09 de Agosto de 2012 - 4:16 pm

La leyenda de un genio travieso

Realizado por: Margarita Restrepo Olano. Doctora en historia, Universidad de Navarra. Historiadora, Universidad Nacional de Colombia. Profesora de la Universidad de Medellín. Miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Historia.
(Abanico. Colección Museo Colonial - Museo Iglesia Santa Clara, Mincultura. Reg. 05.7.007)

Apuntes sobre el romance del
virrey Solís y la Marichuela


El virrey José Solís y Folch de Cardona. Óleo de Joaquín Gutiérrez. Colección Museo Colonial - Museo Iglesia Santa Clara, Mincultura. Reg. 03.1.103En 1875 José Manuel Marroquín se convirtió en el primer escritor en hacer mención del romance que sostuvo el virrey José Solís y Folch de Cardona con María Lugarda de Ospina, “la Marichuela”1. De ahí en adelante, esta crónica fue transmitida de generación en generación llegando a eclipsar las noticias sobre la acción de gobierno del joven madrileño en Nueva Granada.


Así recogía el novelista Marroquín en Una historia que debería escribirse partedel suceso que protagonizó quien fuera la máxima autoridad del Virreinato entre 1753 y 1761 Bastón del oidor Hernández de Alba, s.f. Colección Museo de la Independencia-Casa del Florero. Mincultura. Reg. 3995.con la neogranadina y que, a juicio del historiador Mantilla, “apareció como nube peregrina en el firmamento de la historia”2:
“Vivían en su tiempo en Santafé y descollaban entre las más hermosas, ciertas jóvenes de no muy esclarecido linaje, desenvueltas y de livianas costumbres, conocidas comúnmente con el apodo de las marichuelas. Conocíalas el virrey, trabó amistad con una de ellas, y esto dio ocasión a que su conducta fuese por algunos años el escándalo de la gente cristiana. Ni fueron estos sus únicos devaneos; pues sus contemporáneos pintaban su vida como muy disipada3”.

Basado en testimonios de sus antepasados y en escasa documentación, el autor de Entre primos y El Moro teje un relato que luego sería reproducido por otros escritores sin apenas confirmar la veracidad de las fuentes. Marroquín consciente de lo Casa de los virreyes - esquina de Las Nieves, Bogotá, Papel Periódico Ilustrado, 1881-1887.exiguo de los datos, advierte al mismo tiempo sobre la “escrupulosidad” con que se ha ceñido a los documentos, sacrificando lo ameno en beneficio de lo verdadero4. Sin embargo, en las escasas menciones a fuentes primarias se advierten referencias demasiado generales o se alude a documentos que nada tienen que ver con el romance, como el título de su nombramiento en calidad de virrey, el acta de toma de posesión5 y la ejecutoria de residencia, donde investigaciones recientes han confirmado que aquí no se hace mención a tal historia6. Lo más llamativo de todo es que conocedor del escaso acopio documental, el autor justifica de la siguiente manera su deseo de historiar a Solís:

“(…) de que nuestro trabajo, por más imperfecto y diminuto que resulte, salvará al cabo de un total olvido el nombre del ínclito virrey, si bien no le dará el lustre que a los de los varones esclarecidos suelen dar los buenos biógrafos y cronistas (…)7”.

Cama colonial, finales del siglo XVIII. Colección Museo Colonial - Museo Iglesia Santa Clara, Mincultura. Reg. 04.6.001La historia de este romance, que ha carecido de base documental, ha generado en algunos autores más interés que la divulgación de la actuación de Solís al frente del Virreinato. En otros, las voces de rechazo no se han hecho esperar, mientras que uno de los autores ha preferido abordarla con cierto matiz. Historiadores como Raimundo Rivas, Camilo Forero Reyes y José María Restrepo Sáenz se encargaron de reproducir la historia sin confirmar su veracidad8. Cabe señalar que la publicación del último, en 1951, le añadió un nuevo ingrediente gracias al hallazgo de un documento que recoge el litigio del que fuera el inquilino de una casa, propiedad de la familia de la Marichuela; fuente que llegó a convertirse, probablemente, en la única diferente a la testimonial9.

Por su parte, treinta años después de la publicación de Marroquín, Vergara y Velasco se convirtió en el primero en refutarlo y, más recientemente, el franciscano Luis Carlos Mantilla; ninguno le dio crédito al supuesto romance10. Por último, Sergio Elías Ortiz afirma que aunque ha pasado a la historia con caracteres novelescos, “pudo haber en él algún fondo de verdad11”.

Fray Joseph de Jesús María, siglo XVIII. Óleo de Joaquín Gutiérrez. Colección Museo Colonial - Museo Iglesia Santa Clara, Mincultura. Reg. 03.1.104De las tres posturas, esta última es, a nuestro juicio, la más acertada, en tanto se acerca a la definición de leyenda. De hecho, historiadores como Forero y Ocampo López la han considerado como tal incluyéndola en la galería de leyendas populares de la colonia12. Y es que si bien carece de base documental, es difícil inventarse una historia completa desde cero; algunos de

los testimonios que dieron lugar a la historia, algo de cierto debieron tener. Que al hecho se le hayan añadido otros ingredientes, es asunto distinto, pero en lo que respecta al origen no se puede negar en su totalidad.

