Cubierta casa de patio, barrio La Merced, Cali, Valle.
Diciembre de 2017
Por:
Santiago Paredes Cisneros, Arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, Magíster en Historia y Teoría del Arte y la Arquitectura de la misma universidad, sede Bogotá, y Doctor en Historia de la Universidad de los Andes (Colombia).

CASAS EN LA COLONIA

La expresión “casa colonial” resultaría insuficiente para referir la variedad de espacios, técnicas y personas que dieron sentido a la arquitectura doméstica en las provincias coloniales que terminaron por convertirse en lo que hoy se conoce como Colombia, principalmente las adscritas al Nuevo Reino de Granada y la Gobernación de Popayán. La misma expresión oculta cambios en los modos de construir y habitar las casas durante el tiempo que va desde mediados del siglo XVI hasta comienzos del siglo xix. Una aproximación a las casas de diferentes momentos permite apreciar su complejidad, resaltar particularidades y subrayar elementos constantes. 

Patio interior, Casa de la Cultura, Mompox.

 

Fundación y solar

Las casas estudiadas aquí son aquellas ubicadas en la traza de “ciudades” y “villas”, es decir, en núcleos poblados donde idealmente residiría la población española. Esos nombres correspondían a la autonomía y los privilegios de los poblados, de acuerdo con los cuales las ciudades gozaban de preeminencia. Popayán, Cali o Santa Fe, por ejemplo, fueron fundadas como ciudades, y Timaná fue fundada como villa. Por lo general, las incursiones militares que llevaban a doblegar a los indígenas culminaban con la fundación de poblados, lo cual legitimaba a los capitanes y sus huestes frente a la Corona. 

Caballeriza en la Quinta de Bolívar, Bogotá.

 

A las poblaciones nuevas se les fijaban términos y jurisdicción, que era el territorio bajo su control fiscal y político. Tanto en la traza como en los términos se repartían mercedes de tierra a los capitanes y al resto de las huestes, quienes se convertían en vecinos o habitantes permanentes del asentamiento. Los pobladores debían reservar tierras para la Corona, que disponía de ellas para futuras concesiones. Hecha la fundación, los vecinos escogían a los miembros del cabildo, y solía darse el calificativo de “español” a los peninsulares y sus descendientes. La ciudad o la villa eran el conjunto traza-términos, y la interdependencia de esos ámbitos es irreductible a la dicotomía urbano-rural contemporánea. 

Casas, bohíos y ranchos en una manzana a finales del siglo XVI. Reconstrucción hipotética. Elaboración del autor.

 

Numerosas poblaciones del actual territorio colombiano fueron fundadas entre las décadas de 1530 y 1570 y en sus trazas fue variada la configuración del solar, que era el lote donde se edificaba la casa. Más adelante, las Ordenanzas de Poblaciones emitidas por Felipe ii en 1573 dispusieron, entre otras cosas, que los pobladores de las nuevas fundaciones, inicialmente, hicieran ranchos en los solares con el fin de resguardarse. También, que edificaran sus casas después de haber asegurado el abastecimiento de ganados y comida. Lo anterior sugiere que las casas y los demás edificios tardaban en ser construidos. 

Las manzanas iniciales solían dividirse en cuartos, pero durante el período colonial esa organización varió por distintos motivos. Por ejemplo, particiones de los solares y unidades domésticas iniciales entre la descendencia de los primeros pobladores. Asimismo, la compraventa de predios entre vecinos. En esa medida, las formas y los tamaños de las casas fueron cambiantes. Otra constante es que, a lo largo del período, predominaron casas de un piso, mientras que las de dos o más plantas fueron escasas. También, que solía considerarse prestigioso a un poblador cuanto más cerca estuviera de la plaza central su solar.

Imagen superior Reconstrucción hipotética de una casa en Popayán, 1591. Imagen inferior Fuente: Elaboración del autor con base en Archivo Central del Cauca, Popayán, Colonia, Judicial I-Criminal, 2, sig. 1200, ff. 123r-132r.

