El parque de Bolivar es un punto de llegada y salida del transporte interveredal y lugar de encuentro. Allí se llevan a cabo diversas actividades cívicas y culturales.
Diciembre de 2019
Por:
Hernán Giraldo Mejía Arquitecto, Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. Profesor Titular y Emérito, Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

AGUADAS

 

A comienzos del siglo XIX, en el sitio de las Aguadas, como se llamó por entonces, a pocos kilómetros al oriente de Arma Viejo, surgió el primer bastión del proceso, del recorrido y de las fundaciones de la colonización antioqueña, al sur del cañon del río Arma, después de, las fundaciones de Sonsón (1797) y Abejorral (1805). 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El municipio de Aguadas tiene una extensión de 482,7 kilómetros cuadrados y, según el Departamento Nacional de Estadística (DANE), allí habitan 22.081 personas, que viven en el casco urbano y en la zona rural. El casco poblado está ubicado a 2.214 metros sobre el nivel del mar, y el terreno en el que se asienta el municipio, que cuenta con gran riqueza hídrica, le permite contar con todos los climas. Los pobladores se dedican, entre otras actividades, a cultivar café, plátano, caña de azúcar, aguacate Hass, palma iraca y productos de pan coger, así como a la ganadería. En el municipio se encuentra la reserva natural de Tarcará, bosque andino o de niebla de gran variedad en flora y fauna.

 

Vista aérea de aguadas. FOTO MIGUEL ÁNGEL AGUILAR GÓMEZ, 1999

 

 

La ocupación española del territorio en el que hoy se encuentra el municipio de Aguadas está estrechamente relacionada con la fundación de la villa de Arma, que tuvo lugar a mediados del siglo XVI. En 1542, en tierras que pasarían a ser parte de la Provincia de Antioquia, Miguel Muñoz, por orden de Sebastián de Belalcázar, fundó la villa de Santiago de Arma, en una zona que previamente había sido explorada por Jorge Robledo. Al parecer, el nombre de “Arma” responde a la impresión que la indumentaria de guerra usada por los indios del lugar causó a Robledo y a su hueste. Según Pedro Cieza de León, quien acompañó a Robledo en su incursión por esas tierras, “se vieron indios armados de oro de los pies a la cabeza, y se le quedó hasta hoy la parte donde los vimos por nombre la loma de los Armados”.

 

Durante el período colonial, la población fue trasladada en varias ocasiones sobre la margen oriental del río Cauca, zona dentro de la cual había sido inicialmente fundada, hasta que, a finales del siglo XVIII, quedó establecida en el lugar que ahora ocupa Arma Viejo, un corregimiento que en la actualidad está dentro del territorio municipal de Aguadas. Es posible que alguno de esos traslados diera lugar a que los pobladores reclamaran mayores privilegios a la Corona y, en esa vía, la población dejara de ser “villa”, para convertirse en “ciudad”, denominación con la que Arma es identificada en la documentación de finales de la Colonia. Esta población se estancó, por el agotamiento de las minas y la falta de mano de obra indígena para explotarlas. En 1783, por decisión de las autoridades de Antioquia, varios vecinos se trasladaron al valle de San Nicolás el Magno de Rionegro y llevaron consigo los privilegios y títulos de la ciudad de Arma, con lo cual se creó la ciudad de Santiago de Arma de Rionegro, que hoy en día está al oriente de Medellín. El territorio de Arma Viejo no quedó despoblado y allí siguieron habitando algunos españoles, mestizos e indígenas, que estaban relacionados con una estación que existió en ese lugar para los arrieros que cubrían la ruta entre las provincias de Popayán y Antioquia.

​Templo de la Inaculada Concepción. FOTO JOSÉ MIGUELJARAMILLO J, 2019

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A comienzos del siglo XIX, en el sitio de Las Aguadas, como se llamó por entonces, a pocos kilómetros al oriente de Arma Viejo, surgió el primer bastión del proceso, del recorrido y de las fundaciones de la colonización antioqueña, al sur del cañón del río Arma, después de las fundaciones de Sonsón (1797) y Abejorral (1805). En 1808, pobladores tanto de Arma Viejo como del oriente de Antioquia intentaron fundar el poblado, bajo la dirección del armeño (realista “blanco”) José Narciso Estrada. Después, llegaron los rionegreros Salvador Isaza y José Antonio Villegas (patriotas “blancos”), y los tres, por la supuesta posición de hidalguía que los vinculaba y el parentesco que existía entre algunos de ellos, se unieron para fundar el poblado en 1814, haciendo valer con ello sus intereses particulares. Los pobladores armeños quedaron excluidos. La fundación, que se llamó inicialmente Nueva Colonia de Ebejico, pasó a llamarse Aguadas.

