25 de septiembre del 2020
 
DIEGO RAMOS TORO, 2020
Junio de 2020
Por :
Diana V. Díaz * Historiadora, Universidad de los Andes (Colombia) y Maestra en Historia Antigua, Gazi Üniversitesi (Turquía)

AGUA DE DIOS

Las propiedades curativas de las aguas termales aledañas le dieron a este poblado su nombre: Agua de Dios. En el Departamento de Cundinamarca, aproximadamente a tres horas de Bogotá, se encuentra este poblado que lucha por superar su doloroso pasado, ese que le dio el nombre alternativo de “La Ciudad del Dolor”. En la segunda mitad del siglo XIX, una misteriosa enfermedad despertó gran temor en el país. Quienes la padecían desarrollaban lesiones cutáneas, se movían de manera extraña por debilidad muscular y estaban evidentemente deformados. El estigma social no se hizo esperar, y la enfermedad de Hansen, comúnmente conocida como lepra, impulsó un desplazamiento sin precedentes de enfermos desterrados de sus tierras, que buscaban un nuevo hogar. Así nació Agua de Dios, en 1870. En este lugar, que estaba conectado con Tocaima y con un país descorazonado únicamente mediante un puente (el de los Suspiros), se congregaron miles de enfermos —no solo de lepra—, muchas veces junto con sus familiares, que no padecían la enfermedad, pero que se negaban a separarse de sus seres amados. Allí, en aquel poblado rodeado de alambres de púas que procuraban el aislamiento, se llevaron a cabo las más crueles e inhumanas prácticas. Los enfermos fueron despojados de sus derechos y sometidos a tratamientos y experimentos cuestionables. Cada día se les recordó que eran seres indeseables que habían sido castigados con una enfermedad maldita.

 

DIEGO RAMOS TORO, 2020

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin embargo, este poblado destinado al olvido se resistió al aislamiento absoluto y a desaparecer en medio del rechazo y la falta de atención estatal. Los pobladores desarrollaron sus propias dinámicas económicas y sociales y poco a poco fueron superando el estigma derivado de la ignorancia. A partir de 1930 empezaron a cambiar las ideas sobre la enfermedad de Hansen: se trataba de una condición de difícil contagio y curable con los tratamientos adecuados. Pero ni cuando los lazaretos fueron disueltos —en 1961— los enfermos abandonaron el lugar en el que, en medio de la exclusión y el rechazo, habían construido un hogar propio. Si bien el estigma sobre los enfermos de Hansen perduró durante muchos años más, fue esta enfermedad la que se convirtió en la columna vertebral de Agua de Dios. Hoy, todos los habitantes de este poblado —que ya supera los 11.000— guardan una relación profunda histórica y sentimental con la enfermedad. Aquí nadie quiere que se olvide la dolorosa historia de los pobladores del primer siglo de Agua de Dios. Quieren promover una mentalidad tolerante y luchar contra las peligrosas ideas, actitudes y prácticas que pueden nacer del miedo injustificado hacia el otro. Y si bien el pueblo nunca tuvo la oportunidad de desarrollar un aparato económico fuerte, los habitantes de Agua de Dios pretenden hoy reinventarse como un atractivo destino turístico. En adelante, presenciaremos el renacimiento del poblado que se construyó del dolor y que, a diferencia de ese pasado, se presenta como un paraíso de tranquilidad y tolerancia para sus visitantes.

 

Bibliografía:

 

1 https://www.soho.co/historias/articulo/agua-de-dios-el-pueblo-de-la-lepra/12595

2 http://virajes.ucaldas.edu.co/downloads/Virajes21(2)_11.pdf 

3 https://www.rcnradio.com/recomendado-del-editor/agua-de-dios-un-pueblo-que-nacio-como-campo-de-concentracion-para-enfermos