 

Casas en el siglo XVI

Durante las primeras décadas de dominio colonial, la ausencia de españoles entrenados en asuntos de arquitectura condujo a una intensa participación de la población indígena y de origen africano en la edificación. Las casas se valieron de materiales y técnicas locales, así como de la adaptación de formas y espacios importados por los peninsulares. Se trata de una arquitectura surgida de presiones, pactos y contingencias, fuera de los marcos de los autores o los estilos. En pocas ocasiones los constructores dibujaron plantas o alzados como prefiguración, por lo cual el estudio de las casas de la Colonia temprana debe basarse en descripciones como las que aparecen en documentos de archivo y crónicas. En ellos se destaca la variedad de materiales y técnicas empleados según el lugar: maderas, cañas, bejucos, ladrillos, guaduas y bahareque –un entramado de maderas relleno y recubierto de barro– que fue bastante común. En general, las cubiertas de paja predominaron y la teja de barro fue poco habitual. 

Puerta y zaguán, siglo XVIII. Antigua casa de Carmen Pino de Pardo, Popayán.

 

En Popayán de finales del siglo XVI, la casa de un matrimonio de descendientes de los primeros pobladores europeos podía ocupar un cuarto de manzana. La tapia de la huerta daba contra una de las calles, así que el solar posiblemente se dividía en mitades, una para la huerta y otra para la casa. La sala era el primer aposento, donde se recibían las visitas y estaba el estrado, un espacio amoblado con alfombras y cojines que estaba reservado para oficios femeninos. En algunas ocasiones la sala solía “aliñarse” con telas colgadas de las paredes. Existían cámaras donde dormían los dueños, por lo general en camas ubicadas en recámaras, espacios logrados con la disposición del mobiliario. Es de anotar que había indias de servicio, quienes dormían con la señora. La cocina estaba conectada con la calle y próxima a la despensa y al troje, depósitos de los víveres. En la huerta tal vez había corrales para aves y espacio para las bestias. Para la época, es factible que se tratara de una casa de bahareque y tapia, techada con paja sobre estructura de madera.

Quizás había más habitantes en la casa, como ocurría en otras poblaciones. En Santa Fe, por ejemplo, las casas alojaban parientes, soldados y huéspedes, por lo cual las familias establecían vínculos más allá de los parientes directos. Relaciones como esas organizaban el espacio, como sucedió en Popayán y Buga en los siglos XVI y XVII. En esas ciudades, las mujeres de algunas de las familias de los primeros pobladores, sus hijas y nietas definieron el traspaso y la propiedad de las casas. Con base en sentimientos de protección y solidaridad entre ellas, ciertas familias dominaban las manzanas en torno a la plaza mayor.

Imagen superior: Planta esquemática de una casa en Santa Fe, 1620 ca. Reconstrucción hipotética. Imagen inferior: Fuente: Elaboración con base en Monika Therrien y Lina Jaramillo Pacheco, “Mi casa no es tu casa”. Procesos de diferenciación en la construcción de Santa Fe, siglos XVI y XVII, Alcaldía Mayor de Bogotá, Bogotá, 2004, pp. 103-108.

 

Además, en ciudades como Santa Fe y Popayán, varios indígenas compraron o heredaron solares y algunos hicieron construir casas. Es interesante anotar que, en ocasiones, tapiaban el borde del solar y dentro de este edificaban bohíos. Es decir, el paisaje de un poblado era heterogéneo y combinaba construcciones reconocidas como “casas” junto a solares bordeados con tapias tras los cuales había bohíos o ranchos, que fueron también viviendas. En altura, la variedad probablemente se veía reflejada en tapias y techos dispares. Mientras tanto, el claustro (galerías alrededor de un patio central), frecuentemente asociado con una supuesta implantación automática de referentes europeos, parece haber sido poco usual en las casas del siglo XVI.

Casas en los siglos XVII y XVIII

En este período, la construcción de las casas siguió haciéndose en combinación de bahareque, tierra, ladrillo, piedra, con techumbres de madera y cubiertas de paja o teja, si bien varias construcciones se hicieron solamente de ladrillo y tapia pisada. En líneas generales, las modificaciones sucesivas permitían agregar nuevas edificaciones a las casas para ir conformando, por ejemplo, el claustro o el zaguán (vestíbulo). Asimismo, los pobladores con mayor capacidad encargaron pinturas murales, molduras y portadas basadas en referentes europeos, a menudo tomados de manuales de arquitectura, grabados y estampas. 

Portada en piedra Cartagena, Bolívar

 

En parte, el fortalecimiento de redes de mercado, así como la prosperidad de encomenderos, terratenientes y mineros condujo a que los españoles más ricos promovieran la transformación de casas existentes o la construcción de nuevas viviendas. Los cambios no solo dependían de los españoles, pues mestizos, esclavos e indígenas que tuvieron propiedades en la traza de ciudades y villas en el siglo xvii dinamizaban el mercado de solares y casas, con compraventas, subdivisiones y herencias.

