Izquierda: Bocas de Ceniza en Barranquilla. Tajamar en la desembocadura del río Magdalena. Derecha: Durante siglo y medio los vapores por el río Magdalena fueron el principal vehículo para el comercio internacional de Colombia. El David Arango sube por el río. Fotos y grabados en cobre de Robert M. Gerstmann.
Octubre de 2016
Por:
Benjamín Ardila Duarte

EL ÁREA ECONÓMICA EN LAS RELACIONES INTERNACIONALES

Entre 1829 y el fin de la segunda guerra mundial, Colombia firmó múltiples Tratados y Convenios Comerciales que nos situaban como exportador agresivo en la Sociedad de las Naciones. El Departamento de Asuntos Económicos y Comerciales del Ministerio de Relaciones Exteriores, editó en 1946 el listado y las minutas de los Tratados y Convenios Comerciales de Colombia.

Sobre la integración de Colombia al Mercado Internacional, en su testamento político dictado en la Universidad Nacional, el presidente Alfonso López Pumarejo expresó:

“En Honda, un emporio comercial con una tradición secular, y en donde hasta entonces se había dado cita la modesta actividad económica de la República en su tráfico de exportación y de importación, se abrieron nuestros ojos asombrados a la inmensa realidad de Nuestra Patria mulata, mestiza y tropical, contemplada desde aquel observatorio, en la confluencia del Magdalena y del Gualí, a donde venían a surtirse de toda clase de artículos los comerciantes de los cuatro confines del país. A la orilla del Gran Río veíamos llegar las mulas cargadas de café y regresar trayendo sobre su lomo dócil los más heterogéneos productos manufacturados que desde Londres, Hamburgo, Ámsterdam o New York despachaban, dirigidos a la aduana de Sabanillas, los corresponsales de los grandes distribuidores, como los Samper, los Vargas, Schutte, Gieseken & Cía., la Casa Inglesa, etc. Desde las burdas telas de algodón hasta los perfumes franceses y los enormes pianos de cola para los salones de la aristocracia santafereña, todo aquel comercio abigarrado pasaba por Honda, recorriendo los mismos caminos de herradura que habían sido trazados desde la época de la Colonia”.

Izquierda: Granja experimental cafetera en Chinchiná. Fotos y grabados en cobre de Robert M. Gerstmann. Derecha: Vista de uno de los puentes de Honda sobre el río Magdalena.

 

 

Café y otras ramas

País minero y agroexportador, sin mucho poder de compra interno por la esclavitud colonial, la servidumbre indígena y los salarios de hambre, nunca hemos encontrado el coeficiente equilibrado de una economía fuerte hacia adentro, por su demanda interna, y fuerte hacia fuera por su agresividad ante los nichos internacionales. “La economía colombiana es pequeña en términos internacionales y poco abierta. Pero sus relaciones con el resto del mundo han sido de la mayor importancia para definir sus rasgos estructurales y su dinámica”. (El Crecimiento Económico Colombiano en el siglo XX. Banco de la República y Fondo de la Cultura Económica. Bogotá 2002).

Luis Eduardo Nieto Arteta, en varias oportunidades, señaló que El Café organizó y vertebró la economía colombiana. Inclusive decía que los presidentes antioqueños habían sido elegidos por tener ese departamento el mayor peso en la economía cafetera de Colombia. Evidentemente: en sacos de 60 kilos, nuestra exportación se dispara, en la balanza de comercio exterior de Colombia, de 2.592 sacos en 1835 a 11.168.920 sacos en 1979. Nuestro presupuesto de divisas, como monoexportadores, dependió del café hasta cuando aparecieron el petróleo, las flores, el carbón, el banano, otras exportaciones menores y la economía subterránea en las Finanzas externas de la República.
 

Matas de café en el Quindío. Fotos y grabados en cobre de Robert M. Gerstmann.

 

El porcentaje del café colombiano, en la demanda universal, pasó del 2% al 15% en la economía mundial, entre 1905 y 1933. Hubiera sido mucho más alta si el anticomunismo ridículo de la Guerra Fría nos hubiera permitido conquistar los nichos comerciales de los países socialistas que, entre 1945 y la caída del muro de Berlín, se abastecieron de los cafés africanos y hoy reciben el café del Vietnam que nos ha desplazado del segundo rango en la economía mundial cafetera.

Fue común en el medio siglo de la Guerra Fría vetar las relaciones comerciales, culturales y políticas con los países socialistas. En La Nueva Prensa, dirigida por Alberto Zalamea, atacamos, en la década de los sesentas, esa muralla china anticomunista que, con el absurdo pretexto de la contaminación ideológica pusieron los gobernantes y los periódicos hace cuarenta años.

