13 de noviembre del 2019
 
Septiembre de 2019
Por:
Jaili Ivinai Buelvas Díaz* Antropólogo, Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. Magíster en Historia, Universidade Federal do Ceará (Fortaleza-CE, Brasil).

EL CARMEN DE BOLIVAR

El Sitio de Nuestra Señora del Carmen y los Montes de María

En el centro de los Montes de María, El Carmen de Bolívar se destaca entre las 43 poblaciones fundadas por el general Antonio de la Torre Miranda, entre 1774 y 1777, en el ocaso de la ocupación española del territorio de la Nueva Granada. Sin embargo, la historia de esta población no comienza con las 694 almas, agrupadas en 90 familias, que se asentaron en el sitio que Antonio de la Torre llamó Nuestra Señora del Carmen.

Como muestra la presencia de varias familias en este territorio, este no era un espacio vacío a la espera de un colono que iniciara su poblamiento. Las personas de las que se valió el general para la fundación de diversos pueblos no vivían en poblaciones concentradas, como exigía la legislación colonial, y mantenían un comercio y un estilo de vida independientes de la autoridad gubernamental. Aunque legalmente esta región hacía parte de la provincia de Cartagena, por diversos factores, como la ausencia de oro, la insumisión de los indígenas de la zona y la geografía agreste, el gobierno colonial ejercía un control nulo o escaso sobre esos territorios.

Así, la vida interna de la región se consolidó al margen de la vecina Cartagena. Paulatinamente, a los reductos indígenas fueron sumándose numerosos palenques conformados por negros que huían de la esclavitud en Cartagena, para refugiarse en las montañas espesas. Con la destrucción de la mayoría de los palenques por la autoridad colonial, la región se reconfiguró a partir de familias distribuidas en un amplio territorio. También blancos, desertores de tropa y polizones, que, alejados de los tributos y obligaciones con la corona, se internaron en los Montes y establecieron pequeñas poblaciones. Las centenas de familias que Antonio de la Torre Miranda organizó en poblados corresponden a los herederos de cientos de años de resistencia al control de Cartagena.

La expedición y la colonización dirigidas por Antonio de la Torre Miranda pusieron al gobierno en contacto con los territorios de la costa interna que le eran desconocidos, permitieron el establecimiento de nuevos asentamientos, así como la expansión de rutas comerciales. De este proceso resultó el fortalecimiento de haciendas dedicadas principalmente a la explotación agrícola y luego a la ganadería, que aprovecharon la mano de obra local y, marginalmente, el trabajo de esclavos negros. En el centro de esta nueva red de comercio, la población de Nuestra Señora del Carmen era un lugar de convergencia entre las distintas redes de caminos que ligaban las partes bajas y altas de los montes con las sabanas del interior de la costa. En ese contexto, se convirtió en un gran proveedor de alimentos para la provincia de Cartagena, cuya población, en aumento durante los siglos XVIII y XIX, contribuyó a abastecer.

Portada del documento de1794, de Antonio de la Torre Miranda, Noticia individual, de las poblaciones nuevamente fundadas en la provincia de
Cartagena

La Batalla de Mancomoján y la capital de los Montes de María

Tres décadas después de su fundación oficial, la población, para entonces referida simplemente como Carmen o El Carmen, participó de manera activa en las guerras de independencia con el apoyo brindado a las tropas del coronel Manuel Cortés y Campomanes, en la Campaña del Magdalena, que derrotó a las fuerzas realistas, lo cual permitió garantizar las provisiones del Estado Libre de Cartagena.

Luego de las insurrecciones contrarias al impulso independentista protagonizadas por los indios de las sabanas de Corozal y Tolú en 1812, quienes, influenciados por los curas de sus poblados, decidieron bloquear el comercio por el rio Magdalena con ayuda de los realistas de Santa Marta, El Carmen, a diferencia de la mayoría de asentamientos de la sabana, se mantuvo fiel a Cartagena. Esto se debió a que las filas patrióticas del Caribe colombiano fueron alimentadas por sectores sociales dedicados a actividades mercantiles, como los que había en Mompox y Cartagena. Así, El Carmen, a diferencia de sus vecinos de las sabanas, por su condición de punto comercial, sirvió como bastión de la causa independentista.

En 1812, Cortés y Campomanes partió de Cartagena con 600 hombres y, en El Carmen, reclutó a otros 600, algunos de ellos de poblados aledaños que se unieron en este por su localización estratégica, que conecta las sabanas, la alta y la baja montaña y el río Magdalena con Cartagena. El 12 de noviembre, en las inmediaciones de esta población se libró la Batalla de Mancomoján, en la que el recién conformado ejército derrotó la sublevación realista de las sabanas y permitió el avance de los patriotas desde Cartagena al centro del país por el rio Magdalena. Este suceso le valió a El Carmen el título de “Villa Meritoria” y lo transformó oficialmente en la “Capital del Departamento de la Montaña de María”, a la vez que le fue otorgado su escudo de armas, lo cual reafirmó su consolidación como centro político y administrativo de la región.

Jóvenes gaiteros en formación en la Escuela de Música Lucho Bermúdez.

De centro de los Montes de María a centro productivo nacional

En el principio del siglo XIX, la hacienda caribeña se destinaba principalmente a abastecer el mercado interno, específicamente las necesidades de Cartagena, que era el mayor centro urbano de la región. Sin embargo, esta situación fue cambiando gradualmente, a través de los procesos que las élites políticas nacionales emprendieron para vincular la economía colombiana con el mercado mundial.

