19 de septiembre del 2020
 
Julio de 2020
Por :
María Constanza Villalobos A * Restauradora de Bienes Mueble Universidad Externado de Colombia. Doctora en Historia, Universidad de los Andes.

COLECCIONES DE IMÁGENES EN SANTAFÉ

Tradicionalmente se ha considerado que en Santafé de Bogotá durante los siglos XVII y XVIII, a las imágenes se les daba un uso particularmente devocional y se les ubicaba de preferencia en las iglesias. Sin embargo, los testamentos, inventarios y almonedas muestran la existencia otro tipo de relaciones con las imágenes. Los santafereños tuvieron un gusto particular por éstas, el cual se reflejaba en la reunión de colecciones de pinturas y estampas exhibidas en no poca cantidad en las paredes de diferentes espacios de las casas, como salas de recibo, de alcoba, de paso, estrados, oratorios, estudios, cuartos, dormitorios de criados y librerías.

 

Gaspar de figueroa (ca 1594 - 1654) Ecce Homo. S. XVII, óleo sobre tele, 64 x 85 cm. Arquidiocesis de Bogotá. 

 

 

Estas colecciones constituían parte del patrimonio simbólico con el que los habitantes de Santafé probaban su linaje y obtenían distinción social. Todos los grupos sociales reunieron imágenes: indígenas, miembros de la Iglesia, españoles que ocupaban cargos administrativos, encomenderos, oidores, contadores, alcaldes, escribanos, militares, hijos de españoles nacidos en Santafé, mercaderes, plateros, pintores, etc. Estas se encontraban en mayor cantidad en las casas ubicadas en el barrio de la Catedral, siendo más escasas en San Victorino, Santa Bárbara y Pueblo Nuevo, donde vivían los indígenas. En documentos datados entre 1664 y 1792, se han registrado colecciones que abarcaban hasta quinientos setenta y siete imágenes, con un promedio de treinta y ocho por colección. Las pinturas y estampas fueron registradas junto con otras pertenencias tales como escritorios, plata labrada, joyas, ropa de vestir, esclavos, sillas, ropa de cama, cojines y textiles.

 

Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos (1638 - 1711) - atribuidos. Salvador del mundo, Santo domingo de Guzmán, La virgen y el niño y La Dolorosa. S. XVII, óleos sobre tela, 88 x 65 cm. Colección de Francisco Ventura Maguregui, 1728. Arquidiócesis de Bogotá / Mario A. Rodriguez L. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como es de esperarse, muchas de las imágenes eran de temática religiosa, pero, colgadas al lado de estas, estaban las profanas: paisajes, reyes y emperadores, fruteros, las cuatro estaciones, retratos, escudos de armas, rosas, aves, princesas, ciudades afamadas, las ocho maravillas del mundo, la historia de Julio César, jeroglíficos, versos, mapas, batallas, fábulas, emblemas y alegorías. El paisaje, tema más representativo en cuanto a su cantidad, poco o nada ha figurado en el catálogo de la cultura visual colonial (imágenes 1 y 2). En 1735, la colección de 135 imágenes de Tomasa Medina de Cely, vecina de Santafé, incluía cincuenta y siete paisajes.

 

Gastar de Figueroa (ca. 1594 - 165) - atribuido. Nuestra Señora y el Niño Jesús y el glorioso San Joseph, San Isidro y San Victoino. S. XVII, óleo sobre tela- 131  171 cm. Colección de Marí Arias de Ugarte, 1664. Arquidiócesis de Bogotá / Camilo Moreno. 

 

 

La librería es un espacio de la casa santafereña colonial que poco ha sido mencionado. Por allí comenzó el inventario de bienes de Juan Flórez de Ocariz (1692), en cuya morada, ubicada en la esquina de la Plaza Mayor de Santafé, reunía una colección caracterizada por la relación intelectual entre imágenes y objetos con los que construía su representación y distinción social. El mercader que hizo el avalúo asignó al salón el diminutivo camarín, término definido como un “aposento o sala pequeña, retirada de la común habitación, donde se guardaban diferentes buxerías, barros, vidrios, porcelanas y otras alhajas curiosas y exquisitas”. Espacio que remite a la cámara de maravillas, lugar de confluencia de las curiosidades y testimonios de la naturaleza con los de la historia. Con los trescientos diez libros de diferentes géneros literarios, Flórez de Ocariz había colocado dos niños Jesús, un Cristo de marfil con su peaña y objetos propios de América considerados exóticos: una jarra grande [de] natá, dos jarros de tunja dorados, siete jarros colorados de tunja, una limeta de porcelana quebrada la boca, un san Antonio de Padua mediano de bulto, un caracol de pasto, dos salvillas con dos vidrios encima, tres vidrios, tres caballitos de cera. La jarra de Natá, panameña, era un tipo de vaso de arcilla porosa y perfumada muy apreciada que fue enviado a España y a otras ciudades americanas como Santafé y Lima. Los dos jarros dorados podrían corresponder a objetos de oro utilizados en las ofrendas depositadas en las tumbas indígenas. Los jarros colorados, a su vez, probablemente eran vasijas muiscas de pasta de cerámica de color rojo producida en Tunja (imagen 3). El caracol de Pasto era un objeto cerámico, fabricado por la cultura indígena ubicada al sur del país, con la forma del animal y con una decoración geométrica característica (imagen 4). Al lado de estos objetos también se encontraban cartas de navegación y loza de China.

