Los suicidas del Sisga Óleo de Beatriz González, 1965. Cortesía de la artista
Septiembre de 2016
Por:
Ricardo G. Rivadeneira Velásquez, diseñador industrial, magíster en historia y teoría del arte y la arquitectura, candidato a doctor, Universidad Nacional de Colombia. Profesor Instituto de Investigaciones Estéticas, Universidad Nacional de Colombia.

ENTRE LA MODERNIDAD Y LA POSMODERNIDAD, ARTISTAS COLOMBIANOS DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX

Germán Rubiano Caballero (1938- ), Camilo Calderón Schrader (1941-2010) y Álvaro Medina (1941-) han sido los historiadores que más esfuerzos han dedicado a estudiar la obra de los artistas que a continuación enumeramos. El objeto de estudio es aquella generación intermedia del arte colombiano, productiva durante la segunda mitad del siglo XX. Se trata de un grupo de artistas que tuvieron reconocimiento o participaron en alguno de los salones nacionales, pero además cuya obra resultó importante para el devenir del campo estético latinoamericano o internacional. Si bien, abarcar casi medio siglo impone dificultades, también permite comprender lo que sucedió en términos generales. De eso es que trata la Historia, de particularizar con ejemplos, pero también, de encontrar las principales tendencias que conforman el espíritu que gobierna a cada época. Hemos denominado “generación intermedia” porque se ubican entre los modernos (Ramírez Villamizar, Negret, Grau, Botero, entre otros) y los posmodernos, estos últimos activos a finales del siglo XX o comienzos del presente siglo.  

Estelas. Tejido (lino, gesso, plata y hoja de oro). Instalación diferentes medidas, Olga de Amaral, 1996. Colección de la artista. Foto Diego Amaral Ceballos

 

Para comprender mejor el accionar de esta generación intermedia, hemos creado tres grupos que aparecen citados cronológicamente. La selección se hizo teniendo en cuenta el inventario de artistas que participaron en los distintos salones nacionales, y que fueron incluidos en el libro 50 años, Salón nacional de artistas de Camilo Calderón Schrader, así como el volumen dedicado a biografías de la Enciclopedia de Colombia, proyecto coordinado por el mismo editor y que, según Jorge Orlando Melo, es una de las colecciones obligadas para conocer la historia de Colombia. Además, se incluyeron datos tomados de varios libros, entre los más importantes: Procesos del arte en Colombia, de Álvaro Medina, en su edición de 1978, Arte de América Latina 1981-2000, un trabajo de Marta Traba retomado por Germán Rubiano Caballero en 2001 como curaduría de exposición, de este último historiador, El dibujo en Colombia, de Vásquez de Arce y Ceballos a los artistas de hoy, así como una infinidad de catálogos y artículos que resultaría muy complicado enumerar ahora, pero que sin duda son referencia obligada para el estudio de esta época. Vale la pena destacar además los valiosos textos del historiador del arte Santiago Londoño Vélez, así como las biografías hechas por Halim Badawi, con la ayuda de David Lozano, para el libro 147 maestros, exposición conmemorativa de los 120 años de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia. Por último, resulta importante el libro El largo instante de la percepción de Miguel Huertas, el cual contiene un interesante dispositivo de análisis teórico que permite comprender lo sucedido con el arte durante los años setenta en Colombia.

Nacidos en los treinta

Leonel Góngora (1932-1999), Olga de Amaral (1932- ), Carlos Granada Arango (1933-2015), Carlos Rojas (1933-1997), Augusto Rendón (1933- ), Ángel Loochkartt (1933- ), Luis Fernando Robles (1933- ), Jim Amaral (Pleasanton, California, EE.UU., 1933- ), Nirma Zárate (1936-1999), Santiago Cárdenas (1937- ), Luciano Jaramillo (1938-1984), Beatriz González (1938-), Norman Mejía (1938-2012), Fanny Sanín (1938- ) y Juan Cárdenas (1939- ).

