12 de diciembre del 2019
 
Santuario de la Niña María
Noviembre de 2019
Por:
William Jiménez E.* Historiador, Universidad del Valle, Magister en Historia, Universidad del Cauca. Estudios de Doctorado en Historia, Universidad Nacional de Colombia.

CALOTO

En el período colonial, Caloto fue fundada y destruida en varias ocasiones. Si bien otras poblaciones creadas por españoles fueron objeto de múltiples fundaciones y traslados, la cantidad de veces que Caloto fue refundada, al menos siete, hace que su origen sea excepcional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El municipio de Caloto está ubicado en el norte del Departamento del Cauca, en la vertiente occidental de la Cordillera Central, y cuenta con una extensión de 26.931,62 hectáreas. Se encuentra a una altura de 1.100 metros sobre el nivel del mar y su temperatura media anual es de 25 ºC. Está a 43 kilómetros de la ciudad de Cali, el polo económico e industrial de la región, y a 81 kilómetros de la ciudad de Popayán, capital del departamento al cual pertenece.

En el período colonial, Caloto fue fundada y destruida en varias ocasiones. Si bien otras poblaciones creadas por españoles fueron objeto de múltiples fundaciones y traslados, la cantidad de veces que Caloto fue refundada, al menos siete, hace que su origen sea excepcional. No es de extrañar que algunos estudiosos, como Mariano Sendoya y Jacques Aprile-Gniset, la llamaran, respectivamente, “ciudad fénix” y “la trashumante”. Los indígenas rebeldes que ocupaban las vertientes de la Cordillera Central desempeñaron un papel decisivo en el devenir y en los traslados de esa ciudad, en gran parte porque opusieron una fuerte resistencia a la conquista española y asediaron varios asentamientos ocupados por los españoles en ese territorio hasta comienzos del siglo XVII. El sometimiento definitivo de esos grupos, en parte, dependía de la fundación de un poblado en el que residieran habitantes castellanos que pudieran enfrentar a los indígenas.

 

Las huestes de Sebastián de Belalcázar, que para 1537 ya habían fundado, en lo que se habría de llamar la Gobernación de Popayán, las ciudades de Cali, Popayán y Pasto, se centraron en el proyecto de crear una población para avanzar sobre el flanco oriental de ese territorio provincial y resguardarlo de los indígenas que seguían en pie de guerra en la Cordillera Central. Después de varios intentos infructuosos, las huestes de Belalcázar hicieron una primera fundación en 1543, al parecer en el sitio que hoy ocupa Silvia (Cauca). La ciudad tuvo que ser abandonada por sus pobladores, debido al asedio de los indígenas.

Tierras de Caloto y Quilichao, y minas de Quinamayó, 1762. Archivo General de la Nación, Mapas y Planos 4, 371A

 

Más adelante, Domingo Lozano fundó la ciudad de San Vicente de Páez, en 1563, en el macizo montañoso conocido como Tierradentro, que está en la vertiente oriental de la Cordillera Central. Esta ciudad estuvo habitada hasta 1571. También fue abandonada, a causa de los constantes ataques de los indios paeces y pijaos, y reconstruida por los españoles en varias ocasiones. El último esfuerzo por consolidar una población en Tierradentro condujo a fundar la ciudad de Segovia La Nueva, en 1579. El mismo año, y pocos meses después de fundada, esta ciudad fue trasladada al emplazamiento de la ciudad de San Vicente de Páez. El asentamiento fue abandonado en 1581. La ciudad fue finalmente trasladada a la vertiente occidental de la Cordillera Central en 1581 y se asentó, de forma un tanto más duradera, en 1588, con el nombre de Nueva Segovia de Caloto.

