¿Cómo es el nuevo director de la Policía Nacional? ¿Qué historia de vida hay detrás de ese hombre serio y callado, que asume uno de los cargos más difíciles del país? Salud Hernández se sentó a conversar con él, y nos trae el lado íntimo y desconocido de quien ahora está a cargo de la seguridad de los colombianos. 

Por Salud Hernández-Mora

(Fotografías: Walter Gómez)

A los dieciséis años se bajó de un bus en el primer semáforo que encontró al entrar a Bogotá y caminó hasta la Escuela de Cadetes General Santander. Viajaba desde su natal Ibagué para cumplir el sueño de ser policía, una profesión que le corre por las venas. Después de conversar con él un rato largo, resulta difícil imaginarlo sin el uniforme verde oliva que viste con un orgullo contagioso desde 1979.

Serio, amable, extremadamente formal, complicado de entrevistar porque no se deja sacar del guion institucional, este administrador de empresas, de 51 años, nacido en Ibagué, casado y padre de dos hijos veinteañeros, tiene la misión de sustituir al general Óscar Naranjo sin que se note el cambio.

¿No da un poco de ardor estomacal asumir un cargo tan complejo?
-En la Policía Nacional, desde que uno ingresa, lo van preparando. Llegar a ser director es el producto del trabajo de treinta y tres años de servicio, cursos de formación, experiencia internacional y el paso por diferentes especialidades; fui director de carabineros en Seguridad Rural, comandante de la Policía Metropolitana de Cali, inspector general, jefe del Área Estratégica… Eso me permitió profundizar en el conocimiento de la policía y, algo que es importante, escuchar a la comunidad, saber qué le aflige, y sobre esa preocupación hay que trabajar.

Lo que no hacen algunos jueces. Por eso dejan libres a los delincuentes que ustedes agarran
(Risas y silencio esperando otra pregunta).

¿No le preocupa sustituir a alguien que sale por la puerta grande, con el 85 por ciento de popularidad?
-Hay que tener claro que mi general Naranjo es irremplazable, se demorará muchos años la institución para tener una figura así, un gran ser humano, un gran policía, un gran patriota. Todo ese capital que él nos deja genera tranquilidad porque recibo una institución fuerte, sólida. Lo que hay que hacer es continuar con lo que se ha venido haciendo bien y hacer unos ajustes.

¿Desde ya le está diciendo a la gente: “Yo no voy a ser el hombre más popular del planeta, traigo mi propio estilo”?
-Exactamente. Cada uno tiene su propio estilo y eso se ve en todas las posiciones, en la función pública o en laempresa privada.

Naranjo tiene carisma. ¿Y usted?
-(risas) Digamos que cada uno tiene su propio estilo.

Empecemos por el principio. ¿Por qué se hizo policía y no gerente de una compañía? A fin de cuentas estudió Administración de empresas.
-Tengo dos tíos que fueron policías ―se retiraron jóvenes―, y yo veía en ellos ese afecto de la comunidad con la policía, cómo eran esas relaciones y siempre quería una institución que me permitiera servir a mi país y a mi comunidad. Administración estudié después.

Cuando uno es niño le gustan los uniformes y las armas. ¿Tenía espíritu Rambo?
-Más de servirle a la comunidad. Veía uno muchas situaciones y quería entrar a corregirlas.

¿Ser un héroe que acaba con los malos?
-También ser héroe. Era tanto el amor por servirle al país que primero me presenté al Ejército y pasé, y después me presenté en Ibagué a la policía, que era lo que quería ser, y pasé mis exámenes, pero tenía un problema, la edad, 16 años. La recomendación de quien dirigía la escuela (en Ibagué) era vaya a Bogotá y hable con el director de la Escuela a ver si lo recibe. No conocía Bogotá, pedí información y me dijeron: “En el primer semáforo que encuentre bájese y enseguida queda la Escuela”.

