12 de noviembre del 2019
 
Carlos Lleras Restrepo. Oleo de Salas Vega. Casa de Nariño, Bogotá.
Noviembre de 2016
Por:
OTTO MORALES BENÍTEZ

CARLOS LLERAS RESTREPO

Carlos Lleras Restrepo tuvo la formación que fue tradicional en la política colombiana: la de un pensador de los temas públicos a través de una visión humanista de la comunidad colombiana e internacional. Así fue siempre hasta cuando irrumpió el "clientelismo", que solo se apoya en factores electorales, sin exigencias de rigor ético ni cultural. A la vez, desde muy joven, fue un luchador popular. Esta acción, le facilitó el conocimiento del país detalladamente. El, además, la completaba con estudios metódicos. Era impresionante la acumulación de datos, libros, informes, estudios disímiles para preparar las visitas a las diferentes regiones. A la vez, ensanchaba su visión exterior: la del continente indoamericano, la de Estados Unidos y la de los demás espacios geográficos. Hay en su vida un hecho característico: su unidad de pensamiento, desde su juventud hasta el final de sus días, con las naturales evoluciones que imponen los tiempos sociales al estadista. Así se puede establecer, para mencionar algunos temas, en el caso de tierras (secretario de Gobierno de Cundinamarca, 1931) y el manejo de la Reforma Agraria en el primer gobierno del Frente Nacional de Alberto Lleras, 1960, o en el caso del café, de los petróleos o de los recursos naturales. Actuó, desde su primera juventud, con el designio de ser jefe del partido y sus mensajes, discursos y, por último, sus programas siguen vigentes en cuanto a contenido ideológico y manejo interno de la colectividad para conservar la unidad, sin expulsiones o rechazos.

Su acción pública se caracterizó por su seriedad: desde su primer cargo hasta la Presidencia de la república. Llegó muy joven a la Cámara y participó, como ponente en las reformas tributarias, sociales y constitucionales. Sus intervenciones sobresalían por la densidad conceptual de carácter doctrinario y por la visión de lo nacional. Su paso por la Contraloría General de la Nación lo inclinó, aún más, a los estudios económicos. Para él fue una gran escuela, donde se preocupó de crear desde sistemas estadísticos científicos hasta nuevos controles para el manejo de los dineros públicos con excesivas pulcritud. Luego, en el gobierno de Eduardo Santos -de tan excelente memoria administrativa- ocupó el cargo de Ministro de Hacienda. Le tocó una etapa verdaderamente dramática y sin antecedentes inmediatos, como fue orientar la vida fiscal y económica ante los efectos de la segunda Guerra Mundial. Sus exposiciones, sus declaraciones, sus memorias ministeriales son textos reveladores de la intensidad de la labor y la capacidad de crear formulas para enfrentar temas de inesperada ocurrencia.

Al llegar a la Presidencia de la República, tiene una formación integral. No hay aspecto que desconozca y que él no examine minuciosamente, que es por cierto una de sus características como administrador público. Su gobierno toca los temas básicos del país. Su administración se caracterizó por formar una sociedad más justa e igualitaria, de acuerdo con su pensamiento liberal. Tuvo afán de que lo económico y fiscal obedeciera a principios de planeación. Enunció su tesis central de crear una economía humana, que fue principio esencial de su pensamiento. El presupuesto debería obedecer a un criterio para el crecimiento nacional, con riguroso impulso al desarrollo de las diferentes regiones. Como tenía un criterio orgánico del estado, por ello adelantó la reforma constitucional de 1968 con principios que facilitaron la incorporación de Colombia a los complejos problemas internacionales. Se fortificó la descentralización, fortaleciendo la acción de los municipios y de los departamentos; se idearon las áreas metropolitanas, se reguló el situado fiscal. Su articulado se orientaba hacia el pleno empleo, con racional autorización de los recursos humanos y naturales. Se consagró la política de ingresos y salarios. La iniciativa del gasto público quedaba en manos del Estado, para evitar los vicios del clientelismo, y, a través de organismos como Compes, se buscó la racionalización del gasto público. Las leyes cuadros, lo mismo que la creación de los decretos autónomos, t raían novedades al derecho colombiano. El estado tendría la inspección del crédito público. La intervención del estado en la economía se amplió. La concepción de la inversión se orientaba a mejorar la calidad de la vida para los pobres, conduciendo la inversión pública hacia esos fines.

Como jurista, aceptaba la tesis de que el derecho político "es el pórtico de todas las disciplinas jurídicas". Por ello existió un "tiempo" jurídico en su gobierno. Lo primero fue, a través del decreto 1050 del 68, señalar las teorías, jurídicas y técnicas, de la administración. Por el 444 reguló la evolución de la moneda, que conducía a facilitar, igualmente, el manejo de los precios al consumidor y regular los factores perturbadores de la inflación. Si se repasa el número de institutos que Lleras creó en su acción pública, nos daremos cuenta que la administración nacional de allí depende. El gobierno -y lo predicó- con unas finalidades: fortalecer las libertades, la democracia y atender a un desarrollo económico, donde la justicia social se asumiera como función del Estado. Se ciñó a la concepción liberal colombiana, por la cual combatió políticamente para ejercer la función pública. Esto se puede establecer leyendo más de treinta libros que publicó sobre la historia nacional y su concepción política del Estado.