11 de diciembre del 2018
 
Septiembre de 2018
Por:
Memet Charum* Arquitecto Profesor de la universidad nacional de colombia

ARQUITECTURA Y UNIVERSIDAD

 

En los últimos 20 años, las plantas físicas de las universidades públicas y privadas han desarrollado un proceso de transformación y crecimiento debido, por una parte, al incremento en la demanda de formación superior, y por otra, a los procesos de acreditación de calidad que las instituciones de educación superior han llevado a cabo. Como resultado de esto, hay un gran número de nuevos edificios y de reformas de otros existentes que satisfacen el aumento de número de estudiantes y profesores en las diferentes plantas de las universidades.

 

En términos generales, la planta física de las universidades se dirige a resolver tres aspectos básicos: la docencia presencial, el bienestar y los ambientes complementarios a la formación. En el primer aspecto se encuentran los aularios, los laboratorios, los talleres, los edificios especializados, entre otros; en el campo del bienestar están, por ejemplo, los polideportivos, las canchas, las cafeterías, los comedores, la salud, las capillas; en el tercer aspecto se encuentran los auditorios, las bibliotecas, la administración, los servicios para la extensión, entre otros.

 

Panorama actual

En relación con los edificios universitarios cuyo propósito es la docencia presencial, hay una diferencia marcada entre los edificios genéricos que dan respuesta a múltiples disciplinas, como es el caso de los aularios versus los edificios especializados. El siglo XXI inició con obras de ambas clases, en los genéricos se destacan, en Bogotá, el edificio de aulas de la Universidad de los Andes de M. Pinilla y G. Peláez; y en Medellín, el edificio de aulas de la Universidad Pontificia Bolivariana de J. Pérez y J. E. Arteaga, y el edificio de aulas magistrales de la Universidad Nacional de L. Forero, H. Navarro, R. Atehortúa y H. Castañeda. Todos ellos responden a esta clase de edificio utilitario que es capaz de responder a una docencia presencial con un alto grado de utilización.

 

Por otra parte, están los edificios que integraron a las aulas otros servicios o espacios complementarios, o los edificios completamente especializados, que comenzaron a ser una constante en la medida que ha avanzado el siglo. Son los casos del edificio de Posgrados de la Facultad de Ciencias Humanas de Rogelio Salmona y el Edificio de Ciencia y Tecnología, de C. Avellaneda, ambos de la Universidad Nacional, Bogotá. En la Universidad de los Andes, Bogotá, el edificio de Ciencias Biológicas de M. Rojas y F. de la Carrera y el edificio Carlos Pacheco Devia de D. Bermúdez. La Escuela de Arquitectura y Diseño de la Universidad Pontificia Bolivariana de J. H. Castañeda, L. G. Hernández, C. M. Rodríguez y M. Valencia, en Medellín; y en Pamplona, Norte de Santander, el Edificio de Laboratorios Simón Bolívar de la Universidad de Pamplona de F. Y. Cubillos. Algunas de estas edificaciones abandonan la lógica funcionalista de un único uso para incorporar espacios complementarios que tienen como propósito el trabajo autónomo del estudiante, que hace parte de los procesos de aprendizaje de hoy, y también establecen un alto grado de especialización de los espacios que los conforman, para incorporar procesos de aprendizaje especializados.

 

Entre los más recientes edificios de docencia presencial se destacan, en Bogotá, la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de L. Álvarez, premio nacional de arquitectura del año 2016; la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana, ambos proyectos de R. La Rotta; el Edificio Jorge Hoyos S. J. de la Universidad Javeriana, que alberga la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, de F. Uribe; el Edificio Mario Laserna de la Universidad de los Andes de J. Vera, que tiene instalaciones de la Facultad de Ingeniería, con laboratorios, aulas y salas de computadores.

En relación con los edificios de bienestar se destacan durante este periodo la gradería de la Universidad de San Buenaventura de J. Beltrán, en Cali, premio nacional de arquitectura de la bienal del 2002; el Centro Deportivo de la Universidad de los Andes de F. González, en Bogotá; la Unidad Deportiva del campus La Nubia en Manizales de la Universidad Nacional de Colombia, de C. Echeverry, A. Vélez, C. Rueda, A. Martínez, todos relacionados con las actividades deportivas y cultivo del cuerpo, como complemento a la actividad intelectual que se desarrolla en los procesos de formación.