Una ciudad cosmopolita…
(Risas) Por eso en el Expreso Bolivariano yo vivía pendiente del semáforo. Llegamos, estaba el semáforo, me bajé y entré a la Escuela. Estaba un sargento que era tolimense. Me dijo: “Yo le ayudo a conseguir una cita con el director”.

¿Y ahí mismo lo recibieron, viendo que era un sardino tan juicioso?
-Le traía todos los documentos, me había ido bien en los estudios, era el primer puesto. Le pedí que me diera la oportunidad de ingresar. Al cabo de una hora, me dijo: “Le voy a dar una oportunidad, pero cuando termine los primeros cuatro meses me viene a ver”. Cuando terminé me le presenté, fui el primer puesto de mi promoción.

¿A qué se dedicaba su padre?
-Trabajó en la cooperativa, en la compra de café para la Federación. Vivimos en varios municipios del Tolima. Mi abuelito tenía fincas cafeteras.

¿Y a él no le importó que usted fuera policía?
-Siempre indicó que apoyaba lo que yo eligiera; obviamente mi mamá, por las circunstancias de orden público, tenía su resistencia pero igual apoyaba que cumpliera mi sueño. Pero a ella le hubiera gustado que eligiera algo más tranquilo

¿Su primer destino?
-Bogotá, a los 18 años. Por eso tengo la cédula de Bogotá, porque antes de graduarnos nos la sacamos.

Un destino tranquilo. Su mamá no debió llorar mucho.
-Bueno, entonces era difícil. Llegué a la estación de San Fernando, debajo de la 30. Mi primer trabajo de subteniente. Ahí estuve un mes y pasé al F-2, veintidós años de trabajo en investigación criminal.

Para un policía debe ser lo más interesante hacer investigación.
-Esa fue una gran oportunidad. Allí uno cumplía el sueño porque ya había series en televisión de investigadores, películas de investigación de homicidios

Y usted se sentía como Perry Mason. ¿Recuerda algún caso especial?
-Hay muchos. Recuerdo uno de una banda de atracadores de bancos. Mataron a mi teniente Tinjacá cuando estaba yo en la Escuela y después, ya en el F-2, todavía seguía vigente. El jefe de la banda se convertía en objetivo de alto valor. Le hicimos varios operativos para lograr capturarlo y en la autopista Norte le dieron de baja.

Debe hacerle a uno feliz conseguir el objetivo…
-Se siente satisfecho, ha cumplido con el deber, pero sabe que esta es una profesión de día a día, muy dinámica, no se puede detener, cada día tiene sus dificultades, sinsabores, alegrías. La mayor recompensa que uno siente como policía, además de condecoraciones, es ver la sonrisa de un ciudadano, acompañada de lágrimas de alegría y un ‘gracias’. Eso es lo más motivante. Escuchar cosas como: “Gracias a ustedes volví a vivir”, o “Gracias a usted creo en la justicia”, cuando capturamos a un ladrón.

“Creo en la justicia”, no. “Creo en la Policía”, porque el juez se lo suelta.
En general, es lo que dice la gente.

La policía tiene dos caras. Esa, que es la bonita, y la fea, la de la corrupción.
-Lo que más dolor me causa, primero, es la muerte de mis policías porque somos una familia y perder un miembro de esa familia causa dolor; y, segundo, los hechos de corrupción, porque la mayoría de policías venimos de familias humildes, sencillas; nos hemos logrado superar y cuando hay toda esa hermandad, esa unión, causa dolor encontrar un policía que se desvía de los principios y valores institucionales.

Ser policía y ser un hombre familiar, buen marido, debe ser complicado, porque ustedes se la pasan de un lado para otro.
-Aquí le confieso algo: cuando hablamos con mis hijos sobre qué van a hacer, el mayor, Andrés, nos dijo: “Quiero ir a la Universidad, me gusta la policía, pero no quiero ingresar porque yo quiero tener sábados y domingos”.
Para casarse tiene que dar, pues, con una mujer que se aguante ser viuda en vida y que no sea celosa.
-Diría que una familia de policía es una familia muy especial, que tiene mucha unión porque no se tiene tiempo. Llegar hasta acá es gracias a la comprensión de la esposa y los hijos. Hay momentos en que uno pasa semanas y meses en que no puede disfrutar un domingo. Y esa comprensión es vital.

