Bogotá, imprenta de J.A. Cualla, 1858
Mayo de 2012
Por:
Vicente Pérez Silva: Abogado, Universidad del Cauca. Escritor e investigador. Miembro de la Academia de Historia de Nariño.

AMORES TRÁGICOS DE ULIMA Y AQUIMENZAQUE.

El trágico episodio de amor al cual nos vamos a referir tuvo lugar en la época de la conquista española, a raíz de la fundación de Hunza (Tunja) por el capitán Gonzalo Suárez Rendón, el 6 de agosto de 1539. Fueron sus protagonistas Aquimenzaque, último soberano de los chibchas, sobrino de Quemuenchatocha, Zaque poderoso que regía los destinos del asentamiento de Hunza, y Ulima, una hermosa heroína indígena, hija del cacique de Gámeza, de los dominios del Iraca, "gran elector y poderoso hombre de mando entre los suyos". Es de agregar que Aquimen fue proclamado Zaque en la vida del mencionado soberano chibcha.

Del referido episodio que ya se pierde entre las sombras del olvido nos dan cuenta los llamados cronistas de Indias fray Pedro Simón, fray Pedro de Aguado y el obispo Lucas Fernández de Piedrahíta. Este último nos acerca a la imagen de Aquimen con estas palabras:

"Este príncipe sería hasta de veintidós años de edad, de mediana estatura, buen rostro y disposición, y de tan claras muestras de ingenio, que cultivadas con la enseñanza española fuera de mucha convivencia su vida".

Con el correr del tiempo, a las crónicas, historiales y leyendas aborígenes en las que se van sucediendo las figuras y andanzas de zaques, zipas y caciques, con sus variadas manifestaciones de tradiciones mitológicas, creencias, ritos y costumbres, que conforman la estructura histórica, se agregan unas contadas recreaciones histórico-literarias.

Akimen-Zaque o la conquista de Tunja, poema épico en doce cantos por Próspero Pereira Gamba, Bogotá, 1858.En primer término lo hace Luis Vargas Tejada, en 1819. Dato de suma curiosidad es el que nos trae Isidoro Laverde Amaya en su Ojeada histórico crítica de la literatura colombiana, cuando se refiere a las tragedias Doraminta, Sugamuxi y Aquimin. De esta última, se limita a decir "que se presentó algunas veces en el teatro de Bogotá y es posible que exista manuscrita".

Vargas Tejada, escribe Próspero Pereira Gamba, según refiere el compilador de sus magníficas obras literarias, había compuesto una tragedia sobre el mismo asunto; pero el manuscrito debió perderse, como tantas otras joyas de la corona de este gran poeta, cuando al huir de la persecución que a su numen y patriotismo hicieron los esbirros de la tiranía, lanzó su genio a la inmortalidad dejando su cuerpo como trofeo en un río de los desiertos de Casanare...

Viene luego Aquimen-Zaque o la conquista de Tunja, poema épico en doce cantos por Próspero Pereira Gamba, publicado en Bogotá, en 1858. Una obra de singulares méritos artísticos e intelectuales, escrita en octavas reales; una obra de honda raigambre terrígena. Todo en este poema es vida y pasión, fuerza y movimiento.

Lauro Candente es el título de una dramatización de la conquista de Tunja, del escritor Alejandro Mesa Nichols. Obra que obtuvo el primer premio otorgado por la Sociedad de Autores de Colombia, en el concurso de 1919. Infortunadamente quedó inédita.

Y en época más reciente se da a la luz Aquimen el último Zaque -de la historia al drama- de Carlos Nossa Monroy. Tanto en los doce cantos épicos de Pereira Gamba, en los que apreciamos su vivacidad y pasmosa facilidad para la verificación, como en los tres

actos de la representación dramática, en prosa sencilla y coloquial, de Nossa Monroy, nos es dado rememorar los sucesos históricos de que nos dan cuenta los mencionados cronistas de Indias. Y entre todos ellos, el que tiene que ver con los devaneos amorosos entre Ulima y Aquimenzaque, amores que a la postre terminan en horrible tragedia. Era el sino del amor que, desde la más remota antigüedad, ha sido “el mayor de los bienes y los males”.

