Fuente de La Rebeca y al fondo el templete con la estatua de Bolívar en el Parque Centenario en Bogotá.
Abril de 2018
Por:
Luis Fernando González Escobar. Profesor asociado de la Escuela del Hábitat de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia sede Medellín. Arquitecto constructor, con maestría en Estudios Urbano Region

El PARQUE EN LA CIUDAD COLOMBIANA En la transicion del siglo xix al siglo xx

Otro tanto se hizo por estos años en la ciudad de Cúcuta, en el oriente del país, en donde la Plaza Mayor de San José de Guasimales, que desde 1886 se había ido arborizando para dar sombrío y protegerse del inclemente sol, y en 1892 se transformó en el Parque Santander para celebrar el centenario del nacimiento del prócer Francisco de Paula Santander. Incluyó su escultura –del alemán Carl Börner–, los faroles de hierro fundido, la verja de hierro importada –se supone desde Alemania–, y sus ocho puertas de acceso.Otro tanto se hizo por estos años en la ciudad de Cúcuta, en el oriente del país, en donde la Plaza Mayor de San José de Guasimales, que desde 1886 se había ido arborizando para dar sombrío y protegerse del inclemente sol, y en 1892 se transformó en el Parque Santander para celebrar el centenario del nacimiento del prócer Francisco de Paula Santander. Incluyó su escultura –del alemán Carl Börner–, los faroles de hierro fundido, la verja de hierro importada –se supone desde Alemania–, y sus ocho puertas de acceso.El paisaje urbano de las villas y ciudades decimonónicas de la Nueva Granada no cambió en lo fundamental después de su proceso independentista. Su forma urbana y su arquitectura mantuvieron esa combinación entre la pretensión de regularidad de la traza y la estrechez y sinuosidad de las calles, con la austeridad generalizada y el barroquismo excepcional de algunas de las edificaciones. Todo ello desplegado a partir de la centralidad de la plaza mayor, de la cual se derivaba un sistema jerarquizado de calles, plazas, plazuelas y plazuelitas.

La plaza principal o mayor era el centro de todo y a su alrededor se localizaban los poderes político, religioso, económico o social. Así fue en tiempos coloniales y siguió siendo en las primeras décadas de la nueva república. Pero aun con esta importancia no dejaba de ser un espacio de tierra yerma, donde, si acaso, se había implantado una pila que era su mayor adorno en casi todas las poblaciones. Estos elementos eran en piedra o en hierro, y se ubicaban en las plazas de mayor importancia de ciudades que habían obtenido los recursos para importarlas de Europa. Era el espacio vacío que se ocupaba en los días de mercado semanal, en los rituales procesionales y festividades religiosas, en las fiestas populares, en las ejecuciones públicas, en las fiestas nacionales, en los actos de manumisión de los esclavizados, o en la recepción de militares, caudillos y líderes políticos enfrascados en sus batallas por el poder que se asentaba allí, tanto a escala nacional para el caso de Bogotá, como en la regional, en cada una de las capitales provinciales. Un espacio sin pretensiones urbanísticas formales pero donde se realizaban múltiples expresiones, entre eventuales y tumultuosas, aunque la mayor parte del tiempo eran el escenario de la modorra y la rutina urbana.

 

IZQUIERDA :Fotografía de Racines, grabado por Greñas, “Torre de la Tercera y Parque de Santander”, 1 de enero de 1884, Papel Periódico Ilustrado. Derecha:Grabado por Greñas, “Estatua de Santander”, 1 de diciembre de 1884. Papel Periódico Ilustrado.
 Izquierda: Fotografía de Racines, grabado por Greñas, “Torre de la Tercera y Parque de Santander”, 1 de enero de
1884, Papel Periódico Ilustrado. Derecha:Grabado por Greñas,“Estatua de Santander”,1 de diciembre de1884. Papel Periódico Ilustrado.

