08 de Junio de 2012 - 11:59 am

Deliquios del divino amor: El amor místico de la madre Francisca Josefa del Castillo

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(Colección Banco de la República. Reg. AP2144.)

Fragmento de la segunda página manuscrita del texto Mi vida de Francisca Josefa del Castillo y Guevara, ca. 1700. Colección Biblioteca Luis Ángel Arango.La madre del Castillo, Francisca Josefa de la Concepción Castillo y Guevara, nació en Tunja el 6 de octubre de 1671 y murió en esa misma ciudad en 1742, a los 71 años. Su tormentosa vida puede ser rastreada por conducto de dos extensos escritos autobiográficos que permanecieron inéditos hasta el siglo XIX: De Afectos espirituales Afecto 2 “Mi amado para mí es, y todo deseable; ¿quién es tu amado, oh alma? ¿Quién es este amado? Dios y hombre, Cordero candidísimo, teñido en su sangre, abrasado en el fuego de amor; y todo se te da, ¡alma mía! ¡Oh, que locura es desear otra cosa, pues fuera de El solo hay males y muerte, y todo te das, Señor mío, centro de mi corazón! ¿A quien te das? Apártate, Señor, de mí, que soy mentira y pecado”.Vida, publicada en Filadelfia en 1817; y Afectos espirituales, que se publicó en Bogotá en 1843. Escribió además algunas poesías. Estos escritos de la madre Josefa son un excelente ejemplo de la literatura mística y de ascetismo, o conventual, que fue una expresión de curas, monjas y beatos característica de los tiempos coloniales y en la que se plasmaron facetas que ilustran el tipo de vida de aquellos tiempos para quienes optaban por la vida religiosa católica y el celibato. Tales escritos dan cuenta del ambiente moral de la época, de los dilemas espirituales, de los prejuicios sociales y raciales, de la represión de los sentimientos afectivos. Reflejan también las concepciones de la belleza, encarnada en la tez blanca e inmaculada de Jesucristo y el anverso de las tentaciones de los diabólicos negros, mulatos e indios.


Las Fundaciones de la española Santa Teresa de Jesús (1515-1582), los libros de la Biblia, diferentes textos piadosos y las obras de la mexicana sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695) constituyeron el molde literario de la madre del Castillo. Cuenta en su autobiografía que a los 12 años de edad: “…entraban en casa de mi madre algunos parientes muy inmediatos, que a otros no se daba entrada, por el gran recato y cuidado que nos cuidaban; y entre ellos, uno se aficionó tanto a mí, que en cualquier ocasión que hallaba me ponderaba su amor, y decía que aunque fuera a Roma había de ir por dispensación.Colección Biblioteca Luis Ángel Arango. Yo, como loca y vana, y como que mi corazón no había encontrado su centro, andaba vagando por despeñaderos, aunque sin más intento que la vanidad de ser querida […] leía sus papeles, que eran vanísimos, y aunque no respondía a su intento, no huía las ocasiones de verlo y hablarle”. Lecturas y acciones que se consideraban impuras la llevaron en aquellos años de juventud a infinidad de dudas y reflexiones en las que optó por una vida de aislamiento: “Tuve siempre una grande y natural inclinación al retiro y soledad, tanto, que desde que me puedo acordar, siempre huía la conversación y compañía, aun de mis padres y hermanos”. En 1689, a los 18 años, entró al Real Convento de Santa Clara, en Tunja.R. M. Francisca Josefa del Castillo. Colombia Ilustrada, 1889-1897. Decisión que contrarió a su familia y especialmente a su padre quienes no querían para ella la vida religiosa. “El que más esfuerzo ponía en no fuera monja, era un cuñado mío, que me quería mucho, y me proponía algunos casamientos con parientes suyos, ponderándome sus prendas. En fin, no hubo persona que, o por dar contento a mis padres, o porque Dios lo debía de disponer, no me desaprobaba y contradijera el ser monja”.


Luego del noviciado, en 1694 vistió los hábitos de monja clarisa y empezó a escribir los Afectos espirituales. En sus escritos relata el ambiente de envidias, peleas, chismes y maltratos en el día tras día del convento. A Primera página manuscrita del texto Mi vida de Francisca Josefa del Castillo y Guevara, Ca. 1700. Colección Biblioteca Luis Ángel Arango.esto se suma el relato de sus vivencias interiores: angustias, remordimientos, tentaciones, flagelaciones, dolores, desmayos, sudores, histeria, sueños y visiones llenas de terror. Todo un cuadro clínico que amerita un cuidadoso estudio. En el convento ocupó diferentes cargos e incluso fue en varias ocasiones abadesa.


