Edición 318 - Mar, 2013-05-07

Algunos dicen que no hay nada peor que trabajar con estrés, afán y bajo presión. Sin embargo, investigaciones han demostrado que en muchas ocasiones es cuando estamos angustiados que logramos nuestros mejores resultados. Cuatro testimonios sobre el lado positivo de la angustia.

Por Myriam Bautista

La angustia es la fiel compañera del periodismo.(Foto: Manuel Rodríguez)

Juan Guillermo Ríos asegura que la angustia es la fiel compañera del periodismo; si no es así, no se puede ser buen profesional. Su afán por ser el primero en dar la noticia y por innovar, lo convirtió en uno de los directores de televisión más populares. Cuando comenzó con el Noticiero de las Siete, del que no sólo era director sino socio, tuvo que competir con el Noticiero 24 horas, que dirigía Mauricio Gómez y que contaba con una nómina de lujo. 

Mientras el 24 horas subía como espuma, el De las 7 bajaba día tras día; por ello, al año de perder pauta publicitaria se fue con la gerente a Nueva York, y en entrevista personal con uno de los presentadores gringos de la CBS con mayor audiencia, Dan Rather, recibió sabios consejos, entre ellos, que debía crear estilo propio y conectarse con la gente para remontar sus índices de popularidad. Y así hizo. Se vistió con chalecos multicolores, se puso tirantes y terminaba la emisión del noticiero con un movimiento de la mano y diciendo: “Paz, amor y… buen genio”, que lo catapultó y le dio a su noticiero el puntaje que necesitaba. Fueron años a la cabeza de la sintonía, codeándose con el poder político, económico y social, angustiándose por conservar la primacía, que le dejaron una experiencia que no cambiaría.

 Foto: Manuel Rodríguez

Hoy Ríos es el director de noticias de la emisora de la Policía Nacional, catedrático y asesor de la rectoría de la Universidad Sergio Arboleda, conductor y director de tres programas de televisión y de un espacio institucional de la Contraloría General de la República. Trabajos impensables para ser desempeñados por un solo profesional pero que para él no son agobiantes: se levanta todos los días a las cuatro de la mañana y es muy feliz con la carga de angustia que su trabajo le impone. 

La oficina Comunicaciones y Cultura, de Ana María Aponte, maneja la prensa de distintos eventos, a los cuales ella y su equipo dedican buena parte de las horas del día. Como encargada de la prensa y de otros menesteres del Hay Festival Cartagena, ha tenido que afrontar situaciones de angustia durante esos cuatro días en que todo tiene que salir a la perfección. Ha sabido pasar la prueba de manejar a 250 periodistas locales, regionales, nacionales y extranjeros, así como a distintas personalidades que la ven como salvadora. Recuerda que en la primera edición de este evento, medio centenar de periodistas furibundos estuvieron a punto de amotinarse si no los dejaban entrar a un evento al que ya no le cabía ni una aguja, y ella dándoles la cara, como siempre lo hace, con un hilo de voz (la había perdido de tanto usarla) les pedía paciencia, pero con coraje les decía que para cubrir ese evento tendrían que hacerlo mirando la transmisión. Los mismos que pedían su cabeza, hoy la adoran.

Ana María confiesa que su perfeccionismo y excesiva dedicación a cada tarea de su vida, hacen que ante situaciones estresantes y agobiantes no se ofusque y pueda solucionar los problemas con éxito. ¿Qué sería de ella si su trabajo no tuviera la suficiente dosis de angustia?

El pasado 30 de diciembre, en Cali, en horas de la tarde, mientras la mayoría de las personas disfrutaba de los espectáculos de la Feria, en su casa la pedagoga social Laura Vitalle, finalmente decidió sentarse frente al computador para concluir un proyecto que tenía como fecha límite de entrega el 31 de diciembre a las 12 del día. Como tenía invitados, involucró a algunos; terminaron el proyecto el 31 de diciembre a las siete de la mañana. De modo tal que en esa casa la llegada de año nuevo fue esperada por pocos: los demás estaban trasnochados. Ella señala: “Hacer las cosas sobre el tiempo es un hábito que se adquiere de joven y se mantiene en tanto la adrenalina que genera produce réditos inmediatos. Costumbres que no he podido abandonar, como escribir bajo presión o resolver trámites burocráticos, tienen relación con la duda sobre el éxito. La sensación de ‘último minuto’, acompañada de su carga de adrenalina, facilita poner el miedo al fracaso en segundo plano, en tanto la prioridad se ubica en la responsabilidad pendiente y en la necesidad de concluirla, sin tener espacio para pensar en éxito o fracaso”. 

