18 de octubre del 2019
 
Edificio Ecopetrol, fotografía de Ernesto Monsalve
Septiembre de 2016
Por:
Germán Téllez Castañeda

EDIFICIO DE ECOPETROL EN BOGOTÁ: GABRIEL SERRANO

El edificio que cierra el proceso creativo de los años cincuenta para la firma bogotana de arquitectos e ingenieros Cuéllar, Serrano, Gómez es justamente considerado como una obra clásica de su época. Entendida la condición clásica como un equilibrio o armonía entre los deseos del creador de la forma construida y la plasmación material de la misma, no cabría duda sobre la acogida crítica que ganó en su momento el edificio para las oficinas de la Empresa Colombiana de Petróleos. El proyecto y construcción se llevaron a cabo entre 1954 y 1958, siendo esta obra una de las primeras en adoptar, en la capital del país, el entonces novedoso partido urbanístico de «edificio en un parque», en contraste con la apretada vecindad, entre medianerías ciegas, de las construcciones comerciales localizadas hasta entonces en las manzanas del centro de la ciudad.

Lo anterior, por sí mismo, no habría bastado ara otorgarle al edificio de Ecopetrol la celebridad arquitectónica que lo distingue, siendo una política urbanística funcional. En efecto, el uso de predios lo suficientemente grandes para permitir en ellos la construcción de bloques hasta de 15 o 16 pisos en los cuales estaría concentrada el área de oficinas, permitía dejar a nivel del terreno grandes áreasde jardines y estacionamiento de vehículos. Lo importante en este caso fue que Ecopetrol marcó un punto culminante en la abundante e influyente producción arquitectónica del equipo de diseñadores de la firma, dirigidos por Gabriel Serrano Camargo y Gabriel Largacha Manrique, quienes habían establecido a través de los años un alto nivel cualitativo para la arquitectura residencial, comercial e industrial en Bogotá.

En 1962, con ocasión de la I bienal de Arquitectura Colombiana, le fue otorgado al edificio Ecopetrol el Primer Premio Nacional de Arquitectura, formalizando así lo que ya era un consenso en medios profesionales. El fallo del jurado calificador es curioso: «Original tratamiento de las fachadas con un perfecto uso de los materiales y colores...», terminando con la sorprendente afirmación de que «... no obstante ser un edificio de oficina presenta originalidad y calidad». En efecto, Ecopetrol parece merecer el Premio Nacional pese a ser un edificio de oficinas, género al cual el jurado no cree posible admitir su eventual (o accidental) acceso a la categoría de obra de arte. Es decir, que una edificación utilitaria difícilmente puede tener también una lúcida elegancia estética.

Gabriel Serrano Camargo. Colección Cuéllar, Serrano, Gómez y Cia., Bogotá

 

La tan reiterada originalidad de Ecopetrol no existe. Su mérito, como el de la casi totalidad de las obras importantes de arquitectura en el siglo XX en Colombia, estriba en ser una inspirada adaptación colombiana de las ideas surgidas en otras latitudes. Al decir de los colaboradores de Gabriel Serrano, el edificio Lever House, en Nueva York, de la firma Skidmore, Owings & Merrill, levantado hacia 1949-51, ejerció una especial influencia sobre éste, y de ahí el diseño de un acceso principal en primer piso enmarcado por un vacío con pilotes aislados, el cual es uno de sus rasgos más notables.

Aún sin la famosa originalidad, las fachadas de Ecopetrol seguirán estando exquisitamente dotadas de la armónica elegancia proporcional y sensibilidad en el uso de los materiales que sólo otorga un inspirado y veterano dominio del oficio de diseñador o una refinada maestría en las decisiones de diseño. El «traje» formal de Ecopetrol, así como su volumetría, no es el resultado de un momento de inspiración,sino de largos años de un proceso de ensayo y error en el laboratorio arquitectónico de la firma. No hay allí tanteos o experimentaciones, sino un total control de los recursos arquitectónicos espaciales y plásticos.

Aun recordando que Ecopetrol exigió y tiene una estructura en concreto brillantemente concebida (por el ingeniero Domenico Parma) y muy avanzada para su época, es precisamente por ser un utiltario edificio de oficinas que Ecopetrol resulta meritorio como hecho arquitectónico, y no pese a ello. Quizá lo que habría que lamentar sería el uso poco amable de un edificio de tan fina arquitectura, por parte de una entidad que obviamente carece de interés por la estética ambiental del lugar que por un azar del destino fue llamada a ocupar. Descartado su obvio y prosaico uso como lugar de trabajo, queda su verdadera y profunda condición: la de ser una lograda y significativa obra de arte.