Muro tejido No. 79 Tejido a mano (Fibras vegetales, lana y pigmentos). Olga de Amaral, 1971. Colección Museo Nacional de Colombia, reg. 4558. Fotografía Óscar Monsalve Pino

 

Se trata de un grupo de artistas que hacia 1950 rondaban los 22 o 28 años de edad, es decir, que constituían los “nuevos nombres” de la época. Todos nacidos luego de la crisis mundial de 1929 y al margen de la polémica división entre los modernos, exaltados por Marta Traba, y los bachués. Una generación que desarrolló su obra en paralelo al auge del expresionismo abstracto en los Estados Unidos, logrando hacer un arte propio a través de la exploración local, pero donde todavía el tema de las influencias está por investigar. Una mirada general nos muestra que la violencia y el erotismo fueron los temas más reiterativos; sin embargo, es evidente que las mujeres pudieron romper el cascarón temático para ir a encontrar formas de trabajo más creativas y novedosas. 

Olga de Amaral, cultora de un arte abstracto, donde la experiencia con los tejidos y la investigación con fibras y materiales la llevó a realizar tapices de gran tamaño; combinando lo moderno con la manufactura. Su obra evoca lo atávico por la vía de lo ancestral, siendo vanguardia en su época. En el XXII Salón de Artistas Nacionales de 1971 obtuvo el primer premio con su obra “Muro tejido No. 79”. Olga de Amaral emprendió un recorrido que ningún otro artista en Colombia ha seguido con éxito. 

Fanny Sanín es, sin duda, la mejor exponente de la abstracción geométrica en Colombia. Inició su incursión en el XIV salón nacional de 1962, al lado de Feliza Bursztyn, Beatriz Daza y Lucy Tejada. Germán Rubiano Caballero hizo de curador de la exposición retrospectiva que el Museo Nacional de Colombia le dedicó a la artista en 2015, a partir de una donación de obras que hizo la artista al principal museo del país.

El Congo Rafa coge el trompo. Ángel Loochkartt, 1981. Óleo sobre tela. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 6922. Fotografía Ernesto Monsalve Pino

 

Nirma Zárate empezó a figurar durante el X salón en 1957 con un retrato de su abuela Flor Alba. Años más tarde daba un giro a la abstracción, presentando obras en los salones de 1961, 1963 y 1964, luego aparece vinculada al Taller 4 Rojo, un grupo de resistencia política y artística que hizo carteles denunciando los excesos de la fuerza pública y los malos gobiernos durante los años setenta. Se jubiló como profesora de la Universidad Nacional de Colombia, donde hizo grande el taller de elaboración de papel. 

Beatriz González es una figura fundamental de la historia del arte colombiano. Connotada pintora, que abrió la mirada a lo popular con obras tempranas, en especial “Los suicidas del Sisga” de 1966. Conocedora a profundidad de la historia del arte colombiano, durante su estancia en el Museo Nacional de Colombia la colección y sus investigaciones adoptaron forma profesional. Su trabajo incluye pinturas, pero además numerosos libros dedicados a explorar la historia de la pintura. Continúa activa, vigente y su lenguaje se actualiza produciendo un arte contemporáneo con bases muy sólidas.

Leonel Góngora, Carlos Granada, Ángel Loochkartt, Augusto Rendón, Luciano Jaramillo y Norman Mejía sentaron las bases del expresionismo en Colombia. De trazos fuertes, pero precisos y obras cuyas referencias al erotismo son evidentes. Se trata de una generación cuya fuerza pictórica daba respuesta a las fuertes directrices clericales que reprimieron a la sociedad. En todos ellos se percibe el anhelo por liberarse de la pesada cruz del cristianismo. Son artistas que durante toda la segunda mitad del siglo XIX estuvieron activos, por ejemplo: 

El Congo Peyo tira el trompo. Ángel Loochkartt, 1981. Óleo sobre tela. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 7244. Fotografía Samuel Monsalve Parra

 

Leonel Góngora fue un artista de amplio reconocimiento en Colombia, México y los Estados Unidos, mención que está derivada de la manera como enfrentaba lo erótico en sus obras. Obtuvo el primer premio durante el XXX Salón Anual de Artistas Colombianos en 1986. 

Carlos Granada Arango. Hizo parte del X Salón de 1957 y su obra “Marionetas” fue premiada durante el XII Salón de 1959. Desde que se graduó en la Universidad Nacional de Colombia su principal preocupación fueron los temas relacionados con la violencia. Su trabajo describe muy bien el sentimiento de dolor ante los hechos trágicos vividos tanto en lo público como en lo privado.

