11 de diciembre del 2018
 
Noviembre de 2018
Por:
ANA MARIA ALVAREZ*Arquitecta de la Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá), especialista en Arquitectura y Escritura por la Escuela Elisava (Barcelona), y urbanista con un Máster en Estudios Territoriales y Urbanísticos en la ETSAB (Barcelona). Editora

DEL TEATRO DE BARRIO AL AUDITORIO PRIVADO

La historia de la arquitectura de salas de teatro y conciertos puede descubrirse desde tres perspectivas: la de la evolución del tipo de representaciones, que pasaron de ser comedias fáciles con pocos personajes a ser obras y conciertos que necesitaron efectos escénicos cada vez más deslumbrantes y tener la capacidad de presentar más personas en escena; el teatro pasó de ser un toldo que se extendía en cualquier lugar a convertirse en un edificio construido específicamente para ese propósito, que permitiera disponer de un escenario con un fondo, montar aparatos para efectos escénicos y proteger a los espectadores de la intemperie.

Otro enfoque surge de los avances en las técnicas arquitectónicas y constructivas que evolucionaron para levantar estructuras con columnas cada vez más distanciadas, facilitar la instalación de mejor iluminación o afrontar la constante amenaza de incendio mediante mayores circulaciones y el uso de materiales menos inflamables. Incluso, hoy, puede hacerse un seguimiento de los teatros para evidenciar la diversidad de materiales utilizados o la producción de formas geométricas que permitan una acústica óptima.

Auditorio León de Greiff en la Universidad Nacional en Bogotá. Foto: Alberto Saldarriaga.

 

 

Y una última mirada se basa en la historia urbana, pues las ciudades compiten por construir el edificio más impresionante. Pocos de estos edificios se enclavan correctamente en la trama urbana, pero todos conforman monumentos públicos, ya sea por su disposición en la ciudad, por el diseño de sus fachadas que intentan demostrar la exclusiva actividad de su interior, o por su lenta transformación a nuevas actividades. En este mismo recorrido urbano se puede apreciar la transición de aquellos edificios autónomos a auditorios que son parte de un edificio más complejo.

Las salas colombianas

Estas salas de teatro y conciertos siempre han sido lugares para la evasión[C1]  y la recreación, más que para la exaltación cultural. Ir al teatro se convirtió en una necesidad social, y así lo demuestra la buena cantidad de edificios y salas que, durante las décadas de 1960 y 1970, se construyeron en varios barrios de Bogotá, Medellín y Cali. Era una manera de demostrar esa aspiración de ser una gran ciudad, de ser ciudadano: los teatro eran el espacio público del barrio.

A finales del siglo XX, muchos de esos teatros habían sido demolidos, otros reconvertidos en centros culturales o comerciales, y otros rehabilitados para la actividad original. Esas pequeñas salas fueron substituidas por teatros y auditorios de mayor tamaño, que intentan brindar experiencias más contundentes que las que hoy ya son posibles en casa. Y aunque las nuevas tecnologías ofrecen espectáculos excepcionales, esto lugares siguen teniendo como fin el encuentro y la relación social.

En este espacio se incluye una breve descripción de cinco construcciones sobresalientes en Bogotá y Medellín.

Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo, Bogotá

 

 

Bogotá

Varios teatros de barrio que se construyeron a inicios del siglo XX, fueron convertidos en salas de cine en la década de 1980; en los años noventa algunos fueron abandonados por falta de público, otros reconvertidos en salas de fiesta, y unos pocos recuperados para la representación de obras teatrales y conciertos. A finales del siglo XX y en los inicios del XXI, se destacan salas propuestas por instituciones públicas interesadas en proveer divertimento a la población urbana, y también auditorios construidos por las universidades para dar cabida, en inicio, a propuestas y actividades propias.

