22 de septiembre del 2019
 
Luis E. Nieto Arteta
Septiembre de 2016
Por:
Gonzalo Cataño

ECONOMÍA Y CULTURA

Economía y cultura en la historia de Colombia apareció en las librerías a finales de 1941. Era el libro de un abogado de 28 años que trabajaba en el Departamento Económico de la Cancillería. El autor no era conocido como historiador, sino más bien como periodista, crítico político y jurista con algunas inclinaciones por la filosofía. Buena parte del volumen había sido publicado por entregas en los periódicos y revistas de Bogotá, pero sólo una vez que apareció en forma de libro fue leído con algún cuidado por los interesados en los temas históricos, hasta convertirse en poco tiempo en el texto fundacional de la historia económica y social del país.

Economía y cultura era un texto revolucionario (ver Credencial Historia Nº 22, octubre 1991). Dejaba atrás la descripción galante, el relato fácil e impresionista de los sucesos del pasado, y en su lugar postulaba una historia analítica centrada en las estructuras sociales y económicas que regulaban la evolución nacional. Su joven autor, Luis Eduardo Nieto Arteta, quería superar la "historia oficial" auspiciada por la Academia Nacional de Historia, que giraba alrededor de la política, de las fechas célebres, de la exaltación de los grandes hombres y del esplendor de las jornadas de independencia. La mirada de Nieto se dirigía al estudio de los fundamentos materiales de la sociedad y su incidencia en la cultura, campo en el cual incluía la política, el derecho, las ideologías, la organización del Estado y las diversas formas de pensamiento. Siguiendo las enseñanzas del materialismo histórico, buscaba hacer de la historia una ciencia; deseaba mostrar que los hombres hacen su propia historia, pero no bajo su voluntad y en circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo situaciones heredadas que coartan los anhelos y las inclinaciones personales de los individuos.

Economía y cultura da cuenta de buena parte de la historia de Colombia. Comienza con el descubrimiento y la conquista, registra la colonia, examina las tensiones sociales que dieron lugar al movimiento de independencia y se adentra con vigor en el siglo XIX hasta los años de la Regeneración. No todos los períodos tienen allí la misma extensión. La llegada de los españoles sólo ocupa unos pocos párrafos y los tres siglos coloniales, no más de veinte páginas de las 457 que conforman la totalidad del volumen. Esto hace que el libro sea ante todo una historia económica y social del siglo XIX, con especial énfasis en los cambios de 1850, fecha clave para la caracterización desarrollada por el autor en relación con el caso colombiano. Para Nieto, las transformaciones del medio siglo --la liberación del comercio exterior, la abolición de la esclavitud y la liquidación de los resguardos indígenas-- forjaron un nuevo país. Dejaron atrás el mundo colonial y abrieron las puertas a la sociedad moderna. El marco teórico que orienta este análisis es el tránsito del feudalismo al capitalismo, tal como fue estudiado por la tradición marxista. La colonia es una sociedad tradicional, cerrada, autosuficiente, con monopolios y estancos, trenzada por "instituciones feudales", donde a los señores de la tierra y a los indígenas los une un tejido de relaciones personales. Pero las reformas de 1850 derribaron todo esto. De las entrañas mismas de la antigua sociedad surgieron nuevas instituciones y nuevas clases sociales: un Estado liberal, una expansión de la industria y del comercio, un desarrollo de las comunicaciones y una estratificación social regida por la ganancia y la fría relación salarial.

La información de Economía y cultura no proviene de una investigación de archivo. Sus fuentes son de carácter secundario: las Memorias de Hacienda para los asuntos económicos y las reflexiones de los pensadores decimonónicos de mayor sabor sociológico para las dimensiones sociales y culturales (Salvador Camacho Rold n, Aníbal Galindo, Rafael Núñez y los hermanos José María y Miguel Samper). Con frecuencia Nieto extrema el uso de estas fuentes, haciendo que su libro se acerque peligrosamente a una antología de informes de secretarios de Hacienda o a un florilegio de las miradas y puntos de vista de los sociólogos del siglo XIX.

Pero estas dificultades en el uso de los materiales se ven sosegadas por una firme voluntad analítica; por un permanente esfuerzo de hacer que las extensas citas digan más de lo que aparentemente está consignado en sus páginas. Y en medio de este empeño formula sugestivas conexiones entre la esferas económicas y culturales tomadas de lo mejor de las ciencias sociales de su tiempo. Algunas relaciones son persuasivas y otras meros enunciados que exigen una investigación más cuidadosa, pero todas ellas muestran una mente activa, deseosa de romper con una historiografía que apenas se diferenciaba de la literatura y de la crónica animada dirigida a ganar el corazón de los lectores.