Augusto Rendón fue un artista oriundo de Medellín. Destacado grabador, quien obtuvo premio en los salones nacionales de 1963 y 1966. Artista viajero e ilustrado, formado en Italia y conocedor a profundidad de la historia del arte, situación que lo llevó a ser profesor de la Universidad Nacional de Colombia. Su obra expresionista está plagada de referencias a lo erótico y violento. Ángel Loochkartt participó en el XII Salón Anual de Artistas Colombianos de 1959 con la obra “Desafío de halcones en el espacio”, además estuvo presente en el XXX Salón Anual de Artistas Colombianos de 1986 con su obra “El ángel nos llama”.  

Latitud norte 4", longitud oeste 74", 1999. 89x25x41. Bronce. Jim Amaral. Colección del artista. Foto Diego Amaral Ceballos

 

Luciano Jaramillo fue sobresaliente por los retratos que hacía al óleo. En el XI Salón Nacional de 1958 mostraba ya obras muy bien ejecutada, como “Martini gin” y “Alacena” y en el XIII Salón de 1961 un par de magníficos desnudos. En 1974 pintó el mural de la plaza de mercado del barrio 20 de Julio en Bogotá, esta obra hace evidente su aproximación a temas sociales, propios de su entorno y estableciendo un reencuentro con Colombia, luego de una estancia en el exterior. La muerte lo sorprendió muy joven, una lástima porque su trabajo lo perfilaba como uno de los pintores más importantes del país. Camilo Calderón Schrader y Germán Rubiano Caballero le organizaron una exposición retrospectiva en el Banco de la República en 1997. 

Zenaida marina, 1995, óleo sobre lienzo, 150 x 200 cm. Obras de Ana Mercedes Hoyos.

 

Norman Mejía, según Álvaro Medina, era un “pintor frenético” en sus líneas. Sus obras siempre cargadas de provocación, en ellas la deformación y el erotismo invitaban a visitar nuevos mundos, desvinculados del formalismo convencional. Este cartagenero tuvo obra en el XI Salón en 1958, además figuró en el XVI Salón en 1964, y ganó el primer premio durante el XVII Salón Nacional de Artistas de 1965 con la pintura “La horrible mujer castigadora”. 

Mar caribe, 1999, óleo sobre lienzo, 6 páneles de 60 x 60 cm.

 

Generación intermedia o nacidos en los cuarenta

Ana Mercedes Hoyos (1942-2014), Pedro Alcántara (1942-), Fernell Franco (1942-2006), Luis Caballero Holguín (1943-1995), Umberto Giangrandi (1943-), Nobu Takehisa (Tokio,1943- ), Darío Morales (1944-1988), Hugo Zapata (1945- ), Álvaro Barrios (1945- ), Saturnino Ramírez (1946-2002), John Castles (1946- ), Miguel Ángel Rojas (1946- ), Ofelia Rodríguez (1946-), Cristóbal Schlenker (1946- ), María Elena Bernal (1947-2004), Antonio Barrera (1948-1990), Ever Astudillo (1948-2015), Margarita María Monsalve Pino (1948-2016), María de la Paz Jaramillo (1948- ), Cecilia Ordóñez París (1949- ), Mónica Meira (1949- ), Félix Ángel (1949- ) y Raúl Fernando Restrepo (1949- ). 

 

Una generación que resulta apasionante, en cuanto a las condiciones políticas, sociales y culturales que la afectaron. Sobre ellos se empiezan a escribir textos, como Los años sesenta, una revolución en la cultura de Álvaro Tirado Mejía, los cuales apuntan a comprender el quehacer de los artistas en un contexto más amplio. Fueron los años sesenta momentos de grandes cambios en el pensar y actuar; por ejemplo, el advenimiento de la píldora anticonceptiva hizo que las mujeres reivindicaran el derecho a optar o no por la procreación, la autonomía laboral de la mujer puso contra las cuerdas al machismo, pues la dignidad del hombre se derrumbaba apenas la esposa salía bien arreglada a trabajar. Otra derrota que vivió el machismo tuvo que ver con la puesta en escena de nuevas miradas y posturas, seguro subrepticias para la época, como la homosexualidad que contribuyó a que se exploraran otras dimensiones sensibles. El cambio de roles pre-establecidos produjo una sociedad temerosa y rebelde, la cual encontró, en ocasiones, el escape perfecto a través del consumo de bebidas alcohólicas y narcóticos. Sin embargo, fueron el talento y el trabajo diario los elementos que motivaron la producción de las obras de arte; como hecho especial identificamos que dicha generación intermedia vivió la creación de los primeros museos de arte moderno en el país, los visitó y expuso en ellos; sin embargo, bajo la duda sobre si su arte obedecía a los fríos preceptos de la modernidad. Nuevamente, el trabajo de las mujeres resulta novedoso y sistemático, cuenta de ello es la persistencia y el ánimo de exploración de Ana Mercedes Hoyos, María de la Paz Jaramillo o Mónica Meira; por citar solo algunas de las magníficas pintoras de esta época. Se trata de una generación que recogió la mejor época de la Universidad de los Andes, donde la figura de Juan Antonio Roda resultaba ser muy influyente. Importante fue para los artistas destacados de esta época la oportunidad que tuvieron de viajar al exterior, algunos dejando huérfanos a su público por muchos años, otros para salir a tener experiencias breves, pero significativas. Importante fue la influencia del arte que trajeron algunos inmigrantes, como sucedió con Nobu Takehisa, japonesa, radicada en Colombia, quien llegó al país en 1968 e inició estudios de pintura en la Universidad Nacional de Colombia en 1973, destacándose como pintora desde 1980.