Y así ocurrió con el más desventurado de los zaques. Sus apasionados amores con Ulima, con quien ya había convenido el matrimonio, no alcanzan la dicha de este anhelo. El prometido había resuelto desposarse conforme al rito católico, determinación que suscitó contrariedades. Acusado de fraguar un alzamiento contra las huestes españolas que le habían sido hostiles, fue condenado al peor de los suplicios, “sentencia de que fuese el cacique degollado en medio de la plaza de la ciudad de Tunja con mucha cantidad de sus vasallos”.

Comunicado el texto de la sentencia proferida por Hernán Pérez de Quesada, se refiere que el condenado, con gran entereza de ánimo, le manifestó al escribano:

Decidle al Capitán Mayor, que de más a más le debo este beneficio que hoy me hace de quitarme de una vez la vida que de tanta me quitaba, y que pues me hizo cristiano cuando me quitó este reino temporal, no me apresure tanto la muerte, que por su culpa pierdo el eterno.

De nada sirvieron los oficios de quienes intercedieron para que la condena no se llevara a cabo; las súplicas de los frailes Domingo de las Casas y Lescanes; ni menos le prestaron oídos a la sentida plegaria de la atribulada prometida, conforme a las voces del poema épico:

“Amor con quien mi vida se confunde. crisol donde mi espíritu se funde, lago sutil que navegando voy; Si mi razón y voluntad resumes, tú, que mi savia juvenil consumes, compadece tu víctima por hoy”….

“¡Qué el fuego que a los dos nos consumiera un sólo cuerpo de los dos hiciera siendo la pira el tálamo mejor! Y al volar nuestras sombras en el viento Su depósito fuera el firmamento, túmulo y patria del eterno amor!”

Se refiere, además, que llegada la hora del suplicio, hace presencia la prometida de Aquimen: lleva el cabello revuelto y su rostro muy pálido. Mira al grupo de los conquistadores con ojos sobresaltados, pero sus ademanes son pausados, sin exagerados movimientos. Al fin deteniéndose frente a Hernán Pérez y señalándolo con el índice de la mano derecha, exclama:

¡Maldito! ¡Maldito! Chaquén te parta.

Chaquén te castigue y en cenizas te convierta….

Aquimin, escribe Guillermo Hernández Rodríguez, para reconocer el poderío de los reyes españoles, exigió humorísticamente que los monarcas viniesen a reinar entre los chibchas, para tenerlos cerca, verlos y palparlos. Fue sacrificado modestamente. Al cadalso se le trasladó en una mula enlutada. Su desposorio con la doncella de Gámeza se convirtió en un heroico y fúnebre desposorio con la muerte. Su cabeza destroncada de cabello teñido con jagua, era un macabro punto final a la historia de las instituciones indígenas independientes.

Este fue el triste y desgarrador final de Aquimenzaque, convertido en “símbolo y expresión de las excelencias de la raza aborigen”.

Bibliografía

  • Fernández de Piedrahita, Lucas. Historia del Nuevo Reino. (Faltan datos bibliográficos).
  • Fray Pedro Simón. Noticias historiales de las conquistas de tierra firme en las indias occidentales. (Faltan datos bibliográficos)
  • Hernández Rodríguez, Guillermo. De los Chibchas a la Colonia y a la República, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1949.
  • Hernández, Juan C. “El último soberano”, en El Lector Boyacense, t. I, Tunja, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, 1979, pp. 124 – 129.
  • Nossa Monroy, Carlos. Aquimen el último Zaque - De la historia al drama, Tunja, 1970.
  • Pereira Gamba, Próspero. Aquimen-Zaque o la conquista de Tunja, Tunja, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia [Edición, presentación y notas de Vicente Pérez Silva].