¿Saldrá el sistema de salud de los colombianos del estado terminal en el que se encuentra?

Por Andrés Arias

(ilustración: Ómar Molano. Fotografías: Nicolás Cadena)

En una escena de la película Jerry Maguire, de 1996, se escucha una de las citas más famosas del cine de los últimos tiempos. Un jugador de fútbol americano y su agente, en medio de una alocada conversación telefónica, dicen a los gritos la frase que encierra la lógica del filme: Show me the money! Pues bien, en más de un sentido, la crisis hospitalaria por la que pasa el país se puede entender a partir de esa frase: ¡Muéstrame el dinero!

¿Por qué? Primero, la razón obvia: basta con darle una mirada detallada a las cuentas de casi cualquier hospital o EPS, para descubrir algún tipo de corrupción. Hace unas semanas, un contratista, hablando de los hospitales públicos, le dijo a la revista Semana: “Tener un hospital es el mejor negocio”. Y al día de hoy, trece EPS están intervenidas. Es posible imaginar la escena: el hombre se acerca a negociar con el sistema de salud, y lo primero que dice es: ‘Muéstrame el dinero’. O en un lenguaje más colombiano: ‘Bueno, ¿cómo voy yo ahí?’.

 Roberto Esguerra, médico internista.

Según Roberto Esguerra, internista especializado en medicina nuclear, quien lleva años estudiando el sistema de salud colombiano, “corrupción siempre ha habido en todas partes, pero no en la salud. Una de las cosas buenas que trajo la ley 100 de 1993 fue darle una cantidad de recursos muy importantes a este sector. Pero este sistema, que tradicionalmente había sido pobre, súbitamente se volvió rico y no contó con los suficientes mecanismos de control”.El caldo de cultivo perfecto para el desarrollo y crecimiento de la corrupción: mucho dinero y poca vigilancia. Lo que nos lleva, entonces, a una advertencia: la crisis de este sistema no es nueva; es casi tan vieja como el sistema mismo. ¿Acaso no llevamos más de una década vergonzosa, oyendo hablar de hospitales que cierran y de enfermos que mueren en los corredores, esperando que los pasen a una habitación o que algún médico los mire? ¿Qué tiene, pues, de diferente esta crisis? ¿Por qué reventó una controversia de estas proporciones? 

Un importante médico, que prefiere que su nombre se mantenga en reserva, dice: “Es que la salud ya no está en crisis. Está moribunda, terminal, en cuidados intensivos”. Y después reconoce que, si bien la situación en Bogotá (donde explotó el escándalo) es vergonzosa, la crisis es absolutamente nacional. “Ojalá fuera sólo un problema del distrito —añade—, pero estamos hablando de un monstruo inmenso”.

El doctor Esguerra, por su parte, dice que uno de los motivos de esta gran crisis es que a la ley 100 no le cabe una reforma más. “Esta ley en teoría fue buena, y le trajo cosas buenas a la salud. Pero en la práctica y en resultados podemos ver que… que ya no da más. Como ya no podemos seguir reformando la ley, como si fuera una colcha de retazos, la cosa reventó”.

Lo que nos lleva de nuevo a la frase inicial: Show me the money! El sistema de salud se ha convertido en una telaraña tan compleja, que es casi imposible de entender (otro buen ambiente para el avance de la corrupción, cómo no). Un embrollo en el que terminan apareciendo trabalenguas que pueden sonar así: “Fociga le paga a la EPS que le paga al IPS lo que le debe a la ERS del sistema POS por los recobros de SISBEN controlados por la medicina prepagada ante el seguro social de un hospital de segundo nivel”. ¿Quién va a entender una cosa así? Si no parecen entenderla los que saben, ¿cómo esperan que el ciudadano común sepa cómo enfrentarse ante la organización que se encarga de protegerle la salud y, en últimas, la vida? Pero volviendo a la frase aquélla, lo que dicen las fuentes es que en semejante complicación de sistema resulta muy difícil saber dónde está la plata, qué ha pasado con ella. Para bien o para mal, todos gritan: ‘¡Muéstrame el dinero!’; pero nadie lo encuentra. ¿Dónde están los billones de pesos desaparecidos? ¿El desfalco es de ese tamaño, o la estructura es tan compleja que nadie tiene claro en qué lugar se encuentran? 

“El tema del sistema de salud no es un problema de plata —sigue Esguerra—. Colombia está invirtiendo algo como 34 billones de pesos o más. Es una cifra muy grande, que en un sistema que no sea corrupto ni complejo, es suficiente. Hoy es muy difícil saber dónde está la plata porque el sistema es muy complicado. El sistema no necesita más plata, sino ser transparente”. 

¿Son los entes territoriales los que no pagan? ¿Es la corrupción interna de los hospitales la que está devastando el presupuesto? ¿O son las EPS las que no están cumpliendo con sus obligaciones económicas? Hasta el momento, los unos parecen echarles la culpa a los otros, y lo cierto es que todos tienen alguna responsabilidad. 

Fernando Robledo es el gerente en Colombia de la compañía chilena Banmedica, dueña de la medicina prepagada Colmedica y de la EPS Alianzalud. Él dice: “Un problema coyuntural tiene que ver con la idea de que la gente cree que a los hospitales no les pagan y que las culpables son las EPS. Pero nadie ve que las EPS tienen parqueados tres billones en el Fociga y que no se los han pagado. Ese monto afecta a toda la cadena. Y las EPS no son las que ordenan el gasto médico, lo ordenan los médicos y los hospitales. Es más, es un mito que para las EPS este ha sido un gran negocio: todas han perdido plata. Hoy el gasto del POS (Plan Obligatorio de Salud), que estaba calculado para que fuera de un 80%, es casi del 93. Lo que da pérdidas. El año pasado las EPS perdieron 200 mil millones”. 

¿Tendrá razón? Lo cierto es que unos y otros dicen que ya llegó el momento de reinventar nuestro sistema de salud; no basta con un nuevo remiendo a la ley 100, otra inyección de dinero o una reforma tributaria. El doctor que pidió que omitiéramos su nombre, dice: “Nosotros, los proveedores de salud, tenemos una posición horizontal e integral, en la que salvamos las vidas de los pacientes, y nos encontramos con la verticalidad de la aseguradora, que está buscando la eficacia financiera. Lo necesario es empatar los dos objetivos urgentemente”. 

Hace poco, cincuenta mil médicos le enviaron una carta al presidente Santos. Allí le decían: “La salud de los colombianos merece y necesita otro norte, estructurado sobre el cumplimiento pleno del precepto de la salud como un derecho; esto riñe con la concepción rentista y la costosa y peligrosa intermediación que han campeado dentro del sistema desde su creación”. 

Los colombianos no sólo quieren que les muestren el dinero. Precisan más. Algo muy sencillo: que les aseguren que nunca más van a morir en el corredor de un hospital.
 

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