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09 de Septiembre de 2011 - 10:43 am

“Hoy, si a los gringos les da neumonía a nosotros a duras penas nos da gripa”

Alejandro Gaviria, decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes y columnista de ‘El Espectador’, habla del tema del momento: la recesión que se avecina para Estados Unidos. Y también cuenta por qué últimamente le está dando tan duro a Santos en sus columnas.

("Santos ha dicho todo lo que el 'bienpensantismo' local e internacional quiere oír, pero los resultados estan por verse")

Se graduó como ingeniero, pero decidió dedicarse a la economía. Obtuvo una maestría en la Universidad de los Andes y un doctorado en la de California. En su columna de El Espectador, Gaviria combina el análisis económico con el político y en sus libros analiza diversidad de temas relacionados, principalmente, con economía, políticas sociales, inequidad y pobreza. No le son ajenos el arte, la literatura, la música, el cine, la biotecnología, los adelantos científicos y todos los desarrollos tecnológicos que su solvencia intelectual le permite desmenuzar con independencia. Acaba de ser incluido, por un jurado de lujo, en la lista de Mejores Líderes Colombianos, auspiciada por la revista Semana.
Frente a la complacencia generalizada en el país por los cambios generados en el gobierno de Juan Manuel Santos, Gaviria, decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes, no encarna en sí una línea de oposición al gobierno, pero es reconocido —y leído— como una voz autorizada y crítica.

¿Por qué está tan antigobiernista? Desde hace varios meses hay una crítica constante en sus columnas al presidente y al gobierno.
-He criticado aspectos puntuales. Tampoco estoy haciendo antigobiernismo a ultranza. Tal vez las críticas son más visibles en medio del respaldo casi unánime al gobierno. La mayoría de los columnistas todavía no ha salido de la etapa de suspensión de la incredulidad. Pero ya saldrá.

¿Por qué piensa que la Ley de Primer Empleo es desordenada e irrelevante?
-La crítica tiene dos partes. La primera es general: los esfuerzos por darle gusto a todo el mundo conducen con frecuencia a la irrelevancia. La segunda es particular: la Ley de Primer Empleo es un buen ejemplo del problema en cuestión, de la irrelevancia consensuada. Después de aprobada la ley de primer empleo nada ha pasado con el desempleo y la informalidad laboral de los jóvenes.

¿Y por qué ironiza sobre que Santos haya dicho, bromeando, que cuando grande quiere ser como Lula, al tiempo que reconoce que los estudiosos de la riqueza de las naciones no hablan ya del ‘Consenso de Washington’, sino del ‘Consenso de Brasilia’?
-Santos quiere imitar a Lula. Pero quiere, al mismo tiempo, copiar el modelo chileno. Y quiere, además, imitar a Roosevelt y a Blair. Pero más allá de la ironía, el modelo de Lula ha comenzado a ser visto con escepticismo. Está basado en buena medida en el consumo al debe, en una expansión del crédito en principio insostenible. Muchas familias brasileñas están sobreendeudadas. En promedio pagan más del 20% de sus ingresos en intereses. He llamado la atención sobre algunos aspectos problemáticos de la política económica del presidente Lula. No todo lo que hizo es digno de emulación.

¿Qué nubarrones ve en el horizonte para la economía brasileña?
-Enfrenta una coyuntura difícil: está recalentada, tiene una inflación muy alta, el real está muy apreciado, las tasas de interés están en la luna, etc. En el mediano plazo, el endeudamiento de los hogares podría llevar a una crisis. No lo digo yo, lo han dicho el Financial Times y casi toda la prensa especializada del mundo.

En Brasil hay problemas grandes de corrupción que afectan a Rousseff. ¿Pueden atribuirse a los dos gobiernos de Lula, como aquí se le atribuyen a la reelección de Uribe?
-Probablemente. La reelección contamina muchas decisiones políticas, trastoca completamente las prioridades. En Colombia, más que la primera reelección, fue el intento de una segunda reelección (fallido afortunadamente) lo que llevó a un aumento de la corrupción.

Critica la celebración del min-Interior y del presidente por las leyes aprobadas en el Congreso y se pregunta si tiene sentido medir el éxito por la cantidad de leyes aprobadas. Palo al Congreso porque boga ¿y también palo porque no boga?
-Mi crítica es que la labor del Congreso no debe medirse por la cantidad de leyes aprobadas, sino por la calidad de los debates. El Congreso no es una fábrica de salchichas. Hay una frase interesante de Madison, el gran político estadounidense, al respecto: “El mejor congreso no es el que más leyes aprueba sino el que más delibera para no aprobar nuevas normas”.

