Woody Allen está de vuelta. En su nueva película, ‘A Roma con amor’, no sólo dirige sino que también actúa. A los 76 años, el hombre que se ha alzado con cuatro premios Oscar, que cambió la forma de hacer cine, que se casó con la hija de su esposa y que alguna vez dijo que sólo había dos cosas importantes en la vida ―“la primera es el sexo, la segunda no la recuerdo”― parece tener más energía que nunca.

 Por Camilo Jiménez

(Foto AFP)

De frente

Desde 1969 Woody Allen viene haciendo una película al año. Antes había dirigido unas cuantas y actuado en otras, entre ellas una rareza: en Casino Royale, una parodia de la saga de James Bond de 1967, hace el papel de Jimmy, el sobrino del famoso agente secreto británico. Y antes, cuando tenía 15 años, ese pelirrojo tímido de Brooklyn que podemos imaginar muy parecido a Joe, el chico de su película Días de radio, escribía chistes y los mandaba por correo a humoristas de diarios y presentadores de televisión. A los 17 ya estaba en la nómina de la cadena NBC, y a los 22 ganaba más dinero que sus dos padres juntos. 

Aprendió violín, que en la adolescencia cambió por el clarinete. Pasó por la escuela hebrea, la pública y una universidad donde sólo completó un semestre. De la escuela pública de Brooklyn dijo que era “para maestros con trastornos emocionales”. En la universidad fue un profesor suyo quien le recomendó que buscara ayuda psiquiátrica, pues “no tendrás mucha suerte para encontrar un trabajo”. 

En 1977 ya era reconocido como director y actor, y gozaba de un privilegio que pocos directores tienen en Estados Unidos: el completo control sobre sus creaciones. Ese año trabajó en un proyecto ambicioso, una comedia romántica que se combinaba con un thriller. Se llamaba Anhedonia. En la sala de montaje recompuso totalmente lo que había rodado, pulió y cortó hasta que dejó sólo los 93 minutos de la historia de amor. Antes del estreno una productora le sugirió que le cambiara el título, y así nació Annie Hall. Quizá no sea su mejor película, pero sí es la que marca el inicio del cine de Woody Allen tal como lo conocemos en la actualidad. Con ella obtuvo cuatro premios Oscar: mejor director, mejor película, mejor guion original y mejor actriz para su protagonista, Diane Keaton, que para entonces era su pareja. Allen no fue a la ceremonia porque, dijo, se le olvidó y se quedó tocando el clarinete. De hecho, sólo ha asistido a los Oscar en 2002, y no a recibir el premio sino a presentar una carta de amor a Nueva York, golpeada casi de muerte tras los atentados del 11 de septiembre. Por favor, vea ese momento en YouTube; en esos dos minutos está la esencia de Woody Allen: nervioso, reflexivo, capaz de bajarle la temperatura a lasolemnidad del momento con un par de chistes geniales


De perfil

Para muchos, esa película que Woody Allen filma cada año es la misma con ligeras variaciones. Puede que no se equivoquen del todo: Allen se ha distinguido por trabajar con el mismo grupo de personas durante años, y viene explorando los mismos asuntos desde siempre con insistencia: el matrimonio, la búsqueda del sentido de la vida, la culpa, la mujer del prójimo. Uno identifica una película suya a los pocos minutos, a veces en segundos: la luz, los encuadres, la música, incluso el tipo de letra de los créditos son marcas de fábrica del director neoyorquino. Ante tal cantidad de películas ―cuarenta y dos, incluyendo la que presenta este mes en Colombia, A Roma con amor―, es natural que haya unas inolvidables y otras lo contrario. Y el propio director no hace mucho para complacer a los espectadores: luego del éxito de Annie Hall hizo un sentido homenaje a quien siempre ha reconocido como su maestro, Ingmar Bergman, en una película oscura y espesa, Interiores. Pero inmediatamente después vendría esa obra maestra que es Manhattan. Y después Hannah y sus hermanas, Alice, Misterioso asesinato en Manhattan, Sombras y niebla, Crímenes y pecados… 

En la década pasada, cuando todos pensaban que estaba acabado después de presentar películas francamente flojas ―La maldición del escorpión de Jade, Melinda y Melinda…—, Allen se fue a Londres y filmó una de sus obras maestras, Match Point. Y después vendrían más inolvidables: Whatever Works, Conocerás al hombre de tus sueños y Medianoche en París, la más taquillera de su filmografía. 

Pero Woody Allen nunca se ha detenido mucho en la recepción de sus películas, nunca mira atrás, no las ve ni lee las críticas. Él solo quiere dirigir: “Por eso es tan placentero ganarte la vida haciendo películas, porque no estás viviendo en el mundo real. Cada mañana cuando llegas al trabajo estás rodeado de mujeres hermosas y hombres talentosos e inteligentes. Todo el mundo está disfrazado y la música es hermosa”, dijo al Miami Herald hace unos días. Por eso nunca ha dejado de trabajar, ni cuando enfrentaba un doloroso lío judicial con su exesposa, Mía Farrow. “Tengo mucha energía”, dijo en otra entrevista, “soy muy ansioso y muy nervioso. Por supuesto, si tengo un infarto no me quedará otro remedio que jubilarme, pero si la salud me acompaña, pienso seguir adelante”.


Declaraciones de testigos

“Woody Allen es igualito a sí mismo”. Rodrigo García, director.

“¡Allen está violando a Europa! Empezó en Inglaterra, se ha llevado el dinero de España, luego vino Francia y ahora está en Italia, dejándonos sin nada al resto de los que venimos detrás”. Terry Gilliam, director.

“Woody Allen está más pesimista que nunca. Sus personajes se han vuelto más cínicos, más egoístas, más dañinos, capaces de matar incluso por mera ambición”. Luciano Monteagudo, periodista.

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