Colombia en las Instituciones Internacionales

La incomunicación interna de América Latina dificulta la integración física de sus países y la construcción del Bloque Latinoamericano, que fue la ilusión del Libertador y su proyecto político más importante con base en el Congreso de Panamá de 1826.

Izquierda: Recolector de banano en la zona bananera de Santa Marta. Fotos y grabados en cobre de Robert M. Gerstmann. Derecha: Raúl Prebish. Archivo El Tiempo.

 

 

La lucha de los bloques invitaba a América Latina a realizar una política conjunta desde el momento de la independencia. Ello no fue posible en el siglo XIX pero, a partir de la Primera Reunión de la UNCTAD en Ginebra en 1964, Carlos Lleras Restrepo y Raúl Prebish con su ensayo magistral – Hacia una dinámica del Desarrollo Latinoamericano – iniciaron la batalla contra la injusticia en los términos del intercambio comercial de los países latinoamericanos frente a las Sociedades Industriales de que habló Raymond Aron.

Las criticadas políticas del Fondo Monetario Internacional han tenido de parte de Colombia una mansa aceptación, desde 1944 en que nos vinculamos a los Acuerdos de Bretton Woods. La lamentable participación de los Ministros de Hacienda Latinoamericanos y sus equipos de trabajo a los organismos financieros dominados por los norteamericanos, han impedido la formación de un pensamiento autónomo y de una actitud patriótica entre los tecnócratas que manejan esas políticas.

Hacia el Bloque Latinoamericano 

La idea Bolivariana, emitida en los documentos de 1826 para el Congreso de Panamá, revive en los textos de los últimos cuarenta años y, de manera particular en la reunión de Punta del Este del 14 de abril de 1967. La formulación de Carlos Lleras Restrepo al respecto se advierte en la redacción del Programa de Acción en busca de un Mercado Común.

El convenio constitutivo de la Corporación Andina de Fomento --7 de febrero de 1968-- firmada en Bogotá, nos lleva de la mano al financiamiento de los proyectos de la región. Más tarde el Acuerdo de Cartagena de 1969 – signado por los gobiernos de Bolivia, Colombia, Chile, El Ecuador y El Perú- da vida a la integración regional, inspirada en la conocida Declaración de Bogotá. Más tarde la decisión 147 – codificación del acuerdo de Cartagena implementa el arancel externo mínimo común y otras medidas, como la política industrial y comercial que desarrollan los postulados iniciales. 
 

La Integración Latinoamericana 

Se desarrolló, en sus enunciados jurídicos en las declaraciones y postulados de los grupos que han pregonado la aproximación entre países de la región:

a) El Grupo de Río, compuesto por la Argentina, El Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Méjico, Perú, Uruguay y Venezuela;
b) Grupo Andino con la participación de Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela; y,
c) Grupo de los Tres, con la vocación integradora de Colombia, Méjico y Venezuela.
 

Izquierda: Pozo petrolífero en Tibú. Fotos y grabados en cobre de Robert M. Gerstmann. Derecha: Juan Manuel Santos. Archivo El Tiempo.

 

Más tarde se deberá analizar si el Bloque Latinoamericano es posible, ya que su necesidad salta a la vista para que el subcontinente tenga una adecuada representación en la comunidad internacional y en la economía contemporánea.

Izquierda: Recolector de café en el Quindío. Fotos y grabados en cobre de Robert M. Gerstmann. Derecha: Tanques de gasolina en Barrancabermeja. Fotos y grabados en cobre de Robert M. Gerstmann.

 

 

Venezuela: Vecindario y Economía Complementaria

Se sabe, por la historia, que La Gran Colombia estuvo compuesta de nuestro país y Venezuela a partir de la reunión de Angostura. Ecuador y Panamá adhirieron después. Rota la unidad, el arbitraje de la reina de España y el Tratado de 1941 nos aproximan nuevamente. Eran los días en que el café colombiano se cultivaba, preferencialmente, en Santander y salía por Venezuela y el Golfo de Maracaibo. Las fronteras eran vivas como lo son entre los Llanos de ambos países y hay navegación intensa por nuestros ríos comunes, el Orinoco, el Arauca y el Meta.

Las Comisiones Binacionales han estudiado el tema de los residentes colombianos en Venezuela, de los indocumentados, de la agricultura y de la industria de confecciones y de calzado de Colombia con amplio mercado en Venezuela. Nada sería tan útil como un Gran Tratado Integrador que abarcara todos los temas y que consolidara estas dos economías y removiera los obstáculos del presente.
 

