¿Para dónde va la economía rusa ―y por lo tanto la del mundo― ahora que Vladimir Putin regresa a la Presidencia? El periodista Silverio Gómez, experto en temas financieros, escribe las posibles respuestas.

Por Silverio Gómez

(Dicen que si no fuera por el voto de las mujeres, jamás habría recuperado el poder.)

Hasta 2009, las estadísticas mostraban que los rusos no se animaban a tener más hijos. Desde ese año la curva se volvió positiva. El índice de satisfacción subió como consecuencia de unos mejores salarios y pensiones, el retroceso de la pobreza y el mejoramiento del poder adquisitivo de la clase media.

Las cifras de la economía rusa en la última década son para mostrar. La fuerte alza de los precios del petróleo y del gas, al igual que de otras materias primas, sostuvo en buena parte una tasa de crecimiento del PIB del 7 % entre 2000 y 2008. Ser el mayor productor de petróleo y gas en el mundo y el tercer exportador de acero y aluminio le ha permitido generar una gran cantidad de divisas, disminuir la deuda externa y crear fondos para atender una eventual crisis y sufragar planes de apoyo social para los habitantes.

La gente ha olvidado la recesión y la crisis financiera de 1998, y hay la sensación de que eso no volverá a ocurrir. Esa creencia la ha reforzado el FMI, que acaba de asegurar que Rusia se ha recuperado rápidamente de la gran recesión y su tasa de crecimiento económico ronda el 5%, frente al 0 o a los sumo 1 % en la otrora poderosa máquina. El desempleo es sólo del 6,5%, algo inusual en esa parte del mundo.

Los rusos piensan que merecen el respeto europeo y que Estados Unidos debe mirarlos de igual a igual. Al fin y al cabo, junto con China, sostienen la deuda de ese país. Moscú posee bonos del tesoro norteamericano por un valor superior a los 800.000 millones de dólares.

Y todo ello tiene un responsable: Vladimir Putin, quien el pasado 4 de marzo ganó las elecciones presidenciales en la Federación Rusa, sin necesidad de ir a una segunda ronda. Su victoria no dejó dudas: alcanzó el 64 % de los votos.

El próximo 7 de mayo, este exoficial de la KGB tomará las riendas del poder por seis años, hasta 2018. Su gobierno es el resultado de toda una operación personal de ingeniería política, que arrancó en 2008, cuando cedió el gobierno ―mas no el poder― a un dócil y segundón Dmitri Medvédev.

Nadie se atreve a hacer conjeturas sobre lo que pasará en Rusia en los próximos años bajo el poder de Putin. Ese panorama de prosperidad que hace a los rusos sentirse igual que los norteamericanos tiene una amenaza latente: el creciente inconformismo, demostrado en los meses previos a las elecciones parlamentarias y presidenciales.

Macho poderoso

Luego del triunfo electoral, la sorpresa fue general: con lágrimas en los ojos, Vladimir Putin, dos veces primer ministro, dos veces presidente y exagente de la KGB, celebró su triunfo. Sus críticos, que hablan de fraude, calificaron como pantomima su actitud, en tanto que muchos de sus seguidores se conmovieron y le creyeron.

“Les prometí que ganaríamos y ganamos. ¡Gloria a Rusia!”, fueron sus palabras. Nació en 1952 en Leningrado, en un hogar formado por un marino de la armada (mutilado de la Segunda Guerra, que cocinó para Lenin y Stalin) y una obrera fabril. Hijo único, pues sus dos hermanos murieron prematuramente, estudió Derecho en la Universidad Pública de Leningrado y era un desconocido cuando Boris Yeltsin llegó al gobierno y luego le entregó el poder. Después de Stalin es el gobernante con más tiempo en el Kremlin.

Con Yeltsin, el primer presidente de la Rusia no comunista, los rusos se sintieron frustrados pues les devolvió un país pobre. Putin levantó el orgullo, montando su propio vocabulario político, cultivando su personalidad y su ego con frialdad, pero a la vez con una vida sana, practicando deportes. Las mujeres han sido determinantes en el fortalecimiento de esa imagen. “El macho alfa de Rusia, experto judoka, conocido por sus videos que lo muestran volando aviones, manejando lanchas rápidas, de cacería en los bosques de Siberia”, lo describe un artículo de un portal ruso.

Desde elfin de la Unión Soviética, el país ha tenido profundas transformaciones, dejando atrás una economía aislada e ineficiente por la intervención del Estado, para ir hacia un mercado global. En los años noventa, los rusospresenciaron algo que nunca soñaron: la privatización de gran parte de la industria, con excepción de los sectores de energía y militar.

Un deseo de cambio

Pero no todo se hizo bien. Paralela a la entrada de los particulares a la economía, se formó una oligarquía que se apoderó de buena parte de los bienes del gobierno. Putin se aprovechó también de esa mutación hacia el capitalismo: regresaron las estructuras del despótico poder con los servicios secretos, la policía y el ejército, asuntos en los que él tiene una gran experiencia. Y lo usó para su beneficio político.

Esta es una de las principales críticas de sectores de clase media contra el mandatario: si bien hay una relativa prosperidad, la corrupción marca récord mundial. El derroche de los ‘nuevos ricos’ de Rusia produce rabia entre quienes tienen que trabajar duro para sobrevivir en una sociedad cada día más arribista y ven que las distancias sociales aumentan: el 13 % de los rusos viven hoy en la pobreza, excluidos de la fría cifra de ingreso per cápita de 16.000 dólares, mientras unos pocos multimillonarios se compran palacios en el exterior y equipos de fútbol en la Europa occidental.

¿Resistirá Putin la protesta social, cada vez más creciente y retadora? ¿Bastará su promesa de un desarrollo estable y su idea de recuperar el estatus de gran potencia mundial? ¿Cómo reaccionará la naciente sociedad civil (a la que le seduce el consumismo y la buena vida, pero también quiere una mayor participación en el manejo de su país y no le teme a la represión policial)? Putin los deberá escuchar o tendrá problemas. Hay quienes sostienen que regresa al Kremlin para quedarse al frente de Rusia hasta 2024, gracias a la reforma constitucional que él mismo planeó de extender el mandato presidencial a seis años. Por ahora, sigue siendo popular en el clásico, ignorante y abnegado sector rural y entre quienes todavía reciben subsidios de un gobierno rico y poderoso.

¿Llegará tarde el cambio a Rusia? El asunto está en manos de Putin. El pasado primero de marzo hizo esperar dos horas a los periodistas internacionales que invitó a cenar. Y la explicación fue soberbia y al estilo del ‘jefe’: “Son unos afortunados ―les dijeron―. Hizo esperar una hora a la reina de Inglaterra”.
 


 

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