Del genio travieso del virrey


Si bien testimonios de algunos antepasados permitieron tejer esta historia, no puede desconocerse un elemento que le ha dado cierta fuerza a la misma. Se trata del genio del virrey. Calificado de travieso, justamente ese carácter ha servido de sustento a algunos para explicar, o bien la razón que le llevó a renunciar a su cargo para vestir el hábito de franciscano o confirmar que su nombramiento como principal autoridad de Nueva Granada descansó en ese rasgo de su personalidad, como veremos a continuación.

Cofre contador, siglo XVIII. Taller de Pasto. Colección Museo Colonial - Museo Iglesia Santa Clara, Mincultura. Reg. 04.7.007El arrepentimiento de una vida disipada


A juicio de Marroquín, el ingreso del ex virrey a la vida monástica estuvo motivado por su arrepentimiento a esa vida disipada. El acontecimiento tuvo lugar en la Semana Santa de 1759 por la negativa del confesor de absolverlo “a pesar de la obstinación con que seguía en el ilícito trato con la dama de que dejamos hecha mención (la Marichuela)”13. Luego de este episodio, elevó a la Corte una petición de exonerarlo del cargo de virrey.


Como una manera de explicar la decisión de ingresar a la vida monástica, se ha reproducido una anécdota según la cual tras una juerga nocturna con sus amigos, como era costumbre, el virrey se topó con un cortejo fúnebre. Dicen que después de detenerse a mirar al fallecido, el virrey Solís, tras recibir un llamado especial, decidió ingresar a la orden religiosa de los franciscanos14.


La condición de fray José de Jesús María, nombre que tomó Solís al hacerse religioso, dio lugar a episodios de mayor tinte novelesco, como se lee a continuación:

“La antigua compañera de sus disoluciones frecuentaba la iglesia de San Francisco con el avieso fin de poner a prueba su paciencia lo que procuraba dirigiéndole improperios y zumbas groseras cuantas veces podía acercársele, esforzándose por hacerle la irrisión y el escarnio de los fieles que concurrían al templo”15.

La historia de este romance, que ha carecido de base documental, ha generado en algunos autores más interés que la divulgación de la actuación de Solís al frente del Virreinato.

En palabras del historiador Ortiz, el virrey Solís era el gobernante del territorio sobre quien más había obrado la fantasía, hasta convertirlo en “héroe de novela”16. No cabe duda que este episodio de persecución de la Marichuela al fraile logró los mayores tintes fantásticos; de hecho, ni Rivas ni Samper Ortega ni Ortiz le dan veracidad17. De haber sido cierto el episodio narrado por Marroquín, el historiador Ortiz afirma que vendría a explicar la causa que llevó al virrey Messía de la Cerda a desterrar a María Lugarda de Ospina. Y es que en 1802, Vargas Jurado le añadió un ingrediente a la historia originaria de Marroquín cuando hizo mención sobre la conversión de la Marichuela en el Convento de Santa Clara. Años después se fugaría de allí y, como consecuencia, se le castigó con el destierro a las selvas de Usme con prohibición de volver a Santafé, según consta en real despacho de 176418.

Facsimilar del testamento de María Lugarda Ospina "La Marichuela", 1779. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 1301Nueva Granada, destierro decoroso para un amigo de placeres


La temprana edad a la que Solís recibió su título de virrey ha sido un tema cuestionado por muchos, pero aún sigue sin resolverse19. Algunos historiadores se han encargado de pasar la voz de lo que José Antonio de Plaza dio por sentado en 185020. Basado en información de su abuelo, de quien se decía era cercano al virrey Solís, este autor explicaba que la promoción del joven al Virreinato de Nueva Granada se debió a la influencia que su familia tenía en la Corte “y temerosa de que las ardorosas inclinaciones de este lo pudieran precipitar a mayores desafueros, consiguió que se le destinara a América”21. Veinte años más tarde Groot reproduciría lo dicho por Plaza cuando se refiere a Solís como “amigo de placeres, galante y poderoso”, y señala que la fogosidad de su genio y la inclinación del joven a los placeres amorosos explican que su familia lo alejara de la Corte e intercediera para que fuera destinado al Virreinato neogranadino22. Sin embargo, el autor tampoco menciona ninguna fuente.


Otro escritor coetáneo, José Manuel Marroquín, coincide con Plaza al advertir cierto comportamiento indebido del joven Solís; pero va más allá al afirmar que su traslado a Nueva Granada fue en “castigo” a su conducta, aunque el motivo concreto al que se refiere se nos antoja insustancial:

“[José Solís] que era en su mocedad de genio travieso y bullicioso, se tomó una vez la libertad de chancearse con el Soberano escondiéndole el sombrero y bastón en un día de ceremonia, desacato o exceso de familiaridad por el cual determinó la Corte castigarle haciéndole pasar a Indias de virrey y capitán general del Nuevo Reino, como un destierro decoroso”23.