 

Tal vez no exista en la historia urbana, en la transición entre el último cuarto del siglo XIX y el primero del siglo XX, un hecho más singular en términos urbanísticos que la irrupción del parque. No solo por el término mismo, sino por lo que implicó en cuanto a la transformación del paisaje urbano y a las ideas que su materialización estaban reflejando al recoger en este proyecto ideas de civilización, higiene y ornato, a la vez que derivó en otro tipo de imaginarios, sociabilidades, rituales y estéticas en el espacio urbano.

El concepto parque tiene dos versiones: la primera, cuando el parque se configura dentro de la plaza; y la segunda, la de los parques construidos exprofeso. El primer caso, el parque en la plaza, tiene dos variaciones: en la primera, se trataba de rodear la estatua, previamente implantada en la plaza, con un jardín público, y como segunda variación, se delineaba el jardín público en el que posteriormente se ubicaría la escultura con su correspondiente iconografía. Estos dos casos de incorporación de parques dentro de la plaza ocurrieron en tres casos casi simultáneos en la ciudad de Bogotá con la Plaza Santander, la Plaza de Bolívar y la Plaza de San Diego (antigua Plaza de Marte); así, la Santander, donde la escultura se entronizó en 1877, derivó en parque con el jardín, la arborización y la delimitación con la verja en hierro fundido que ya estaba listo en 1881; mientras que, como decía el Secretario de Fomento de los Estados Unidos de Colombia en enero de 1882, en la “de Bolívar se ha dado principio a la construcción de un jardín alrededor de la estatua, para la cual se ha pedido al extranjero la respectiva verja”[1]. El de la Plaza de San Diego se definió llamarlo inicialmente de Bolívar, pero por la confusión que originaba con la plaza principal derivó en Parque del Centenario, en tanto conmemoraba el natalicio del Libertador. Allí se planteó el jardín en medio del cual se debía implantar la escultura, en un templete que debía diseñar y construir el arquitecto Pietro Cantini.

 

Planta del Parque Centenario de Bogotá, entre las calles 25 y 26 y entre 7 y 13. s/f. Archivo General de la Nación. M.1, Ref. 149.
 Izquierda :Planta del Parque Centenario de Bogotá, entre las calles 25 y 26 y entre 7 y 13. s/f.Archivo General de la Nación. M.1, Ref. 149. Derecha:Vista aérea del Parque Centenario y del Parque de la Independenciade Bogotá.Instituto GeográficoAgustín Codazzi, Ref.b-38-0723.

 

En uno u otro sentido, ya eran claros el proceso y los elementos que contenía y lo definían. Un jardín formal, esto es el “parterre”, que se definía con arrietes de piedra o ladrillo, es decir, eras en formas geométricas –triángulos, óvalos o círculos– que algunos llamaron a la “francesa” o a la “inglesa” de acuerdo con el rigor formalista, en ambos casos sus caminos convergían al punto nodal donde se erigía la estatua sobre su pedestal. Una arborización profusa que se repartía entre especies nativas e importadas, estas últimas fueron entendidas como elementos de distinción por su porte y características, razón por la cual fueron muy demandas. Un amoblamiento que incluía bancas, faroles de hierro fundido, columnas historicistas, fuentes, un templete o quiosco de la música, entre otras amenidades. Y en el perímetro, una verja de hierro fundido, generalmente traído de Europa, que delimitaba el jardín urbano y daba acceso por sus respectivas portadas, en número de cuatro a ocho, con la monumentalidad requerida para marcar el acceso y el prestigio del mismo. Este fue un modelo que, con sus variaciones, se siguió en un buen número de ciudades colombianas, pequeñas o grandes, con mayor o menor desarrollo urbano, pero que, igual, querían seguir el ejemplo civilizador y de ornato de la capital de la república. 