Zenaida, Ana Mercedes Hoyos. 2001, carboncillo sobre lienzo, 90 x 60 cm.

 

En términos generales, esta es una generación que fraguó un vínculo fuerte e indisoluble con su tierra natal, en ese sentido fueron varios los que se vieron preocupados por retratar paisajes colombianos, Antonio Barrera, uno de ellos; pero además reflexionando sobre temas propios, como lo hace Cecilia Ordóñez con las evocaciones pétreas y cerámicas de Pamplona, su tierra natal o la vida en los billares y burdeles del Municipio del Socorro, aquellos que representó Saturnino Ramírez en sus cuadros, artista que obtuvo una mención en el XXX Salón Anual de Artistas Colombianos por una de estas obras. Algunos aparecen comprometidos con la docencia, tal como le sucedió a Umberto Giangrandi, Margarita Monsalve, Miguel Ángel Rojas o María Elena Bernal vinculados a la Universidad Nacional de Colombia, John Castles a la Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB) o en su momento a María de la Paz Jaramillo a la Universidad de los Andes. Para estos últimos el contacto con estudiantes se constituyó en una forma de espantar los monstruos que produce la soledad del taller, en todos los casos los resultados fueron productivos y renovadores.  

Ana Mercedes Hoyos fue la célebre pintora y grabadora que emprendió el viaje de la abstracción a la figuración, y que con su serie sobre palenqueras incursionó en la perspectiva “etnográfica”. En 1978 recibió el primer premio del XXVIII Salón Nacional de Artes Visuales por su obra “Atmósfera”. Interesante resulta el proceso por medio del cual su mirada se fue ajustando al formato cuadrado, no solo como signo de perfección compositiva sino como camino para redescubrir el mundo del color. Su obra más sólida tiene que ver con los bodegones de frutas abiertas o los retratos de palenqueras donde se muestran los rostros completos, develando la identidad de la persona que motiva la obra. La artista trabajó, de manera simultánea y con destreza, tanto la pintura como la escultura, esta última en formatos pequeños y grandes, trascendiendo la escala urbana, tal y como sucede con “Las patillas de la cordialidad”, que hizo para el Parque El Tunal de Bogotá (2000). Obtuvo el beneplácito de Marta Traba, además de gran reconocimiento internacional. Sin duda, una figura clave de esta generación intermedia y, en general, de toda la historia del arte colombiano. 

Leyenda. Grabado en metal. Margarita Monsalve, 1994. Colección de la artista.

 

Margarita María Monsalve Pino estudió artes plásticas en la Universidad de los Andes. Monsalve realizó un profuso trabajo de grabado, todo de excelente factura en cuanto a técnica de dibujo e impresión. A comienzos de los noventa creó con Philip Burin el Taller La Cicuta, un espacio dedicado a proyectos editoriales, hechos con trabajos de connotados grabadores. Privilegiados aquellos que posean ejemplares de los libros Bestias que incluye dibujos de Antonio Roda, Lunas con dibujos de Diego Mazuera Gómez, Víctor Laignelet y José Antonio Suárez o Trenes de Gustavo Zalamea, todos concebidos e ideados por Margarita Monsalve, quien se preocupó siempre por desarrollar proyectos colectivos, como el que hizo en 2003 en la Universidad Nacional de Colombia, y que trataba el tema de la Ruina; una serie de fotografías, de gran formato, con las que se intervenían algunas de las fachadas de los edificios de la Ciudad Universitaria. En 1999 empezó a trabajar con su sobrino Juan Antonio Monsalve proyectos en donde la fotografía se convertía en centro de la vida familiar. 