Somos conscientes de que los trabajos de Plaza y Marroquín pecan de lo mismo: ninguno justifica sus argumentos con fuentes documentales. Pero al margen de esta debilidad nos llama la atención que los tres coincidan en que el nombramiento de José Solís se hizo para alejarlo de la Corte. Esta circunstancia justifica la sospecha de que el de Solís fue un nombramiento rápido e imprevisto. Es probable que su conocido genio travieso y poco moderado haya motivado a tejer una historia semejante, como si el virrey fuera más susceptible de protagonizar anécdotas de esta naturaleza.


Llegados a este punto, viene bien repetir las palabras del conocido historiador Javier Ocampo López para quien el romance de Solís se suma a otras tantas leyendas de nuestra historia: “Algunos narradores convierten en leyendas algunos acontecimientos individuales o colectivos, cuya interpretación se plantea entre lo mítico y lo nebuloso legendario, por carecer de una documentación histórica verídica y real; que lleve a la hermenéutica histórica”24. Lo importante aquí es saber establecer el límite entre la fantasía y la veracidad, y mientras no se encuentre el suficiente sustento documental no tomarla como si fuera totalmente cierta y menos con todos los detalles que la han adornado. •

Referencias

1 Marroquín, José Manuel. “Una historia que debería escribirse”, en Obras escogidas, Bogotá, Bibliotecas de Autores Colombianos, 1875, pp. 71-83. Casi un siglo después, 1982, este y otros artículos del autor fueron recogidos en una publicación bajo el título Escritos históricos, Bogotá, Biblioteca Banco Popular, pp. 20-37.

2 Mantilla, Luis Carlos, O.F.M. “La conducta disoluta del virrey Solís”, en http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/revistas/credencial/agosto1991/agosto3.htm (Consultado el 2 de marzo de 2012).

3 Marroquín, José Manuel. Ob. cit., p. 28.


4 Ibíd., p. 37.


5 Fuentes mencionadas por Marroquín: Groot, José Manuel. Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada, t. I, Bogotá, Foción Mantilla, 1869; “Noticia de la erección del convento de San Francisco”, “La oración fúnebre”, pronunciada por el padre Torrijos.


6  Mantilla, Luis Carlos, O.F.M. Ob. cit.


7 Marroquín, José Manuel. Ob. cit., p. 24.

8 Rivas, Raimundo. “Amores de Solís”, en Lecturas históricas, Bogotá, Tipografía Americana, 1925; Forero Reyes, Camilo. La vocación de un virrey o verdaderas causas que motivaron la repentina vocación religiosa del virrey don José Solís Folch de Cardona, Bogotá, 1929 (por considerarse inapropiado para el Boletín de Historia y Antigüedades no se publicó); Restrepo Sáenz, José María. Biografías de los mandatarios y ministros de la Real Audiencia (1671-1819), Bogotá, Cromos, 1952.

9 Archivo General de la Nación. Impuestos varios, t. 10, cit. por Restrepo Sáenz, José María. Ob. cit., p. 109.


10 Mantilla, Luis Carlos, O.F.M. Ob. cit. Rivas, Raimundo, Ob. cit.


11 Ortiz, Sergio E. “Gobierno del virrey don José Solís Folch de Cardona (1753-1761)”, en Historia Extensa de Colombia, vol. IV, t. 2, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1970, p. 79.


12 Ocampo López, Javier. Leyendas populares colombianas, Bogotá, Plaza & Janés, 1996; Forero, Manuel José. Leyendas históricas de Santa Fe y Bogotá, Bogotá, Cromos, 1921.

13 Marroquín, José Manuel. Ob. cit., p. 29.


14 Cit. por Ortiz, Sergio E. Ob. cit., p. 103.


15 Marroquín, José Manuel. Ob. cit., p. 34.


16 Ortiz, Sergio E. Ob. cit., p. 79.


17 Ibíd., p. 82.


18 Cit. por Restrepo Sáenz, José María. Ob. cit., p. 108.


19 Este apartado recoge algunas líneas textuales de la publicación: Restrepo Olano, Margarita. Nueva Granada en tiempos del virrey Solís, 1753-1761, Bogotá, Universidad del Rosario, 2009, pp. 27-28.


20 Plaza, José Antonio de. Memorias para la historia de la Nueva Granada desde el descubrimiento hasta el 20 de julio de 1810, Bogotá, Imprenta del Neo-granadino, 1850, pp. 300-301. Samper Ortega y Rivas no le dan veracidad a esta anécdota. A diferencia de la mayoría de autores que piensan que el nombramiento de Solís fue un castigo a sus conductas inadecuadas, Samper considera que fue fruto de sus méritos personales y profesionales. Ver: Samper Ortega, Daniel. Don José Solís, virrey del Nuevo Reino de Granada, Bogotá, Pax, 1953, pp. 18-19; Rivas, Raimundo. Ob. cit., 1925.


21 Plaza, José Antonio de. Ob. cit., pp. 300-301.


22 Groot, José Manuel. Ob. cit., p. 387.


23 Marroquín, José Manuel. Ob. cit., p. 23. Marroquín no cita la fuente de esta anécdota.


24 Ocampo López, Javier. Ob. cit., p. 17.
 

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