 

Gaspar de Figueroa (ca. 1594 - 1654). San Jose y El Niño con el retablo del arzobispo Fernando Arias de Urgarte. 1664, óleo sobre tela. Colección de María Arias de Ugarte, 1664. Aruidióesis de Bogotá / Camilo Moreno. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los santafereños legaron algunas de sus pinturas a familiares, amigos e iglesias, esto último para su adorno y para obtener oraciones por su alma. El pintor Gaspar de Figueroa dejó un cuadro de un Ecce Homo a la iglesia de Santa Bárbara para que fuera colocado en donde escogiera el párroco, quien debía rezar por su alma (imagen 5). Francisco V. Maguregui (1728), repartió imágenes entre quince iglesias para su adorno. Asimismo, legó veinticuatro retratos de santos, de la Virgen y del Salvador a la Escuela de Cristo en la Catedral: “…para que se pongan perpetuamente, ni puedan ser prestadas, vendidas ni removidas con ningún fin ni pretexto, para que perpetuamente sirvan de culto a su divina majestad”. (imágenes 6 a 9).

 

Anónimo, El Señor de la Humanidad. S. XVII, madera tallada y policromada, 155 x 49 x 79 cm. Reg. 03.11.001. Museo Sanra Clara / Óscar Monsalve

Anónimo. Nuestra Señora de Chiquinquirá. S. XVII, Óleo sobre tela.  61 x 84 cm. Reg. 03.1. 075. Museo Santa Clara / Óscar Monsalve. 

 

 

 

 

 

 

 

La colección con mayor número de imágenes (577) fue la de María Arias de Ugarte (1664), registradas en su casa de la Plaza Mayor y en su estancia en Techo. Allí, el oratorio estaba adornado casi en su totalidad con estampas. De doscientas veintiún imágenes, siete eran pinturas. La techumbre del oratorio ostentaba el escudo de armas de la familia, símbolo de su nobleza y abolengo; en los muros figuraban paisajes del tamaño de un pliego, jeroglíficos, papeles de verso y “once sibilas de diferentes hechuras y edades”, de las cuales en la estancia se habían registrado otras veinticinco. El altar estaba presidido por la pintura de Nuestra Señora, la Santísima Trinidad, San Joseph, San Isidro y San Victorino, un cuadro grande, con marco dorado y velo, destinado a las monjas del Convento de santa Clara. La imagen representa las dos trinidades, la sagrada y la terrenal, y dos santos a los costados. San Isidro, patrón de los agricultores, y san Victorino, nombrado en 1577 como abogado de la ciudad de Santafé cuando los hielos hicieron daños en los sembrados de maíz. Esta era una devoción para la dueña de la estancia y para los indígenas que trabajaban en la hacienda, a la cual podían hacerse rogativas cuando a causa del clima las cosechas tuvieran riesgo de daño y pérdida (imagen 10). El testamento de María Arias incluía el listado de las imágenes que, como benefactora de las clarisas, les había obsequiado y otras que pertenecían a su colección. Entre ellas aparecía una de San Joseph con el retrato del Ilustrísimo D. Fernando Arias su tío, a los pies (imagen 11) y el Cristo de la humildad con su cajón dorado ubicado en la sacristía (imagen 12). Arias dispuso que la imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá, “por ser milagrosa”, fuera colocada en la Capilla mayor (imagen 13), y aquella la de Nuestra Señora y el Niño Jesús durmiendo, San Juan y San José en la capilla de Jesús Nazareno. (imagen 14).