María de la Paz Jaramillo es la creadora más afable y divertida que haya tenido el arte colombiano. Su pintura trasciende el lenguaje frío del pop y se funde con necesidades estéticas alusivas a la belleza femenina. La seducción está en su trazo y por medio de sus dibujos las mujeres reivindican el poder de la sensualidad, todo esto realzado por el manto de color que inunda sus cuadros. En 1971 participó en el XXII Salón Nacional de Artistas, para el Salón de 1974 se hizo acreedora al primer premio por una serie de grabados. Desde los años ochenta es evidente su interés por temas relacionados con la naturaleza, la serie “Galápagos” (1988-1989) y “Mariposas” dan cuenta de ello (2000). 

Pedro Alcántara Herrán estudió artes en la Academia Nacional de Bellas Artes de Roma. Su trabajo como grabador, pintor y dibujante lo ha desarrollado teniendo un vínculo directo con Cali, su ciudad natal. Regresó a Colombia en 1963, cuando obtuvo su primer premio en el XV Salón Nacional de Artistas, luego repetiría de manera consecutiva en las versiones de 1965 y 1966, además figuró entre los seleccionados del Salón de 1969; tal situación da cuenta de la permanencia y calidad de su obra empezando en una década fulgurante y cuyo impulso llega hasta hoy. Su trazo es fuerte, vive el gesto como pocos en la plástica nacional y ama a la mujer a través del retrato. Su reconocimiento trascendió a Cuba, Venezuela y Alemania. 

London Bridge. Ensamblaje fotográfico, Margarita Monsalve y Juan Antonio Monsalve, 2007. Cortesía de los artistas.

 

Luis Caballero Holguín fue un talentoso dibujante, cuya obra está plagada de elementos originales y difíciles de relacionar con el arte de su tiempo, aspecto que lo hace único y sobresaliente. Inició su formación artística con el maestro Juan Antonio Roda en la Universidad de los Andes, en 1961. Muy rápido viajó a París, ciudad que lo acogió y de la cual regresaba a Colombia, más o menos cada década para realizar una exposición. Según Germán Rubiano Caballero, fue el arte del renacimiento y, en específico, la obra de Miguel Ángel Buonarroti su principal referencia. Sobresale su producción de los años 90, época en la que el erotismo decanta con fuerza y violencia en los trazos de sus dibujos. Tras su muerte en 1995, Gloria Zea, directora del Museo de Arte Moderno, dijo: “Luis Caballero es el artista más importante de su generación, la de después de Fernando Botero y Carlos Rojas. Su muerte es especialmente trágica porque le sobrevino, como a Darío Morales, en el momento de mayor plenitud y madurez de su carrera. Su última obra es maravillosa, es de un nivel de calidad, madurez, dramatismo, expresión, de autenticidad. Duele en el alma la pérdida de un artista que todavía tenía tanto que dar”. El Museo de Antioquia conserva su obra “La cámara del amor”, pieza magnífica que en 1968 empezaba a suponer lo refinado de su trayectoria futura. Actualmente, el Premio Luis Caballero es el más importante que se otorga en Colombia.

Doña Inés. Maripaz Jaramillo, 1973. Serigrafía. Colección de Arte, Banco de la República. Reg. AP1845.

 

 

Umberto Giangrandi oriundo de Lucca (Italia), llegó a Colombia en 1966, muy temprano entró en contacto con Ómar Rayo, Juan Antonio Roda y Augusto Rendón, este último compañero suyo de estudios en la Academia Superior de Arte de Florencia. Recién llegado al país ya figuraba participando en el XIX Salón de Artistas en 1967 con la obra Ragazza stretta nel busto. Junto a Nirma Zárate, Diego Arango, Carlos Granada, Augusto Rendón, Juan Manuel Lugo y Jorge Mora creó el Taller 4 Rojo en 1971. Un grupo interdisciplinario de resistencia cultural, que desde la plástica motivó la protesta “obrera, campesina e indígena”. Giangrandi es reconocido además por ser el creador de uno de los talleres de grabado con mayor prestigio en el país. 

