En ochenta minutos, ‘Chocó’, película que se estrena este mes, cuenta una maravillosa historia a la vez que hace visible una de las formas más silenciosas de violencia contra la mujer.

Por Myriam Bautista
 

Para el joven cineasta Jhonny Hendrix Hinestroza ―quien escribió el guion con Alfonso Acosta y coprodujo con Maritza Rincón―, Chocó es su primer proyecto cinematográfico en solitario. Hasta ahora el resultado ha sido mejor de lo que esperaba. Su ópera prima fue seleccionada para participar en la sección panorama de la pasada 63 edición del Festival Internacional de Cine en Berlín, donde una mujer rusa, al final de la primera presentación, se le acercó y le dio las gracias, emocionada, contándole que esa historia era la suya. Hubo tres sesiones, lo que no es normal, que agotaron la boletería y arrancaron nutridos aplausos de un público que se conectó y conmovió con la cinta nacional.
Chocó inauguró también el 52 Festival de Cine de Cartagena, en donde obtuvo el premio del público como la mejor película. Precedida de este palmarés, se estrena en las principales salas de cine del país este 3 de agosto.

Que Hendrix haya nacido en Quibdó y lo visite con asiduidad, y que admire a su madre y a su abuela como buenas exponentes de la mujer afrocolombiana en las que se conjugan muchas virtudes, y a la vez son sumisas y conformistas en la relación de pareja, parecían suficientes razones para que su idea de hacer una cinta sobre las relaciones sentimentales de sus coterráneos se hiciera realidad. Y así fue, aunque contribuyeron factores externos a su ámbito doméstico.

La trama 

 El director Jhonny Hendrix Hinestroza junto a Karent Hineztroza quien protagoniza Chocó. Fotografía Nicolás Cadena Arciniegas.

Hendrix buscó mucho a su protagonista hasta encontrar a la novel actriz Karen Hinestroza, quien a sus 26 años había hecho otros papeles pero no un protagónico con tantas exigencias. Tres semanas y media de rodaje fueron suficientes para que Karen terminara aborreciendo a Hendrix, provocador permanente de su irritación para que interpretara a cabalidad a la sufrida Chocó, esa ama de casa, madre de dos hijos, angustiada y victimizada, que alguna vez fue feliz. 

El antagonista es Esteban Copete ―nacido en Tadó, Chocó, especialista en música del Pacífico, nieto del reconocido Petronio Álvarez, quien interpreta al malo de Everlides―, esposo de Chocó, quien de la noche a la madrugada juega dominó, toca la marimba y bebe ‘Biche’ (aguardiente ancestral de la región). Lo único que hace bien es tocar ese instrumento del que salen alegres y festivos sonidos. 

Daniela y Sebastián Mosquera, que no son hermanos, dan vida a Candelaria y a Jeffrey, los hijos de la pareja de la historia. Niños que, con sus amigos, obligaron a Hendrix a convertir una torta de cumpleaños en otro de los personajes de este cuento. Hendrix llevaba a las grabaciones paquetes de dulces que repartía en las comunidades y siempre se sorprendía de que grandes y pequeños encontraran sus dulces exquisitos. Indagando, pudo comprobar que en muchos barrios y poblados de esa región del Pacífico los dulces procesados son más bien escasos y los ponqués de cumpleaños un lujo al que muchos nunca acceden.

 "En los niños, el dolor y la violencia son reelaborados a través del juego y la fantasía" dice Claudia Victoria, directora de arte. Archivo particular.

El personaje que completa este pequeño reparto es un ‘paisa’, dueño del mejor negocio del pueblo, caracterizado por el antioqueño Fabio Iván Restrepo, quien debutó en Rosario Tijeras como actor natural, pero que con el paso del tiempo se convirtió en un actor profesional, tanto que sin mayores esfuerzos logra el odio de los espectadores. 

Estos son los cinco personajes que bajo la batuta de Hendrix la dan vida a Chocó, que comienza con una escena inolvidable, protagonizada por actores naturales, cantando en un funeral, para dar cuenta de ese ritual de las nueve noches en donde la tristeza se morigera con cánticos poéticos. 

Tan simple es la historia que uno de los momentos dramáticos es cuando la niña le pide a su madre un ponqué para su cumpleaños. De esa situación se extrae una de las frases promocionales de la cinta, tal vez una de las más bellas en la corta existencia del cine nacional: “Cuando el amor sabe a torta una madre es capaz de todo”. 

Chocó hizo lo que no quería, lo que no concebía, para cumplir con su promesa, para no dejar a su niña sin su torta de cumpleaños. Y es capaz de vengarse por esas noches de dolor y lágrimas como casi ninguna de sus paisanas lo haría ni lo hará. Por eso se convierte en una heroína, en una mujer a la que muchas querrán imitar y que por su hazaña termina siendo la más aplaudida en las presentaciones que han hecho.

No me parece aventurado pronosticar que Chocó se codeará con películas emblemáticas del mundo femenino y feminista, como la norteamericana Thelma y Louise, en los años noventa, o Te doy mis ojos, una cinta española considerada como un ícono contra el maltrato físico y psicológico, en 2003.

Jhonny Hendrix y su equipo están más que satisfechos por la acogida que han tenido en Berlín, en Cartagena y en sesiones privadas en las que las mujeres agradecen que se toque un tema tan íntimo, el de la violencia de parejas, que ocurre más de lo que se cree, y los hombres se avergüenzan porque algunos de sus congéneres son capaces de comportarse de manera tan animal. No hay que perderse Chocó y recomendarla no sólo por la merecida denuncia, sino por la belleza que captó Paulo Andrés Pérez, el director de fotografía, de una de las regiones colombianas que menos se conocen.


Porque te quiero, te… 

La historia no es rara, pero en general de ella se tiene noticia casi siempre por boca de sus víctimas que la cuentan como un secreto. Se trata de una de las formas de violencia más común contra las mujeres. Jhonny Hendrix escuchó en buses de Quibdó a más de una mujer contándoles a sus amigas. Con estos datos fue perfilando la narración, en torno a la vida de una mujer que trabaja de sol a sol para mantener un hogar de manera muy precaria pero a la vez muy digna, en donde el hombre se dedica a la juerga y se desdibuja como compañero, como padre, como aportante económico, sin que nadie, comenzando por la propia mujer, le haga reclamo (o cuando se lo hace termina golpeada, sin que nadie intervenga).


 

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