©Museo Nacional de Colombia - Cilicios encontrados en el cadáver de Francisca Josefa del Castillo, Ca. 1742. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 1894.En los escritos de la madre del Castillo abundan los pasajes amorosos y eróticos, velados y explícitos, con referencias a amores imposibles, al Señor, al divino, al amado. Refleja los dilemas de la vida de ascetismo y de las profundidades conventuales y de la clausura, de la renuncia al mundo exterior. Es una muestra de la represión de las pasiones y su sublimación en el amor celestial, lleno de idealizaciones. Son escenas de misticismo que volcado en la vida interior conduce al éxtasis. El cumplimiento del voto de castidad se traduce en las imágenes lúbricas y las tentaciones que se le aparecen a la monja en el encierro del convento y que transcribe en sus palabras. “El martes de la Pascua del Espíritu Santo, estando a mi parecer despierta, aunque embarazados los sentidos, que no me podía mover, se echaba sobre mí un bulto como un indio muy feroz, renegrido, y con la cara muy ancha, la boca y los dientes disformes, y el cabello como cerdas de caballo, y oprimiéndome y causándome muchas tentaciones. [...] a principios de octubre [...] volvió de la misma suerte a cargarse sobre mí, aunque la figura era como de un mulato muy feo y ardiente, y sintiendo yo aquel peso, le preguntaba [...] y así volví en mí, aunque sintiendo muy grandes tentaciones”.La sexualidad reprimida llena de remordimientos da lugar a expresiones de fascinación y tormento en sus visiones del cielo y el infierno. La agitación interior que expresa la madre del Castillo en metáforas no exentas de sensualidad es acaso la que vivieron muchísimos hombres y mujeres en tiempos en los que la autoridad terrenal conjuró con la celestial contra el amor y la felicidad cotidiana.

Afecto 35

“Mira como el esposo del alma quiere como emplear los sentidos en la esposa: muéstrame tu rostro para agrado de mi vista, porque tu rostro es grandemente hermoso y majestuoso. Suene tu voz para mis oídos, porque tu voz me es como música suave. Tus vestiduras a mi olfato, son como el olor de todos los aromas, ¡Cuán suave eres y cuán hermosa, carísima!, dulce a mi sabor y a mi garganta como un panal de miel, tus labios destilan un panal”.

Afecto 46. Deliquios del divino amor en el corazón de la criatura, y en las agonías del huerto.

El habla delicada
Del amante que estimo,
Miel y leche destila
Entre rosas y lirios.
Su melíflua palabra
Corta como rocío,
Y con ella florece
El corazón marchito.

Tan suave se introduce
Su delicado silbo,
Que duda el corazón,
Si es el corazón mismo.
Tan eficaz persuade,
Que cual fuego encendido
Derrite como cera
Los montes y los riscos.
Tan fuerte y tan sonoro
Es su aliento divino,
Que resucita muertos,
Y despierta dormidos.

Tan dulce y tan suave
Se percibe al oído,
Que alegra de los huesos
Aun lo más escondido.
Al monte de la mirra
He de hacer mi camino,
Con tan ligeros pasos,
Que iguale al cervatillo.

Mas, ¡ay! Dios, que mi amado
Al huerto ha descendido,
Y como árbol de mirra
Suda el licor más primo.

De bálsamo es mi amado,
Apretado racimo
De las viñas de Engadi,
El amor le ha cogido.

Fuente

  • Carrasquilla, D. Rafael M. “R. M. Francisca Josefa del Castillo”, en Colombia Ilustrada, Bogotá, año I, n° 16, 1890, pp. 242-247.
  • Castillo y Guevara, Francisca Josefa del. Afectos espirituales, Bogotá, Editorial ABC, 1956.
  • Castillo y Guevara, Francisca Josefa del. Obras completas de la Madre Francisca Josefa de la Concepción de Castillo, según fiel transcripción de los manuscritos originales que se encuentran en la Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá, Banco de la República, Biblioteca Luis Ángel Arango, 1968.
  • Castillo y Guevara, Francisca Josefa del. Su vida, escrita por ella misma, por mandato de sus confesores, Bogotá, Editorial A B C, 1956.


 

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