La selección de los grandes de la música docta es necesariamente subjetiva. Habrá quien señale, y con razón, que en esta lista faltan Abbado, Muti, Haitink, Baremboim y Boulez entre los directores; Brendel, Pollini y Argerich entre los pianistas y… así sucesivamente. No están todos los que son, pero, eso sí, son todos los que están.

Por Emilio Sanmiguel

(Simon Rattle)

SIMON RATTLE
(Liverpool, Inglaterra, 1955)


Desde 1999 ostenta la batuta más envidiada: la de la Filarmónica de Berlín, a donde llegó tras su paso por la Orquesta Sinfónica de Birmingham, que se convirtió en una de las mejores del mundo. Lo caracterizan la meticulosidad y la telúrica intensidad de su sonido. El repertorio de Rattle es revolucionario por su interés en la música contemporánea y de fin del siglo XIX.

EVGENY KISSIN
(Moscú, Rusia, 1971)


Siempre ha sido famoso. Debutó de diez años y a los catorce sus conciertos de Chopin con la Filarmónica de Moscú le dieron la vuelta al mundo en un video láser. A los 17 años, con Karajan y la Filarmónica de Berlín, tocó el Concierto de Tchaikovski. Impresiona su técnica, una de las más consistentes.

GUSTAVO DUDAMEL
(Barquisimeto, Venezuela, 1981)


Lo mejor del Sistema de Orquestas Juveniles de Venezuela, al que se vinculó con cuatro años. En 1995 se inició en la dirección; más tarde fue nombrado titular de la Orquesta Simón Bolívar. Tras el concurso Mahler de Bamberg empezó su carrera internacional. De él se ha dicho que “rejuveneció la música clásica” y que es “un genio musical”.

MURRAY PERAHIA
(Nueva York, Estados Unidos, 1947)


Pocos han logrado el respeto que se granjeó este neoyorquino de origen sefardí cuando llevó al disco los conciertos de Mozart con la Orquesta Inglesa de Cámara que él dirigió desde el piano. Problemas en sus manos han forzado retiros temporales que ha dedicado a Bach, “el mejor bálsamo para mis manos”.

OLGA KERN
(Moscú, Rusia, 1975)


La pianista que seduce por su belleza y por su arte, desciende de músicos relacionados con Tchaikovski y Rachmaninov. Premio Rachmaninov a los 17 años y ¡once primeros puestos sucesivos en otros concursos!, es especialista en conciertos exigentes: su virtuosismo va a límites inimaginables.

FRANZ WELSERMÖST
(Linz, Austria, 1960)


Un accidente automovilístico le hizo desistir de su carrera de violinista y estudiar dirección. Cuando tenía 25 años, fue invitado a dirigir en Salzburgo. De 1995 a 2000 dirigió la Ópera de Zúrich, que convirtió en una d las más prestigiosas de Europa. Desde 2007 está a cargo de la Ópera del Estado de Viena.

KENT NAGANO
(California, Estados Unidos, 1951)

Lo han llamado “el director más sensible del mundo”. De origen japonés, estudió sociología y música en su país, luego fue a la École Normale de Musique, de París donde se refinó. Amigo de los proyectos novedosos, en 1996 dirigió a Björk en el Pierrot lunaire, de Schönberg. Desde 2006 es titular de la Sinfónica de Montreal y de la Ópera del Estado Bávaro.

LANG LANG
(Shenyang, China, 1982)


Debutó a los cinco años y a los trece tocó los estudios de Chopin. Sabía que la técnica no lo era todo y siguió su formación en el Instituto de Música Curtis, en Filadelfia. Muchos se preguntan si es “el más grande del mundo”: profundidad, personalidad y absoluto dominio técnico hacen de sus presentaciones unas experiencias únicas.

RENÉE FLEMING
(Indiana, Estados Unidos, 1959)


La más grande soprano estadounidense de la actualidad. Su voz tiene el poderío de Leontyne Price y la sutileza de Victoria de los Ángeles. Especialista en Mozart, Strauss y ópera francesa. Como Nelly Melba y su peach Melba, el chef Daniel Bouloud creó para ella la diva Renée.

VALERY GERGIEV
(Moscú, Rusia, 1953)


Su nombre saltó en 1991 en la Ópera Bávara con Boris Godunov, de Mussorgsky, y con La guerra y la paz, de Prokofiev, en San Francisco. Director titular del Teatro Mariinsky de San Petersburgo, está igualmente cómodo como conductor de ópera que de repertorio sinfónico y hasta de ballet.

ANNA
NETREBKO
(San Petersburgo, Rusia, 1971)


La soprano más querida del mundo desde la Callas, empezó como conserje del Teatro Mariinski de San Petersburgo, donde fue apoyada por Gérgiev. Su irrupción en Europa fue un huracán. El planeta, que al principio la vio con escepticismo por su belleza, terminó rendido a los pies de la Netrebko, por su voz, su entrega y la soltura de su actuación. Unos kilos de más preocupan a sus seguidores últimamente.