 

Templo de San Antonio de Arma,  Aguadas. FOTO HERNÁN GIRALDO MEJÍA, 2019

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El poblado se convirtió en la nueva base y en la referencia de esa migración procedente de Antioquia y se constituyó en un alto en el camino que, a través del Páramo de Herveo, a unos 3.000 metros sobre el nivel del mar, conducía a Mariquita y a Honda. Esa vía permitía la comunicación de la Provincia de Antioquia con el resto del país y aun con el mundo. Así, Las Aguadas fue un lugar de gran importancia durante todo ese proceso de poblamiento: como punto de encuentro y centro de todo tipo de negocios, estación de aprovisionamiento de víveres y herramientas, sitio de descanso y hospedaje. También, en muchos casos, fue punto de observación, información y control social, político y económico de los movimientos de los colonos, ocupados en abrir el claro en la espesura de la montaña negra.

 

La altura y la ubicación de Aguadas propician un cambio continuo de los factores climáticos, como la neblina, que envuelve la población en un capullo de seda, lo que le ha valido el nombre de la ciudad de las brumas. Esta característica confiere un ambiente teatral y fantástico, que, junto con los tejados, la alternancia de los volúmenes y la cadencia de los aleros permiten observar diversos planos y vistas desde las viviendas. Esta variedad de perspectivas es innumerable, por las diferentes ondulaciones del terreno a las que este conjunto de arquitectura no monumental se adapta. La abrupta topografía, siempre presente en la malla urbana, marca la espacialidad de las edificaciones: a mayor pendiente, mayor cantidad de pisos o viviendas. Este aspecto da lugar a la existencia de franjas espaciales conocidas como “altos”, “medios” y “bajos”, que favorecen la distribución de las actividades familiares y la existencia de negocios que dinamizan la economía doméstica. Así, la inserción de la arquitectura y su relación con el paisaje circundante constituye un sello único de Aguadas. El Conjunto urbano del Centro de Aguadas es un Bien de Interés Cultural del Orden Nacional, según la Resolución 0002-12-III-1982. Además, su centro es parte integral del Paisaje Cultural Cafetero, que es Patrimonio de la Humanidad, de acuerdo con declaratoria del 25 de junio de 2011 de la Unesco.

FOTO HERNÁN GIRALDO MEJÍA, 2019.

 

 

FOTO HERNÁN GIRALDO MEJÍA, 2019.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por su importancia dentro del conjunto patrimonial, cabe referirse al Parque de Bolívar, donde se fundó la población, en 1814. En el lugar estaba ubicada la fonda caminera de Manuela Ocampo, pero después se convirtió en un terraplén de piso en tierra, plaza de ferias y mercado. En sus costados se establecieron los edificios de la alcaldía, de bancos y de comercio. En 1936, el ingeniero aguadeño Jaime Duque Estrada realizó el diseño de un nuevo parque, y don Manuel Uribe se encargó de proyectar la ornamentación y los trabajos complementarios, la escultura del Libertador Simón Bolívar y otros elementos, obras todas apoyadas por la Sociedad de Mejoras Públicas de la población.

 

Con su estilo neoclásico francés, a la manera de la mayoría de los parques que se dieron a principios del siglo XX en Colombia, el diseño contempló zonas verdes, en las que hay sembrados araucarias, guayacanes, yarumos blancos e iracas. Esas zonas estás cortadas por senderos peatonales diagonales que llegan al centro del cuadrilátero, que tiene forma de rotonda. En el centro hay una pila metálica de bronce traída de New York en 1891, que surtió de agua a la población durante largo tiempo.

 

 

El sombrero aguadeño

A mediados del siglo XIX, procedente del Ecuador, llegó a Aguadas la técnica para hacer sombreros, que se adapta perfectamente a la fibra de la hoja de la palma de Iraca, de gran abundancia en la región. Los aguadeños aprendieron la técnica rápidamente y la perfeccionaron, para después lograr que el sombrero cruzara fronteras, pues comenzó a exportarse a España y a Cuba. El sombrero también fue exportado a Panamá durante la construcción del canal interoceánico y usado por los trabajadores de la obra. Al igual que los sombreros ecuatorianos similares, el de aguadas fue conocido como sombrero panameño o Panama hat. Esta fina artesanía, de renombre internacional, es un emblema de Aguadas y su patrimonio cultural mueble más valioso y significativo.

