa y Francisco A. Cano. Fotografía de Melitón Rodríguez, enero de 1897.
Colección Archivo Fotográfico, Biblioteca Pública Piloto, Medellín. Regs. BPP-F-006-0852 BPP-F-007-0130

 

Las fotos que se pueden reunir del siglo XIX son, por lo tanto, un testimonio de la autonomía de los individuos modernos, de burgueses que se lucen y se regocijan ante las cámaras, y de campesinos y trabajadores urbanos que, por un momento, aceptan pararse rígidamente en la sala de pose con el objeto de tener ante sí mismos una imagen que les permita describirse en el tiempo, lo que el espejo, viejo invento entre sus manos, no lograba ofrecerles.

El paso de las complejas experiencias químicas y físicas haciendo daguerrotipos al establecimiento de talleres de artistas y almacenes visuales, implicó la diversificación definitiva de los objetos fotografiables. Esa multiplicidad de temáticas se puede organizar en torno a cuatro grandes campos: economía, sociedad, política y cultura, en una Antioquia pensada como parte de procesos históricos mundializados y globalizados que se vienen presentando desde hace quinientos años. En otras palabras, la vida y la muerte de la gente en Antioquia quedó enfocada por las cámaras que operaban en la región durante el siglo XIX y muchas de sus formas de hacer, sentir y pensar, reveladas luego por las reacciones químicas de la luz y los minerales, entraron en una historia global de la fotografía y en historias locales en distintas partes del mundo que se conectaron entre sí. Veamos ahora algunas reflexiones en torno a las imágenes de los archivos fotográficos en Medellín.

Rostros y fachadas de ciencias, artes y letras

Escritores, científicos y artistas hacen parte del patrimonio visual de Colombia. También lo son las edificaciones que fueron colegios, universidades y teatros en donde la gente de artes, letras y ciencias creaba estéticas, ritmos y saberes. Tomás Carrasquilla, Jorge Isaacs, Luis Tejada, Juan José Botero o Efe Gómez revelan la presencia de una escritura preocupada por vivir al orden del día a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Las amistades y las relaciones artísticas entre pintores, fotógrafos y músicos fueron significativamente estrechas en el tránsito de un siglo a otro. La gente de teatro, danza y ciencia estuvo igualmente participando de lo que ellos llamaban “civilizar la ciudad”. Darle saberes y estéticas a la población por medio de espectáculos en los teatros o de enseñanzas, observaciones y experimentos en las aulas y laboratorios de colegios y universidades significaba un paso más en ese ideal “civilizador”. Crear revistas, fundar periódicos, escribir y publicar cuentos y novelas, establecer y asociarse con sociedades científicas como las de medicina, astronomía e historia en Colombia y otras partes de Euroamérica sellaba con orgullo el trabajo de todos aquellos “civilizadores”.

Francisco Antonio Cano fue enviado a Europa para que se formara en las “ciencias de la imaginación”, según palabras de Manuel Uribe Ángel; las obras de Gregorio Gutiérrez González fueron traducidas a varios idiomas, entre ellos el japonés, y utilizadas por la gente de ciencia para ayudar a clasificar la fauna y la flora de América. A Joaquín Antonio Uribe lo honra un jardín botánico en Medellín y sus trabajos, convertidos en manuales escolares, han formado la sensibilidad científica de muchos niños en Colombia. Los fotógrafos recibían la gente de ciencias, artes y letras en sus salas de pose y luego esas imágenes acompañaban textos, adornaban salas, se convertían en tarjetas de visita y completaban álbumes dedicados a “los héroes de la nación”.

Oficios a pie limpio y cuello almidonado

El mundo social que se vivía en las zonas urbanas durante el tránsito del siglo XIX al XX necesitaba de los textileros, de los comerciantes de vestidos, de los sastres, costureras y aplanchadoras, de los fabricantes de cuellos y camisas, de zapateros y demás trabajadores del cuero y de las telas. Lavar ropa, doblarla de forma correcta y portarla elegantemente parecía ser un imperativo que condicionaba a casi todos los miembros de sociedades como la de Medellín entre mediados del siglo XIX y comienzos del XX, tal como lo sugieren los archivos fotográficos.

Vendedores de escobas. Fotografía de Daniel A. Mesa, 1925. Colección Archivo Fotográfico, Biblioteca Pública Piloto, Medellín. Reg. BPP-F-002-0262

 

Esa elegancia puede apreciarse entre los trabajadores y estudiantes que pertenecían a clases sociales altas y bajas porque ella significaba, al mismo tiempo, un gesto regulado por la moral católica dominante. Un descuido en la forma exterior representaba, probablemente, flaqueza en lo espiritual y emocional. La tolerancia de prendas rotas y sucias, de harapos y andrajos era posible en gente pobre o en alienados mentales, que significaban “el misterio de los designios de la divinidad”. El Manual de urbanidad de Manuel Antonio Carreño (1812-1874), publicado desde 1853 en numerosas ediciones hasta la actualidad, permite comprender un poco mejor algunas lógicas filosóficas y mentales de la economía y la sociedad en Euroamérica, cuando asegura que “el pobre debe considerar que así como el premio de sus sufrimientos se encuentra en el Cielo, así durante su misión en la tierra su subsistencia, las comodidades que puede alcanzar y el alivio de sus penas, dependen en gran parte, ya directa ya indirectamente, de las empresas que crea y fomenta el rico, y muchas veces de la generosidad con que este se desprende de una parte de sus rentas para socorrer sus necesidades”6.

