11 de diciembre del 2018
 
Octubre de 2018
Por:
Rodrigo Arteaga Ruiz* Arquitecto, especialista en Conservación y Restauración del Patrimonio Arquitectónico, magíster en Desarrollo y Cultura, candidato a doctor en Educación y Cultura en América Latina. Profesor Asociado II de la Universidad Jorge Tadeo

ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS EN EDIFICIOS PATRIMONIALES

En la historia de la humanidad las comunidades han necesitado múltiples espacios arquitectónicos para realizar sus actividades y desarrollar sus procesos sociales. De acuerdo con lo anterior, el pasado nos hereda la memoria y los edificios son documentos de la historia de ese pasado, como diría Ruskin: “la mayor gloria de un edificio no depende, en efecto, ni de su piedra, ni de su oro. Su gloria toda esta en su edad, en esa sensación profunda de expresión de vigilancia grave, de simpatía misteriosa, de aprobación o de crítica que para nosotros se desprende de sus muros, largamente bañados por las olas rápidas de la humanidad”[1]. Y es que es usual que a lo largo de la historia los edificios se completen y amplíen preservando su uso; se destruyan por abandono o por condena debido a sucesos ocurridos; se reconstruyan para conservar la memoria del sitio, o simplemente puedan cambiar de uso.

En la historia de la arquitectura de nuestro país hay momentos cruciales en que los edificios cambian de uso. Sucedió durante la Colonia, en el año de 1767, cuando fue expulsada la comunidad de los jesuitas por orden del rey Carlos III, por lo cual sus inmuebles pasaron a otros dueños y se ajustaron a nuevos usos. También, con el triunfo de la independencia algunos edificios del gobierno colonial fueron dados a los patriotas vencedores. Otro momento significativo lo generó la puesta en marcha del decreto presidencial de expropiación de bienes de manos muertas promulgado por el presidente de la República Tomás Cipriano de Mosquera en el año de 1861, en este proceso muchos edificios fueron convertidos en hospitales, colegios, cárceles o fábricas. Con el ocaso del siglo XIX y los ideales de progreso y el crecimiento de la ciudad moderna, nuevamente grandes edificios –incluidos ya los del periodo republicano– perdieron su vigencia y entraron en un profundo abandono, por lo tanto, al finalizar el siglo XX y bajo las ideas de la restauración, debieron ser refuncionalizados y adaptados a usos acordes con las necesidades del nuevo milenio.

Biblioteca Bartolomé Calvo. Exterior. Foto Rodrigo Arteaga.
Banco de Bolívar hoy Biblioteca Bartolomé Calvo – Banco de la República. Exterior
Vega, A. Manuel 1910?). Cortesía Fototeca Histórica de Cartagena -UTB.

 

 

Adecuación del antiguo edificio del Banco de Bolívar como la Biblioteca Bartolomé Calvo

El Banco de la República en Cartagena es una de las edificaciones que han sido adecuadas en el país como espacios para otros usos (bibliotecas o archivos), en este caso se adaptó para la actual Biblioteca Bartolomé Calvo. El inmueble se atribuye al arquitecto alemán Nicolás Samer. Según el Libro azul de Colombia, el banco fue fundado en 1907 por Bartolomé Martínez Bossio con una junta directiva de importantes hombres de negocios locales, entre ellos Celedonio Gutiérrez de Piñeres, Carlos Vélez Daníes y Rafael de Zubiría, en la gerencia del banco participaron sus hijos: Jerónimo, Eduardo y José Martínez y Aycardi. El banco “Funciona en un edificio propio, elegante y moderno, todo de concreto armado, que fue inaugurado en febrero del año 1915[2]. Por lo tanto es posible que el proyecto sea de 1907, durante la constitución del banco, y la obra solo se haya finalizado hacia 1915 como aparece en la guía colombiana de 1918.

La biblioteca lleva el nombre del cartagenero Dr. Bartolomé Calvo Díaz de la Madrid nacido en 1815, quien fue presidente encargado entre 1859 y 1861, también fue gobernador en Panamá, procurador general de la Nación, abogado y tipógrafo; murió en Quito en 1889. Desde 1979 el Banco de la República tenía el interés de asumir la Biblioteca Departamental en Cartagena y en 1981 inauguró la biblioteca actual bajo el mandato del entonces gobernador Haroldo Calvo Núñez.

El edificio, ubicado en la calle de la Inquisición, es de dos plantas, la baja está elevada sobre el terreno. La fachada es de fuertes rasgos republicanos. Al centro se ubica la entrada al edificio, con un arco de medio punto enmarcado en ambos lados por dos columnas de orden toscano de grandes proporciones; el acceso está adornado por una tupida reja de hierro y de cada lado hay un gran ventanal con arcos de medio punto. El muro del primer piso está almohadillado, lo que da un efecto de horizontalidad en contraste con las proporciones de las columnas. La fachada de la planta alta presenta ocho grandes ventanales en el cuerpo central sobre el acceso, cuatro con forma de arco de medio punto y, a cada uno de los costados, dos de forma rectangular. Todo el conjunto está rematado por una cornisa y sobre ella un frontón triangular con molduras.

Estación del ferrocarril de Armenia, Quindío. Foto de Jhon James Gutiérrez Gil en wikipedia.

