Aunque es limeño, este escritor, nacido en 1977, ha vivido toda la vida en Estados Unidos, donde ha desarrollado una sólida carrera que le ha permitido hacer realidad uno de los sueños de todo autor: ver publicados algunos de sus cuentos en la revista The New Yorker. Y hay más: Granta lo incluyó en la lista de los mejores escritores jóvenes latinoamericanos y en 2008 se alzó con el Premio Pen USA. Ahora presenta El rey siempre está por encima del pueblo, un libro de cuentos protagonizados por antihéroes. 

Por Andrés Arias.

(El rey siempre está por encima del pueblo. Seix Barral.)

El rey siempre está por encima del pueblo
Seix Barral. 189 páginas. 2011

¿Cómo se siente más cómodo escribiendo: en inglés o en español?
Viví en Alabama desde los tres años, hasta que me fui a la Universidad, a los dieciocho. Desde entonces he vivido en Nueva York, Iowa, Arizona, y hace más de siete años en California, en la ciudad de Oakland. En casa, hablo más en español que en inglés, pero tengo que reconocer que prefiero leer y escribir en inglés. Es el idioma en el que estudié desde muy pequeño, el idioma en que me enamoré de la literatura por primera vez. Siento que mi español sufre de una falta de vocabulario y que carece de cierto ritmo que tengo en inglés. Es cuestión de ir desarrollando mi oído. De aquí a unos cinco años, quizá intentaría escribir una novela en español. Quizá.

 Foto May-Li Khoe

¿Qué tanto escribe en español?
Cada vez más. Ahora que he fundado este nuevo proyecto, Radio Ambulante, estoy escribiendo cada vez más en español, pero no cuentos, ni novela, ni ensayo, sino guiones de radio crónica. Es interesante, porque no sólo se trata de pensar en otro idioma, sino enfrentarme a otro género narrativo. Felizmente, es un género menos literario y mucho más coloquial. Hasta ahora, me está gustando el reto.

¿Qué tanto cree que hay de Perú en su obra?
Muchísimo. Pero mi Perú siempre es imaginario, un país híbrido con detalles inventados.

El sueño de todo escritor y de todo periodista es publicar en The New Yorker. Usted lo ha alcanzado. ¿Cómo se hace? Cuéntenos al respecto, por favor.
Tuve mucha suerte. ¿Qué puedo decir? Aparecí en el momento ideal con un cuento interesante bajo el brazo. Era 2003, y tenía medio libro de cuentos listo. La actual editora de The New Yorker, Deborah Treisman, acababa de asumir su puesto y buscaba nuevos escritores. A veces es así de simple. Les entregué mi manuscrito y parece que les gustó “Ciudad de payasos”. Fue mi primer cuento publicado. Debo aclarar que el hecho de haber publicado una manada de cuentos en The New Yorker no significa que me acepten todo, nada que ver. Me han rechazado varias veces, lo cual me parece correcto. Y hasta ahora no me han aceptado ninguna propuesta de no-ficción. Son bastante rigurosos. No es por nada que es (con The New York Review of Books) la mejor revista de Estados Unidos.

Pensando en El rey siempre está por encima del pueblo: ¿le gustan las historias sencillas, los personajes comunes y corrientes?
No creo que exista gente común y corriente. Cada persona, hasta la más aparentemente sencilla, es un mundo infinito. Ese es mi punto de partida cuando comienzo a armar mis personajes. No sé si me gustan las historias sencillas o no, la verdad. Cada cuento es diferente y requiere diferentes técnicas. Creo que un buen cuento puede seducir al lector con personajes inolvidables, con prosa finísima, con humor o inteligencia, con diálogo interesante, con la tensión de un misterio por resolver, pero de ninguna manera es necesario que tenga todos estos elementos. A veces sólo basta uno.

En Colombia se habla mucho “del fantasma de García Márquez sobre los escritores”. ¿Algo semejante sucede en Perú con Vargas Llosa? ¿Es una influencia muy fuerte? Bueno, usted, que ha vivido toda la vida en Estados Unidos, nunca la ha sentido…
Es verdad. En mi caso, viviendo en Estados Unidos, nunca sentí ese peso de la herencia de Vargas Llosa. No lo siento como un fantasma, o una sombra. Es un gran escritor, y me enorgullece que sea peruano. Es una influencia, por suerte, pero una influencia de varias.