Los zapateros. Fotografía de Melitón Rodríguez, 1895. Colección Archivo Fotográfico, Biblioteca Pública Piloto, Medellín. Reg. BPP-F-008-0935

 

Gobernantes muy cejijuntos, altivos y circunspectos

El archivo fotográfico de la Biblioteca Pública Piloto ofrece un interesante material para una iconografía de gobernantes de Antioquia y Colombia. Detrás de sus gestos, miradas y posturas se insinúan sentimientos y caracteres psicológicos recomendados para un buen hombre de Estado. Cuando se instalaban ante la cámara se tornaban serios, firmes, convencidos e incorruptibles. Se vestían elegantemente, se acicalaban sus barbas y bigotes, sus cabellos debían reflejar orden y disciplina, sus manos serenidad y sus piernas fortaleza e imperturbabilidad.

El conjunto de su pose lograba entonces revelar gran capacidad para controlar el poder y desplegar sabiduría ante los problemas. La etiqueta del gobernante, llamada también protocolo o diplomacia, se formaba con frecuencia en los talleres de los fotógrafos. 

S. Camargo. Fotografía de Gonzalo Gaviria, ca. 1888.
Retrato de mujer. Tarjeta de visita de Pastor Restrepo, ca. 1900.
Retrato de militar. Fotografía de Gonzalo Gaviria, ca. 1890. Colección Archivo Fotográfico, Biblioteca Pública Piloto, Medellín. Regs. BPP-F-001-0221 BPP-F-001-0141 BPP-F-001-0214

 

En aquella escenografía, los gobernantes se acompañaban por lo regular de objetos y símbolos de poder. Bastones tallados en finas maderas y adornados con metales preciosos que hacen pensar en los lujosos cetros de los antiguos monarcas. Muebles, tronos, sillas y solios presidenciales, salas y mesas de gobierno, casas y palacios de justicia hacen parte del decorado fotográfico del poder político. A menudo, como miembros de familias con tradición en la administración gubernamental, los vemos cuando niños vistiendo en la fotografía uniformes militares

y cuando jóvenes realizando viajes por el mundo para formarse como cosmopolitas diestros en relaciones internacionales. Prototipos del burgués gentilhombre de Molière miran el futuro con certidumbre, se cultivan en las artes, las letras y las ciencias, y mueren usualmente rodeados de laureles para luego hacer reposar sus restos en grandes mausoleos o en panteones nacionales.

Gestualidades y corporeidades masculinas y femeninas

Mostrarse y exhibirse en una foto, en una tarjeta de visita, en un retrato es un acto de modernización del sujeto, de la persona. La preocupación por sí mismo es una característica que los tiempos modernos han excitado a través de la psicología, la filosofía del ser y la defensa de los derechos individuales. Darse un nombre y reconocer una historia personal y singular, a pesar de los elementos compartidos con otros, hace parte del proyecto moderno que defiende un sujeto racional, autónomo, libre y responsable de su vida. Las fotos que se empezaron a producir –en la misma línea del retrato pintado del renacimiento durante el siglo XVI– y que se conservan en los archivos fotográficos del siglo XIX en el mundo, hacen parte de una historia global de la modernidad.

Ahora bien, para las mujeres el tránsito hacia su independencia y autonomía no ha sido tan fácil como para los varones, puesto que el ingreso a su formación intelectual y profesional ha sido un logro reciente. Tal vez la posibilidad de retratarse, de pararse sola ante la cámara, sin marido, le permitió trasegar con más seguridad hacia su subjetividad. Algunas de las fotos, un poco más entrado el siglo XX, permiten el asomo de una piel femenina no vista en los talleres de fotografía en Medellín e indican la presencia de una epidermis descubierta, de un hombro desnudo. Los hombres parecen tener en las piernas cruzadas, cuando están de pie y recostados, una postura exclusivamente masculina. Los niños se visten frecuentemente con el ideal que sus padres conciben para sus hijos; los jóvenes, en una masculinidad progresiva, visten pantalón corto y corbata hasta los 14 o 15 años. Los retratos de gente sin familia, como Marañas, Majija o Cosiaca, prueban que la cámara sigue democratizando el derecho a retratarse y bastarse a sí mismo.

Así, los fotógrafos que trabajaban en Antioquia durante el siglo XIX hacen parte de una historia global. Es importante abandonar la idea de un arte fotográfico determinado por el gentilicio de quienes lo practican, para comprender la dimensión de sus conexiones, de sus significados y de sus usos sociales, políticos, económicos y culturales.

Referencias

1 Louis Daguerre. Historique et description du daguerréotype et du diorama, Paris: Susse Frères Editeurs, 1839. Existe una traducción al español del mismo año: El daguerotipo [sic], explicación del descubrimiento que acaba de hacer y a que ha dado nombre M. Daguerre, publicada por él mismo y traducida por D. Eugenio de Ochoa, Madrid: Imprenta de I. Sancha,1839.

2 El Constitucional, Bogotá, diciembre 3 de 1841.

3 Fermín Isaza. “Daguerrotipia”, en El Antioqueño Constitucional, Medellín, 24 de septiembre de 1848.

4 Emilio Herbrüger. “Aviso”, en La Estrella de Occidente, Medellín, 7 de octubre de 1849.

5 Rafael Sanín. “Retratos al daguerreotipo”, en La Miscelánea de Antioquia, Medellín, 28 de febrero de 1857.

6 Manuel Antonio Carreño. Manual de urbanidad y buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos, precedido de un buen breve tratado sobre los deberes morales del hombre, capítulo VI, artículo 41. Versión digital en la web consultable en https://books.google.com.co/