 Foto: James Arias

Todos conocemos a personas como Laura: trabajan, actúan o estudian mejor sobre el límite. Su ritmo es diferente al de la mayoría. Quién no ha tenido un compañero de pupitre que sólo a última hora estudiaba para los exámenes finales, que hacía los trabajos un día antes del día de la entrega; quién no ha oído hablar de esa persona que llega al aeropuerto cuando todo el mundo está ‘chequeado’, que hace la maleta con sólo minutos de anticipación y que siempre deja sus tareas para hacerlas en la fecha límite o sobre el tiempo. Estas personas no creen que ‘al que madruga Dios le ayuda’, o en esa frase que dice: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”.

El economista Alberto Rodríguez, director de la Corporación Cetec de Cali, con múltiples proyectos productivos funcionando con la población negra del norte del Valle, es conocido por llegar siempre a la hora límite para coger el avión, cumplir su cita médica, entrar a cine… Explica, eso sí, que siempre marca una diferencia entre las conductas personales y las de las de organizaciones políticas, y después dice: “Primero, tengo incapacidad estructural para cumplir con límites temporales establecidos; segundo, en más de una oportunidad sobreestimo mi propia velocidad para realizar determinadas tareas, recorridos, trabajos, etcétera, y sin necesidad termino en situaciones de estrés tratando de cumplir; tercero, trabajar bajo presión de tiempo obliga a concentrarse e incrementa el rendimiento…”.

La sicóloga María Consuelo Cárdenas de Sanz de Santamaría recuerda que cuando fue coordinadora del proceso de autoevaluación de la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad de los Andes, uno de los énfasis académicos era el de exponer a los primíparos a situaciones de estrés extremo para acostumbrarlos a saber responder bajo presión. “De hecho, en los primeros semestres las cargas académicas son muy altas y van aminorando a medida que se avanza, porque se considera que quienes acceden a semestres superiores ya han interiorizado que en su desafío laboral la presión, la angustia y el estrés no les serán ajenos y que se deben hacer a una buena caja de herramientas para salir airosos”.

Muchas personas aseguran que la presión es su combustible. Afirman que los plazos son el elemento motivador para aumentar el rendimiento: alcanzar la meta bajo presión las hace sacar lo mejor de sí, sin generarles ni angustia ni estrés. Según encuestas realizadas en universidades norteamericanas, un 20% de la población adulta es morosa crónica y un 75% de los entrevistados confiesa que ha tenido más de una vez problemas por su falta de decisión. La contribución de los latinoamericanos, y de manera más precisa de los colombianos, en estas estadísticas, si nos incluyeran, sería muy alta. Basta con pasar por un banco cuando vence el plazo del pago del impuesto predial o de los recibos de servicios públicos para notar que una buena porción de los coterráneos sólo paga ante el último vencimiento. También llegan a sitios turísticos sin haber hecho reservas o al cine cuando la película ya ha comenzado. Lo encuentran (¿lo encontramos?) emocionante, los obliga a poner todos los sentidos alerta. Hay cierto placer en afrontar la angustia y el estrés, y saber salir victorioso. Son muchos los que siempre rinden más cuando están bajo presión. Hay una famosa sentencia que dice: ‘Un trabajo sin estrés es un pasatiempo’. Pues bien, parafraseándola, se podría apuntar: ‘Una vida sin un toque de angustia y estrés es muy aburrida, y acaso también improductiva’. 


Cinco grandes que supieron canalizar la angustia

          

Miguel de Unamuno: Miembro de la Generación del 98 y uno de los primeros escritores existencialistas. Sus dudas religiosas, angustia permanente y lucha constante contra todo, fueron el motor de una producción literaria y filosófica enorme.

Edvard Munch: El más importante pintor expresionista noruego. Vivió muy angustiado y ese sentimiento fue la inspiración de una obra inquietante y magnífica. Es el autor de El grito. 

Pina Bausch: Creadora de la danza teatro, famosa por sus montajes Café Müller, 1978 y La consagración de la primavera. El amor y la angustia fueron la base de sus creaciones, que revolucionaron el lenguaje del cuerpo.

Manuel Rodríguez ‘Manolete’: El torero más importante durante los años cuarenta. Se caracterizó por llevar a los ruedos toda su angustia, transmitiendo una sensación de escalofrío que lo hizo uno de los grandes de la fiesta brava.

José Antonio Osorio Lizarazo: Importante escritor colombiano de la primera mitad del siglo XX. Sus angustiados relatos sobre la pobreza, la enfermedad y las penurias de la clase media bogotana dan buena cuenta de lo que pasaba en su mente.
 

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