 

FOTO JUAN MANUEL SARMIENTO NOVA, 2015.

 

 

 

Otra obra que merece ser mencionada es el templo de la Inmaculada Concepción, cuya obra comenzó en 1858. Está situado en lo más alto de la pendiente, a un costado del Parque de Bolívar, desde donde se accede al atrio, a través de una escalinata. La fachada es austera y tiene cuatro pilastras monumentales decoradas con almohadillado, un tipo de acabado que da la apariencia de una almohadilla, que enmarcan las naves laterales. En el centro de la fachada hay un falso rosetón. En la parte superior, como remate, hay una cornisa con frontón central semicircular, escoltado por dos torres de base octogonal con pequeñas cúpulas y lucernarios, todo en una unidad sencilla de cohesión y buen gusto. La esbeltez de las columnas y los arcos de medio punto entre las naves dotan al espacio interior de amplitud. Las maderas y el cielo raso finamente decorados en laminilla de oro, así como los nichos laterales con vitrales, crean una atmosfera plácida y serena. El espacio se complementa con un conjunto de estatuaria e imágenes de gran valor artístico, así como un órgano traído de España en 1933.

 

Además de la arquitectura, los aguadeños tienen manifestaciones culturales destacables: las Fiestas de la Iraca, el Festival Nacional del Pasillo Colombiano, el Festival Equino, la Fiesta de San Antonio de Arma. Asimismo, Aguadas ha sido cuna de importantes artistas, entre los cuales pueden contarse el maestro Clímaco Agudelo Velásquez (1885-1952), pintor, tallador y escultor, cuya obra puede verse en el interior del templo de los Agustinos de Manizales. También, el escritor José Manuel Cardona (1902-1970), el pintor Sandy Arcila (1917-2002) y el tallador y restaurador Arnulfo Gil (1923).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Putas de Aguadas

Personaje imposible, más mítico que real, que ha salido de Aguadas hasta remontar fronteras, cruzar océanos y estar presente donde se requieran audacia, valor y arrojo. Tal carácter no resulta extraño si se piensa en lo agreste y lo impracticable del paisaje que enfrentaron sus antepasados durante la gesta de la colonización antioqueña, muy lejana y poco parecida a una leyenda rosa.

 

El Putas de Aguadas, Escultura del maestro José Solarte en la sede del Canal Teleaguadas. FOTO JUAN MANUE SARMIENTO NOVA, 2015.

 

 

 

 

Todo este paisaje, conjunto integrado de topografía, riqueza hídrica, flora y fauna nativas, así como los cultivos que propician la economía agrícola, las diversas intervenciones culturales, el urbanismo y la arquitectura, se encuentra en un umbral de alta fragilidad. En parte, porque la reglamentación y las normas del Centro Histórico, vigentes desde hace varias décadas, gracias a los estudios y a la reglamentación dirigidos por el arquitecto Juan Manuel Sarmiento Nova y su equipo de investigación, no han sido aplicadas a cabalidad. Estas y otras medidas, como las diferentes acciones enmarcadas en la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero, son vitales para conservar y dinamizar los valores naturales y culturales de gran singularidad que identifican no solo de forma puntual al municipio de Aguadas, sino a la región del norte caldense.

 

Además, el cultivo masivo de aguacate Hass representa una amenaza a la estabilidad del paisaje de Aguadas. Esta planta ha venido cultivándose sin tener en cuenta los posibles impactos negativos sobre la riqueza hídrica o los cultivos tradicionales. Además, ha ocasionado que las familias vendan a los cultivadores de aguacate sus minifundios, que han sido la base de la economía de la región. Si no se establecen normas específicas para estos cultivos, tendrán una repercusión directa sobre los cascos poblados y sus diversos patrimonios, factor perjudicial sobre el territorio del Paisaje Cultural Cafetero. De tal forma, los habitantes de esta población, protagonista de la colonización antioqueña del siglo XIX, experimentan serios retos para la conservación de su patrimonio cultural y ambiental.

 

 

 

Bibliografía:

 

[1] Pedro Cieza de León, La crónica del Perú, edición de Manuel Ballesteros, Dastin, Madrid, 2000 [1553], p. 118. Énfasis añadido.