Para Santa Fe del siglo xvii, la casa de una familia española tenía dos pisos y estaba instalada en un solar más pequeño que los que inicialmente fueron repartidos en la fundación. En el primer piso se encontraba la puerta de acceso, que conducía a la cocina y a la huerta. En ese nivel también había tiendas de alquiler, algunas rentadas a mercaderes. En el segundo se ubicaban la sala y las habitaciones de la familia. La casa se organizaba alrededor de un patio central y tenía corredores para articular los espacios. Es de resaltar que en la huerta de la casa existían bohíos, posiblemente para los indígenas que allí residían. Al respecto es importante resaltar que, en ese período sirvientes, indígenas y negros establecieron estrechos vínculos con los dueños de las casas en Santa Fe. 

Portada en piedra La Candelaria, Bogotá.

 

Más adelante, la población no española aumentó en ciudades y villas, como en Cali, donde artesanos y mercaderes mestizos, así como negros libres, interactuaban con los españoles. La organización del espacio doméstico reflejaba esas dinámicas. Así, en el siglo XVIII y hasta entrado el siglo XIX, algunas casas alojaban una familia, sus sirvientes y allegados, pero, en otros casos, a una gran variedad de personas. En diferentes poblados, las casas fueron subdivididas en unidades menores que eran alquiladas para residencia, taller o depósito a personas allegadas o sin vínculos previos con los dueños. Varios residentes de esas casas densamente habitadas eran esclavos, mestizos o “blancos” pobres. Debe recalcarse que, como ocurrió en el siglo XVI, la configuración y subdivisión del espacio dependía de la disposición de textiles y del mobiliario, además de la arquitectura edificada. 

Portales de la Marquesa, Mompox, Bolívar.

 

En conclusión, la casa colonial estuvo definida por la heterogeneidad. En contraste con estudios que subordinan la casa a la caracterización de las élites, conviene resaltar que habitantes mestizos, indígenas y negros residían en poblados y casas de españoles. Así, además de un producto técnico y espacial intercultural, la casa fue un lugar de intersección de culturas y costumbres, lo cual fue habitual en diferentes poblados a lo largo del período colonial. La casa también fue recinto del comercio, los oficios, las visitas y la residencia. En ese marco, su configuración estuvo lejos de seguir un único patrón espacial, técnico o social. Aún más, si se piensa en las adaptaciones asociadas con el clima y la geografía.

Comedor de la Quinta de Bolívar, Bogotá.

 

Calle de Don Sancho, Cartagena, Bolívar.

 

 

Referencias

1 Archivo Central del Cauca, Popayán, Colonia, Judicial I-Criminal, 2, sig. 1200, ff. 123r-132r.

2 Mejía Pavony, Germán, 2012. La ciudad de los conquistadores, 1536-1604. Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, p. 337.

3 Salcedo Salcedo, Jaime, 2011. “La mujer, los vecindarios y los barrios de Popayán en el siglo xvii”. En: Ensayos. Historia y teoría del arte, No. 23, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, pp. 6-35.

5 Vargas, Julián y Ariza, Eduardo, 1990. “Economía doméstica y vida cotidiana. Santafé a comienzos del siglo XVII. El caso de la familia Estrada-Arias”. En: Julián Vargas Lesmes (ed.). La sociedad de Santa Fe colonial. Bogotá, Cinep, pp. 149-157.

6 Aprile-Gniset, Jacques, 1991. La ciudad colombiana. Prehispánica, de conquista e indiana. Bogotá, Fondo de Promoción de la Cultura, Banco Popular, pp. 420-424.

7 Rodríguez Jiménez, Pablo, 1996. “Casa y orden cotidiano en el Nuevo Reino de Granada, siglo xviii”. En: Castro Carvajal, Beatriz (ed.). Historia de la vida cotidiana en Colombia. Bogotá, Editorial Norma, pp. 109-111.

8 López Pérez, María del Pilar, 2011. “La vida en casa en Santa Fe en los siglos xvii y xviii”, t. i (Las fronteras difusas. Del siglo xvi a 1880). En: Borja Gómez, Jaime y Rodríguez Jiménez, Pablo (coords.). Historia de la vida privada en Colombia, 2 vols. Bogotá, Taurus, pp. 87-88.