Detrás de una de las cadenas de supermercados de frutas y verduras más famosas del país, está la historia de dos hermanos que, después de huir de la violencia del campo, lograron triunfar en la ciudad.

Por Angélica Garzón 

(Fotografía Manuel Rodríguez)

A principios de los años 80, la familia campesina Orjuela Pardo vivía en Suaza (Huila), en una finca dedicada a la producción de café; tenían vacas, caballos y una gran quebrada. Así lo recuerda Freddy, actual presidente de Surtifruver de la Sabana. “Vivíamos muy bien. Había alimento, aire puro y un cultivo para trabajar”, dice.
En 1983, el padre de Freddy fue sorprendido por unos hombres que le advirtieron que Alonso, el mayor de sus hijos, ya había cumplido la edad (13 años) para ser recluido y terminar haciendo parte de la guerra. Sin pensarlo dos veces, el hombre abandonó lo que durante años había conseguido: esa noche empacó rápidamente y se llevó a su esposa y a sus cinco hijos para Bogotá. “Llegamos a vivir por los lados de Juan Rey y Los Libertadores. Renunciando a todo en Suaza y haciendo malos negocios, mi papá había perdido casi todo”, dice Freddy.
Parmenio, tío de la familia, tenía en esa época un supermercado de abarrotes en Chía, llamado Roli. Alonso, en ese entonces con 16 años, y luego de trabajar como ayudante de oficios del lugar, le propuso que le permitiera vender frutas y verduras en su negocio. Pagando una mensualidad por un espacio de tres metros cuadrados, el mayor de los varones organizó la venta de los productos que diariamente iba a comprar a Corabastos. Con el tiempo, el niño visionario logró adquirir su primer carro: un Renault 4. 

“Mi padre, desde niños nos había enseñado a trabajar ―dice Freddy―. Por eso yo, a los nueve años, salía del colegio en Chía y me iba a ayudarle a Alonso, mi hermano, hasta que cumplí 14 y abrí mi propio negocio, también de frutas y verduras. Siempre digo que tuve al mismo tiempo mi primer negocio, mi primer carro y mi primera novia. Me gustó más el trabajo que el estudio”.

El inicio 

En 1997, cuando Alonso tenía 24 y Freddy 17, los hermanos Orjuela decidieron abrir una empresa en un local grande, ubicado en el parque principal de Chía: Surtifruver de la Sabana. El menor terminaba de estudiar a las diez de la noche; a las dos de la mañana, junto a Alonso, debía estar en Corabastos: surtían, descargaban y atendían clientes. Recuerdan también que empacaban papas, pelaban cebollas, hacían de cajeros, se subían a las chivas a hacer publicidad y a hablarle a la gente, micrófono en mano. 

 En 1997 abrieron las puertas de una bodega cerca al Parque Ospina Pérez en Chía.

“Comprar el primer local no fue fácil. Chía, como lugar turístico, nos ayudaba para que la gente que lo visitaba aprovechara para hacer el mercado de frutas y verduras allá, pero era necesario poner un punto en Bogotá, entonces abrimos el de la Autopista Norte con 164. Recuerdo que ese local costó una fortuna y duramos cuatro o cinco años pagándolo”, dice Freddy.

El arraigo a la tierra forjó el interés de estos jóvenes empresarios para seguir trabajándola, hoy desde otro ámbito, pero con la misma pasión que su padre lo hacía con el cultivo de café. “Nos gusta ver producir, y en este país se puede hacer en todas las épocas del año. Colombia es el más rico del mundo en diversidad de frutas y verduras, estamos sobre la línea ecuatorial, somos un país tropical y tenemos la oportunidad de sembrar todo lo que imaginemos. ‘Lo que no vendemos es porque no existe’, es uno de nuestros lemas”, dice Freddy. 

El invierno en Colombia ha afectado fuertemente a la empresa. “Este ha sido el más duro en los últimos 60 años. Nos ha dañado muchos cultivos, producciones enteras. El año pasado todos los productos estuvieron muy costosos, no hubo desabastecimiento, pero sí subieron los precios entre un 10 y un 15%. Por eso, este año se importó entre el 8% y el 10% del total colocado en el mercado”, asegura Freddy. Sin embargo, otra de las razones por las que la empresa importa varios de sus productos es que, aunque las condiciones para producirlos en Colombia parecen óptimas, la vida de las frutas y las verduras de afuera es más larga y su apariencia es más bonita.

Actualmente, Freddy es el presidente de Surtifruver de la Sabana y se dedica al desarrollo del negocio, mientras que Alonso, el más visionario, trabaja en la construcción de nuevos puntos, como el que próximamente abrirán en la calle 76 con 11, en Bogotá.


Cinco datos clave

- Surtifruver de la Sabana también importa frutas de Chile, Estados Unidos, Perú, Ecuador, Canadá, España, Francia e Italia.
- Se montó con siete millones de pesos, en 1997.
- Tiene 14 años de existencia.
- Posee 15 tiendas en Colombia y ha creado 800 empleados directos y 5.000 indirectos.
- Cuenta con alrededor de 2.500 proveedores que llegan directamente de todas partes del país, desde Pasto hasta la Guajira.
 

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