17 de agosto del 2019
 
En la playa de Macuto, Oleo de Andrés de Santa María, 1904. 246 x 292 cm. Museo Nacional de Colombia, Bogotá. (Autorretrato, ca. 1942)
Septiembre de 2016
Por:
Carmen Ortega Ricaurte

EN LA PLAYA DE MACUTO: ANDRÉS DE SANTA MARÍA

Entre las obras del pintor bogotano Andrés de Santa María se destaca sin duda En la playa de Macuto (1904), uno de los cuadros más importantes en la historia de nuestro arte del siglo XIX. ¿Por qué es tan importante esta pintura? Porque rompió con los rígidos parámetros establecidos por la Academia, que había obligado a los artistas a seguir normas preconcebidas que coartaban su libertad.

Desde luego, Santa María no habría podido realizar esta proeza, si no hubiera sido porque contó con varias circunstancias favorables que lo respaldaron en tan audaz proyecto. Ellas fueron: 1. Su status social; 2. Su holgada posición económica; 3. Su formación artística en Europa, en donde había recibido varias influencias, que lo alejaron de la Academia; 4. Su prestigio como pintor, respaldado por diversas exposiciones en París y Bruselas; 5. Su amistad con el presidente de la República general Rafael Reyes; 6. Su posición como director de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, cargo que desempeñó entre los años 1893-1899 y 1904-1911; 7. Sus conocimientos de los nuevos rumbos que desde mediados del siglo XIX había tomado el arte en Europa, dejando atrás el clasicismo, el romanticismo y el naturalismo, para iniciar la famosa etapa del impresionismo, después del cual surgieron el fauvismo, el simbolismo, el expresionismo y muchas otras tendencias que ya no sedujeron al maestro.

Todas estas circunstancias sirvieron para acallar las críticas de sus contemporáneos y para que los bogotanos aceptaran con respeto las "excentricidades" del maestro, como eran las de pintar retratos y objetos con un "realismo" que no era tan obvio; utilizar una técnica rara, jamás vista en Bogotá, en la que empleaba gruesos pegotes de pintura que producían en sus cuadros un cierto efecto tridimensional; y, por si esto no fuera poco, el expresarse con colores agresivos con los que impactaba a sus espectadores, dejándolos perplejos. A pesar de que quienes asistían a sus exposiciones no alcanzaban a entender del todo la pintura de Santa María, todos repetían a coro que dicho maestro era un gran pintor, pues nadie quería pasar por ignorante.

Santa María hizo el boceto de su cuadro En la playa de Macuto, cuando el barco en el que viajaba a Colombia se detuvo en dicho lugar de Venezuela de paso para Colombia, en el año de 1904, pero no lo expuso sino hasta 1908 en el Salón de París. En él representó a dos mujeres que van por la playa: la que va a caballo, es su esposa Amalia Bidwell Hurtado, quien se ve ataviada con un sombrero alón para protegerse de los rayos del sol y un chal, que le cubre la espalda y el pecho. Esta prenda es la misma que se ve en el retrato de 1919, titulado El chal amarillo. La otra mujer, que no hemos podido identificar, va a pie portando un canasto de frutas.

En este óleo, Santa María comenzó a desviarse del impresionismo, para ensayar otro estilo que va a estar claramente influenciado por Van Gogh, cuya pintura conoció en 1901 cuando asistió a la exposición retrospectiva del maestro holandés, que tuvo lugar en la Galería Bernheim de París. Allí utilizó la espátula y la técnica puntillista, que por entonces era totalmente desconocida en nuestra ciudad. Y como rezago de sus experiencias impresionistas va a emplear los tonos violetas para acentuar las sombras, especialmente la que proyecta el caballo sobre la arena.