Medellín, que se consolidaba como la segunda ciudad en población e importancia del país, también transformó sus plazas. En la de Villanueva, en la zona de expansión al norte y definida desde la década de 1840, los estudiantes de la Escuela Nacional de Minas delinearon el parque de Bolívar, mientras que la arborización estuvo a cargo de Daniel Botero Echeverri y la jardinería por Antonio Sáenz, un trabajo adelantado entre 1888 y 1892; pero la escultura ecuestre de Simón Bolívar debió esperar hasta el 7 de agosto de 1923 para ocupar su lugar en el centro de su parque. Entre tanto la Plaza Mayor se transformó en Parque de Berrío entre 1893 y 1895, con diseños de Antonio J. Duque, con el homenaje a Pedro Justo Berrío, líder regional no independentista involucrado en la trasformación y modernización de Antioquia en tiempos del Estado Soberano de Antioquia. Esta transformación implicó el desalojo del mercado semanal y su traslado a una plaza de mercado, pues se consideraba poco apropiado, sucio, de mal gusto, a la vez que perturbador de las actividades religiosas de la iglesia La Candelaria. No era de buen recibo por parte de las elites que vivanderas y chicherías fueran la nota predominante en el principal espacio urbano, en momentos que la ciudad ganaba reconocimiento e importancia en el escenario nacional. También en Medellín, como en otras ciudades colombianas, invocando la civilización, la higiene y el ornato, se desplazó el mercado de la plaza y se construyó un jardín urbano.

 

Fotografía Parque de Bolívar, Melitón Rodríguez, Ca. 1900. Archivo Fotográfico Biblioteca Pública Piloto. Plaza de La Constitución. Pasto, 1909.Archivo fotográfico Carlos Benavides Díaz.

 

 Otro tanto se hizo por estos años en la ciudad de Cúcuta, en el oriente del país, en donde la Plaza Mayor de San José de Guasimales, que desde 1886 se había ido arborizando para dar sombrío y protegerse del inclemente sol, y en 1892 se transformó en el Parque Santander para celebrar el centenario del nacimiento del prócer Francisco de Paula Santander. Incluyó su escultura –del alemán Carl Börner–, los faroles de hierro fundido, la verja de hierro importada –se supone desde Alemania–, y sus ocho puertas de acceso.

En Cali, antes de ser entronizado el héroe independentista José María Cayzedo y Cuero en 1913, la Plaza Centenario pasó a ser parque en 1898, en él se incluyó un quiosco de música y la respectiva verja metálica que lo encerraba. Esto, como en las otras ciudades implicó el traslado en 1897 del mercado público; el sacrificio de ganado se llevó al matadero y la carnicería a la plaza de mercado: “por razones higiénicas y de salud pública, fueron trasladados, y se ofrecieron de manera permanente allí, actividades que hasta entonces se hacían en la plaza pública y en días seleccionados de la semana”

El parque de Bucaramanga, en homenaje a Custodio García Rovira, se ordenó desde 1900 pero fue inaugurado el 2 de enero de 1907, y la estatua del prócer se entronizó en 1910. El mercado que ocurría allí se trasladó hacia una casa de mercado en la Laguna de San Mateo, que fue inaugurada en 1895 luego de una oposición férrea a quienes eran vendedores asiduos en la antigua plaza.

Con la fiebre centenarista de 1910, esta vez no referida a los natalicios de los próceres sino a la independencia del país, fueron varias las ciudades y poblaciones que hicieron el tránsito de plaza a parque, fue el caso de Pasto donde el Parque del Centenario o Plaza de Nariño se configuró, para las celebraciones de ese año, sobre la antigua plaza llamada de la Constitución. Fue inaugurado el 20 de julio, aunque sin la estatua de Antonio Nariño, en cuyo reemplazo se puso un retrato del prócer hasta que esta fue instalada al año siguiente; la obra escultórica fue del francés Enrique León Greber, como también fue producción francesa la reja perimetral de 320 metros.