De las leyes aprobadas, ¿cuáles no se justificaban?
-Tengo muchas dudas sobre la conveniencia del llamado Estatuto Anticorrupción: va a desincentivar que mucha gente preparada llegue al Estado. El Acto Legislativo de Sostenibilidad, que establece, palabras más, palabras menos, que la estabilidad fiscal es un criterio constitucional, es irrelevante, puro santanderismo económico. La Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial es inocua. El Acto Legislativo de Regalías llenó la Constitución de porcentajes y disposiciones particulares. La Ley de Primer Empleo es de dudosa eficacia. Y así…

También ha dicho que debemos prestar atención porque “el gobierno creó tres instancias distintas de asignación de recursos y que habrá planes de desarrollo, fondos de desarrollo regional y fondos de reconstrucción”. ¿Cuál es el problema?
-Todos los manuales de política fiscal mencionan un principio básico: la unidad de caja. En Colombia vamos a tener un plan de desarrollo por un lado, fondos de desarrollo regional por el otro, y fondos de reconstrucción por otro más. Esta división no tiene sentido.

Sobre la corrupción en la DIAN dice que el gobierno ha hecho de las denuncias un “espectáculo inconveniente”. ¿En un país acostumbrado al famoso ‘tapen, tapen’, no es mejor destapar?
-Denunciar es bueno. Destapar también. Investigar, mucho más. Pero la disyuntiva que me interesa no es entre tapar y destapar, sino entre la realidad y la propaganda. El gobierno debe respetar los hechos, no puede salir a hablar alegremente de desfalcos de billones de pesos cuando la realidad es muy distinta. En salud, por ejemplo, hablaron de billones de pesos de corrupción y han encontrado problemas por diez o veinte mil millones de pesos. Algo similar ocurrió con el escándalo de la DIAN.

Se pregunta quién tiene razón en el debate sobre el deterioro (o la mejoría) de la seguridad y dice que los argumentos del gobierno dejan mucho que desear. Tacha al presidente Santos de oportunista, en su momento, y dice que no debe quejarse de que haya politización sobre la seguridad. ¿Podría establecer un término medio entre lo que sostiene el gobierno, lo que sostienen los medios y la percepción ciudadana?
-Primero, las cuñas de la campaña de Santos explotaban el temor de la gente a la inseguridad. Recuerdo una en la que se vaciaban los aeropuertos, los centros comerciales, los hoteles, etc. Por lo tanto, me pareció extraño que el presidente y su ministro de Defensa dijeran tranquilamente que el tema de la seguridad no se debería politizar. Al respecto yo he abogado por la necesidad de un debate objetivo, que respete los hechos. Los homicidios han disminuido, pero otros indicadores han empeorado. Por ejemplo, por primera vez en varios años, el número de torres dinamitadas aumenta. Eso es preocupante.

Al referirse al anuncio del presidente sobre cubrimiento total del Plan Obligatorio de Salud, usted fue implacable. ¿Prometió él algo imposible de cumplir?
-Prometió que el sistema de salud cubriría todo, esto es, que no habría necesidad de un POS, que el plan de beneficios sería ilimitado. Pero anunció al mismo tiempo que el nuevo POS sería definido antes de finalizar el año. La verdad no entendí los anuncios. Me parecieron confusos, contradictorios. Creo que simplemente dijo lo que los médicos querían oír. Yo soy un ingeniero trasmutado en economista. Me gustan las soluciones concretas para problemas concretos. Y creo sinceramente que a este gobierno le gustan las soluciones vagas para problemas difusos.

Analistas opinan que bajo la Ley 100 no se podrá hacer una reforma adecuada de la salud en Colombia. ¿Qué debería hacer el gobierno para afrontar tamaña papa caliente?
-Yo creo que el sistema de salud está en crisis, que los problemas requieren soluciones de fondo. En mi opinión, las sentencias de la Corte (la igualación de los planes de beneficios, entre otras cosas) y la misma expansión de la cobertura, apuntan a un sistema distinto al actual, a un seguro básico universal, administrado por un pagador único, probablemente estatal. También considero que necesitamos una ley estatutaria que defina claramente el alcance del derecho a la salud. Pero el gobierno está en otra cosa.

En la campaña presidencial criticó al entonces candidato de la U por su promesa de no subir los impuestos: “O bien Santos está diciendo mentiras y sí va a subir los impuestos, o bien está diciendo la verdad y no va a poder cumplir las promesas de su programa. La lógica es simple: o su anuncio es un artificio o su programa es una falacia”. ¿A un año y tres meses de esa columna, sostendría lo mismo?
-La verdad, el gobierno sí aumentó los impuestos, no las tarifas pero sí los impuestos: esta distinción, creo yo, es en últimas irrelevante. La llamada mini reforma tributaria de finales del año pasado eliminó algunas exenciones y aumentó el recaudo sustancialmente. El aumento del recaudo ha sido paradójicamente uno de los grandes éxitos del gobierno.

