Feligresía del Socorro, Confines y Oiba, s.f. Archivo General de la Nación, Mapas y Planos 4, 688A.
Marzo de 2020
Por:
Carlos Manuel Olano Paredes * Historiador, Pontificia Universidad Javeriana, Magíster en Historia, Universidad de los Andes, Magíster en Patrimonio (World Heritage Studies), Universidad Técnica de Brandemburgo, y Candidato a Doctor en Historia.

EL SOCORRO

Con la introducción del tabaco en la Nueva Granada, llevada a cabo durante el siglo XVIII, la provincia de El Socorro se convirtió gradualmente en una región dedicada al cultivo y procesamiento de ese producto. El poblado de El Socorro no escapó a esa tendencia y llegó a ser un importante centro de producción y de comercio tabacaleros. No obstante, ciertas determinaciones reales, como la restricción de la producción y la centralización del monopolio del tabaco, tuvieron un impacto negativo sobre las actividades comerciales y, a la larga, generaron inconformidad entre los socorranos llamados “del común”.​

La imagen romántica que hoy en día se tiene en Colombia de los pueblos, relacionada con el pasado, el letargo, la nostalgia y el olvido, se inmortalizó de alguna manera con la canción del maestro José A. Morales (1913-1978) titulada precisamente “Pueblito viejo”. La canción, que estaba inspirada en su ciudad natal, El Socorro, ubicada en el Departamento de Santander, narraba las impresiones de un hombre cansado, que, después de una vida difícil, volvía para terminar sus días en el sosiego de la vida pueblerina. Esa, sin embargo, no fue siempre la dinámica de El Socorro. Habría que volver a sus días de intensa actividad en el siglo XVIII para comprender algo más de la importancia de dicho centro poblacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay un hecho fundamental para la historia de Colombia que nos permite ver de cerca algunos de sus rasgos característicos en lo que fue tal vez su cénit: la rebelión de los Comuneros en el año de 1781, que sacudió a la sociedad del virreinato de la Nueva Granada y puso en entredicho el funcionamiento del Imperio español. Esto nos obliga a preguntarnos, por ejemplo, por qué los ojos de la monarquía y sus funcionarios se posaron en esa villa, o por qué, en últimas, se dio ahí un levantamiento social de ese tipo ¿Cómo fueron entonces los días en los que el hoy “pueblito viejo” funcionó como un importante centro de producción y de comercio? ¿Cómo fue la vida de este pueblo en sus días de próspera ciudad?

 

El Socorro fue fundada tardíamente, en la década de 1680, en un cruce de caminos entre otras poblaciones que ya tenían al menos un siglo de vida. El acta de fundación data del 18 de junio de 1683, cuando los pobladores recibieron tierras para el asentamiento. Más adelante, en 1689, la población fue convertida en parroquia. Fue en 1771 cuando El Socorro fue elevado a villa “muy noble y leal”, que no era más que un reconocimiento por parte de las autoridades a su papel dentro del marco del Virreinato, en particular, y del Imperio, en general. El lugar de su erección se debió sobre todo a su posición entre Vélez y Girón y a su equidistancia con respecto a esas poblaciones. Sin embargo, para una comprensión más amplia de su fundación y de su importancia en el plano de la monarquía hispánica, habría que comprender la dinámica regional a la que perteneció.

 

"Cabuya de Simacota sobre el Sarabita" Carmelo Fernandez, 1850 Comisión Corográfica Biblioteca Nacional de Colombia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las expediciones, que al mando de los navarros Pedro de Ursúa y Ortún Velazquez de Velasco llevaron a fundar, entre otras, a Pamplona de Indias en 1549, tenían objetivos claros: encontrar población indígena para utilizarla bajo la encomienda como fuerza de trabajo, situar yacimientos mineros que junto con el sometimiento de la mano de obra indígena le entregaría las ganancias de lo adquirido al señor encomendero y, además de esto, la obtención de recursos agrícolas que fueran susceptibles de ser explotados por la mencionada fuerza laboral. El interés de los expedicionarios estaba puesto, claro está, en el botín que las exploraciones les ofrecían no sólo en términos materiales, sino también en aspectos de carácter social y de alguna forma simbólico. Esto acrecentaría el carácter “privado” de la empresa conquistadora. Es decir, hubo siempre un factor de ascenso social que estimulaba a aquellos expedicionarios: convertirse en Señor, recibir una cuadrilla de encomendados y hacerse a una porción de tierra. En otras palabras, acceder a un título, a un grupo de sirvientes y a una propiedad. A pesar de los intentos de la Corona por impedir que se formara una clase de encomenderos, por medio de ciertos mecanismos de control –como evitar la perpetuación de una encomienda en una familia por más de dos generaciones– lo que ocurrió fue que los privilegios que reclamaron los primeros llegados al territorio se terminaron imponiendo. Así, en la medida en que los exploradores ampliaron su campo de influencia en la región, sometieron a las poblaciones indígenas con las que se topaban. Esto será un factor que a largo plazo determinaría la caracterización de los grupos que constituyeron a la sociedad colonial de la región y que se podrá ver claramente entre los vecinos de El Socorro.

