28 de noviembre del 2020
 
Noviembre de 2020
Por :
Samuel León Iglesias * Investigador de la Curaduría de Arte del Museo Nacional de Colombia.

Ángel Cuervo Urisarri: su vida y avatares de una colección (1838-1903)

El acto de coleccionar, motivado por el deseo vivo y desmedido de conocer y poseer el mundo, se decanta en las piezas que componen cualquier conjunto reunido tras un ejercicio de selección consciente. En las colecciones privadas la valoración de los objetos depende de su originalidad y de las memorias que estos evoquen a sus poseedores. Así, las piezas pueden considerarse, por ejemplo, mementos de vivencias personales, objetos testimoniales, reliquias sagradas, evidencias históricas y obras artísticas. Un coleccionista de estas calidades fue Ángel Cuervo Urisarri (1838-1896) (imagen 1), hermano del filólogo y gramático Rufino José (1844-1912) (imagen 2), junto con quien vivió los últimos años de su vida y se trasladó a París. A continuación, presentaremos a este hombre de genuinos intereses por la cultura y su legado material, el cual hace parte de las colecciones de Arte e Historia del Museo Nacional de Colombia.

 

Un “alma sencilla”

Ángel Augusto Cuervo Urisarri fue el quinto hijo del político y diplomático Rufino Cuervo Barreto (1801-1853) y María Francisca Urisarri y Tordesillas (1805-1869). El padre, interesado en ofrecer una educación esmerada a sus hijos, contrató profesores privados para dar a cada uno de los niños Cuervo Urisarri una formación distinta. Ángel, por su parte, recibió lecciones de historia y literatura, disciplinas que marcaron su interés por la escritura y el arte. En 1860, Ángel se enlistó en el ejército que defendía al gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez (1805-1885) frente a las tropas liberales comandadas por Tomás Cipriano de Mosquera (1798-1878). Fruto de esta experiencia fue el libro Cómo se evapora un ejército (1900), publicado póstumamente. Terminada la revolución, a partir de junio de 1862 Cuervo explotó infructuosamente una mina de sal en Sesquilé. Posteriormente, regresó a Bogotá y se dedicó a la fabricación de cerveza con la ayuda de su hermano Rufino José (imagen 3). El negocio prosperó hasta el punto en que, una vez liberado de las deudas familiares, Ángel pudo emprender el 15 de abril de 1878 su primer viaje a Europa en compañía de su hermano. En un principio, el periplo se organizó con el fin de asistir a la Exposición Universal de París, evento ideal para admirar los adelantos científicos, industriales y artísticos. También esperaban conocer algunas fábricas de cerveza, donde esperaban informarse de procedimientos novedosos para mejorar su producto. Sin embargo, en los catorce meses durante los cuales recorrieron Europa y parte de Asia, los hermanos dedicaron la mayor parte del tiempo a conocer museos, bibliotecas y lugares emblemáticos.

 

E. Fichot – Impresor (activo en París 1860-1880)

Logotipo Cerveza de Cuervo

Ca. 1871, impreso, 30 x 25 cm

Reg. 811, Colección ICC – Donado por Rafael Villamizar Martínez en 1974

 

Pascal Sebah (1823-1886)

Intérieur de Sta. Sophie

Ca. 1878, copia en albúmina, 6,3 x 10,4 cm

Reg. 4097 

© Museo Nacional de Colombia / Cristian Camilo Mosquera Mora

 

 

Los Cuervo regresaron a Bogotá a mediados de 1879, cargados de recuerdos, encargos y objetos adquiridos en diferentes países. Ángel reactivó la fábrica de cerveza, la cual continuó aportándole ganancias considerables. Eventualmente creyó conveniente vender su negocio, empacar maletas y emprender el viaje definitivo hacia Europa el 18 de mayo de 1882. Una vez radicado en la Ciudad-Luz, dedicó su tiempo a disfrutar del dinámico mundo cultural de la capital francesa y a escribir sobre literatura y arte. Rufino José, por su parte, dispuso del tiempo necesario para dedicarse por completo a los estudios filológicos y a la escritura de su Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana, obra iniciada el 29 de junio de 1872. 

 

El viaje a Europa: origen de una colección

Durante su primer viaje, el mayor interés de los hermanos Cuervo fue el descubrimiento de nuevos lugares en el marco del llamado “Grand Tour”. El fin de dicho itinerario europeo era adquirir conocimientos mediante el disfrute turístico. Este ejercicio de descubrimiento y formación a través del viaje se percibe en el registro que Ángel Cuervo llevaba en sus diarios. Allí se encuentra una descripción bastante detallada de las ciudades que visitó en compañía de Rufino José, urbes como París, Londres, Berlín, San Petersburgo, Viena, Estambul, Atenas, Nápoles, Roma, Madrid y Sevilla.