Entre estas políticas se destaca la abolición del estanco al tabaco (es decir, anteriormente había estado prohibida su libre producción y comercialización), que se transformó en el principal producto de exportación del país. La producción de tabaco motivó la modernización de los medios de transporte con la incursión del comercio fluvial a vapor. Así, El Carmen de Bolívar no se limitó a ser el corredor de mercancías provenientes del centro del país por el río Magdalena hacia los puertos en el mar Caribe, sino que se transformó rápidamente en un gran centro productor de tabaco. Ya para 1890 se había convertido en el principal exportador de tabaco del país y, como consecuencia de ello, la población se llenó de tabacaleras y comercializadoras extranjeras que abastecían el mercado europeo y se expandió demográfica y geográficamente.

Las luchas campesinas y el conflicto armado

A pesar de que la lógica de la producción había comenzado a interactuar con el mercado internacional, la modernización no alteró la lógica terrateniente de la región, en la que los campesinos labraban la tierra como arrendatarios en las fincas ganaderas de los grandes propietarios. La lógica del arrendamiento y las obligaciones económicas que contraían con las empresas de tabaco no permitían a los campesinos participar de los lucros de este mercado. Así, en toda la región comenzaron a organizarse sindicatos de tabacaleros, que, a partir de la década de 1940, buscaban la redistribución de la tierra.

Con la creación de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos –ANUC– en 1970, los miembros de los sindicatos y los campesinos afectados por la lógica de la tierra en la región se agruparon en esta nueva organización nacional, para exigir una reforma agraria. El Carmen estuvo en el epicentro de la resistencia y las luchas campesinas en el Caribe.

La tenue respuesta gubernamental a las exigencias campesinas alimentó las tomas de tierras por parte de los campesinos, que recibieron una fuerte represión estatal, y fueron atendidas con la conformación de ejércitos privados de defensa de los terratenientes. A partir de entonces, los agudos conflictos entre campesinos, empresarios y terratenientes desembocaron en la proliferación de guerrillas, grupos paramilitares y una escalada de violencia que deja hasta hoy una mancha de sangre en El Carmen de Bolívar. Su historia como mayor centro tabacalero del país fue opacada por su historia como espacio geográfico de masacres como las de El Salado, Macayepos, San Isidro y Caracolí, todos corregimientos de este municipio. Hoy, El Carmen de Bolívar lucha por sobreponerse de un largo conflicto que, aunque haya disminuido sus expresiones de violencia, no ha sido resuelto.

Mujeres cultivadoras de tabaco en El Salado.

Gaitas y tambores

La música de gaitas y tambores, característica de la región de los Montes de María, puede parecer apenas una expresión folclórica. Aún así, esa música nos cuenta la historia de esa región y sus principales conflictos. Al tratarse de una música campesina y mestiza, que usa tanto instrumentos y técnicas musicales indígenas y afrodescendientes como estilos de canto de origen ibérico, relata la historia de poblamiento de la región y la convivencia de quienes se refugiaron en ella.

Los gaiteros mayores relatan que la música de gaitas hasta finales del siglo pasado era interpretada en ceremonias llamadas “velaciones”, en las que se pedía a los santos por los cultivos y la prosperidad del tabaco, para que los campesinos pudieran responder a las exigencias de las empresas y los terratenientes. Estas velaciones se hacían en diferentes lugares y recorrían el territorio, lo que permitía a los campesinos identificar los distintos espacios rurales de la región de los Montes de María. Así, las velaciones expresaban el conflicto y la insatisfacción de los campesinos con su situación. Las ceremonias también permitieron que los campesinos tuvieran conocimiento de un espacio amplio del territorio. Durante las luchas por la tierra de la década de 1970, estos conocimientos fueron útiles para la identificación de las fincas que podían ser tomadas.

En la década de 1980, junto con la represión del movimiento campesino y la emergencia de distintos actores armados, surgieron los Festivales de Gaitas, principalmente en San Jacinto y Ovejas, dado que los pobladores intuían que la práctica se estaba perdiendo y que era necesario institucionalizarla para asegurar su preservación. Esta preocupación se alimentaba del declive del cultivo del tabaco y de las restricciones en la circulación en el territorio impuestas a los campesinos gaiteros por los terratenientes y los grupos armados. Actualmente, las nuevas generaciones de gaiteros luchan por reestablecer la paz y la reconciliación a partir de la música.

Referencia Bibliográfica

 

  1. Antonio de la Torre Miranda, Noticia individual, de las poblaciones nuevamente fundadas en la provincia de Cartagena, la mas principal del nuevo Reyno de Granada, de las Montañas que se descubrieron, Caminos que se han abierto de los Canales, Cienagas y Rios, con expresion de las ventajas que han resultado á la propagacion del Evangelio, al Comercio y al Estado, D. Luis de Luque y Leyva, Santa María (España), 1794, p. 33.
  2. Orlando Fals Borda, Capitalismo, hacienda y poblamiento, su desarrollo en la Costa Atlántica, Punta de Lanza, Bogotá, 1976.
  3. Jorge Orlando Melo, “La evolución económica de Colombia, 1830-1900”, en Manual de historia de Colombia, vol. 2, 1850-1930, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1979, y José Antonio Ocampo, Colombia y la economía mundial 1830-1910, Universidad de los Andes, Bogotá, 2013.
  4. Wilson Blanco Romero, Historia de El Carmen de Bolívar y su tabaco en los Montes de María. Siglos XVIII-XX, Editorial Universidad de Cartagena, Cartagena de Indias, 2010.
  5. Esta sección fue elaborada a partir de Jaili Ivinai Buelvas Díaz, “A garganta da terra: música, memória e conflito agrário nos Montes de María, Colômbia (1960-2000)”, tesis de Maestría en Historia, Universidade Federal do Ceará, Fortaleza-CE, Brasil, 2019.