Relaciones Comerciales con los Estados Unidos

Consolidada nuestra independencia, en 1824 se firma el Tratado Gual-Anderson y nuestra economía empieza a virar, imperceptiblemente, hacia los Estados Unidos. Años después el Tratado Mallarino-Bidlack de 1846, con el pretexto de nuestro temor a Inglaterra, nos hace caer en brazos de los Estados Unidos. Más adelante el tema del Canal de Panamá, base de la integración de gran parte de la economía mundial y de la relación entre el este y el oeste americanos, ocupan nuestra política frente a la Estrella Polar, como llamaba don Marco Fidel Suárez al Imperio.

Izquierda: José Antonio Ocampo. Archivo El Tiempo. Derecha: Ingenio azucarero de Palmira. Fotos y grabados en cobre de Robert M. Gerstmann.

 

Entre 1903 y 1921 tenemos tres Tratados con los Estados Unidos. Dos de ellos son imperfectos: El Tratado Herrán-Hay cuya negativa nos costó la pérdida de Panamá; el Tratado Cortés-Root cuya sola discusión tumbó a la dictadura del General Reyes; y el Tratado Urrutia-Thompsom, suscrito en 1914 y aprobado en 1921, pero causa eficiente de la caída del Presidente Marco Fidel Suárez. En aquellas horas la política petrolera y bananera constituyen los términos de nuestra relación con los Estados Unidos.

El Convenio Comercial entre Colombia y Los Estados Unidos de América, firmado en Washington a trece de septiembre de 1935, atacado por el parlamentario Diego Luis Córdoba, fue denunciado por la administración Ospina Pérez y abolido en sus cláusulas durante su administración. En sus memorias autobiográficas, tardíamente, el doctor Carlos Lleras Restrepo critica ese Tratado por su actitud servil frente a la economía dominante.

La Diplomacia del Café

La injusticia en los términos de intercambio comercial entre las sociedades industriales y las naciones débiles es notoria en la economía cafetera. En el foro económico mundial de Río de Janeiro, el ex ministro de hacienda Juan Manuel Santos dijo: “Los cafeteros de mi país, solo reciben menos de un centavo de cada tasa de café que en New York se vende a tres dólares”. Y en el periódico de la Universidad Nacional número 45- abril 20 de 2003- se dice que una tasa de café en New York o París alcanza el precio de U.S.$3.60. Y denuncia que por esa misma tasa de café, un caficultor de la región Andina sudamericana o del sudeste asiático recibe solo 24 centavos de dólar, el 7 %, que ni cubre el costo de producción ni las necesidades básicas de los recolectores.

La razón de esta injusticia es el reparto de la utilidad de la industria mundial del café. En Colombia el dominio de la Federación Nacional de Cafeteros, según el trabajo de Marco Palacio intitulado El Café en Colombia 1850-1970 ha estado en manos de los exportadores, el Estado influenciado por la Federación y la legislación sobre sus intereses dominada por ella. El mismo esquema jurídico, muy original por cierto, dejó la diplomacia económica colombiana en manos del grupo rector de la Federación durante casi un siglo.

Lo anterior podía aparecer como un tema secundario sino se hubiese dejado mas del setenta por ciento de la utilidad del precio final en manos de los más grandes tostadores del mundo: Nestlé, Kraft, Foods, Procter & Gamble, Sara Lee y Neuman, aliados con exportadores colombianos. Para remediar esta falta de nacionalismo económico se han establecido, recientemente, las tiendas Juan Valdéz que cubren un reducido porcentaje del café ya preparado.

Ha sufrido la industria del café varias crisis de superproducción. Para ello se han firmado acuerdos internacionales, para regular la oferta y organizarla en sus momentos críticos. Poco a poco se hizo conciencia sobre el manejo concertado entre países productores y consumidores. El Pacto de Cuotas de 1940, con la actividad de nuestro embajador en los Estados Unidos Gabriel Turbay y del ministro de Hacienda Carlos Lleras Restrepo nos permitió soportar las dificultades de la guerra mundial.

Posteriormente se han firmado varios convenios como el llamado Pacto de Caballeros de 1953 entre el Instituto Brasilero del café, la Federación Cafetalera de Centro América, Méjico y el Caribe y nuestra Federación Nacional de Cafeteros. El Convenio Internacional del Café de 1976, en plena bonanza cafetera, se firma en la Administración López Michelsen.

Lamentablemente la ruptura del Pacto de Cuotas y el Libre Comercio han impedido mantener los cupos y los precios, con mengua de nuestra economía de exportación.
 

