28 de octubre del 2020

Bogotá Colombia

 
ES TENTADOR escribir únicamente sobre lo bello, porque de eso hay mucho. Por ejemplo, acerca del combo naranja de gallinas que corretea detrás de Alejandro, el menor de los hijos de Nubia. Todos los días, plumas y botas de caucho vuelan por este pedacito empinado de montaña, como anunciando un carnaval. Y, frecuentemente, los ‘carrerones’ del niño terminan a los pies de su madre, quien abre sus brazos y se engancha en tal sincronía con él que parecen uno solo.
 
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UNA NOTA corta que llegó a la Redacción de El Tiempo el 11 de septiembre de 1968, y que fue publicada al día siguiente junto a los avisos clasificados, le marcó el camino. La información –firmada por Riveros, entonces corresponsal del periódico en Tunja– contaba que José Antonio Bernal, alcalde del municipio de Pisba, había llegado a la capital del departamento con 25 calaveras (al parecer restos de las tropas libertadoras) a cuestas.
 
¿ACTUARÍA USTED en una película? ¿Estaría dispuesto a que lo vistieran y ma - quillaran, para luego soltarlo en un so - focante set de rodaje bajo las miradas y gritos de un numeroso equipo de produc - ción? ¿Querría usted sentir el lente de la cámara, vigilante de cada uno de sus gestos y movimientos, para después exponer el registro ante cientos de miles de personas en salas de proyección internacionales? ¿Estaría dispuesto a que ese material quedara en los archivos para la consulta perpetua?
Ucrania, 26 de abril de 1986, 1:23 a.m. Planta nuclear Vladímir Ilich Lenin. Una prueba en el sistema del reactor número cuatro provoca una serie de explosiones, seguidas de temblores de tierra y una hermosa luz multicolor, que marcan el inicio del peor accidente nuclear de la Historia. Un informe elaborado por  más de 100 científicos, publicado finalmente en 2005 por el Foro de las Naciones Unidas sobre Chernóbil, admitió que hasta cuatro mil personas eran susceptibles de morir en los años siguientes al accidente por causas relacionadas con el desastre.