 

La misma dinámica de producción e intercambio que entre comunidades indígenas había existido en la región fue la que les imprimió, durante los años de la Colonia, una importancia particular a las poblaciones, fundaciones y asentamientos que estaban bajo el control imperial. Los circuitos comerciales que funcionaban, por ejemplo, en los ríos Sogamoso y Lebrija, les permitieron a grupos de pequeños mercaderes consolidar vínculos con otras regiones y también satisfacer las demandas de productos de los habitantes de la zona. Así, estas condiciones, que crearon un contexto económico favorable, aceleraron en El Socorro el proceso de conformación de una una ciudad con una sociedad activa.

 

Manuela Beltrán (1724-1781). En 1781, junto con otras personas, rompió el edicto en el que se establecía el aumento del impuesto de la Armada de Barlovento y otras regulaciones tributarias. Este acto fue uno de los detonantes del levantamiento de los Comuneros.

 

 

 

 

 

 

 

John L. Phelan, en su libro sobre el levantamiento de los Comuneros, describe, por un lado, a un pequeño grupo de “nobles” que detentaba una cierta riqueza –que debe ser entendida desde las magnitudes de la época, es decir, desde la posesión de algunos objetos de lujo, de algunas telas o de alguna propiedad– que se identificaba con los valores españoles y que detentaba asimismo el poder político. Por el otro, en cambio, los grupos que podrían denominarse de forma esquemática como las clases populares, entre los que se encontraban los artesanos, los indígenas y los mestizos, así como los “blancos” pobres o vergonzantes –quienes vivían más bien de su trabajo y que por razones de origen, de sangre y de calidad estaban privados de acceder al poder político–. Fueron los miembros del segundo grupo los que tendrán una visibilidad particular desde 1781. Con la introducción del tabaco en la Nueva Granada, llevada a cabo durante el siglo XVIII, la provincia de El Socorro se convirtió gradualmente en una región dedicada al cultivo y procesamiento de ese producto. El poblado de El Socorro no escapó a esa tendencia y llegó a ser un importante centro de producción y de comercio tabacaleros. Debe recordarse, además, que el virrey Manuel Antonio Flórez trasladó las oficinas de la administración del monopolio del tabaco de Santafé a El Socorro. No obstante, ciertas determinaciones reales, como la restricción de la producción y la centralización del monopolio del tabaco, tuvieron un impacto negativo sobre las actividades comerciales y, a la larga, generaron inconformidad entre los socorranos llamados “del común”. 

 

Provincia del Socorro, 1825. Archivo General de la Nación, Mapas y Planos 4, 452A.

 

 

 

 

¿Por qué toda una política imperial fue puesta en entredicho en El Socorro? El siglo XVIII significó el cambio de dinastía, de los Austrias a los Borbones, para la monarquía hispánica y, con esto, una transformación en los vínculos políticos y económicos entre la Corona y las que serían denominadas, desde ese entonces, sus Colonias en ultramar. Las llamadas Reformas Borbónicas buscaban sobre todo que la Corona pudiera sacar mayor provecho económico a sus posesiones: había entonces que centralizar, reorganizar y agilizar el sistema burocrático y de comunicaciones imperiales. Esto, sobre todo, por la necesidad de competir en el plano europeo y atlántico con los otros imperios, que habían tomado la delantera en la carrera que se llevaba a cabo al menos un par de siglos atrás y que estaba transformando en diferentes escalas el panorama global. Para una efectiva ejecución de las Reformas se ubicaron a distintos burócratas en diferentes partes del Imperio. Ellos estarían encargados de determinar cuáles monopolios reales serían reorganizados con el fin de incrementar las rentas estatales. Para el caso de la Nueva Granada, volviendo a Phelan, los productos intervenidos fueron los más rentables: licores y tabaco. Así, el virrey Flórez, a través del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, buscando la fórmula que le permitiera sacar el mayor beneficio posible del tabaco, intervino el monopolio y reguló su manufactura. Pensando en sacar del mercado el exceso de producción para que solo empezara a comercializarse un tabaco de mejor calidad, prohibió su elaboración en El Socorro. La medida, que venía siendo empujada por alzas en los impuestos de los productos que se consumían de forma masiva, afectó sobre todo a los pequeños productores, cuya economía dependía en gran medida del tabaco.

 

La reacción popular no pudo hacerse esperar y es bien conocida. Quizá mencionando el proceder de dos hijos de El Socorro bastará para ofrecer aquí una visión general del levantamiento o rebelión conocida como los Comuneros. En primer lugar, Manuela Beltrán (1724-1781), quien inició el levantamiento cuando rompió las ordenanzas en las que se fijaba el aumento del impuesto de la Armada de Barlovento –un gravamen introducido en el Nuevo Reino de Granada a finales del siglo XVII con el que se financiaba la navegación por el Caribe– que acababan de ser publicadas en alguna de las paredes de un edificio oficial en la plaza central. Este fue el detonante del levantamiento comunero y la causa del todavía desconocido final de su vida. Desde la otra orilla de la sociedad, debido a su modesta fortuna y a su posición de alguna forma privilegiada en la sociedad -que le había permitido participar en el Cabildo-, Juan Francisco Berbeo (1729-1795) fue quien se convirtió en el líder del levantamiento y dirigió la marcha hasta Santafé. El desenlace no necesita ser mencionado en este espacio.