¿Soñaba con este puesto?
-Le confieso: estos días hablaba con un compañero de colegio y los dos ingresamos a la policía. Él me decía: “Yo recuerdo que usted quería ser director”. Ese es un objetivo, aquí las metas se realizan, los sueños se alcanzan, pero es producto del trabajo, de la disciplina, de la constancia. No hay una distinción más alta para un policía que dirigir los destinos de su propia institución.

¿Y a su esposa dónde la conoció?
-Mariam es caldense, la conocí en Bogotá, fue amor a primera vista de los dos. Me la presentó su hermana, fuimos novios.

¿Por qué ella aceptó casarse con un policía? ¿Tenía familia en la institución?
-No.

¿No sabía dónde se metía?
-Me casé de capitán, ya maduro, de 28 años. Ella siempre me acompañó donde iba trasladado, lo primero era mi familia, llegaba con ellos antes que el trasteo, que los enseres. Porque uno en esta profesión necesita compartir con alguien los momentos que tiene en soledad, en la noche, la angustia, los problemas, los sueños.

¿Algún pueblo complicado?
-Fui comandante de El Rodadero, de El Plato, pero el mayor tiempo fue en policía judicial.

¿Será posible conseguir que la policía se dedique a investigar más y a combatir delincuencia común y no tanto a cazar guerrilleros?
-Vamos a fortalecer la policía en algunos municipios con la inteligencia y la investigación criminal, con policía judicial. Es crecer la capacidad de recolectar información con policías profesionales y judicializar con el apoyo de la Fiscalía General.

Un estudio demostraba que existe una relación directa entre corrupción y una vida personal desordenada de un policía. ¿Cómo harán para evitar ese desorden?
-Lo primero es fortalecer los lazos de familia a través de capacitación, de sensibilización. La policía ha generado 16 estrategias integrales para enfrentar el terrorismo, el narcotráfico, las formas nuevas de criminalidad, la minería ilegal, el microtráfico que genera delitos urbanos… y también contra la corrupción fortaleciendo asuntos internos, poligrafía (hemos aplicado más de 13.000 polígrafos a quienes van a unidades sensibles) y trabajando mucho en prevención, motivando a nuestros policías y, si es necesario, aplicando con severidad la capacidad disciplinaria que tenemos.

Mientras ustedes luchan contra el narcotráfico, el consumo en Colombia se dispara. ¿Son conscientes los consumidores de que alimentan la guerra?
-Tenemos que llegar a lograr esa conciencia, lo mismo que se hizo cuando le guerra contra el narcoterrorismo. Había como una neutralidad de la sociedad civil, lo veían como una lucha entre Gobierno, Policía, Ejército y narcoterroristas, y cuando la comunidad decide colocarse al lado del Estado, ahí ganamos. Eso generó que se aplicara autoridad y una alianza estratégica entre la Policía Nacional y las Fuerzas Militares, que le ha dado resultados al país, golpes contundentes contra el narcotráfico y el terrorismo.

¿Es lógico que haya recompensas? ¿No sería bueno colaboración sin plata?
-Hay un trabajo producto de recompensas, pero hay otro trabajo producto de investigaciones, de inteligencia, un gran número de casos positivos donde hay información ciudadana por patriotismo, por convicción. Creo que es lo que tiene que ser el total de los casos, sin embargo, en todos los países se ofrecen recompensas en un caso de impacto.

¿Qué hace cuando tiene tiempo libre?
-Me gusta mucho leer sobre estrategia policial. La planeación permite mejorar, organizar, ordenar el trabajo. Y aprovechar ese espacio para pensar, para encontrase uno mismo y para hacer un balance. Me gusta hacer balances diarios.