¿Quiénes son sus cuentistas favoritos?
Hay varios, pero nombro cinco: Jorge Luis Borges, por su imaginación tan ágil y su inteligencia. Juan Rulfo, por su manera de tratar la violencia. Grace Paley, por su elegante sentido del humor. Roberto Bolaño, por su intuición narrativa, que nunca deja de sorprender, y su prosa, aparentemente tan simple, pero tan poderosa. Bruno Schulz, por su tristeza infinita y su manera de retratar la vida melancólica de las provincias. Hay muchos más: Sergei Dovlotav, Junot Díaz, Alice Munro, Lorrie Moore, Tobias Wolff, Jesse Ball, Samanta Schweblin, Aleksandar Hemon, Edward P. Jones, etc. Me encantan las breves notas periodísticas de Joseph Roth, que se pueden leer como cuentos también.

¿Cuál es su libro favorito?
Tengo demasiados. No es justo pedirle a un escritor que tenga uno solo. Además es una lista que va cambiando a lo largo de los años.

Usted ha dicho que El rey siempre está por encima del pueblo gira en torno a “poder y personajes lidiando con el mismo, marginalidad y subversión”. ¿Eso qué significa?
En muchos sentidos los cuentos de El rey siempre está por encima del pueblo son mi reacción al momento actual de Estados Unidos: por eso, tanto personaje aplastado, tanta guerra, tanto caos. Me interesa (es un tema recurrente en mi obra, creo) cómo la gente marginal entiende su relación con el poder, cómo se enfrenta a ello. Creo que el drama muchas veces nace de un desbalance de poder, y lo único que un escritor tiene que hacer es prestarle mucha atención a estos desbalances.

George R. R. Martin
Juego de tronos. Canción de hielo y fuego I

Plaza y Janés. 795 páginas. 2011
Ya la vimos en televisión: la historia de la familia de Ned Stark y su lucha por el trono de hierro. Pero en el libro hay más tiempo para los conflictos personales, para complicar las relaciones y detenerse en los detalles. Y este es apenas el comienzo: la saga del autor estadounidense ya va por el quinto volumen y vienen dos más en camino, una alegría para miles de fanáticos. Con un mundo de fantasía y una narración basada en diálogos que pueden recordar la ficción de Tolkien, aunque con un planteamiento mucho más realista, esta novela sigue a ocho personajes, la mayoría pertenecientes a la familia Stark, en las pugnas de las estirpes nobiliarias en el agreste continente de Poniente.

 

 

 

Enrique Krauze
Redentores. Ideas y poder en América Latina

Debate. 583 páginas. 2011
Así como hiciera Plutarco en sus Vidas paralelas, Krauze traza perfiles de personajes relacionados por diversos motivos: ahí están los que se hicieron íconos políticos, como Eva Perón y el 'Che' Guevara; los que se convirtieron en mitos de la literatura, como García Márquez y Vargas Llosa, y los tocados por la religión y el poder, como Samuel Ruiz y el subcomandante Marcos. Como el mismo autor lo anota en el prefacio, “Redentores es una historia de las ideas políticas en América Latina desde el fin del siglo XIX hasta nuestros días”. Y se trata de una historia apasionada, entretenida, narrada como la mejor de las novelas. Mejor dicho: como tiene que ser. Para recomendar, las páginas dedicadas a Octavio Paz. 

 

 

Ian McEwan
Chesil Beach

Anagrama. 184 páginas. 2008
Una excelente obra de un gran autor. McEwan lleva años demostrando su calidad ―Sábado, Ámsterdam y Primer amor, últimos ritos son buenos ejemplos―, y con esta novela, que la crítica calificó de perfecta, se pone en la lista de los mejores escritores vivos del mundo. Fascinante la capacidad que tiene de crear grandes universos a partir de pequeñas anécdotas. En este caso, lo que sucede en la noche de bodas de una joven pareja de la Inglaterra de comienzos de los sesenta, le sirve para narrar una historia que tiene un final muy triste, cargado de melancolía. En las pocas páginas de Chesil Beach se dibujan vidas complejas, anécdotas y formas de pensar y comportarse de una generación acaso poco conocida: aquella inmediatamente anterior a los Beatles, la minifalda y la revolución sexual. 