Según Jacques Aprile-Giset, hubo otros traslados y refundaciones, hasta que la población se estableció de manera definitiva en su ubicación actual en 1720. Rápidamente, esta ciudad refundada ocupó una posición importante entre los centros poblados que hicieron parte de la vasta Gobernación de Popayán. Los exploradores Jorge Juan y Antonio de Ulloa, en su descripción de las ciudades y partidos de la Gobernación de Popayán en el siglo XVIII, respecto al distrito de Caloto, dijeron lo siguiente: “Es de mucha extensión, rico y abundante de frutos, pues comprehende un país muy fértil y poblado de haciendas”.

En ese fértil país, la minería de oro fue una de las actividades más importantes. Varios vecinos de Caloto y de Popayán controlaban la explotación de yacimientos, fundamentalmente depósitos de oro en planicies de inundación de los ríos, que se establecieron en lo que en esas épocas se llamó el sitio de Quilichao, así como en varias de las corrientes que surcan la extensa jurisdicción de la ciudad, que estaba comprendida, a grandes rasgos, por los ríos Cauca, Ovejas y Bolo (tributarios del primero) y el filo de la Cordillera Central. Además, aproximadamente desde 1690, la región minera del Choco comenzó a estar dominada y explotada por familias españolas de Popayán y Caloto. En ese contexto, los mineros de Caloto ocupaban una importante posición en la producción aurífera de la Gobernación de Popayán y el Nuevo Reino de Granada.

 

En efecto, como señalaron Juan y Ulloa, en la jurisdicción de Caloto se asentaron grandes haciendas que fueron consolidándose hacia finales del siglo XVII, algunos de cuyos propietarios eran vecinos de Popayán y Caloto, o religiosos jesuitas. Para el siglo XVIII, dichas haciendas producían riqueza y permitían abastecer las minas gracias al trabajo de pobladores mestizos, de indígenas de la zona y de una gran cantidad de esclavos de origen africano que durante mucho tiempo fueron mano de obra y dieron un especial acento a la cultura y a la mezcla racial y cultural en ese territorio.

 

Además de haber tenido el título de ciudad “muy noble y muy leal” en tiempos coloniales, Caloto también fue una Ciudad Confederada, ya que, en 1809 y luego del grito de Independencia de Quito, junto a las ciudades de Cali, Buga, Cartago, Anserma y Toro, se declaró independiente del gobierno realista de Popayán y mantuvo una posición de autonomía frente a las autoridades reales. De esta manera, Caloto, con las otras ciudades amigas del valle, sentó las bases de los movimientos de independencia del suroccidente colombiano. Más adelante, la Batalla del río Palo, que se libró en proximidades de la ciudad, confirmó el respaldo que los habitantes de esa población daban a la causa patriótica.

Niña María de Caloto. FOTO OSSMAN ALDANA, 2018.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las campanillas de Caloto y la fiesta de la Niña María

Según una narración recogida por Jorge Juan y Antonio de Ulloa en el siglo XVIII, los indígenas paeces habían intentado, sin éxito, destruir la campana de la iglesia durante uno de los ataques a la ciudad. Al ver que no podían destruirla, decidieron enterrarla. La referencia sobre los paeces hace pensar que el episodio tuvo lugar en el siglo XVI, cuando Caloto fue destruida y trasladada en múltiples ocasiones dentro de Tierradentro. Más adelante, los vecinos desenterraron la campana y, según el relato, la colgaron “en la torre de la nueva iglesia”, lo cual sugiere que el templo hacía parte de una nueva Caloto, pero es imposible saber si el hecho se corresponde con el emplazamiento definitivo de la población.

Según la creencia de los pobladores, el repicar de la campana disipaba o espantaba las tormentas. La noticia corrió por distintos lugares y muchas personas solicitaron “pedazos de ella para participar de su beneficio, y hacer las lenguas [badajos] de las campanillas, que corren con el nombre de Caloto, por cuyo medio ha conseguido aquel lugar hacerse memorable”.