 

Se encuentran referencias sobre la circulación de láminas y pinturas de factura europea en Santafé, donde se difundieron imágenes flamencas, romanas, napolitanas y españolas. Probablemente, a las últimas corresponde la traída por el limeño Antonio de Verastegui y Sarache (1776), oidor de la Real Audiencia. Esta era una pintura del santo al que le profesaba devoción, san Francisco de Asís, atribuida al taller de Zurbarán (imagen 15). En su testamento, Verástegui menciona que la escena corresponde a la impresión de las llagas de Cristo y que la donó a iglesia franciscana para instituir la fiesta del santo, la cual antes no se hacía. El oidor estipuló que ese día se colocase al lado del altar la “excelente pintura con marco dorado”.

 

 

Baltasar Vargas de Figueroa (1629 - 1667) - atribuido La Sagrada Familia y San Juan Bautista. S. XVII, Óleo sobre tela, 93 x 80 cm. Colección de María Arias de Ugarte, 1664. Reg. 03.1013. Museo Colonial / Óscar Monsalve

 

Francisco de Zurbarán (1598 - 1664). San Francisco en Oración. S. XVII, óleo sobre tela. Colección de Antonio de Verástegui, 1776. Comunidad Franciscana Provinvia de Santa Fe.

 

Flips van Merlen. Ecce agnus Dei. S. XVII, grabado iluminado sobre papel, 22 x 14 cm. Reg. 03.8.004. Museo Colonial / óscar Monsalve.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las imágenes eran legadas como demostraciones de afecto a familiares cercanos. Juan Flórez de Ocariz expresó que en manifestación del mucho amor que les tenía, y para que lo encomendaran a Dios, les había entregado “láminas de mi devoción y estima…” que no podían vender ni enajenar. Juan Cotrina, fundador de la iglesia de Nuestra Señora de las Aguas, tuvo una colección de 143 imágenes. Este encargó a Gregorio Vásquez la representación de un sueño que tuvo con la Virgen, la cual legó su hija Francisca de san José, monja clarisa: “Quiero que se le dé la imagen de nuestra Señora de los Milagros que tiene mi retrato al pie” (imagen 16). Los testamentos de los indígenas también mostraban la estimación que tenían por las imágenes. En 1667, Juan, Cacique de Cajicá, declaró ser dueño de tres cuadros que dejaba a sus pequeños hijos, de cinco y dos años, y a su segunda mujer, Magdalena: “más tengo tres cuadros, el uno de Nuestra Señora de Chiquinquirá y el otro de San Onofrio y otro de un Santo Cristo con más otro pequeñito de San Antonio. Y destos doy el San Antonio a Melchor, mi hijo, y el de Nuestra Señora a mi hijo Bartolomé, y los otros doy a mi mujer”.

 

En Santafé fue frecuente ver el traslado de pinturas por las calles: del taller del maestro a las casas, de estas a la Plaza Mayor y a las tiendas de la calle Real para su venta en almoneda, etc. Todo dentro de unas redes de circulación que incluían su fabricación por maestros pintores santafereños, el traslado en los equipajes de españoles desde Europa, la compra en las tiendas y a los mercaderes. Las imágenes ocuparon un sitio importante en la vida y muerte de los santafereños, poseyendo un valor monetario con el que podían saldar sus deudas. Además, en algunas ocasiones escogieron las más preciadas y las entregaron como un presente especial a personas significativas y queridas, para que así los guardasen en la memoria familiar y colectiva.

 

Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos (1638-1711) El sueño del bachiller Cotrina 1668, Óleo sobre tela, 63 x 42 cm. Colección de Juan Cotrina, 1669. REG. 03.1.094. Museo Santa Clara / Óscar Monsalve.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía:

 

1 Diccionario de Autoridades, Tomo II, 1729, http://web.frl.es/DA.html

2 Testamento de Francisco Ventura Maguregui, Santafé 7 de julio de 1728. AGN, Colonia, Notaría 3ª, vol. 62, f. 156 r y v. 

3 Testamento de María Arias de Ugarte. AGN, Colonia, Notaría 1ª, 1664, f. 396r. 

4 Testamento de Antonio de Verástegui. AGN. Colonia, Notaría 2ª, 1776, f. 145v.

5 Testamento de Juan Flórez de Ocáriz, Santafé,1692. Transcrito por Enrique Ortega Ricaurte, “Historiadores de Colombia”, Boletín de Historia y Antigüedades, vol. XX, No. 233-234 (1933): 495 y 496.

6 Codicilo realizado por Juan Cotrina a su testamento. AGN, Colonia, Notaría 1ª, 1669, f. 135v.

7 Testamento de don Juan Cacique de Cajicá. AGN, Colonia, Notaría 1ª, 1667, f. 199.