Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano. Centro de documentación y consulta
Septiembre de 2016
Por:
Credencial Historia

AÑOS DE CINE

Durante una centuria el cine colombiano ha permanecido en una etapa experimental, con excepcionales producciones de calidad impecable. Un vistazo al Siglo XX nos permite observar que la industria cinematográfica colombiana será una espléndida realidad en el Siglo XXI

María: lágrimas y pleitos 

Dos años después de inaugurada la era del cine por los hermanos Lumiére en París, Bogotá pudo conocer lo que sería llamado el séptimo arte. Estos años iniciales han quedado reseñados con precisión por Credencial Historia (v. edición 88, abril 1997), por lo que iniciamos nuestra reseña del cine colombiano en el siglo XX con el primer largometraje argumental nacional, María, basado en la novela de Jorge Isaacs.

En 1915 los hermanos Di Doménico produjeron un largometraje que narraba el asesinato de Rafael Uribe Uribe, ocurrido el año anterior. El filme se titulaba El Drama del 15 de octubre (día del asesinato) y tenía la peculiaridad de que los protagonistas eran los propios sindicados del crimen, Leovigildo Galarza y Jesús Carvajal. Los moralistas de entonces pusieron el grito en el cielo y hubo un movimiento para impedir la proyección de la película, que en efecto no consiguió llegar a la sala de proyección del Olympia y que fue destruida por orden judicial. Este primer fracasó desalentó una industria prometedora, que ya en México, por ejemplo, había tomado gran incremento y existían cinco casas productoras.

En 1922, año del estreno de María, una productora estadounidense, la Universal Film Manufacturing Co. se manifestó interesada en producir películas con libretos escritos por colombianos sobre temas colombianos, pero su propuesta no encontró eco en nuestro país.

El año anterior la compañía Valle Films había iniciado en el Valle el rodaje de María, con guión de Alfredo del Diestro, en trece actos para proyectar en dos funciones, estrenada con toda solemnidad y ante numeroso público en Cali el 21 de octubre de 1922, y demandada pocos días después por los familiares de Jorge Isaacs, que reclamaban el pago de derechos de autor, a lo que se negaba la empresa productora.

María se estrenó en Bogotá el 13 de julio de 1923. Un público de más de tres mil personas colmó la sala del Olympia los dos días en que se la exhibió. Después la cinta pasó al Cinerama, al Caldas (en Chapinero) y al Bogotá, y en todos el lleno fue completo, y las lágrimas corrieron a torrentes. “A pesar de tener muchos defectos considerables –algunos de ellos los menos propicios a la emoción—la representación de ‘La María’ en el lienzo del cine ha hecho llorar a las nueve décimas partes de la concurrencia”, comenta El Tiempo.

Pero no solo hubo lágrimas. El pleito entablado por los herederos de Isaacs venía persiguiendo la película y el 2 de agosto tuvo que ser retirada de las salas de cine por orden del juez 3o del Circuito de Bogotá, que la secuestró mientras se ventilaba el pago de los derechos. El pleito terminó en diciembre con el reconocimiento de regalías por parte de Valle Films a los herederos de Efraín y María.

 

Los primeros cincuenta años 

En 1923 la empresa Film & Company de Manizales inició el rodaje de Madre, basado en la novela de Samuel Velásquez, película que se estrenó en 1924. Arturo Acevedo Vallarino y los Hermanos Di Doménico establecieron en octubre de 1923 la Empresa Cinematográfica Colombiana, que en 1924 realizó las películas Aura o las violetas y La tragedia del Silencio. Escrita y dirigida por Arturo Acevedo se rodó en 1925 Bajo el cielo Antioqueño, producida por el magnate Gonzalo Mejía, cinta que redituó largamente la inversión, y que ha sido restaurada en su totalidad. Por su parte los hermanos Di Doménico estrenaron Como los muertos, filme basado en la pieza dramática de Antonio Alvarez Lleras.

La producción cinematográfica colombiana más ambiciosa de la década de los veinte fue Caminos de Gloria: Rafael Uribe Uribe o el final de las guerras civiles en Colombia, principiada en 1928 y estrenada en 1929, con guión original de Efe Gómez, Dirección de Pedro J. Vásquez, y producida por Rubén Arcila. Es toda una hazaña del cine, por los desplazamientos que efectúa, la calidad de la fotografía, la excelencia del guión, la habilidad de la dirección, y la duración cercana a las tres horas. También hay que mencionar como notable, en este década, Garras de oro, de un montaje fastuoso, sobre la pérdida de Panamá.