 

Basilica de Nuestra Señora del Socorro. FOTO JAIME MORENO / EL TIEMPO, 2010. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El fin de la dinámica imperial, una vez consumadas las luchas por la Independencia y la emergencia del estado-nación, transformó de alguna forma el panorama en el que estaba envuelto El Socorro, sin que esto significara la pérdida súbita de su importancia regional. Por el contrario, lo ocurrido en la época del dominio imperial le permitió a la ciudad gozar de cierta preeminencia, que más bien se fue diluyendo con el paso del tiempo, y que le permitió ser una de las ciudades voceras del proyecto federalista. De esta manera, lo que fue el territorio jurisdiccional de una ciudad pasó a ser la Provincia del Socorro, creada en 1795, y que fungió como un contrapeso al proyecto centralista orquestado desde la capital, Santa Fe, en los primeros años de vida republicana. Como lo ha mostrado Stoller, la imposibilidad de generar cohesión en el proyecto entre las ciudades de la Provincia del Socorro y otras provincias, debido, entre otras, a la búsqueda de privilegios particulares por encima de los colectivos, generó desconfianza entre los partidarios de este proyecto. Así, se empezó a dar el fenómeno de la migración política: los antiguos miembros e impulsadores del federalismo en las provincias se aliaron al proyecto centralista de Antonio Nariño. El consecuente debilitamiento de la facción federalista sería el causante de la debacle para El Socorro. De esta forma, lo que inevitablemente pasaría con el tiempo sería la lenta disolución del sistema que le permitió a El Socorro gozar de importancia dentro del panorama virreinal y nacional. Las luchas de las ciudades y los pueblos por ganar una posición en el plano regional, sumadas al triunfo del proyecto centralista y a la transformación del sistema económico, en el que El Socorro no logró incorporarse, pueden enunciarse brevemente como las causas de la desaceleración y del adormecimiento de la otrora pujante villa. Hoy, en cambio, El Socorro se nos presenta como un pueblo en donde son los sustantivos y adjetivos en diminutivo los que con más precisión relatan su realidad.  

 

Gracias a los acontecimientos del pasado, algunos ya historizados y otros cargados de mitos, es que los socorranos pueden darle sentido a su vida y generar formas de sustento material. Así, no solo es el turismo cultural y ecológico, sino también la agricultura y la ganadería las actividades predominantes. Un centro de aprendizaje de español como lengua extranjera ha atraído en los últimos años nueva población curiosa, esta vez foránea, que busca descubrir la cultura regional y nacional a través de la experiencia de vida de los vecinos, del paisaje y de las calles de El Socorro. Como cierre, y para volver al punto de partida, en el que se destacó la relación entre El Socorro y la música, es importante mencionar el Festival de Música José A. Morales, que invita a los participantes y al público en general a celebrar y a vivir la experiencia cultural y artística que recuerda la vida y obra del célebre maestro socorrano.   

 

Notables de la Capital de la provincia del Socoroo" Carmelo Fernández, 1850. Comisión Corográfica Biblioteca Nacional de Colombia. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía:

1 Jesús Bohórquez Barrera y Gabriel E. Palacio Leal, “La circulación y el consumo en las cuencas de los ríos Sogamoso y Lebrija: comerciantes y consumidores en el siglo XVIII”, Historia Crítica n.º 35 (2008), pp. 176-200.

2 No debe olvidarse que hay que evitar caer en simplismos anacrónicos, como hablar de una “raza” para esa época. La “calidad” se comprendía como un conjunto de atributos que definía el lugar de las personas dentro de la sociedad. En la “calidad” confluían marcadores como el origen étnico, la ascendencia, la lengua, el estatus económico, el lugar de residencia y, en ocasiones, algunos aspectos físicos, como el color de la piel. Es decir, el color no era un rasgo que por sí solo permitía determinar la posición de las personas o su pertenencia a un grupo social. Expresiones como “indio”, “mestizo” o “blanco” deben entenderse dentro de esa compleja lógica de clasificación. Al respecto, véase Joanne Rappaport, The Disappearing Mestizo. Configuring Difference in the Colonial New Kingdom of Granada, Duke University Press, Durham, 2014, pp. 1-28.

3 John L. Phelan, El Pueblo y el Rey: La revolución comunera en Colombia, 1781, Editorial Universidad del Rosario, Bogotá, 2009. Puede verse, por ejemplo, la segunda parte. En particular, el capítulo cuatro, “Patricios y Plebeyos en el Socorro”, pp. 76-100.

4 Richard Stoller, “Ironías del Federalismo en la Provincia del Socorro, 1810-1870”, Fronteras de La Historia n.º 2 (1998), pp. 11-32.