22 de septiembre del 2019
 
Instalaciones de Acción Cultural Popular en Sutatenza, Boyacá, 1957, obra de monseñor José Joaquín Salcedo Guarín
Septiembre de 2016
Por:
José Eduardo Rueda Enciso

ACCIÓN CULTURAL POPULAR

El 31 de mayo de 1947, el recién ordenado sacerdote José Joaquín Salcedo Guarín (1921) dio su primera misa en la Iglesia del Carmen de Bogotá y partió para la parroquia de Sutatenza, donde al poco tiempo fundó una rudimentaria emisora con el fin de llevar al campesino esparcimiento mediante programas de música y doctrina cristiana, complementándolos con ciertas nociones educativas. Ante la buena acogida recibida, Salcedo decidió ampliar y mejorar la emisora y fundó la primera escuela que en Colombia trasmitió instrucción merced a las ondas herzianas, cuya licencia de funcionamiento le fue expedida en 1948.

Monseñor José Joaquín Salcedo Guarín

 

Nacieron así las Escuelas Radiofónicas, germen de Acción Cultural Popular, ACPO, programa dirigido a mejorar la vida del campesino en cinco frentes: salud, alfabeto, número, economía, trabajo y espiritualidad, sin apartarlo de su parcela e incrementando sus conocimientos de agricultura y ganadería; como complemento se imprimieron cartillas sobre usos campesinos, se contrataron técnicos agrícolas y visitadores, se adquirieron vehículos, se construyeron edificios y se levantaron granjas e institutos (dos en Sutatenza y uno en Caldas (Antioquia), que iniciaron labores en 1954 y donde se dictaron cursos para dirigentes y líderes campesinos así como a supervisores), todo ello orientado a propiciar la educación fundamental integral. Con el tiempo amplió su radio de acción a otros medios masivos de comunicación social, excepto la televisión. Se editó, a partir del 29 de junio de 1958, el semanario guía El campesino. En 1949, la pequeña emisora pudo elevar la potencia del transmisor a un kilovatio y organizó Escuelas Radiofónicas. Inicialmente se vendieron mil radios-transistor solicitados a la firma General Electric, con lo que se generó la "fiebre de la radio"; pero tenían un problema: solo sintonizaban, en ondas medias y cortas, la emisora Sutatenza. Rápidamente amplió su cobertura a más de la mitad de las parroquias rurales del país. En 1955 sumaba 14.500 receptores, y para mediados de ese año se esperaba llegar a tener 30.000; había logrado la alfabetización de 30.000 adultos en 9.000 escuelas radiofónicas, escuelas-hogares y escuelas-cuarteles; se esperaba una cobertura mayor con la compra a la Philips de 30.000 radios más. Para ello fue fundamental el apoyo recibido por el gobierno de Rojas Pinilla, respaldo que continuó durante el Frente Nacional y que sólo cesó cuando Sutatenza intentó de competir con las emisoras comerciales. Ante la pérdida de los auxilios gubernamentales e inhábiles manejos económicos por parte de monseñor Salcedo, ACPO tuvo que ser clausurado y en 1989 Caracol compró los equipos y parte de las edificaciones. Las autoridades eclesiásticas también acogieron y apoyaron el programa de la ACPO: el cardenal Crisanto Luque y su sucesor Luis Concha Córdoba fueron poderosos impulsores. La UNESCO, gobiernos, incluido el Vaticano, y agencias extranjeras también prestaron su concurso para la consolidación de ACPO. Todo ello hizo que el programa fuera ensayado en 24 naciones de cuatro continentes.

En 1960, Sutatenza inauguró un transmisor de 50 kilovatios y en 1968 amplió su potencia de 98 a 580 kilovatios. Para 1978 la cadena de emisoras (Bogotá, Barranquilla, Cali, Medellín y Magangué) tenía una potencia de 600 kilovatios, la más grande que se haya dedicado en América a la educación rural; la de mayor poder fue la de Bogotá, con 250 kilovatios y 19 horas diarias de programación, de las cuales seis eran dedicadas a las Escuelas Radiofónicas; se habían capacitado 13.900 jóvenes que eran promotores y multiplicadores de los planes y políticas de ACPO. Uno de los programas de mayor sintonía fue Charlas con la familia, del presbítero Roberto Mora Mora.

A lo largo de su historia, ACPO se mantuvo fija en sus objetivos, pero cambió sus metodologías y sistemas de acuerdo a los tiempos y a las necesidades del país y del campesino; por ejemplo, en la década del sesenta se vinculó a la creación y desarrollo de la Acción Comunal e igual actitud tuvo con la Reforma Agraria y trabajó estrechamente con los Cuerpos de Paz. Las cartillas, de distribución gratuita (Básica, Hablemos bien, Cuentas claras, Nuestro bienestar, Suelo productivo, Comunidad cristiana), eran ajustadas cada cinco años. Sin embargo, la institución fue utilizada para adelantar campañas en contra del comunismo; los promotores y líderes campesinos formados en los institutos eran un calco exacto de la ideología derechista de monseñor Salcedo, lo que a la postre incitó al odio y a la violencia.