Los años siguientes marcaron un declive en el cine colombiano. Lejos de aumentar las producciones, decayeron, y hasta 1941 no se produjo la primera película sonora argumental, Flores del Valle, cuya restauración está en proceso por la Fundación Patrimonio Fílmico colombiano. La iniciativa colombiana había sido en parte aplastada por el auge del cine mexicano, que acaparaba la atención de los criollos, y por la escasez de recursos que desanimaba a cualquier intrépido deseoso de hacer cine en Colombia. Sólo en 1958, con El milagro de sal, renace el interés del público por los temas nacionales, y se origina una nueva ola de producción, que da origen al Festival de Cartagena (1960) y que llega a su momento culminante con la preciosa película de José María Arzuaga Raíces de Piedra (1962). Aquí se inicia otro punto de partida, con Semáforo en Rojo (1963) coproducción colombo mexicana, dirigida por Julián Soler, que obtiene gran éxito de público. Luego viene una de las películas clásicas del cine nacional, los Tres cuentos colombianos, auténtica joya, que escriben y dirigen Julio Luzardo y Alberto Mejía, período que concluye en 1970, año a partir del cual se incrementan las coproducciones.

Los treinta años finales 

La década de los setenta nos dejó dos películas memorables: Una tarde un lunes, drama entre cómico y sicológica, con estupenda dirección y guiones de mucha calidad; y la hilarante Préstame tu marido, basada en la comedia de Luis Enrique Osorio. Los años ochenta fueron pródigos en cantidad y en calidad. Debemos recordar El Escarabajo, de Lisandro Duque (1983), Cóndores no entierran todos los días, de Francisco Norden (1984), Los Elegidos, producción colombo rusa, basada en la novela de Alfonso López Michelsen (1984); Pisingaña, de Leopoldo Pinzón (1985); San Antoñito, de Pepe Sánchez (1985); Tiempo de Morir, de Jorge Alí Triana (1986); Crónica de una muerte anuncia, producción colombo italiana, de Francesco Rossi (1988); y Técnicas de duelo, de Sergio Cabrera (1988).

Bajó la cantidad en producción durante la década de los noventa, pero se produjeron varias de las mejoras películas del cine colombiano. María Cano, de Camila Loboguerrero (1990); Rodrigo D no futuro, de Víctor Gaviria (1990); La estrategia del Caracol, de Sergio Cabrera (1993); La Gente de la universal, de Felipe Aljure, (1993); Amores ilícitos, de Heriberto Fiorillo (1995); Bituima 1780, de Luis Alberto Restrepo (1995); El Alma del maíz, de Patricia Restrepo (1995); Ilona llega con la lluvia, de Sergio cabrera (1996); La nave de los sueños, de Ciro Durán (1996), y la que podría ser opcionada como la mejor película colombiana del siglo XX, La vendedora de Rosas, de Víctor Gaviria, aunque también nominaríamos para este reconocimiento los Tres Cuentos Colombianos, de Julio Luzardo y Alberto Mejía, El Río de las Tumbas, de Julio Luzardo y La Gente de la Universal, de Felipe Aljure.

Hacia el Siglo XXI 

Al culminar el siglo XX, en junio del 2000, el ministerio de cultura efectuó una encuesta, divulgada por El Tiempo, sobre “el cine que les gusta a los colombianos”. Esta encuesta tiene el defecto de la inmediatez, es decir, que las personas consultadas solo hablaron de las películas más recientes, las que podían recordar, y no tuvieron en cuenta ninguna de las producidas desde 1985 para atrás. La opinión de los colombianos sobre el cine nacional “en general no es muy positiva. Opinan que frente al cine extranjero, el nuestro es pobre en tecnología y sonido, no tiene recursos económicos y además su publicidad es mínima”. La resistencia frente al cine colombiano arrojó un 71% de opiniones, en parte porque los espectadores colombianos creen que nuestro cine “se encasilló en temáticas como violencia, pobreza y situaciones negativas”.

En el Siglo XXI el cine colombiano tendrá que refinarse para competir en el mundo global, lo cual tiene en principio la enorme ventaja de que se amplían los mercados. Las coproducciones latinoamericanas deberán multiplicarse, si se quiere obtener un espacio rentable en el universo cinematográfico, con temáticas que puedan interesar al ámbito latinoamericano, superior a los trescientos millones de espectadores.

El modelo que nos está enseñando el camino lo encontramos en la extraordinaria película María llena eres de gracia, cuya actriz principal, Catalina Sandino, ganó el oso de plata en Berlín (2003), y además de otros premios ha encontrado una acogida excepcional por parte de la severa critica estadounidense, lo que le ha generado el mayor éxito de taquilla obtenido por una película extranjera en los últimos cinco años. ESM