En relación con los espacios complementarios a la formación se destacan la Biblioteca Central de la Universidad Eafit de C. J. Calle y J. F. Forero, en Medellín. En Bogotá, la readecuación de la Capilla del Campito como biblioteca en la Universidad de los Andes de C. Campuzano; la Biblioteca y Auditorio de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de D. Bermúdez, la cual también tiene espacios administrativos; y la readecuación de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional de C. Avellaneda. Todos estos edificios responden a las actividades complementarias generales de las universidades, que también complementan el aprendizaje autónomo por parte de los estudiantes.

 

Aspectos arquitectónicos

 

Los edificios universitarios actuales tienen el reto de replantear drásticamente los espacios para la enseñanza universitaria, deben apartarse de los modelos empleados anteriormente para crear espacios versátiles que puedan dar soporte a una gama amplia de nuevas actividades de aprendizaje e investigación; adicionalmente, y también tener la capacidad de anticiparse a las necesidades futuras que impondrán los avances en las tecnologías de la información. Estos requerimientos, además de los asociados a los nuevos comportamientos de los usuarios, han impulsado a los arquitectos a explorar nuevas configuraciones espaciales que se alejen de los modelos provenientes del funcionalismo en los que existía una clara relación entre el programa y la organización espacial, y donde a cada espacio le correspondía una única actividad. Esta antigua condición funcionalista ha cambiado y adquiere una especial relevancia en los edificios universitarios, en su carácter cívico, donde la conexión entre espacio, forma y actividad buscan exaltar tanto las singularidades como el talante de cada institución, así como la imagen de su visión frente a la sociedad.

Los edificios universitarios contemporáneos son flexibles y buscan mezclar los aspectos básicos de las necesidades de la planta física, como la docencia presencial, el bienestar o los ambientes complementarios; la mezcla de estos espacios y actividades provoca encuentros y eventos; esta particularidad puede verificarse en la forma en que los edificios se relacionan con su contexto y en el modo en que estos y sus espacios están configurados. Esta configuración se caracteriza por una oposición entre los espacios que están destinados a una actividad establecida y los que no tienen un destino específico, es decir, en donde lo planificado y lo no planificado pueden tener igual importancia. Vamos a destacar unos pocos ejemplos.

Uno de los edificios que reúne estas condiciones con claridad, y probablemente el que las inaugura, es el edificio de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, sede Bogotá, de Rogelio Salmona; está compuesto por espacios para la docencia presencial como aulas, auditorios, espacios para seminarios, así mismo, espacios de apoyo como la biblioteca y oficinas, además de los espacios de bienestar como la cafetería. Estos espacios son para actividades “fijas” y están circunscritos en volúmenes definidos; por otra parte, están acompañados por espacios sin una destinación explicita, en los que se puede circular o permanecer de manera individual o colectiva, como el patio, la cubierta, los espacios de conexión, los nichos, las rampas, etc.; son espacios de apropiación.

 

En la misma sede de la Universidad Nacional, la Facultad de Enfermería tiene en la planta de acceso espacios de trabajo autónomo flexibles, además de un comedor. El edificio está rodeado por una topografía artificial, con espacios libres de encuentro y permanencia para los estudiantes. El volumen del edificio está compuesto por dos franjas de diferente altura y anchura, con aulas para la docencia presencial en la parte ancha y áreas de trabajo autónomo y descanso para estudiantes y profesores en la parte delgada. El conjunto está rematado por una terraza que alberga una cafetería. Las áreas para la docencia presencial siempre están enfrentadas a áreas de trabajo autónomo o de bienestar.

 

En el caso de los edificios que aprovechan las disposiciones de las actividades, la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, dispone tres volúmenes apilados y traslapados, con materialidad distinta, apoyados en una plataforma que se adecúa a la topografía y que aloja espacios de grandes dimensiones en su interior. Los espacios dedicados a la docencia presencial que requieren recintos cerrados se han dispuesto en el parte inferior del conjunto mientras que en la parte superior se encuentran las actividades que requieren de transparencia e iluminación. El carácter de la experiencia del edificio se origina en la continuidad de sus circulaciones y de su vínculo visual con el contexto.

Comprender estas características, así como los lugares en los que se implantan los proyectos, ya sea en campus o en sectores urbanos con organización de predios y manzanas, será el reto de los edificios que se construyan en el futuro.

Temas de interes : Historia de los monasterios, Edificios Republicanos