También la plaza fundacional de Manizales, delineada en la década de 1840, se definió como parque a partir del concurso convocado en 1910 para su remodelación, el cual fue ganado por Bernardo Arango. Un parque de planta circular, cuyo quiosco de la música fue agregado en 1913, la reja en 1914 y la primera piedra del monumento a Bolívar en 1919.

El parque José María Cabal de Buga, otro prócer regional reivindicado, también pertenece al grupo centenarista, aunque se terminó en 1916 y la escultura realizada por el italiano Fernando Rubini se dispuso en 1926.

Un ejemplo singular en tanto muestra los alcances de la idea del jardín y la arborización urbana es del Parque de la Independencia en Quibdó, inaugurado también en 1910, y conocido después como Parque del Centenario. Pequeño, muy en proporción con la estructura urbana, dio lugar al árbol urbano, plantado y ordenado en un jardín, en contraste con la inmensa selva circundante; allí, circuido por las rejas, el quiosco para la retreta y el templete para la escultura al héroe local César Conto, con diseños del catalán Luis Llach, aunque su construcción y vaciado hechos allí mismo no fueron en bronce sino en concreto.

Izquierda : Fotografía Parque de Bolívar, Melitón Rodríguez, Ca. 1900. Archivo Fotográfico Biblioteca Pública Piloto. Derecha :Plaza de La Consti­tución. Pasto, 1909. Archivo fotográfico Carlos Benavides Díaz.

 

 

Son muchos más los ejemplos que adoptaron el modelo de parque que, si bien pensados en principio en términos de la iconografía y simbología independentista y de la heroicidad regional y local, fueron derivando en espacios de recreo y juego para los niños, contemplación, encuentro y sociabilidad. Ese fue el escenario donde la música mediante las retretas se renovó con la introducción de nuevos ritmos y melodías. Otro tanto ocurrió con la moda masculina, y especialmente la femenina, pues fue escenario privilegiado para la exhibición que implicó una renovación constante del vestuario para ser exhibido en este nuevo escenario. Así nuevos ritos urbanos, que iban desde la gestualidad corporal hasta el amor galante, se fueron incorporando en la vida cotidiana teniendo como escenario estos espacios, los cuales variaron el uso multifuncional de la plaza por este, de aires burgueses.

Por fuera de la malla urbana tradicional heredada surgió el parque exento; es el caso del Parque del Centenario de Cartagena inaugurado el 11 de noviembre de 1911, con diseños de Pedro Malabet y construido por Luis Felipe Jaspe, quien también diseñó el obelisco y algunas esculturas. Pero este caso, aun con su formalidad, no tiene las mismas implicaciones de reemplazo o sustitución de funciones, actividades y gestos. Como tampoco corresponde el Parque Centenario de Bogotá, inaugurado en 1910, que pese a su nombre, no está definido como un jardín formal urbano sino como un bosque o la naturaleza doméstica del jardín inglés, pintoresco y de apariencia natural, sin estar enmarcado por la fachada urbana en sus cuatro costados, como ocurre en el parque intraurbano, en una correspondencia de gestos y estéticas que también lo singulariza.

 

Bibliografia

1 Luis Fernando González Escobar. Profesor asociado de la Escuela del Hábitat de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia sede Medellín. Arquitecto constructor, con maestría en Estudios  Urbano Regionales y doctorado en Historia en la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional de Colombia.
2 Mejía Pavony, Germán Rodrigo. Los años del cambio. Historia urbana de Bogotá 1820-1910. Santa Fe de Bogotá, Centro Editorial Javeriano, 1998, p. 195.
3 Memoria que el Secretario de Fomento dirije al Presidente de los Estados Unidos de Colombia. Bogotá, A. Alcázar editor, 1882, p. 73.
4 Botero Restrepo, Carlos Enrique. “El espacio público en la configuración urbana de Cali en el siglo XX”. En Historia de Cali siglo XX, tomo I, Espacio Público. Cali, Universidad del Valle, 2012, p. 253.