Las palabras praxinoscopio, fenaquitoscopio, zootropo y taumatropo designaban, hacia finales del siglo XIX, algunos de los ingenios que aprovechaban el fenómeno físico de la persistencia de las imágenes en la retina para crear en los ojos de los espectadores la ilusión de movimiento. Junto a ellas, estaban el viviscopio y el kinetoscopio de Thomas Alba Edison, que ya daban pistas más aproximadas de lo que significaban, y caleidoscopio, al parecer única sobreviviente de la época en que nació el cine.
 

Por Samuel Espada.

(Archivo Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano.)

No está muy clara la fecha de nacimiento del hoy llamado ‘séptimo arte’, pero para efectos prácticos se acepta el 28 de noviembre de 1895, cuando los hermanos Augusto y Antonio Lumiere organizaron en París la primera exhibición pública de la cinta La llegada de un tren a la estación, que produjo un inmenso sobresalto en algunos espectadores cuando creyeron que la locomotora saldría de la pantalla para aplastarlos.

 La Oficina de Cinematografía creada en 1938 en el Ministerio de Educación, ofrecían cine ambulante. (Archivo Ministerio de Educación).

Apenas dos años después, en 1897, llegaban a Colombia, en los baúles de algunos aventureros extranjeros, las primeras cintas y proyectores, aunque pasarían casi veinte años antes de que algunos visionarios se dieran cuenta de las posibilidades industriales del que inicialmente era clasificado casi como un espectáculo de circo. Los hermanos Vicenzo y Francesco Di Doménico filmaron en 1915 el que se considera el documento más antiguo del cine colombiano: La fiesta del Corpus celebrada el domingo 6 de junio.

Después, los locos años de la década del 20 trajeron consigo el ambiente propicio para que inversionistas y soñadores emprendieran la tarea de desarrollar un medio con tan prometedoras posibilidades. De ese tiempo datan Bajo el cielo antioqueño (1925), Alma provinciana (1926) y Garras de oro (1926), pero tal proliferación, que auguraba un futuro dinámico para el naciente sector, se desbarrancó junto con la economía mundial cuando se produjo el crack financiero de 1929. No obstante, en otras latitudes el cine sirvió incluso como paliativo para las penurias económicas del gran público, pero en Colombia, salvo los noticieros cinematográficos de los hermanos caleños Álvaro y Gonzalo Acevedo, primó una suerte de postración, hasta un punto en que solo hasta 1937 logró incorporarse el sonido.

Poco después, en plena Segunda Guerra Mundial, la promulgación de la Primera ley de fomento al cine propició el nacimiento de empresas productoras durante las décadas del 40 y el 50. Sin que existieran aún medios masivos de comunicación tal como se conocen hoy, el cine era la herramienta más eficaz para llegarles a un gran número de personas en un solo envión y, como es apenas lógico, los poderes estatales y oficiales lo impulsaron con el claro propósito de ponerlo a su servicio. El cine como medio de propaganda estaba de moda, tal y como acababan de comprobarlo los países aliados y las potencias del eje Roma-Berlín-Tokyo.

Algunos afiches de películas colombianas. (Sendero de luz, Patrimonio Fílmico). (Pasión desnuda, Colección particular). (El río de las tumbas, Patrimonio Fílmico Colombiano).

La llegada de los 60 toma al país saliendo de la violencia liberal-conservadora para entrar en una década de profundos cambios sociales y políticos que marcaron todas las formas de expresión artística. La violencia, las injusticias y en general los conflictos sociales fueron los temas más socorridos, incluso en la siguiente década, cuando mediante un sobreprecio que pagaban los espectadores se fomentaba la filmación de cortometrajes. Muchas discusiones se generaron alrededor de la calidad de los mismos, pero lo cierto es que sirvieron para la formación de actores, escritores, directores y personal técnico que de otro modo no hubiesen tenido otra posibilidad de adquirir las habilidades necesarias en la industria.

Así las cosas, el terreno estaba abonado para la aparición de la Compañía de Fomento Cinematográfico, Focine, bajo cuyo amparo creció toda una generación de creadores, algunos de los cuales están aún activos.
Ha sido una historia cuyo conocimiento permite encontrar explicaciones al tan cacareado boom que hoy vive el cine nacional, un fenómeno que no sería posible si el Estado, obligado mecenas del sector, no contara con la llamada ‘Ley del Cine’, cuya existencia se debe justamente a que han sido muy bien asimiladas las lecciones del pasado. u

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