 

Durante el viaje, las visitas a los Museos del Louvre, del Hermitage, del Prado o Británico fueron objeto de ensoñación y disfrute estético para Ángel, dado que se complacía en identificar las obras de maestros clásicos de la historia del arte europeo como Rafael Sanzio (1483-1520), Tiziano Vecellio (ca. 1489-1576), Pedro Pablo Rubens (1577-1640), Diego Velázquez (1599-1660) y Rembrandt Van Rijn (1606-1669). Los nombres de artistas registrados en sus diarios de viaje, junto con la relación de algunas de sus obras, constituyen un indicio del gusto que Ángel mantuvo por las bellas artes durante gran parte de su vida. Esta actitud lo llevó a practicar el diletantismo en pintura, es decir, se dedicó a adquirir conocimientos sobre el régimen artístico mediante la observación, estudio y análisis de diversas fuentes. Sobre este interés de Ángel volveremos más adelante.

 

Autor desconocido

Hércules Farnesio

Ca. 1878, copia en albúmina, 10,7 x 6,8 cm

Reg. 4132 

© Museo Nacional de Colombia / Cristian Camilo Mosquera Mora​

 

 

Llama la atención el hecho de que Ángel Cuervo hubiera registrado datos muy precisos sobre la vida y costumbres de los habitantes de Rusia, Turquía, Grecia e Italia. Justamente, los primeros objetos incorporados a su incipiente colección que han podido identificarse están relacionados con aquella etapa de su viaje: una reproducción del ícono ruso de la Virgen de Kazán, un ánfora etrusca, un recipiente para perfume griego, otro de origen etrusco, tres vasos etruscos de tipo bucchero, dos lacrimatorios probablemente pompeyanos y una figurita egipcia. A este conjunto de antigüedades se sumaron 208 tarjetas de visita, las cuales reproducen fotografías de vistas naturales, ciudades, edificios civiles y religiosos, monumentos públicos, museos, tipos locales, pinturas y esculturas (imágenes 4 y 5).

 

Una “conversación” en clave de pintura

La pinacoteca inicialmente formada por Ángel Cuervo contenía los cuadros heredados de sus padres. Estos lienzos eran de origen colonial, uno atribuido por tradición familiar al pintor español Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682) (imagen 6), y otros dos pintados por el afamado pintor Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos (1638-1711). Durante la segunda visita a Bogotá del pintor académico mexicano Felipe Santiago Gutiérrez (1824-1904), Cuervo adquirió un retrato de mano suya del militar y político Urbano Pradilla Aranda (1806-1884). Cuando se trasladó definitivamente a París, llevó consigo el legado familiar y el cuadro pintado por el mexicano.

 

Una vez instalado en la capital francesa, entre 1882 y 1886 Ángel decidió registrar sus impresiones estéticas. Al año siguiente entregó a la imprenta el manuscrito que llamó Conversación Artística (1887). Esta publicación reúne en tres largos capítulos información relevante sobre el mundo del arte parisino, además de algunas historias y anécdotas sobre los pintores favoritos de Ángel. Artistas como Theodore Géricault (1791-1824), Camille Corot (1796-1875), Jean-François Millet (1814-1875), Jean-Louis-Ernest Meissonier (1815-1891) y William-Adolphe Bouguereau (1825-1905), quienes, a su vez, representaban los movimientos artísticos más tradicionales, entre ellos el neoclasicismo, el romanticismo y el realismo. Las páginas de este texto permiten entrever lo que consideramos la formación de un criterio estético, basado en la visita permanente a los lugares del arte y la atenta observación de las obras de cada uno de los pintores mencionados. Las visitas a las exposiciones y la investigación que realizó sobre sus artistas predilectos, permitieron que Ángel paulatinamente comprendiese conceptos como el color, la pincelada y el dibujo académico. Puede afirmarse que la Conversación Artística refleja a un observador dedicado e intrépido, capaz de identificar el espíritu artístico en clave académica a fuerza de pasar horas y horas frente a las obras.

 

Autor desconocido

Los cuatro doctores de la Iglesia

Ca. 1750, óleo sobre tela, 93 x 121 cm

Reg. 2235 

© Museo Nacional de Colombia / Juan Camilo Segura

 

 

 

Adalbert Begas (1836-1888)

El sueño de la artista

1885, óleo sobre tela,128 x 201,5 cm

Reg. 2241 

© Museo Nacional de Colombia / Ernesto Monsalve Pino

 

 

Todos estos elementos nos permiten comprender los gustos de este diletante y, consecuentemente, la adquisición de un par de obras que complementaron su pequeña colección de pintura. La primera de estas corresponde al lienzo llamado El sueño de la artista, realizado por el pintor alemán Adalbert Franz Eugen Begas (1836-1888). Este debió ser adquirido por Ángel Cuervo en una de sus visitas a Berlín, ciudad donde el pintor tenía su taller (imagen 7). Al observar este óleo de gran formato, a la manera de los artistas académicos franceses, podemos sugerir los motivos que llevaron al coleccionista a comprarlo:   tema alegórico propio del movimiento romántico, esmerada realización del claroscuro, dibujo eminentemente académico, estudio anatómico y volúmenes corregidos. Todo ello sumado a una composición equilibrada y una paleta de color muy cercana a la de los maestros franceses.