En la actualidad, el fervor religioso de la población de Caloto está asociado con otra tradición. Se trata de la devoción a la Niña María, que se celebra todos los años el 8 de septiembre, en conmemoración de la Natividad de la Virgen María. A la fiesta acuden habitantes del municipio y peregrinos provenientes de todo el suroccidente colombiano. Con el nombre de Niña María se conoce a una imagen que, de acuerdo con información recopilada por Mariano Sendoya, data del siglo XVI. Para Sendoya, la imagen corresponde a la Virgen del Rosario o del Triunfo, bajo cuya protección se puso la ciudad, cuando fue fundada por Domingo Lozano, en 1563. Aparte del tamaño de la imagen (67 centímetros), es difícil establecer las razones por las cuales la imagen terminó siendo asociada con María niña. En cualquier caso, la Natividad de la Virgen María se celebra, al menos, desde comienzos de la década de 1720.

 

Batalla del río Palo. La batalla tuvo lugar el 5 de julio de 1815, cerca a la ciudad de Caloto, en el punto en el que el río Palo, que nace en lo alto de la Cordillera Central, entra en el valle geográfico del río Cauca. En la reyerta se enfrentaron durante un par de horas ejércitos patriotas y realistas procedentes de distintas provincias, que estaban al mando, respectivamente, de José María Cabal y Aparicio Vidaurrázaga. Los patriotas derrotaron a los realistas y, en términos generales, aseguraron por un tiempo la autonomía del valle del río Cauca y Popayán frente a los ejércitos fieles al rey español.

 

Batalla del río Palo José María Espinosa Prieto, 1850 ca.  Museo Nacional de Colombia.

 

 

Caloto contemporáneo: progreso y deporte

Los habitantes de la Caloto contemporánea han sabido mantener una rica mezcla entre su gran tradición histórica y su vocación agroindustrial, jalonada por los cultivos de caña de azúcar. Además de la importancia de este sector, tras la avalancha del río Páez, acaecida en 1994, la industria se ha establecido con fuerza en el municipio, debido a la zona franca que se instauró poco tiempo después de la tragedia, como una forma de promover el desarrollo económico del norte del Departamento del Cauca.

 

Puente sobre el río Grande (193). FOTO GERMÁN VALLEJO, 2015

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A pesar de que este ha sido un municipio afectado por el conflicto armado colombiano, como muchos otros del Departamento del Cauca, en la actualidad es un lugar de gran interés para diversas actividades relacionadas con el turismo. Esto, debido a que cuenta con una enorme riqueza en materia de diversidad cultural y natural, así como un amplio patrimonio histórico, expresado en la arquitectura colonial y republicana de su centro histórico y de las haciendas coloniales de su jurisdicción.

El municipio ha sido cuna de próceres y artistas. Además, en los últimos años se ha convertido en una importante cantera de deportistas que han llenado de alegría y gloria al país, entre ellos Davinson Sánchez, nacido en Caloto en 1996, delantero de la Selección colombiana de fútbol masculino y del Tottenham Hotspur, equipo de la Liga Premier inglesa.

 

 

      Biografia:

  • Santiago Paredes Cisneros, “La política del resguardo entre los indios páez del pueblo de Toboyma (gobernación de Popayán), 1650-1750”, Historia Crítica, n.º 58, pp. 36-38.
  • Jacques Aprile-Gniset, “Caloto, siglo XVIII”, Jacques Aprile-Gniset, La ciudad colombiana, Editorial Universidad del Valle, Cali, 1997, p. 76.
  • Jorge Juan y Antonio de Ulloa, Relación histórica del viage a la América Meridional, Antonio Marín, Madrid, 1748, primera parte, t. 2, pp. 463-464.
  • Jorge Juan y Antonio de Ulloa, Relación histórica, primera parte, t. 2, pp. 465-466.
  • Jorge Juan y Antonio de Ulloa, Relación histórica, primera parte, t. 2, p. 466.
  • Mariano Sendoya, Caloto ante la historia, t. 1, pp. 150 y 160-161