El Petróleo

La Administración Reyes, en 1905 otorgó a don Roberto de Mares y al coronel Virgilio Barco la Concesión Petrolera que después transfirieron a quienes se han llamado el Imperio del Petróleo por parte de Harvey O’connor, quien se ha expresado sobre el tema en los siguientes términos:

“Entre los países exportadores del mundo, Colombia es un caso único: realiza a precios ínfimos su precioso petróleo. Desde que los conquistadores robaron la plata y el oro en Méjico y Perú, nunca ha habido tal pillaje legalizado en tan monumental escala”. Mucha luz dan esas palabras.

Por tratarse de un tema tan especial, solo un trabajo más profundo podría aproximarnos a la dolorosa entrega de los hidrocarburos por parte de los gobiernos colombianos en los últimos noventa años, con algunas excepciones. La Tropical Oil Company intentó quedarse con la concesión de Mares en 1950 pero el patriotismo de Jorge Soto del Corral y Diego Montaña Cuéllar, la acción de los trabajadores del petróleo y el debate de César Ordóñez Quintero permitieron la creación de ECOPETROL, con las instalaciones de la compañía que tuvo la concesión durante medio siglo. Nada pudieron los ministros petroleros de la Administración Ospina, entre ellos Roberto Urdaneta Arbeláez y Francisco de Paula Pérez, contra el nacionalismo del sindicato petrolero y de los parlamentarios santandereanos que presionaron la creación de la Empresa Colombiana de Petróleo.

La Deuda Externa

En los días de la independencia se contrajeron los primeros empréstitos, siempre leoninos y en contra de un país atrasado y dependiente. El tema amerita ensayo separado y José Antonio Ocampo y Eduardo Lora han trabajado el punto De la moratoria de los treintas a la encrucijada de los ochentas. Sobre la Deuda externa en el siglo XX también Roberto Junguito Bonnet, conocedor del tema por haber trabajado en el Fondo Monetario Internacional y haber sido varias veces Ministro de Hacienda tiene datos fidedignos de esa forma de dominación y de usura internacional legalizada.
 

El Proteccionismo

Luis Ospina Vásquez, en un ensayo magistral, enumeró las disposiciones y recaudó el pensamiento proteccionista de Colombia desde 1810 hasta 1930. Cuando su libro apareció ya Nieto Arteta había estudiado el tema con documentación avasallante. El Congreso de Cúcuta, ante la apertura indispensable de los días de la independencia, decretó la liberad del comercio exterior con todas las naciones. Más adelante, en 1831 José Ignacio de Márquez, inició la política proteccionista en defensa de un sistema aduanero que permitiera recaudar ingresos fiscales y proteger nuestras artesanías de actividad familiar y nuestras incipientes industrias.

Don Florentino González fue el más grande impulsor del libre cambio que destruyó el aparato industrial del oriente colombiano a partir de 1848. Injusto sería omitir la actividad proteccionista de Rafael Núñez y el vigoroso impulso industrial de la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo.

Para ningún historiador de los temas económicos de Colombia es un misterio que el libre cambio eliminó las manufacturas del Oriente de la Nueva Granada. Nieto Arteta registra que la posición de don Florentino González era antinacional y antipatriótica: “Es antinacional toda teoría o presunta teoría económica que so capa de la conservación de una natural división internacional del trabajo, quiera transformar a Colombia en una economía productora de materias primas y productos agrícolas”.

La memoria de Hacienda de 1848 de don Florentino González acababa, traidoramente, con nuestra economía industrial con palabras absurdas: “Debemos ofrecer a la Europa las primeras materias, y abrir la puerta a sus manufacturas para facilitar los cambios y el lucro que traen consigo, y para proporcionar al consumidor, a precio cómodo, los productos de la industria fabril”.

Y añadía sin rubor: “No faltarán tal vez reclamaciones para que se restablezcan derechos protectores de ciertas industrias, que pretenden no poder sostener la concurrencia extranjera; más el Ejecutivo confía en que los legisladores no atenderán estas solicitudes perjudiciales, que se traducen por la pretensión de que se imponga una contribución a los consumidores a favor de ciertos industriales, que en nada contribuyen al fomento de la riqueza nacional. Libertad para producir y cambiar, he aquí lo que el legislador debe conceder a todos, y dejar a la inteligencia y a la actividad el campo libre para obtener ventajas, que la poca habilidad o la pereza pretenden conseguir con una protección onerosa para la sociedad entera”.

Esa argumentación, eternamente repetida, constituye, aún en los tiempos presentes, la tesis de que es una ventaja comparativa seguir siendo atrasados y dependientes a favor de las sociedades industriales. Con todo, la desgravación progresiva puede permitir que, en un plazo prudencial se baje el ritmo del proteccionismo sin arruinar, con una apertura inconsulta, las actividades económicas nacionales.