HILARY HAHN
(Lexington, Estados Unidos, 1979)


Luce frágil, pero no los es: empezó a estudiar un mes antes de cumplir los cuatro años, debutó a los nueve y a los quince interpretó el Concierto para violín y orquesta de Beethoven –el más difícil– con la Orquesta de la Radio de Baviera, pero demoró su carrera para estudiar contrapunto, armonía, historia de la música, artes y literatura.

CECILIA BARTOLI
(Roma, Italia, 1966)


La más grande cultora del bel canto y del stile fiorito barroco. Las proezas de esta mujer no tienen parangón. Ha dedicado su carrera a recuperar el estilo de los castrati y de las grandes divas del primer tercio del siglo XIX, así como a la obra de compositores olvidados, como Gluck, Vivaldi y el pobre Antonio Salieri.

GAUTIER CAPUÇON
(Chamberí, Francia, 1981)


Violonchelista, hermano menor de Renaud. Egresado del Conservatorio de París y dueño de una carrera similar a la de su hermano. Como solista ha actuado bajo la batuta de Boulez, Abbado, Ozawa y Haitink. El chelista favorito de Martha Argerich para música de cámara.

JONAS KAUFMANN
(Múnich, Alemania, 1969)


Desde Jean de Reszke, en el siglo XIX, no aparecía un tenor capaz de abordar con igual autoridad a Wagner, Verdi, Puccini, Mozart o Massenet. Además es intérprete de Lieder. Una estrella de la escena no sólo por su voz, sino por su dramatismo.

PAUL LEWIS
(Liverpool, Inglaterra, 1972
)


El ‘beethoveniano’ de la selección, empezó como chelista porque era el único instrumento disponible en el conservatorio. Su cinta con las 32 sonatas fue declarada en 2008 como grabación del año. Tiene, según los críticos, “rigor intelectual y vigor imaginativo” y sus dedos están directamente conectados a su pensamiento musical.

YO-YO MA
París, Francia, 1955


Por su dominio técnico, profundidad y versatilidad de repertorio, es uno de los chelistas más grandes de la historia. Se inició en París y en Nueva York. Debutó a los nueve años con Bernstein y la filarmónica de la capital del mundo en un concierto televisado. Su Bach es un modelo y sus intereses musicales no tienen fronteras.

ROLANDO VILLAZÓN
(D.F., México, 1972)


Su entrega y alegría al cantar de inmediato contagian al público que ovaciona sus presentaciones, especialmente si ocurren al lado de Netrebko. En escena parece resuelto a jugarse la vida: lo da todo, y esto le ha pasado factura, pues en dos oportunidades se ha visto obligado a retirarse por algunas temporadas, recesos que el mundo ve con preocupación.


YUNDI LI
(Chongqing, China, 1982) 

En 2000, tras años de que la medalla de oro del Concurso Chopin quedara desierta, fue el ganador más joven en la historia de la competencia. Desde entonces no se baja de un escenario, corroborando que la decisión del jurado fue acertada.


ARCADI VOLODOS
(Leningrado, 1972)


Su fraseo deriva de su experiencia como niño cantor de la escuela Capilla M. Glinka. Se graduó en el Conservatorio Reina Sofía de Madrid, a donde fue buscando a Dimitri Bashkirov, uno de los herederos de la técnica pianística de Liszt. La interpretación de Volodos es emotiva y técnicamente avasalladora.

RENAUD CAPUÇON
(Chamberí, Francia, 1976)


Por su talento, la banca suizo-italiana adquirió para él el Stradivarius Panette de 1737 del maestro Isaac Stern. A la hora de hacer música de cámara, es el violinista preferido de los más grandes pianistas, como Baremboim, Argerich y Schiff.


KRYSTIAN ZIMERMAN
(Zabrze, Polonia, 1956)


Tan autocrítico que, en 1975, al ganar el Concurso Chopin de Varsovia, prefirió no iniciar una carrera y más bien dedicarse a profundizar su formación. Retiró del mercado grabaciones suyas – aclamadas por la crítica– por encontrarlas insatisfactorias. Es una autoridad en Chopin, Beethoven, Brahms y Debussy.


NIGEL KENNEDY
(Brighton, Inglaterra, 1956)


Parece un rockero. Pero tras esa fachada se esconde un verdadero genio, capaz, en 1989, con su grabación de las Las cuatro estaciones de Vivaldi, de superar en ventas a Madonna y Michael Jackson. Su talento de niño prodigio fue tan extraordinario que Yehudi Menuhin costeó su educación.


GRIGORY SOKOLOV
(Leningrado, Rusia, 1950)


Quizá el menos familiar entre los aficionados y el más conocido entre los músicos, porque se le conoce como ‘el pianista de los pianistas’. Sus colegas son quienes mejor entienden la profundidad, sutileza y originalidad de sus interpretaciones.

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