23 de septiembre del 2019
 
Camilo, el cura guerrillero, de Francisco Norden (1974)
Septiembre de 2016
Por:
Hernando Martínez Pardo

CAMILO, EL CURA GUERRILLERO (F. NORDEN)

Hoy es más fácil hablar de Camilo, el cura guerrillero. Es más fácil porque ahora sí podemos hablar de cine. En 1974, cuando se estrenó, Camilo se volvió un pretexto para afirmar posiciones políticas, y cada uno lo hizo con pasión desbordante. Nadie permitía que le tocaran su imagen de Camilo. Era casi que imposible hablar de la película en términos cinematográficos a menos que se quisiera correr el riesgo de ser tildado de reaccionario.

Estábamos en una época en que lo "in" cinematográfico eran los cortometrajes políticos, comprometidos, con los cuales se pensaba generar conciencia crítica en el pueblo y hacer la revolución. Importaban las ideas, no las estructuras cinematográficas. Los cineastas que no estaban "in" pensaban en cómo establecer una industria cinematográfica en el país. Cómo atraer capitales, ampliar la infraestructura y asegurar la distribución. Clamaron por la intervención del gobierno y todo culminó con el decreto 950 de 1976 que, como es obvio, tampoco abrió las puertas a la industria.

En medio de estas inquietudes políticas e industriales, Francisco Norden estrenó en 1974 "Camilo, el cura guerrillero", una película que tiene tantos Camilos cuantos entrevistados. Cada uno habla del cura guerrillero con la propiedad de la verdad infalible. Eso es lo que a mí más me gusta de la película, ver a toda esa gente, políticos, religiosos, intelectuales, tan bien instalados, tan rozagantes, exhibiéndose y dogmatizando sobre Camilo, o contando cómo éste no habría podido ser lo que fue si él, el entrevistado de turno, no hubiera aparecido en su vida.

Hoy, al volver a ver la película para escribir esta nota, siento que es válido interpretar que "Camilo" no es una película sobre Camilo, sino sobre todos los Camilos que hemos construido y, especialmente, una película sobre nuestra clase dirigente y líderes, sobre nuestra forma de ser. Una película no sólo sobre los Camilos, sino sobre los que hablan de Camilo.

 

Otro aspecto que me atrae del Camilo es su construcción: la forma como las entrevistas se chocan o complementan para ir conformando una sensación de imposibilidad de ver y definir al cura guerrillero desde un solo punto de vista. El Camilo de Norden merece un lugar privilegiado en nuestra historia cinematográfica porque no se limitó a utilizar el cine para decir una idea: construyó un relato fílmico que enriqueció los debates políticos de la época.