Tu amor no me conviene. Serigrafía. Maripaz Jaramillo, 1978. Colección de Arte, Banco de la República. Reg. AP1853.

 

Darío Morales fue un excelente pintor y dibujante, famoso por la calidad de sus desnudos femeninos. Se mantuvo al margen del expresionismo, pero tampoco hizo hiperrealismo. En sus obras figuran una serie de nostalgias, evidentes en la manera como vinculaba los objetos cotidianos a sus composiciones. Murió muy joven, a los 44 años. Su trayectoria quedó trunca y su obra es escasa, pero formidable. 

Mano a mano. Maripaz Jaramillo, 1984. Litografía. Colección de Arte, Banco de la República. Reg. 1851.

 

Ever Astudillo es uno de los artistas más interesantes que ha habido en Colombia. Caleño, poseedor de una mirada penetrante y analítica que se hacía evidente en la manera como construía discursos silenciosos a través de sus fotografías. En sus imágenes existe la pátina propia de los años setenta, su obra suscita nostalgias y ausencias; para algunos la ciudad que ya no es, para otros, el frenesí por no poder ser eternos. Astudillo hizo pinturas y dibujos, en ocasiones inspirados en sus fotografías, para él lo fotográfico existió como una entidad creadora de poéticas profundas. Comenzó a figurar en el XIII Salón (1972-1973) con dibujos, luego repitió en los salones de 1974, 1975, 1976 y 1980. Fue maestro del Instituto de Bellas Artes en Cali y de la Universidad del Cauca durante 32 años. 

Desnudo masculino. Tinta y carbón, Luis Caballero Holguín, s.f. Colección de Arte, Banco de la República. Reg. AP1998.

 

Sin título. Pintura de Luis Caballero Holguín, 1984. Colección de Arte, Banco de la República. Reg. AP3578.

 

Nacidos en los cincuenta

Mariana Varela (1950-), Antonio Caro (1950-), Ramón Vanegas (1950-  ), Diego Mazuera Gómez (1950-), Dioscórides Pérez (1950- ), Margarita Gutiérrez (1951- ), Óscar Muñoz (1951-), Gustavo Zalamea Traba (1951-2011), Sara Modiano Roiter (1951-2010), Cristo Hoyos (1952- ), Alicia Barney (1952- ), Carol Young (Montevideo,1952- ), Guillermo Restrepo Valencia (1952-2015), Ronny Vaida (1954), Adolfo Bernal (1954-2008), Lorenzo Jaramillo (1955-1992), Martha Combariza (1955- ), Raúl Cristancho Álvarez (1955- ), Luis Fernando Roldán (1955- ), José Antonio Suárez (1955- ), Víctor Laignelet (1955- ), María Teresa Hincapié (1956-2008), Alberto Sojo (1956- ), Bibiana Vélez (1956- ), Danilo Dueñas (1956- ), Carlos Salas Silva (1957- ), Jaime Iregui (1956- ), Pablo van Wong (1957-2013), Teresa Sánchez (1947- ), Álvaro Ernesto Salamanca Angarita (1958-1966), Rodrigo Facundo (1957- ), Carlos Salazar (1957- ), Doris Salcedo (1958- ), Luis Luna Matiz (1958- ), Miguel Huertas (1959- ) y José Alejandro Restrepo (1959- ).

Pieza en forma de pera X. Grabado de Lorenzo Jaramillo Mora, 1980. Colección de Arte, Banco de la República. Reg. AP1825.

 

Una generación de artistas muy competitivos e individualistas, que de niños vieron alunizar a Neil Armstrong, y a quienes se les puede aplicar la frase del músico Sting: “We freeze like statues on the pages of History”, en su canción Born in the 50’s. No es fácil encontrar líneas comunes de referencia entre ellos, Lorenzo Jaramillo es el más destacado de la generación, quizá con él se establece un cordón umbilical con el expresionismo de las generaciones anteriores (Granada, Góngora, Alcántara, Giangrandi), lástima que la muerte lo sorprendió tan temprano. Inigualable ha resultado la exposición retrospectiva que organizó Germán Rubiano Caballero, con el apoyo de María Clara Martínez Rivera en 1995, la cual presentaba la obra de Lorenzo Jaramillo sin hacer alarde de categorías analíticas obvias o rebuscadas.