Estación del ferrocarril de Armenia, Quindío. Foto de Jhon James Gutiérrez Gil en

wikipedia.

 

Bibliotecas en antiguas estaciones de ferrocarril

Otros dos casos de bibliotecas en edificios patrimoniales son las ubicadas en las estaciones del ferrocarril de Pereira y Armenia que han funcionado durante algún tiempo en estos edificios que fueron declarados patrimonio nacional.

Durante el gobierno del general Reyes fue necesario mejorar las vías para exportar el grano de café que se producía en el Viejo Caldas y que debía llegar hasta Honda para, desde allí, salir a los puertos del Caribe; sin embargo, fue necesario buscar otras alternativas y se gestó el proyecto de construir un ferrocarril que conectara esta región con Cali y de ahí con Buenaventura. De este proyecto resultó el Ferrocarril de Caldas que duró largos años en gestación y construcción para poder conectar las actuales capitales del eje cafetero con Cartago.

La estación de Pereira se inició como una sencilla casa de bahareque que se transformó sustancialmente entre los años 30 y 40 del siglo pasado logando su fisonomía característica. Funcionó como estación hasta los años 60, cuando se desmontó el sistema. Después de un tiempo fue convertida en la Biblioteca Ramón Mejía Correa, función que cumplió hasta el año 2005; luego de años de abandonó fue rehabilitada para el alojar una sede del SENA. El edificio, con aire art decó, es de dos pisos y está rematado por un reloj en el cuerpo central. Tanto en la planta baja como en la alta hay puertas y ventanas con arcos rebajados, enmarcados con rectángulos en alto relieve, que se unen al zócalo en la base del edificio. El segundo piso es más pequeño y da paso a un balcón que bordea todo el edifico.

Por su parte, la estación de Armenia fue finalizada en la década de los años 30 para las bodegas, despachos y oficinas del ramal del ferrocarril. Luego se convirtió en biblioteca pública y sede de algunas dependencias del gobierno municipal, y hoy funciona como el centro cultural. El edificio principal se destaca por ser un volumen rectangular de dos pisos en el cuerpo central y bajos en los laterales; el acceso es demarcado por un volumen que a su vez sobresale del cuerpo central permitiendo una baldonadora en el segundo piso y un portal en la parte inferior. La fachada del primer piso se caracteriza por ser una arcada de medio punto en la cual se encuentran puertas y ventanas separadas por pilastras, mientras que en el segundo piso son ventanas rectangulares rematadas por frontones triangulares. En ambos pisos las paredes presentan un almohadillado característico del momento ecléctico en el que fue construida. El conjunto está rematado por balaustradas en ambos pisos.

Antigua Estación del Ferrocarril. Pereira. Foto Juan C. Noreña.

 

La antigua aduana de Barranquilla, motor de desarrollo cultural

la antigua aduana de Barranquilla, declarada patrimonio en 1984, fue restaurada en la década de los años 90 del pasado siglo y es uno de sus edificios más emblemáticos y promotor de la recuperación del centro histórico de la ciudad. Hoy funciona en sus instalaciones un activo centro cultural que es administrado por la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta; entre las dependencias de este complejo se encuentra la Biblioteca Piloto del Caribe y el Archivo Histórico del Atlántico.

Luego de la independencia de nuestro país y durante todo el siglo XIX, Barranquilla tomó un lugar preponderante en el desarrollo de la región y desde 1849 se instaló una aduana en la ciudad. El edificio actual, de influencia neoclásica, fue inaugurado en 1921 por el presidente Marco Fidel Suárez.

El edificio presenta un cuerpo central de dos pisos y dos secciones de un piso a cada lado; ambas conservan el paramento del cuerpo central hacia la calle, pero en el interior los laterales se encuentran retrocedidos dando más énfasis al cuerpo central. En la fachada principal se marca el acceso con cuatro grandes columnas y un frontón triangular en la parte superior, también se nota el resalto volumétrico en los extremos del cuerpo central. Hacia el interior toda la planta baja presenta un largo espacio aporticado con arcos rebajados. En todos sus costados presenta puertas y ventanas rectangulares y en la planta alta hay una gran cantidad de tribunas. La verticalidad se acentúa debido a la separación con pilastras de las puertas y ventanas. Todas las perforaciones están enmarcadas con molduras que refuerzan el estilo del edificio.

Aduana de Barranquilla. Foto Alberto Saldarriaga.
Aduana de Barranquilla.  Foto Alberto Saldarriaga.

 

Bibliografía

  1. Arango, Silvia. Historia de la Arquitectura en Colombia. Bogotá, Centro Editorial Facultad de Artes Universidad Nacional de Colombia, 1989.
  2. Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta. http://clena.org/
  3. Posada, Jorge. Libro Azul de Colombia. 1918. Recuperado en: https://archive.org/details/libroazuldecolom00posa
  4. Ruskin, J. Las siete lámparas de la arquitectura. 1913. Recuperado en Biblioteca Digital Hispánica. En http://www.bne.es/es/Catalogos/BibliotecaDigitalHispanica/Inicio/index.html
  5.  
  6. [1] Ruskin, 1913, p. 223.
  7. [2] Posada, 2018, p. 19.