 

Arturo Michelena (1863-1898)

Sancho Panza

1892, óleo sobre tela, 33,5 x 27,3 cm

Reg. 2255 

© Museo Nacional de Colombia / Juan Camilo Segura

Autor desconocido

Tumba de Juan José Neira

Ca. 1841, óleo sobre marfil, 8,5 x 5,8 x 1,3 cm

Reg. 893 

© Museo Nacional de Colombia / Cristian Camilo Mosquera Mora

 

 

La segunda obra es un óleo más pequeño llamado Sancho Panza, elaborado por el pintor académico venezolano Arturo Michelena (1863-1898) (imagen 8). Ángel debió conocer su obra en el Salón Oficial de Artistas Franceses, dado que el joven artista expuso en dicho certamen desde 1886 hasta 1893. Esta pintura sintetiza tanto el interés de Ángel por los temas relacionados con la identidad hispánica, como los valores pictóricos propios del academicismo ecléctico que gobernaba el régimen artístico francés a finales de siglo XIX: una composición sencilla en donde la pincelada suelta y recargada de pigmento deleita la mirada del espectador.

 

El legado de Ángel Cuervo: entre el duelo y la enseñanza artística

Ángel Cuervo murió de pulmonía el 24 de abril de 1896. Rufino José debió encargarse de la organización del funeral y ocuparse personalmente de los negocios de su hermano. El 24 de septiembre de 1897, el filólogo envió una carta al ministro de Instrucción Pública, donde transmitió el deseo de su hermano fallecido de donar al Museo Nacional de Colombia objetos de su colección de pintura, antigüedades y fotografías. Para efectuar dicha donación, Rufino José solicitó que no se cobrara ningún impuesto en la aduana. El equipaje consistió en cinco cajas, cuyo contenido era el siguiente: la colección de pintura, una capucha que perteneció a Simón Bolívar (1783-1830) y fragmentos del ataúd en donde fue enterrado, un busto en mármol y la espada del general Antonio Basilio Cuervo Urisarri (1834-1893) —hermano mayor de Ángel y Rufino José—, una miniatura con cabellos del coronel Juan José Neira (1793-1841) (imagen 9), las antigüedades griegas y etruscas, piezas de vajilla, y varios álbumes fotográficos que contenían las 208 tarjetas de visita del primer viaje europeo de los hermanos Cuervo.

 

El encargado de recibir el legado de Ángel Cuervo fue Fidel Pombo Rebolledo (1837-1901), director del Museo Nacional, quien informó del recibo de las cinco cajas y su contenido a Rufino José el 13 de diciembre de 1898. Entre esta fecha y el 20 de marzo de 1899, Pombo se encargó de inventariar y catalogar la donación, así como de organizar la exhibición de algunos objetos. Entre abril de 1903 y 1946, los cuadros de Vásquez, Begas y Michelena hicieron parte del Museo anexo a la Escuela de Bellas Artes, institución cuya finalidad era eminentemente pedagógica.

 

 

 

Bibliografía:

 

1 José Rufino Cuervo, “Noticia biográfica de Don Ángel Cuervo”, en Cómo se evapora un ejército (Bogotá: Gobernación de Cundinamarca, 1970), VI-VII.

2 Gloria María Ibarra, “Ángel Cuervo”, en Viaje a Europa (Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 2001), XXIX.

3 Ibarra, “Ángel Cuervo”, XXIX.

4 Ibarra, “Ángel Cuervo”, XXIX.

5 Juan Darío Restrepo y Samuel León Iglesias, El Ángel de la casa: Ángel Augusto Cuervo Urisarri (Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 2017), Guía 12, https://www.caroycuervo.gov.co/museos/guia-de-estudio-el-ngel-de-la-casa-museos/#m

6 Susana Benko, “Arturo Michelena y la Academia en el siglo XIX”, en Arturo Michelena, intimidad y esplendor de su genio (Caracas: Galería de Arte Nacional, 1986), 21.

7 Angelina Araújo Vélez, Epistolario de Ángel y Rufino Cuervo con corresponsales colombianos, segunda parte (Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1990), 207-209.

8 Martha Segura, Itinerario del Museo Nacional de Colombia (1823-1994). Tomo I (Bogotá: Museo Nacional de Colombia, 1995), 188-191.

9 Samuel León Iglesias, Hace 70 años… Traslado de la colección de Arte de la Escuela de Bellas Artes al Panóptico, http://museonacional.gov.co/exposiciones/Paginas/Detalleexposicion.aspx