Retrato de Luis Caballero. Tinta, pastel sobre papel. Lorenzo Jaramillo Mora, 1984. Colección de Arte, Banco de la República. Reg. AP3847.

 

Muchas de las mujeres de esta generación han sido profesoras de la Universidad Nacional de Colombia, podemos citar a Mariana Varela, Martha Combariza, María Teresa Hincapié o Doris Salcedo y entre los hombres a Ramón Vanegas, Diego Mazuera, Dioscórides Pérez, Gustavo Zalamea, Guillermo Restrepo Valencia, Raúl Cristancho, Víctor Laignelet y Miguel Huertas. Un grupo grande, que hace recordar los tiempos de la creación de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1886, cuando a los artistas más destacados se les vinculaba con honores a la planta docente de la Universidad. 

Desayuno en la playa. Pintura. Obra de Diego Mazuera, 1988. Colección de Arte, Banco de la República. Reg. AP1475

 

El espectro de esta generación es variopinto y abarca desde un grupo amplio dedicado a la pintura (Gutiérrez, Hoyos, Jaramillo, Laignelet, Luna, Mazuera, Roldán, Salamanca, Sojo, Varela, van Wong, Vélez y Zalamea), otro que ha hecho grabado (Dioscórides, Suárez y Guillermo Restrepo) y un último a la fotografía (Vanegas), pero también existen los dedicados a la escultura y a la elaboración de objetos cerámicos o de madera (Vaida, Young, Salcedo y Sánchez). Finalmente, figuran aquellos que se dejaron influir por las nuevas tendencias y procesos (Cristancho, Dioscórides, Dueñas, Facundo, Hincapié, Muñoz, Huertas, Iregui, José Alejandro Restrepo). De todos ellos, Gustavo Zalamea fue quien mayor impacto tuvo en la definición de políticas públicas culturales, la creación del IDARTES, en Bogotá, fue idea suya y siempre tuvo incidencia en las dinámicas artísticas en la ciudad, incluso en la creación de ARBO. Su vinculación a la Universidad Nacional de Colombia lo convirtió en un gestor importante de proyectos artísticos y editoriales; murió haciendo un viaje de exploración académica por el río Amazonas. La cita es diciente, pues pareciera que a los artistas de esta generación los lleva a la muerte una prédica: descubrir y dar a conocer el mundo que habitan. 

Encuentros intergeneracionales

La experiencia humana es intergeneracional, es decir: que los adultos mayores no solo conviven, sino que interactúan con personas jóvenes y otra que no lo son tanto. Se trata de eso, de convivir con otros y es por eso que existen las escuelas de arte, las universidades, los museos y todas aquellas instituciones dedicadas a salvaguardar el patrimonio artístico. Un magnífico ejemplo de esto lo encontramos al revisar la Revista Arte en Colombia Internacional, la cual reseñaba en sus números de febrero y mayo de 1990, las actividades desarrolladas durante el XXXII Salón de Artistas Colombianos (premios para Miguel Ángel Rojas, Bibiana Vélez y Diego Mazuera), pero además a la Bienal de La Habana y a la XX Bienal de Sao Paulo, donde Ofelia Rodríguez, Nadín Ospina y Diego Mazuera representaron a Colombia. Como podemos ver, el magnífico pintor Diego Mazuera fue premiado junto a artistas de la generación anterior (Ofelia Rodríguez y Miguel Ángel Rojas), pero además junto a un Nadín Ospina, un artista de la generación posterior. Todos conviviendo y unos aprendiendo de los otros, de eso se trata el arte, una disciplina de interacción, que tiene mucho que enseñarle al mundo sobre el respeto por la obra ajena y el desarrollo individual en comunidad.

Derridamiento. Tapia pisada y madera. Escultura de Guillermo Quintero, 1997-98. Obra seleccionada al XXXVII Salón Nacional de Artistas de 1997. Cortesía del artista.

