11 de agosto del 2020

Desde el foso

En octubre de 1986, cuando se publicó la edición de prueba de Revista Credencial bajo la dirección de Roberto Posada García-Peña, apareció en ella mi primera nota. Versaba sobre lenguaje; contenía divertimentos y datos interesantes sobre nuestro idioma e inició una serie que llevaba el título de “Sopa de letras”.

Una de las principales efemérides que se cumplirán en 2014 serán los 160 años del golpe militar del general José María Melo, el efímero ascenso al poder de una alianza de artesanos e intelectuales y la reacción que unió a los viejos generales conservadores y liberales, enemigos entre sí, gracias a la cual los partidos tradicionales y el establecimiento pudieron recuperar el mando que habían perdido. Todo esto ocurrió en

“Los cronopios son criaturas ingenuas, idealistas, desordenadas, sensibles y poco convencionales”.

Definición popular.

Permítanme empezar con una nota personal.

Al día siguiente del nacimiento de Daniel se acercó una funcionaria notarial a su cuna de la Clínica del Country y nos preguntó con qué nombre queríamos registrarlo. Le dijimos, como era verdad, que aún estábamos indecisos. Dudábamos entre Santiago, Jorge y José María para nuestro hijo varón. Le pedimos unos minutos de plazo, pero la funcionaria estaba de prisa. 

A Paloma Samper García

En junio pasado sobrevolaron el espacio entre Cuba y Miami unas curiosas figuras aladas. Carecían de piloto o tripulantes y estaban preparadas para tomar fotografías desde el aire. Pero no eran drones, esos aviones que andan por el mundo sin habitantes y armados de artillería, bombas o cámaras transmisoras de imágenes. Tampoco arcángeles ni el Espíritu Santo. No era Superman. Ni eran platillos voladores. Entonces, ¿qué eran?

Patricia, la hija del fallecido escritor Álvaro Cepeda Samudio y de Teresa Manotas (Tita), llevaba varios meses enferma al cuidado de sus hijas. El 22 de julio pasado, dado que nada sabía de ella desde mediados del mes, escribí un correo a la Tita para preguntarle por la salud de su hija.

Me respondió casi de inmediato.
“Patricia se fue esta madrugada para el cielo. Se durmió y no se despertó, me dicen Gabriela y Alejandra, que estaban con ella”. 

El 17 de julio de 1911, recibió el siguiente telegrama Carlos E. Restrepo, presidente de Colombia:

París, julio 17 de 1911
Presidente- Bogotá
Patria duelo. Murió Cuervo.
Manrique

Eduardo Carranza cumplía una ineluctable y esmerada ceremonia todos los años. El 24 de septiembre invitaba a su hija María Mercedes y a algunas amigas de ella que llevaban el mismo nombre a celebrar el día de la Virgen de las Mercedes. Empezaba el rito en su casa, con unos aperitivos de estirpe española rociados con vino verde gallego o amontillado de Jerez.

Doña Polita Montejo de Santos, mamá del presidente Eduardo Santos, tenía una peculiaridad. Pese a ser una dama educadísima y discreta, consideraba que la franqueza no era incompatible con la buena crianza. De este modo, cuando se sentía fatigada en una visita, decía en voz alta a los presentes:

―Me tengo que ir ahora mismo.

―¿Y eso por qué, Mamá Polita? –preguntaba sorprendido alguno de los circunstantes.