 

 

Henning Mankell
La quinta mujer

Tusquets. 633 páginas. 2011
Kurt Wallander es un personaje familiar para los lectores de tramas detectivescas, quienes volverán a encontrarse en territorio conocido en la sexta novela de la serie del famoso personaje mientras trata de resolver el misterio de tres extraños asesinatos en el pueblo de Ystad. Henning Mankell tiene una prosa ágil y envolvente. En este caso, la narración que sigue a la investigación del inspector se alterna con la de las víctimas para ir revelando una trama más complicada de lo que parece, donde una mujer parece estar detrás de los asesinatos como parte de una venganza planeada detalladamente. Las víctimas, después de todo, no son tan inocentes como aparentan en un principio, y todas esconden un pasado de maltrato a mujeres. 

 

 

 

Ignacio Padilla
Los anacrónicos y otros cuentos

Fondo de Cultura Económica. 58 páginas. 2010
Tres cuentos. Tres piezas breves del mexicano Ignacio Padilla sobre las que su amigo y paisano Jorge Volpi advierte: “se presenta ante el desprevenido lector como la reunión de tres ‘cuentos’; una lectura más atenta revela que P. [Ignacio Padilla] continúa con su empeño de darnos gato por liebre, de insistir con la táctica que lo caracteriza”. Esa táctica que lo caracteriza lo lleva a mostrarnos personajes apaleados, pero no vencidos, veteranos de una guerra perdida hace treinta años; a revivir la mitología en la historia de dos siameses, Cástor y Pólux, que, como “muchos otros, habían sido portentos de circo y carne para semanarios amarillistas”; a acompañar a seres nocturnos a quienes se les achacan los males de la ciudad.

 

 

 

 

David Remnick
La tumba de Lenin. Los últimos días del Imperio soviético

Debate. 863 páginas. 2011
Este jugoso volumen narra los acontecimientos que llevaron la caída de la Unión Soviética en 1991. Su autor, director actual de The New Yorker, vivió con su esposa desde 1988 hasta 1991 en Moscú. Allí, como corresponsal del Washington Post, tuvo la oportunidad de acercarse a algunos de los protagonistas de la larga historia imperial y de conocer como pocos los avatares de la política rusa. El resultado de su experiencia es un libro que cuenta detalladamente, desde la implementación de la perestroika y el redescubrimiento de la historia soviética hasta los primeros días de Boris Yeltsin en el poder, cómo fue el colapso del mayor imperio del mundo. Remnick obtuvo el Pulitzer en 1994 con este libro.

 

 

 

William Ospina y Javier Gil
Pedro Ruiz

Villegas. 225 páginas. 2011
Este libro es un homenaje a uno de los mejores artistas contemporáneos colombianos. Los trabajos de Ruiz emocionan y alegran a quienes los ven. Sus obras en pequeño formato, llenas de detalles, son una maravilla, y como retratista tiene un talento que trae a la memoria al mismo Roda. Las canoas, suspendidas en la nada, y que sirven de escenario a sugestivas imágenes, le han hecho gozar de reconocimiento. En ellas se percibe a un artista de gusto y sentido del humor, que no deja de tener un tono de denuncia ante la violencia, el desplazamiento y el narcotráfico. Ospina, con toda la razón, anota: “Ruiz está desde el comienzo en una búsqueda; cada uno de los momentos de su pintura nos ofrece las muestras de su arte pleno, pero esa búsqueda no puede cesar”.

 

 

 

Camilo Chico
Obregón

Villegas. 327 páginas. 2011
Aunque no es el primer libro que se hace sobre la obra del gran artista español que amó a Colombia, sí es el más bello y, muy posiblemente, el más completo. En sus primeras páginas se cuentan, de manera analítica y crítica, los días de Obregón en el arte, para a continuación dar paso a fotografías de sus mejores obras. Ahí están los retratos, el 9 de Abril, los paisajes urbanos, las mujeres, el mar, la violencia, las barracudas, los cóndores, los ángeles, Cartagena… en fin, todo Obregón. Como bien lo anota Camilo Chico: “El pincel de Obregón le aportó a la pintura colombiana la importancia necesaria para figurar en significativos escenarios internacionales. Su amor por la vida lo llevó a gritar en silencio contra la estupidez sectaria de la política”. Todo un grande.
  
 

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