En el centro histórico de la ciudad, la sala de conciertos de la biblioteca Luis Ángel Arango es una joya arquitectónica. Se abrió al público en 1965 como parte de la primera ampliación de la biblioteca. Se trata de un diseño de Germán Samper, arquitecto que hacía parte de la firma Esguerra Sáenz Urdaneta Arbeláez; Samper, por esa época, había estado en Japón y, tal como lo cuenta, estaba seducido por el uso de la madera en las construcciones de ese país. Esa fascinación se había transformado en objeto de investigación por su parte y culminó en la espectacular cubierta suspendida, diseñada a partir de círculos concéntricos y construida con paneles de madera. La sala, con capacidad para 367 personas, es un espacio de gran intimidad entre el público y los artistas.

Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo, Bogotá.

 

 

Uno de los mejores espacios de la ciudad, actual sede de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, se localiza en una universidad: el auditorio León de Greiff en la Universidad Nacional. Con capacidad para 1600 personas, el espacio funciona desde el año 1973 y fue diseñado por la arquitecta Eugenia Mantilla de Cardoso. Recibió el Premio Nacional de Arquitectura en 1974 y es Monumento Nacional desde 1996. Este edificio es un referente en la historia de la arquitectura moderna colombiana y, aún hoy, un espacio aclamado por su acústica.

El edificio de la biblioteca de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, en el barrio Las Nieves, acoge un auditorio con capacidad para 617 personas. Esta edificación, diseño de Daniel Bermúdez, se inauguró en 2004. El auditorio de la Tadeo está acondicionado acústicamente para eventos musicales, además de los propios de la universidad. Las sillas se distribuyen alrededor del escenario, como si el público pudiera envolver el espacio.

El Teatro [C2] Mayor Julio Mario Santodomingo, inaugurado en 2010 y localizado al noroccidente de la ciudad, hace parte de un centro cultural que incluye una biblioteca y un gran parque urbano. El teatro está formado por dos salas: la mayor con capacidad para 1.189 espectadores, y el teatro estudio, para 320 personas.

Durante varios años el arquitecto Daniel Bermúdez visitó y estudió teatros con el fin de diseñar un espacio con los recursos técnicos necesarios para la presentación de cualquier espectáculo, actor o músico. Por eso, el Teatro Mayor cuenta con la mejor tecnología del país; además, los materiales escogidos para los acabados interiores y la disposición geométrica de la sala mayor, permiten que incluso se pueda representar ópera. En el exterior, el teatro se diferencia del resto de las actividades del centro cultural por su fachada de concreto teñido de rojo.

Teatro Metropolitano de Medellín. Foto: Alberto Saldarriaga.

 

 

Medellín

Oscar Mesa fue el arquitecto del Teatro Metropolitano de Medellín, inaugurado en 1987 y con capacidad para 1.634 personas (1.262 personas en platea y 372 en balcones). En una época en la que los excesos de riqueza se demostraban en la arquitectura construida, el teatro de Mesa fue un edificio austero pero con carácter. Se localiza muy cerca de La Alpujarra, la zona de los edificios administrativos de la ciudad, en un área que lleva años consolidándose con equipamientos urbanos.

El teatro es un rectángulo dividido en tres partes: el vestíbulo de acceso, marcado por la gran cubierta de acero y vidrio, la sala y el escenario. Los muros de ladrillo a la vista se inclinan levemente para mejorar la acústica, y los plafones de cemento y madera que cuelgan de la cubierta reflejan el sonido. En la Bienal Colombiana de Arquitectura de 1988, el teatro recibió una mención de honor por parte del jurado.

En 2015, la ampliación del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) abrió sus puertas al público. Este proyecto partió de un concurso de arquitectura en el que participaron 11 firmas extranjeras que debían trabajar con 11 oficinas locales. El proyecto ganador fue resultado de la unión entre Ctrl-G de Colombia y 51-1 Arquitectos de Perú.

El proyecto global del museo refleja la clara intención de los arquitectos de prolongar el espacio público hacia el interior del edificio, y el auditorio suma al logro de esa meta con la disposición de una gran puerta que abre la sala directamente a la plaza pública que sirve al museo. La puerta gris parece fundirse con la fachada de concreto, pero al abrirla las escaleras que unen el edificio con la plaza amplían la capacidad del auditorio. De un espacio cerrado para 254 personas, las presentaciones se convierten, verdaderamente, en representaciones públicas masiv

 

derecho:Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo, Bogotá izquierda:Museo de Arte Moderno de Medellín