 

Vivir durante la segunda mitad del siglo XX no fue fácil, pues, parafraseando a Robert Venturi: la complejidad y la contradicción eran cosa de cada día. Como toda época intermedia, existen por pura denominación, el historiador es quien la crea; en ese sentido ningún hombre de la Edad Media se sintió medieval; es por eso que a estos artistas no les escucharemos decir que hicieron parte de algo así, pero si les preguntamos sobre sus maestros es muy probable que hagan referencias a personas mayores, individuos que influyeron en ellos porque poseían más edad y, por ende, experiencia. Las denominaciones son didácticas, nos sirven para comprender mejor el mundo, para eso sirve la Historia, en este caso la del arte, cuyos discursos y análisis se van actualizando. Cabe recordar que para Ernst Gombrich, en 1950, el arte era un problema de artistas y obras, mientras que para Jean François Lyotard, en 1998, el arte tenía que ver con lo sublime, que es “ese sentimiento contradictorio, placer y pena, alegría y angustia, exaltación y depresión”, algo muy similar a lo que sentía el pensador irlandés Edmund Burke dos siglos antes.

Fin de siglo XX

Concluye este texto rompiendo el molde cronológico para darle cabida a una obra que marca la frontera con el siglo XXI. Se trata de la instalación que hizo el artista santandereano Guillermo Quintero Rojas (San Gil, 1965- ), quien propuso su obra “Derridamiento” (1997-1998), una escultura de 7 x 4 metros, elaborada con fragmentos de los muros de una casa que amenazaba ruina, los cuales se iban cortando en cubos para que encajaran, de manera precisa, sobre una superficie inclinada. La obra resulta paradigmática porque se trata de un trabajo muy inteligente, que da cuenta de “la deconstrucción”, aplicándolo a una realidad cercana. “Deconstruir” (destruir para luego construir) fue un concepto, oriundo del campo de la arquitectura, retomado por el filósofo francés Jacques Derridá (1930-2004) para explicar la forma de crear en tiempos cuando el reciclaje capitalista dejaba fragmentos de cosas por todas partes, las cuales se podían recoger para ensamblar nuevas realidades. No se trata del Ready Made de Marcel Duchamp, sino de un proceso de creación-abstracción que toma cosas para reorganizarlas, procurando obtener un resultado nuevo. Esta obra es una metáfora de lo que le sucedió al arte terminando el siglo XX, cuando el campo artístico se inclinó, unos dirían para sucumbir por falta de oficio y exceso de conceptualismo; otros para advertir otra forma de ver el mundo.  En términos históricos es posible indicar que el fin del milenio fue una época cuyas tendencias estilísticas, tanto en arte como en arquitectura, siguieron un patrón necrológico; la dispersión de géneros y el deseo de protagonismo subsumieron al campo del arte en una especie de catálogo de ofertas “geniales”, pero dispersas e inconexas.

Referencias

1 Camilo Calderón Schrader. 50 años, Salón Nacional de Artistas, Bogotá: Colcultura, 1990.

2 Camilo Calderón Schrader (ed.). Enciclopedia de Colombia, Bogotá: Círculo de Lectores, 1991-1993.

3 Álvaro Medina, Procesos del arte en Colombia, Bogotá: Colcultura, 1978.

4 Germán Rubiano Caballero y Marta Traba. Arte de América Latina 1981-2000, Washington D.C.: Banco Interamericano de Desarrollo, 2001.

5 Germán Rubiano Caballero. El dibujo en Colombia, de Vásquez de Arce y Ceballos a los artistas de hoy, Bogotá: Planeta, 1997.

6 Santiago Londoño Vélez. Breve historia de la pintura en Colombia, Bogotá: Fondo de Cultura Económica, 2005.

7 AA.VV. 147 maestros, exposición conmemorativa de los 120 años de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia, Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2007.

8 Miguel Antonio Huertas Sánchez. El largo instante de la percepción. Los años setenta y el crepúsculo del arte en Colombia. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2005.

9 Álvaro Tirado Mejía. Los años sesenta. Una revolución en la cultura, Bogotá: Debate, 2014.

10 Giro social advertido por el crítico Hal Foster en su artículo “El artista como etnógrafo”, en El retorno de lo real. La vanguardia a finales del siglo, Madrid: Akal, 2001, pp. 175-208.

11 Entrevista a Umberto Giangrandi, en: Revista Mundo, No. 21, Bogotá: Carlos Salas, 2006, p. 33.

12 Gordon Sumner “Sting” y The Police, “Born in the 50’s”, en Outlandos d’Amour, A&M Records, 1978.

13 Robert Venturi. Complejidad y contradicción en arquitectura, Barcelona: Gustavo Gili, 1992.

14 Jean François Lyotard. “Lo sublime y la vanguardia”, en Lo inhumano: Charlas sobre el tiempo, Buenos Aires: Manantial, 1998, p. 98.