Bueno, ¿cómo nos golpeará la anunciada nueva crisis mundial? Algunos dicen que estamos ‘blindados’.
-No estamos blindados. Hoy nadie lo está. Pero sí estamos mejor preparados. La economía colombiana depende hoy en buena medida del consumo interno. Además, los precios de los productos básicos dependen más de China que del mundo desarrollado. Hoy, si a los gringos les da neumonía a nosotros a duras penas nos da gripa. El mundo ha cambiado.

 Aunque Gaviria estudió ingeniería, hoy es una de las voces más respetadas del mundo económico.  (foto Wálter Gómez)

¿Es posible una nueva recesión en Estados Unidos?
-Sin duda. Además, bastante probable. El problema es, en últimas, el ajuste en el balance de las familias, que tardarán todavía varios años en ajustarse; mientras eso tiene lugar, la economía no se recuperará plenamente.

¿Cómo analiza el caso de la Unión Europea con la situación de Italia y España?
-Muy grave. Si en los Estados Unidos los hogares deben ajustarse, en Italia y España son los estados los que tienen que hacer la tarea. Esto es difícil. Las democracias son buenas prometiendo, pero malas para hacer lo contrario, para ajustar los sueños a la realidad.

¿Cómo nos afectaría en exportaciones, inversión, situación fiscal y crecimiento una nueva crisis mundial?
-Los economistas no tenemos una bola de cristal. Podemos hacer, en el mejor de los casos, proyecciones condicionadas. Todo depende, por supuesto, de la magnitud de la recaída de la economía mundial. Si no es catastrófica, yo diría que las exportaciones no sufrirán mucho, la bolsa se recuperará pero apenas marginalmente, la situación fiscal tampoco empeorará sustancialmente (a no ser que se derrumben los precios de las materias primas), y el crecimiento caerá un poco.

¿Usted sí cree que el año terminará con un crecimiento cercano al 5,5%?
-Sí, me parece probable. La situación coyuntural de la economía colombiana sigue siendo favorable. Mis críticas apuntan más al funcionamiento del Estado en el mediano plazo.

Hay mucho escepticismo sobre el comportamiento de la economía para 2012. Sergio Clavijo, presidente de Anif la pinta muy regular, lo mismo Salomón Kalmanowitz. ¿Comparte usted esta preocupación?
-La comparto, pero soy más optimista. Es probable un crecimiento de 4% o más el año entrante.

¿Cree, como muchos, que la intención Santos es reunificar el Partido Liberal de sus mayores?
-La pregunta no es ‘si lo va a hacer’, sino ‘cuándo lo va a hacer’.

¿Se empiezan a oír de nuevo los cantos de sirena de un proceso de paz?
-Aparentemente el presidente quiere hacer algo. Pero tendrá que vencer el escepticismo, entendible, de la gente. Lo único que se debería negociar con las Farc son las condiciones de su rendición.

¿Estamos condenados a seguir eternamente en esta confrontación porque no hay que creerle a la guerrilla?
-La paz puede convertirse en una entelequia. El gobierno puede negociar con los cabecillas, pero muchos frentes seguirán en las mismas. Pasaríamos de las Farc a las Farcrim, como dijo Pascual Gaviria, un columnista con quien comparto muchas opiniones y otras cosas más (es su hermano).

¿Cree que el Polo pueda resucitar de entre los muertos y cumplir un papel decoroso de oposición? Si no, ¿quién rondará al gobierno?
-No sé. Me preocupa que toda la oposición venga de los extremos. Por ahora cabría esperar que la prensa despierte del dulce sueño y comience a hacer lo que toca.

¿Qué expectativas tiene respecto a la reforma tributaria?
-Este año no va a haber. El año entrante, tal vez. Pero el gobierno tiene primero que responder una pregunta fundamental: ¿reforma tributaria para qué?

¿Qué posibilidades le ve al cumplimiento de la promesa electoral de un millón de viviendas de interés social?
-Muy difícil. Hay dos problemas: la falta de tierras y las fallas en el esquema de financiamiento; en particular, el monto del subsidio familiar de vivienda no es suficiente.

El presidente ha dicho que bajará el desempleo a un dígito. ¿Lo cree posible?
-En diciembre bajará a un digito por razones estacionales. Después volverá a subir. La promesa es cumplible, pero me preocupa, sobre todo, el estancamiento del empleo formal para los trabajadores sin educación universitaria.

Muchos de quienes no creían en Santos candidato, hoy opinan diferente. ¿Cómo califica a Santos presidente?
-Prefiero las evaluaciones puntuales a las notas globales. Pero diría que ha mejorado el ambiente, ha acabado con la innecesaria pugnacidad del gobierno anterior, ha dicho todo lo que el ‘bienpensantismo’ local e internacional quiere oír, pero los resultados están por verse.

Por Margarita Vidal

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